Aportación Propia

Serena no tan serena (y van 2) – Crónica Diario AM 16/09/2018

Serena no tan serena (y van 2) – Crónica Diario AM 16/09/2018
Ella


Querid@s Damistas:
 

El otro día alguien comentó en el foro que me pasan cosas raras. No me acuerdo quién fue, pero espero que no se ofenda por lo que voy a decir. No me pasan cosas más raras que a otras personas: lo que pasa es que yo me doy cuenta y lo cuento. Y lo cuento además en un blog cada domingo. 

Muchas veces me ha pasado que he contado que me ha pasado esto o aquello, y alguien ha saltado “ah, pues es verdad, a mí me pasó una vez algo parecido…”. Si yo no hubiese dicho nada estas otras personas no hubiesen contado lo suyo, que les pasó también, pero si no lo cuentas es como si no te hubiese pasado en cierta manera.

Dicho lo cual, “una vez me pasó algo”, ¡jaja! Pues sí, tuve un compañero de trabajo muy imbécil, pero mucho muchísimo. De hecho, hasta ahora es el peor compañero directo de trabajo que he tenido en mi vida, y espero no cruzarme con nadie así de nuevo. Era un señor de que me sacaba como diez años de edad, muy frustrante y muuuuuy frustrado, que se encontró que le decían que, por mucho que lo desease, él no era ni mi jefe ni el de nadie.

Este individuo era claramente una persona con muchíííííísimas frustraciones personales, y yo creo que en el trabajo daba rienda suelta a sus traumas porque en casa no podía. Les voy a confesar algo muy personal: yo nunca he agredido a nadie físicamente, jamás. Pues bien, este individuo era tan impertinente, desagradable, mentiroso y manipulador que una vez casi (casi) le levanto la mano, y me imaginé en mi cabeza que le arrancaba la suya, para después pegarle un rodillazo de los buenos en el carnet de padre. Cuando me di cuenta que yo estaba perdiendo el control, cogí mi ordenador y me metí en una sala de reunión durante los dos siguientes días, para calmarme y no cruzar palabra con este imbécil. Nunca en mi vida me había pasado estar tan cerca de perder el control, ni en la vida profesional ni en la personal, y créanme que he tenido ocasión de vivir situaciones tensísimas…

Pues bien, este perla del que les hablo me hizo vivir muchísimas situaciones en las que mi sangre fría estuvo a prueba, y estos días he recordado una de ellas. Resulta que, inevitablemente, los desacuerdos eran constantes, y como este individuo no tenía nada con qué defenderse, se fue a lo fácil una vez: “es que eres muy emocional”. ¿Yo, emocional? ¿Yo, emocional en el trabajo? ¿Yo, la reina de hielo? ¿Yo, que donde la gente tiene un corazón yo tengo el iceberg que hundió el Titanic?

Yo no estaba siendo emocional en esa situación, para nada, pero era taaaaan fácil decirle a una mujer que estaba siendo “emocional”… Lo divertido es que más de una vez, discutiendo con este tío, creía yo que ÉL se iba a poner a llorar en cualquier momento (y más de una vez tuvo reacciones de un niño muy pequeño, era ridículo). Pues bien, cuando me dijo que estaba siendo “emocional” le contesté muy tranquilamente: “no, yo no estoy siendo emocional: yo estoy exponiendo los hechos tal cual, sin ningún sentimiento”. Evidentemente, se quedó sin saber qué decir, como tantas y tantas veces, y cambió de tema, como tantas y tantas veces…

Una semana después del episodio “emocional”, le mandé un e-mail corto, directo al grano, factual. Ese e-mail no le gustó nada de nada, porque le dejaba muy en evidencia (no había nadie más en copia del e-mail, no está entre mis hobbies humillar a gente públicamente, excepto si te llamas Tomás y de apellido Roncero) (o Pepe) (o Sergio Ramos). Pues bien, su respuesta a ese e-mail fue, por una parte ir a hablar con Recursos Humanos (que le dijo que se metiese el e-mail por donde le cupiese porque mi e-mail no tenía nada de malo), y por otra parte contestándome al e-mail diciendo que mi mensaje era “congelante” (en el sentido que era sobrecogedor).

Estuve a punto de cogerlo de una oreja, meterlo en una sala con una cámara de video y decirle: “a ver, tonto del bote: ¿qué soy exactamente? ¿Emocional o fría como un témpano de hielo?”. Éste se va directo al club de “llego a ser más tonto y no nazco”, y este planeta no se habría perdido nada.

Todo esto lo he recordado esta semana, porque charlando con Darroa el otro día le dije que este domingo yo iba a hablar del Serenagate.

