Aportación Propia

Caramelo de dulce de leche – Crónica Diario AM 02/09/2018

Caramelo de dulce de leche – Crónica Diario AM 02/09/2018
Ella


Querid@s Damistas:

El otro día pasó algo que no tiene importancia, pero que a la vez sí la tiene. Muchas veces en la vida son las pequeñas cosas las que tienen gran influencia. Para quien tenga hijos, y también para quien no los tiene (todos somos hijos de alguien, al fin y al cabo), es muy fácil traumatizar a un niño para el resto de sus días con una mala palabra o un mal gesto, con un castigo a destiempo o una felicitación que nunca llegará…

Aunque esto me pasó ya de adulta (por suerte), una vez saqué una muy buena nota en un examen muy difícil, un examen que me había provocado pesadillas mientras esperaba el resultado final (tardó un mes en llegar, fue un suplicio). Una persona muy cercana, al explicarle la nota que había sacado, me contestó: “no me extraña que hayas sacado esa nota, con lo rara que eres…”. Repito que esto me pasó siendo yo ya mayor de edad, y en ese mismo instante sentí mucha pena por la persona que me había hecho semejante comentario. Pero si me hubiese pasado más jovencita, el daño hubiese podido ser irreparable…

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El caso es que unas semanas antes del Mundial, una amiga de mi famosa tía la mosca se pasó por París, y como buena uruguaya me trajo dulce de leche y unos caramelos con sabor a dulce de leche. Yo estaba encantada con el regalo, por supuesto, que encontrar dulce de leche de verdad en París es misión casi imposible.

Me había olvidado yo de los caramelos de dulce de leche hasta que el otro día me los “crucé” por la cocina, y decidí llevarlos al trabajo. Como pasa en muchos sitios, en mi trabajo hay una sala de descanso con máquina de café y esas cosas, y en mi empresa es costumbre dejar en esa sala lo que se trae para compartir, y quien quiera pasa por ahí y come lo que le apetece. Y yo dejé ahí los caramelos, para quien quisiese comerlos. 

Tengo un compañero de trabajo, simpático pero sin pasarse, un jovencito que cree que sabe muchas cosas, pero no se hace insoportable (como algún otro jovencito que me he cruzado que cree saberlo todo de la vida, bendita inocencia). Pues bien, este compañero pasa todos los días por mi mesa para saludarme, pero sobre todo pasa porque ha desarrollado una dinámica muy propia que es la de venir a mi mesa, soltarme alguna barrabasada futbolística e irse, contento de dejarme indignada y soliviantada ante mi pantalla.

Desde el día que descubrió que Cristiano Ronaldo no era una persona de mi agrado pasaba y me decía “¿has visto el gol que marcó ayer?”, o me hacía el salto ese que hace el jugador cuando marca, que salta con las dos piernas estiradas, y cuando cae al suelo se golpea los muslos mientras adelanta sus genitales, para que queden bien destacados.

 

Es decir, esta celebración...

Es decir, esta celebración…

Más tarde descubrió mis orígenes uruguayos, y evidentemente añadió al ritual el recordarme todos los días que Luis Suárez tiene sus problemas de autocontrol. Además, este compañero es muy anti-Barça (y yo siempre le recuerdo que la envidia es muy mala…), con lo cual el odio hacia el jugador uruguayo es doble.

Pues bien, fíjense que estoy yo danzando tan alegremente por los pasillos y me cruzo con el compañero en cuestión, y le veo que lleva algo en la mano. ¡Bingo! Es uno de los caramelos uruguayos que había dejado yo… Y lo veo que lo saca de su envoltorio y se lo mete en la boca. Una vez ya en la boca, le digo: “ah, estás comiendo un caramelo uruguayo”. Y el otro que me contesta: “ah no, es argentino”. Y yo: “qué va a ser argentino, que los he traído yo y vienen directamente de Uruguay”.

Le cambió la cara, oigan…

Se apresuró a decirme: “pues en cuento encuentre una papelera lo voy a escupir”. Y ahí quedó la cosa…

Y si les cuento esto es porque es un pequeño ejemplo de la cara mala del deporte, del fútbol en particular. Resulta que mi compañero, joven e impetuoso, le tiene manía al Barça y le tiene mucha manía a Luis Suárez en particular, y eso le lleva a no disfrutar de un caramelo que ha viajado 11.000 km para estar en París.

No les explico esta pequeña anécdota para defenestrar a mi compañero (ya les he dicho muchas veces que me encanta el verbo “defenestrar”, ¿verdad?). Mi compañero anda frustrado, porque antes venía y me soliviantaba con el de Madeira, pero ahora como el de Madeira ya no juega en la liga española él sabe que me importa entre cero y menos infinito lo que haga el chaval en la Juve (más bien me importa menos infinito…). Y claro, ya no sabe con qué picarme por la mañana, y lo de simplemente darme los buenos días de manera amable no le basta. Yo entiendo la actitud de mi compañero, y hasta me divierte observar con qué historia me va a provocar por las mañanas…

La cosa aquí es que el “odio” hacia un jugador/un equipo/un club puede llevar a personas normalmente constituidas a hacer o decir muchas tonterías. ¿No te cae bien Luis Suárez? No hay problema, a mí no me cae bien Zidane ya desde que era jugador, lo cual en Francia no ayuda en mi vida social, dicho sea de paso. Pero que no me caiga bien Zidane no me lleva a que no me caigan bien los calvos, o los franceses, o los que ganan Champions… Es triste este lado del deporte, el lado que separa en vez de unir.

Zinedine-Zidane 

Y para mí el deporte nació para unir, para jugar en equipo en algunos casos, para aprender a perder y aprender a ganar, y para poder estar en contacto con el aire libre, la naturaleza y nuestro propio cuerpo. 

Mi compañero probablemente no tiró el caramelo a la basura (tampoco me molesté en vigilarle), y probablemente tampoco odie realmente todo lo uruguayo, porque ni debe de ser dónde se sitúa exactamente. Pero su gesto me dejó pensativa… ¿Cuántas cosas nos perdemos en la vida por tener manía a ciertas cosas o personas? Yo muchas, ya se lo digo, porque soy la primera en caer en el error infinidad de veces al día.   

Lo triste es cuando una manía deportiva te lleva a la violencia y el odio, como desgraciadamente pasa todos los días.

 

Humilde contribución

Sigo en un torbellino personal y profesional que no me permite aportarles crónicas de la calidad que ustedes merecen, pero todo torbellino llegará a su fin, algún día (espero). Mientras tanto, como el otro día vi un documental fan-tás-ti-co sobre mi adorado Freddie Mercury, les dejo un poco de Queen para este domingo.

¡Feliz semana!

 

Ella / Diario AM

Twitter: @EllaDiarioAM

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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