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El falso 6 (por Martí Perarnau)

El falso 6 (por Martí Perarnau)

1.- Como hizo docenas de veces con anterioridad, Leo Messi resolvió un partido con sabor a agua estancada. Pero en lugar de con los goles, lo hizo a través de sus pases. Quirúrgicos, afilados, profundos como el picado de un buitre negro. El falso 9 se puso el traje del falso 6 y aparentó ser Xavi e Iniesta al unísono en el mismo cuerpo, hasta regalar cuatro asistencias primorosas, propias de un orfebre más que de un futbolista, con los que Tello obtuvo su primer hat trick culé, en realidad hat trick y medio, y el Levante, el finiquito copero.

2.- No ha sido un buen partido del Barça y tampoco del Levante. En especial, el equipo de Caparrós se ha mostrado incapaz de encerrarse como el pasado domingo. Muy probablemente porque contaba con bastantes jugadores suplentes, desfondados como quedaron los titulares tras el esfuerzo liguero. Aparentó defender de modo parecido, pero a los pocos minutos se vio que ya no cerraba con la eficiencia de tres días antes. Pedro en la izquierda y Tello en la derecha encontraron por el exterior caminos por los que transitar. Lo mejor del equipo valenciano fue su eje central, que durante 50 minutos se mantuvo firme y enjauló a Messi y también a los interiores, Xavi y Sergi Roberto.

3.- Les duró media parte, pero luego fue el caos y el desorden. El Levante del rigor ultramontano de Caparrós se convirtió tras el descanso, pese a ir ganando en el marcador mediante gol de El Zhar, en la misma gelatina pálida que estrenó la Liga encajando siete tantos en el Camp Nou. Acumuló gente en la línea defensiva, pero no supo defenderse, ironía máxima tratándose del entrenador que se trata. Fue un queso agujereado, un bombero sin manguera, un observador sin prismáticos. Por momentos, la mutación semejó un fenómeno paranormal.

4.- Al Barça lo salvó Messi de la mediocridad gracias a un rapto de locura transitoria. Un loco muy cuerdo. No solo estaba enjaulado, sino que parecía ahogarse en las numerosas piernas levantinistas, mientras su equipo se debatía entre la lentitud en la circulación y la monotonía nihilista. El Tata Martino había introducido también nuevos jugadores, pero el equipo no se movió mejor que el domingo, cuando percibimos indicios de una organización colectiva poco afinada. Importando el resultado, a este Barça se le valora más por su capacidad de producir juego, someter al contrario y avasallar en ocasiones. Y aunque perdía, lo peor no era el resultado sino la sensación grumosa que desprendía.

5.- Al igual que hizo el domingo, Messi dio varios pasos atrás en cuanto se aburrió de vivir enjaulado en la mediapunta. Se cumplen ya dos años y medio de la final de Wembley en la que empezó a moverse por la zona del 6, asumiendo directamente el rol de Xavi en calidad de sucesor in pectore, asociándose con Busquets y combinando con Iniesta. Desde aquel día de mayo de 2011, Messi ha repetido la operación cada vez que el equipo lo ha necesitado. Más aún: cada vez que Messi lo ha precisado. En este tiempo ha habido ocasiones en que el más necesitado ha sido el propio Leo, cuya peor penitencia consiste en estar sin balón.

6.- Como futbolista, Messi siente la obligación de ser influyente en los partidos. Estamos acostumbrados a que lo sea a base de goles, pero no son pocos los encuentros en que su influencia ha nacido desde el círculo central. Más que marcar, importa que influya. Si con Guardiola empezó a interpretar el rol de falso 6 tras haber sido falso 9 (e incluso compaginar ambos papeles), el año pasado por estas mismas fechas ya se había formalizado con Vilanova su mutación hacia la tierras medias. Empezó a tomar cuerpo la idea de que Messi sería el constructor de los goles del equipo incluso si no era él quien, obligatoriamente, los finalizara. El trayecto empezó a ser más trascendente que la simple conclusión, pero el proyecto se truncó por la pesadilla del bíceps femoral y con Martino ha resurgido en los dos partidos contra el Levante.

7.- El domingo con timidez y el miércoles con osadía, Messi se ha puesto las botas del mediocentro flotante, ha mandado a Xavi y su compás a un costado y ha trazado cuatro dibujos similares, calcando uno tras otro. Han sido cuatro pasarelas de Fred Astaire para que Tello se deslizara cual Ginger Rogers. La fortuna ha cegado a los defensas levantinistas en el primer gol y todo el equipo de Caparrós se ha volatilizado, hecho añicos, como temiendo lo que iba a suceder a continuación. Messi ha olido ese pánico y se ha ensañado en la operación. Tres veces más ha lanzado la alfombra roja para su veloz extremo, que se ha regalado otros tantos remates certeros.

y 8.- Para bien o para menos bien, las sensaciones del Barça son las que deja Messi, capaz de abarcar ya medio campo completo para él solo. Del falso 9 al falso 6, toda esa parcela tiene propietario.

MartíPerarnau.com

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