 

Imágenes sobrecogedoras 

El otro día Serena Williams tuvo un momento poco sereno (lo sé, voy a intentar subir el nivel). Parece ser que últimamente le pasa de todo, entre la polémica por cómo se viste y ahora la final del US Open. Las imágenes hablan por sí solas:

 

 

No, no les estoy tomando el pelo. Simplemente quiero recordar que ponerse furioso le puede pasar a cualquiera. Desgraciadamente, hay algunas personas (no todas: algunas) que piensan que si lo hace un hombre es porque tiene mucha personalidad o mucha razón, y si lo hace una mujer es porque es una histérica, palabra que odio, por cierto. E insisto: no generalizo, hay mucha gente que no juzga a una mujer furiosa de manera diferente a un hombre furioso. Pero como explico más arriba, es muy fácil decirle a una mujer furiosa que está siendo “emocional”, pero a un hombre nadie se lo dice, en exactamente la misma situación. Y además, en mi ejemplo, yo ni siquiera estaba furiosa: simplemente llevé la contraria a una persona que no se lo ocurrió otra cosa que atacarme frontalmente en vez de hablar como dos adultos. 

He estado leyendo varios artículos, sobre todo de opinión, sobre lo que pasó en el US Open. Como ya me conocen, me gusta analizar bien las cosas para sacar conclusiones, o sea que vamos a ello.

Lo primero que pasó es que Naomi Osaka ganó el US Open, y es muy triste que la tía gane semejante torneo, con sólo 20 años, y que en vez de llevarse toda la gloria (más que merecida) resulta que todo el mundo anda hablando de la finalista. Eso es lo primero: Osaka ganó, no lo olvidemos.

 Naomi Osaka

 

Lo segundo que pasó es que Williams recibió tres amonestaciones. La primera fue por “coaching”: los entrenadores no tienen derecho a hablar con los jugadores durante un partido, lo cual me parece una de las reglas más estúpidas que he oído en deporte, pero ahí está. Al respecto les recomiendo que lean este artículo de Toni Nadal, sí, el tío de Rafa. El mallorquín incluso explica que a él le tendrían que haber amonestado varias veces por lo mismo que pasó entre Serena y su entrenador. Volveremos a ello.

La segunda amonestación fue por romper la raqueta. Se ve que veo poco tenis porque no recuerdo haber visto nunca un jugador romper una raqueta en directo, y por tanto no sabía que era sancionable. En cierta manera lo entiendo, sobre todo en alta competición, por aquello de dar buen ejemplo a los niños y esas cosas. También entiendo que un momento de muchísima tensión uno tiene que sacar esa tensión por algún sitio: hay gente que grita, hay gente que desaparece, hay gente que rompe raquetas y hay gente que se cabrea con las otras personas que hay en el metro de París (no, no soy yo estoy mintiendo: soy yo). Yo, que tomo clases de canto desde hace un tiempo, sé que cuando canto y llego a notas difíciles voy a torcer mi mano izquierda (lo que mi profe llama “la garra de Ella”), y que tengo que concentrarme mucho para que mi mano no se convierta en una especie de fenómeno digno de aparecer en el “El Exorcista”.

Pues bien, en esta tribuna dominguera entendemos que no se puede ir rompiendo material por la tele, porque hay que dar buen ejemplo y también tener temple.

La tercera amonestación fue por abuso verbal, y ahí llegamos al centro de la cuestión: Serena se encaró al árbitro, un señor portugués llamado Ramos. Iba Williams ya cabreada por la primera amonestación, porque ella consideró que no hubo “coaching”, que su entrenador no le dijo nada “amonestable”, y por tanto esa amonestación fue injusta desde su punto de vista. 

Como he dicho más arriba, me parece ridículo que los entrenadores no puedan hablar con los tenistas, y también se lo parece a Toni Nadal, e incluso indirectamente a la gran Martina Navratilova (en inglés). Puedo entender que Williams esté ya hinchada, va perdiendo la final, el árbitro ha tomado una decisión polémica con la que ella no está de acuerdo, y explota. 

No tendría que haberlo hecho. Lo repito: no tendría que haber explotado. No hay que insultar, ni agredir verbalmente, ni gritar excepto si es absolutamente necesario. Williams se equivocó.

Ahora bien, Serena se equivocó, sí, pero hay algo en lo que tiene razón, y Navratilova también lo cree: el doble rasero.

 

 

Creo que ya se lo conté hace tiempo. Una vez un abogado me explicó cómo funciona la ley, y da mucha rabia. Él me contó: “imagina que aparcas tu coche en una calle donde está prohibido aparcar. En la misma calle hay cincuenta coches más aparcados, pero el tuyo es el único que se lleva una multa. Tú no puedes ir a un juez y decirle que te retire la multa porque los otros cincuenta coches no fueron multados. El juez te dirá que tú estabas aparcada en un sitio donde no se podía y la multa es legítima (que lo es). Y no es asunto tuyo lo que pasa con los otros cincuenta coches”.

Da rabia, ¿no creen? A mí me la da, y mucha. 

Ahí es donde le doy la razón a Serena. El coaching es muy común, y no siempre se amonesta. Y que a las mujeres se nos trata muchas veces de inferiores es una realidad: lo dice Navratilova en su artículo y lo digo yo, como mujer.

