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Callejones sin salida – Crónica Diario AM 21/03/2019

Callejones sin salida – Crónica Diario AM 21/03/2019

Desocupado lector:

Hoy es 21 de Marzo, lo que significa que, con jolgorio, sonrisas y alergia alegría le damos la bienvenida a la primavera, la estación preámbulo de mi estación favorita del año, que es el verano. Bien dice un refrán (que por si no lo sabíais aún, me encantan, ahí lo dejo por si no lo había dicho ya) «la primavera la sangre altera», y bien cierto que es, porque en los banquillos de la liga española no ha parado de alterarse el panorama sin siquiera haber llegado la estación florida a este año 2019. 

No han parado de rodar cabezas de entrenadores desde que nos tomamos las uvas hace exactamente 80 días, tal y como habían venido cayendo desde otros tantos en 2018 partiendo del comienzo de la temporada, de modo que no ha sido una tónica novedosa, sino que ha ido intrínsecamente unida a los devenires de esta temporada 2018/2019 desde sus albores.

Mohamed, Lopetegui, Leo Franco, Berizzo, Garitano, Calleja (éste incluso restituido al tiempo)… dan fe de que en España lograr un reinado Ferguson o Wenger es una auténtica quimera. Y eso sólo en la máxima categoría, en Segunda han rodado otras tantas más, no difiriendo demasiado de su «hermana mayor»; véase que Etxebarría, Gordillo, Sabas, Idiákez, Baraja, Manolo Jiménez, Javi López, Sandoval o, el más reciente, Paco Herrera, dan buena cuenta de que así es, también en la segunda máxima categoría del balompié español.

Hemos tenido de todo: desde destituciones tempranas en los albores de la competición, bien por pretensiones de pronta reacción (como en el Huesca: Francisco Rodríguez por Leo Franco antes de la décima jornada), o por desavenencias entre preparador y directiva (como en Las Palmas: Paco Herrera por Manolo Jiménez antes del primer tercio de competición); destituciones típicas (pre)navideñas de mitad de temporada (como Berizzo en el Athletic o Calleja en el Villarreal, o bien Sandoval en el Córdoba, Alcaraz en el Zaragoza o Baraja en el Sporting en Segunda) o las más recientes y tardías que hemos tenido, a falta de dos meses (ya menos a día de hoy) para finalizar la competición, como Solari en el Real Madrid, Machín en el Sevilla o Míchel en el Rayo Vallecano. 

El análisis que nos deja cada destitución es único, porque únicas son, así mismo, las condiciones en las que se da cada una de ellas, por lo que nunca es seguro saber si la decisión de prescindir del entrenador es la acertada, pero lo que sí que es cierto y muy obvio es que no siempre es la opción más adecuada, pero sí la más sencilla a la hora de adoptar por una directiva que quiere un cambio de rumbo en la trayectoria deportiva del equipo (ya sabéis, por aquello de que es más fácil echar a uno que a 23).

Lo que sí se puede asegurar, en una temporada que lleva camino de pulverizar los récords de destituciones, tanto en primera como en segunda, es la evidente tendencia de que cada vez se basa más el todo en el resultadismo inmediato que en asentar un proyecto sólido, que es (o debería ser) la base de un club con ambiciones. Cada vez se tiene menos paciencia con los entrenadores y no se les deja demostrar todo lo que pueden hacer al frente de un equipo, y, por supuesto, no se les deja asentar su impronta en los jugadores ni asentar un proyecto a largo plazo, porque no es cuestión de un día, ni dos ni tres crear un proyecto sólido y deportivamente estable sobre el que luchar por unos objetivos claros, marcados y definidos, sino que es una carrera de fondo, una carrera que cada vez menos clubes están dispuestos a correr, pese a que cada ejemplo de buena gestión de este tipo que aparece (Eibar, Girona, Leganés, Alavés…) es una prueba irrefutable de que el susodicho modelo es el más adecuado para alcanzar el éxito.

Para finalizar, tengo la suerte de poder sintetizar esta idea con las dos últimas destituciones que se han producido en nuestra liga, ya que entre ellas mediaron solamente unos pocos días de diferencia, pero no tienen nada que ver entre sí, ni en antecedentes ni en consecuencias: Pablo Machín en el Sevilla y Míchel en el Rayo Vallecano. Como antecedentes, ambos equipos venían de rachas nefastas que, sin duda, fueron las causantes de que las directivas acabasen tomando sendas decisiones (más de 5 derrotas en corto lapso de tiempo para ambos equipos, con empates entre medias para el Sevilla pero todo derrotas consecutivas para los chicos de la franja). Ambos equipos, asi mismo, mostraban un bajón considerable y dudas en su juego, si bien el Sevilla marchaba sobre sus objetivos ligeramente mejor que el Rayo.

Sin embargo, la guillotina acabó cercenando la cabeza del entrenador soriano después de caer sorpresivamente en Praga contra el Slavia en la prórroga de la vuelta de octavos de la Europa League por 4-3, lo que precipitó los acontecimientos, ya que el despido de Machín no estaba pensado, al menos no para ese momento. Sin embargo, y a pesar de lo repentino de la decisión, en la recámara tenían a un hombre de la casa como Joaquín Caparrós, que asumiría el mando de inmediato como ya lo hizo en la recta final de la temporada pasada cuando salió destituido Vincenzo Montella, y minimizaría al máximo el terremoto que supondría el cambio de técnico a estas alturas. De momento, vista la victoria y, sobre todo, la imagen dada en Cornellà-El Prat el pasado Sábado, parece que así se logró.

Sin embargo, en Vallecas ya llevaba casi un mes Miguel Ángel Sánchez Muñoz, alias Míchel, con la soga al cuello, dadas esas 6 derrotas seguidas del equipo y la sensación de estancamiento que daba el equipo cada vez que salía a jugar, da igual que fuese en Vallecas o en cualquier otro punto de España. En Villarreal, y pecando de los mismos errores que han condenado al equipo, las 6 derrotas consecutivas se tornaron en 7, y a pesar de que a estas alturas parece una locura más que una opción real, pelograso y sus secuaces la directiva franjirroja se decidió a realizar el cambio en el banco. Sólo el tiempo que queda de liga (7 semanas naturales, 10 jornadas) dirá si acertaron, pero el momento y el elemento sustitutivo no parecen en absoluto los más adecuados, porque no parece que con las carencias que muestra la plantilla, ni el mismísimo Ferguson sea capaz de revertir el desastre que es ahora mismo este Rayo, pero es que el elegido para la empresa, el canario Paco Jémez, todavía genera aún más incertidumbre, pues lo que tiene de gran estratega lo tiene de temerario, y para un equipo con defensa de adorno, la solución se torna en suicidio. El tiempo lo dirá, 10 jornadas dan para mucho. Estaremos espectantes.

 

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Medio madrileño, medio vasco, en la mezcla está la gracia. Apasionado de la radio (colaboro semanalmente en un programa local) y friki del scrabble (cuando quieras, echamos una partidita). Redactor y cronista por pura vocación. Ávido lector y fanático de los concursos de TV de cultura general.

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