Crónicas

Portada Diario Marca – 03/09/2013 – Réquiem Real

Portada Diario Marca – 03/09/2013 – Réquiem Real
Gimme

 

Amigos antimarquistas, hoy es un día triste para el que firma estas líneas. Antes de nada, he de disculparme con quien esperase una genial crónica de Kyasid. Por motivos logísticos, hemos intercambiado el día esta semana, y podréis ver su magnífica colaboración el próximo viernes, para luego –si no surge nada más- volver al orden habitual.

Los motivos de esta tristeza, si es que realmente estuviera justificada, requieren que retrocedamos un poco en el tiempo, al año 2003. Tras los consecutivos fichajes de Luis Figo, Zinedine Zidane y Ronaldo Nazario, la denominada era de los Galácticos era redondeada con el fichaje de un último extraterrestre, David Beckham. Su compra respondía a una táctica que muchos tacharían en aquel momento de mediática y con un bajo perfil futbolístico, más orientada a vender camisetas y promocionar actos oficiales y publicitarios que a golpear un balón por los campos de la entonces aún denominada LFP.

Yo era de la misma opinión, viendo toda aquella pompa y ornamento en la presentación, en las noticias, en la calle. Beckham sonreía mucho, y la prensa apenas podía cubrir aspectos futbolísticos tan relevantes como su último peinado o los comentarios que su filosófica esposa dejaba caer a su llegada al país (“España huele a ajo”, si no recuerdo mal). Mi idea no cambió al verle empezar a jugar en mi equipo. Poco a poco, fui formando un juicio de valor, tan inevitable cuando se albergan grandes dudas. La opinión resultante, pese a mi juventud y la relativa falta de criterio que entraña tal condición, acabó alejada de los elogios mediáticos y más próxima al cruel análisis llevado a cabo por el mítico George Best:

No tiene zurda, no sabe cabecear, no sabe ganar un balón y no hace goles. Aparte de todo eso, está bien.

En aquel momento, dejé de ver fútbol activamente. No fue un proceso especialmente difícil, dado el hastío acumulado que unos cuantos anuncios y muchas campañas cavernarias me habían generado. Seguía el fútbol de forma secundaria, a través de resúmenes que normalmente no me esforzaba en buscar.

Todo ello, debido a una certeza que en aquel momento no supe  formular pero que se me antojaba demasiado fuerte como para intentar negarla: el deporte había dejado de importar, dando paso a la empresa del fútbol, y el equipo al que seguía se había convertido en el principal adalid de un nuevo modelo (quizá el que acabe dominando) que ya no tenía como fin un concepto tan simple como meter una pelota en una red. Es un tema que da para tesis doctoral, pero creo que los aquí presentes no necesitan más detalles. Por suerte o desgracia, volví a seguir el deporte rey con pasión desde el principio de la Eurocopa de 2008. Pero eso, como solía escribir Michael Ende no sin calculo cierta sorna, es otra historia; y debe ser contada en otro momento.

Lo que ayer pude leer (y palidecer) es el triunfo de una obsesión sobre un bien mayor similar al del caso Beckham. Un joven galés, sin experiencia profesional fuera de sus fronteras y con una aportación a priori nula en el sistema de juego del equipo que le ha fichado, es comprado por una suma de dinero sonrojante y se le presenta como si fuera algo necesario. La masa social aplaude al cacique, como escribía ayer Jesús Garrido en su cuenta de Twitter, dejando constancia de toda una campaña de manipulación, publicidad injustificada y en general, de un come y calla de proporciones astronómicas. Mucho se ha escrito ya sobre Gareth Bale, y mucho más ha de escribirse. Pero nada de ello conseguirá justificar esta cruzada personal de acoso y derribo, de búsqueda de Santo Grial llevada a cabo por ese ruin personaje, carente de fútbol en el cerebro, sentimiento de pertenencia en el corazón y mano derecha llena de efectivo ajeno.

La venta del futbolista alemán Mesut Özil -a todas luces una de las grandes promesas del fútbol mundial- al Arsenal es la siguiente confirmación de este desastre que algunos vienen a llamar gestión. La mejor compra en cuanto a calidad-precio de los últimos diez años (15 millones de euros) del club y tres temporadas con un rendimiento global algo inestable pero en progresión y lo más importante, clave en el desarrollo del juego, se evaporan en sacrificio de una obsesión personal, de una franca estupidez futbolística, de una quimera de resultado manifiestamente peor en el juego. El estilo, la visión y la belleza a cambio de unas piernas jóvenes y fuertes, de destino incierto. Otra pequeña muerte más, camino del golpe definitivo a la sociedad anónima. Mientras tanto, Marca se ufana en un precio de venta que no conseguiría consolar ni al más tonto del pueblo.

Lo más triste, claro, es que en realidad Florentino no tiene nada que temer. La afición no está de acuerdo, claro. El cariño y aprecio mostrados al alemán quedaron patentes desde el primer día, gracias a su estilo, visión de juego y calidad. Pero bastarán unos días, como mucho una semana, para que Isco ocupe ese lugar de privilegio en la mediapunta y, de mantener su rendimiento, el público olvidará fácilmente, más si Bale se pone a bailar una conga cuando marque su primer gol con la camiseta blanca. Pero ahí estará la sombra del damnificado, como tantos otros que hicieron mucho y que a la postre resultaron aplastados por la impaciencia de un niño pequeño revestido de presidente, más contento mostrando su poder, removiendo las fichas del puzle, que intentando completarlo para aspirar a construir algo más grande que él mismo.

El cacique aulla, el pueblo hace eco y las vacas ya pueden ir empezando a volar. Mi jugador favorito huye, consciente de que quedarse será la víctima de una empresa voraz y despiadada para la que el talento es un vermut y no el plato principal; y de que es año de Mundial. Solo me queda desearle suerte en tierras inglesas, y ojalá siga mostrando esa belleza futbolística innegable en su nuevo club, y consiga que el Arsenal conjugue por fin un juego atractivo con un resultado favorable.

Por mi parte me despido con tremenda amargura, consciente de que mis ojos se despiden de un genio, y con la ya manida cita de El Cid rebotando en mi cabeza como colofón y reflexión póstuma para varios de los  aquí mencionados: “Qué buen vasallo fuera, si tuviese buen señor”.

Que tengáis una feliz semana, antimarquistas. La lista de música prometida, en un comentario más tarde. Mientras tanto  podéis prepararos para una nueva edición de Apalabrados Antimarquista con esto de fondo:

Fast Train – Salomon Burke

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"When the seagulls follow the trawler, it is because they think that sardines will be thrown into the sea"

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