El otro día le pasó algo a una amiga que le dio mucha rabia a ella, y me la dio a mí también. Resulta que mi amiga cambió de contrato eléctrico, y vinieron un par de tíos a su casa a revisar el cuadro eléctrico. Les pongo en situación: ella estaba sola en la casa, ella había pedido la cita, y ella es la titular única del contrato, ergo la clienta. Dicho cuadro eléctrico es un poco complicado, y mi amiga tenía una pregunta muy sencilla: ¿para qué sirven esos dos botones de ahí?

Pues bien, como los dos técnicos no tenían ni idea de la respuesta (lo cual tiene delito), contestaron lo siguiente. Uno contestó “señora, nosotros no tocamos estos botones, sólo la parte de arriba, la parte de abajo corresponde al cliente” (fue la respuesta inteligente, descargándose de toda la responsabilidad). Pero el otro fue más allá: “si usted necesita ayuda, pídala a su marido”. ¿Al marido? Mi amiga se quedó de piedra… La clienta era ella, tenía una pregunta y sólo una, y los técnicos, en vez de responder (porque no tenían ni idea), le dicen “pregúntale al hombre que se ocupa de ti”. Mi amiga no supo reaccionar y no dijo nada, y puedo decirles que después se sintió muy, pero que muy enfadada.

La pregunta que me hago es: si mi amigA hubiese sido un amigO, ¿le hubiesen dicho “si usted necesita ayuda, pídala a su esposa”? No creo… Y este es un bonito caso de doble rasero.

Navratilova dice en su artículo que ella sabe lo que es sentirse una “outsider”, como Serena Williams. Y es eso lo interesante del asunto. Y es que muchas veces en la vida no se te aplica el mismo criterio que a otros porque no eres del color que toca, del sexo que toca, de la edad que toca, del barrio que toca: y ahí está el problema del rasero. 

Después de todo lo que he leído, varias voces se han alzado diciendo que no se aplica el mismo rasero en las amonestaciones en el circuito femenino que en el masculino: me lo creo. Me lo creo porque muchas veces se espera que nosotras, las mujeres, seamos esos “seres de luz perfectos”, maternales, dulces, amables, cariñosas, amorosas… Y cuando no lo somos nos convertimos en “emocionales”, “histéricas”, “difíciles”, “te vas a quedar para vestir santos”…

No sé cuántas veces me dijeron siendo muy jovencita que era “difícil” (ya no me lo dicen). Y yo miraba a los chicos de mi edad, que decían y hacían las mismas cosas que yo, pero a ellos nadie les decía que eran “difíciles”. Y muy jovencita aprendí que una mujer que expresa su opinión está sometida inmediatamente a la más feroz de las críticas. Lo viví todos los días con el compañero de trabajo del que les hablaba al principio: él daba su opinión y había que escucharle casi como quien escucha una lectura en la misa de los domingos, pero cuando yo la daba inmediatamente se apresuraba a intentar interrumpirme para llevarme la contraria, sin que ni siquiera hubiese yo terminado de decir lo que quería. Vuelvo a decir que NO generalizo: simplemente les explico que estas cosas pasan de verdad. 

Por ello, he llegado a la conclusión que Serena se equivocó, sí: las amonestaciones fueron justas. Pero no puedo evitar, parcialmente, entender su rabia, su enfado y sus quejas en un mundo absolutamente imperfecto, en un mundo en el que no somos capaces de juzgar a todo el mundo por igual. No puedo evitar las ganas de irme ante el juez y decirle: ¿por qué pones la multa a mi coche y no a los otros cincuenta TAMBIÉN?

Pero ese mundo no existe. Tendríamos que tender hacia él, y por eso yo te digo bravo Serena, porque has alzado la voz para que los criterios se unifiquen, y si a ti te sancionan tres veces, al que haga lo mismo en el circuito masculino se le tendrá que sancionar TAMBIÉN. Y espero que a partir de ahora, vista la polémica, las personas que tienen que hacer autocrítica la hagan, y modifiquen ciertos comportamientos injustos.

Lo mismo se aplica al fútbol y tantos otros deportes. Vemos a jugadores que se merecen la doble amarilla antes del minuto 30 del partido y que lo acaban, y en cambio a otros que se llevan una roja directa sin más miramientos… ¡Hay tantos ejemplos! Por ello, cada uno, tenemos que intentar ser lo más justos (o lo menos injustos…) posible, para dejar un mundo un poco mejor del que nos hemos encontrado al llegar. 

No soy una ilusa: creo fervientemente que es posible dejar un mundo mejor. ¿Nos ponemos manos a la obra?

 

 

Despedida

Como cada vez que saco un tema medio feminista, sé que me caerán palos en los comentarios. Pero como llevaba varias semanas sin hacer un post en condiciones, me he dicho: hoy me va la marcha.

Y sin que tenga nada que ver, les dejo con una canción francesa que he descubierto hace poco, del gran Jacques Brel, y que me tiene obsesionada porque es una verdadera maravilla. Y espero algún día poder cantarla en público…

¡Feliz semana!

 

Ella / Diario AM

Twitter: @EllaDiarioAM

 

 

 

 

Aportación Propia
Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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