Crónicas

Una copa en un barrio de campeones – Crónica Diario AM 10/03/2020

Una copa en un barrio de campeones – Crónica Diario AM 10/03/2020
errante

Nuevamente me indican desde Bilbao que me aparezca por estos lares a contar mis penas de una temporada para el olvido. Un olvido que será mucho más fácil gracias a los muchachos y damas de Bien que han acaparado en los Estados Unidos casi todas las competencias deportivas que me interesan, por lo que he sólo podido ver un partido de la liga en lo que va de año, ninguno de libertadores y mucho menos de la Sudamericana.

Para completar esta perdida de lo que según la leyenda era el juego de fútbol, no me pasan todos los partidos de la Champions y he tenido la mala suerte de que cuando me toca uno interesante me ponen reuniones o llamadas en el trabajo (casi siempre son a las 14h de mi horario los partidos). En otras palabras, estoy listo para irme a un tal Bar Ledesma para acabarles la cerveza y otros tragos pues es insoportable colocar la tele y solamente ver béisbol o peor aún, la MLS. 

Ya sé que me dirán, pero velos por YouTube o alguna página que los transmita. No importa que el narrador esté hablando árabe, urdu o vietnamita. Sería opción si no tuviese un VPN corporativo que me bloquea todo. Claro que hasta hace muy poco toda esta penuria se disiparía pues me tocaría viajar a Barcelona para ver en uno de esos templos del fútbol mundial a un tipo bajito esquivar rivales y con su pierna izquierda clavar alguno que otro gol. Ya todo estaba planeado, los boletos casi en la mano y el rival (sin despreciar nunca a nadie) era accesible, entonces diez días antes del viaje suspenden el evento por un coronavirus que se pensaba había comenzado con alguien comiéndose una sopa de murciélago.

El día del partido, al que no pude ir, ese jugador bajito que ha tenido la mala suerte de tener tanto en su equipo como en la selección más de un DT tenebroso decidió meter no uno, ni dos, ni tres, sino cuatro goles. Ni siquiera contra Haití cuando se enfrentó en la Bombonera del Barrio de la Boca en Buenos Aires hizo tantos goles.

Pasaron los días y el acto de precaución que se tuvo en Barcelona pareciera haber comenzado un efecto dominó en el que actividades de todo tipo comienzan a ser canceladas. Desgraciadamente, las cancelaciones van acompañadas de cifras muy frías cuando se leen puros números a la distancia. Es como si no se cayera en cuenta de que cada unidad que va incrementándose representa a un hijo, una madre, una hermana o un abuelo que han perdido la vida. Aquí voy dándome cuenta de lo tonto que he sido en la frivolidad de pensar en la pelota mientras cada vez más personas van enfermándose de una epidemia que consigue más victimas por la desinformación y paranoia.

Lo peor de la desinformación son las externalidades negativas que se están observando con la escasez de insumos esenciales para el tratamiento de algunos males. El acaparamiento desorbitado de algunos productos como el papel higiénico, pues es más importante poder limpiarse de forma delicada algunas partes del cuerpo en caso de cuarentena que contar con otras cosas como comida.

Igual lo preocupante es saber como la falta de información, la impericia gubernamental y la carencia de protocolos logísticos para enfrentar una crisis de este tipo abren la posibilidad de tener hospitales desbordados por personas que no están infectadas al llegar pero que son regresadas a su hogar convertidas en portadores del virus. Por otro lado, no hay que olvidar que si un centro médico tiene capacidad para atender de forma simultanea 500 personas y le llegan 600 (muchas de ellas sanas) esto hace que se agoten jeringuillas, sueros o gasas, entre otras cosas. También implica que, al llegar una persona con una emergencia real, ya sea la victima de un accidente de auto o alguien que acaba de tener un ataque cardiaco, la gran cantidad de personas haría imposible que este paciente pueda acceder al cuidado médico de forma inmediata.

Que banales son los goles en estos momentos en que las anotaciones se comienzan a dar sin público, casi recordándole a los jugadores que cuando primero tocaron un balón lo hicieron para divertirse y no ser admirados. Tal vez haya una lección detrás de la soledad en los puntos de encuentro, en el ensimismamiento forzado y en las nuevas costumbres por aprender.

Mientras esto ocurre, la vida sigue pasando e inconscientemente la mente regresa a ese bar rodeado de leones donde las preocupaciones son pocas y la pasión sobra. Allí escuchando las palabras de un emocionado padre que con orgullo en sus ojos va narrando nueva experiencia de su hijo al llegar al club de sus amores. Sí, libando una cerveza escuchar a este peregrino del fútbol comentar sus impresiones sobre los estadios que ha visitado y porque los de Milán carecen del ardor que celebra cada pase, cada quite y cada gol como si fuese el rugido de un león.

Desgraciadamente los viajes mentales siempre terminan en el punto de inicio. Continuo frente al ordenador pensando en el luto futbolístico forzado al que me ha obligado Bein, en el pavor que deben sentir quienes no se saben seguros por contraer una enfermedad que no entienden, en los corruptos líderes que empeoran todo antes de que alguna epifanía furtiva enderece el camino y más que nada en aquellos amigos a los que se le debe una buena botella de ron antillano para que refresquen su garganta al gritar los goles de final de Copa.

Mientras asimilo todo esto me despido, me toca intentar ser errante por mi propio barrio, al menos por unos cuantos meses.

¿Te gusta esta entrada?

30
Crónicas
 

Copyright © 2015 DiarioAM