Aportación Propia

Yo te entiendo Adrien – Crónica Diario AM 03/06/2018

Yo te entiendo Adrien – Crónica Diario AM 03/06/2018
Ella


Querid@s Damistas:

Hoy les quería hablar de Adrien Rabiot, pero antes les contaré algo que nos pasa a las personas con tendencias binarias. En esta vida tiene que haber (casi) de todo: gente binaria y gente no binaria. El mismísimo maestro Yoda ya lo decía: hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.

 

 

Algo así nos ha pasado a Adrien y a mí. Les cuento…

 

Do or do not

En mis años mozos tenía amigos y conocidos, como más o menos todo el mundo. Y luego tenía esa gente que no sabes muy bien cómo clasificar: puedes llamarles “amigo” aunque sabes que en el fondo no confías en la persona, o no eres muy cercano con ella, pero al mismo tiempo llamar a esa misma persona “conocido” es como muy frío, te hace sentir incómodo. Tengo que decir que hoy en día ya tengo las ideas más claras, y la palabra “amigo” va mucho más cara… Sigamos. 

Pues bien, una de esas “amigas” que están en esa zona gris de “te llamo amiga, pero en el fondo las dos sabemos que cualquier día nos perdemos de vista y no pasará nada” se casaba. Teníamos muchos amigos/conocidos en común, y existía la posibilidad real de ser invitada a la boda, cosa que yo pensaba que iba a pasar. Unos meses antes de la boda, la futura novia (llamémosle Núria) y yo quedamos para tomar algo en un bar con una terraza muy agradable.

Bar Núria

Ya había fecha de boda y todo, y de pronto me encontré metida en una conversación muy complicada. No recuerdo cómo ni por qué, pero empecé a contarle a Núria lo enamorada que yo había estado de mi primer novio, cuando aún estaba yo en años aún más mozos, y cómo me gustaba todo de él, en concreto sus manos y cómo las movía (cada uno tendrá sus gustos, y yo me fijo en el movimiento de las manos de los hombres, ya ven). Pues bien, allí mismo Núria, que estaba a apenas unos meses de casarse con el único novio que había tenido en su vida, me soltó la bomba: “es que mi futuro marido nunca ha sentido algo así por mí”. 

Yo me quedé a cuadros. Sin ser una experta en relaciones ni nada, sabía que lo que Núria me estaba contando era muuuuuuuuuy fuerte, porque la cosa no quedó allí, no. Núria me añadió que pensaba que el muchacho que iba a casarse con ella no estaba enamorado de ella, y que ella no entendía por qué él había aceptado casarse. Como comprenderán, quería que me tragase la tierra, ya que por una parte no podía contarle esto a nadie, pero por la otra me planteaba un dilema moral muy fuerte: ¿me voy a quedar callada? ¿Y si esta boda es un gran error?

Les ahorro el suspense. Se casaron, y hoy día tienen al menos dos hijos, aunque como yo había adivinado nos perdimos de vista hace muchos años. También tengo que decir que, como a él yo no le conocía directamente (nos habíamos visto alguna vez, pero vamos, que el tío ni sabía cómo me llamaba), pues tampoco fue tan difícil callarme la boca. Esto pasó hace muchísimo tiempo, y no creo que nadie que me conozca y que lea este blog sepa de quién estoy hablando, porque durante todos estos años no he contado esta historia a nadie, pero bien, también les digo que me apenó muchísimo escuchar a Núria contarme cosas tan íntimas y que me provocaron tanta tristeza.

Pero no es por esto en concreto por lo que les hablo de Núria, es por lo que pasó unos meses después. Después de tener esta conversación tan íntima, dándome una información que yo no había pedido, una información muy sensible que yo pensaba (y pienso) que ella no había compartido con casi nadie, no llegó la invitación de boda. Es decir, Núria, que había confiado en mí tan íntimamente, no me añadió a la lista de invitados. Invitó a todo los “amigos que tocaban” a mi alrededor, pero a mí no.

No les engañaré: me dolió, porque pensaba que me iba a invitar, y porque yo la apreciaba sinceramente (y no tenía yo ninguna intención de levantarme en la iglesia cuando dijesen aquello de “que hable ahora o calle para siempre”….). Pero no, no me invitó y yo lo acepté. En ese momento yo no tenía dinero, era una muerta de hambre (literalmente), y que no me invitasen a una boda era una excelentísima noticia para mi cuenta corriente, o sea que acepté que no iba a estar en la boda y me dije a mí misma: bueno, ya sabías que la ibas a perder de vista, simplemente el momento ha llegado antes de lo que pensabas.

Pero aquí viene lo bueno, y es que llegó la semana de la famosa boda, y Núria me escribe un mensaje… diciéndome que le gustaría que viniese a la boda, sí, sí, a la misa en la iglesia, porque le hacía mucha ilusión que yo estuviese presente.

 

 

No sólo eso, sino que también me decía que podía venir a la fiesta de la boda, la que suele haber después de la cena. Para que entiendan, la cena era fuera de mi ciudad de residencia, en un pueblo por la costa, lo cual significaba que se necesitaba coche para ir y para volver. Yo no tenía coche, no tenía a nadie para acompañarme (básicamente, la gente que yo conocía estaba oficialmente invitada a la boda…), y lo que me estaba diciendo es: no voy a pagarte la cena, pero como tengo mala conciencia te invito a las “partes” de la boda donde una persona más no supone ningún gasto (la iglesia y la fiesta después de la boda, cuando es conocido que yo no bebo nada). 

Yo me quedé de piedra. Ya había quedado claro cristalino que ella no me invitaba a su boda, yo no me había quejado, no había dicho nada a nadie, no había reclamado una invitación, nada de nada, y apenas unos días antes la chavala me dice: vístete de fiesta, péinate y maquíllate, ven a la iglesia, y cuando nos vayamos todos a cenar juntos tú no vengas. Eso sí, más tarde puedes venir, que no quiero quedar mal contigo.

¿Qué hice yo? Bueno, pues después de reflexionarlo le escribí que estaría en la iglesia pero que no podía ir a la fiesta por falta de transporte, pero que a la iglesia iba.

Nunca fui, evidentemente. Y nunca más hemos vuelto a hablar, evidentemente. O me invitas o no me invitas, pero no “intentes invitarme”. Que conste que no le tengo rencor, porque entendí en ese momento que ella tenía remordimientos, y que ella sabía que no se había portado bien conmigo, no por no invitarme (cada uno invita a quien quiere), sino por hacer ver que éramos amigas, que lo iba a hacer y no hacerlo. Si ella no me invitaba el mensaje estaba claro, y yo no tenía ningún problema en aceptar que nuestra relación no era muy cercana. Lo molesto aquí es que unos días antes ella intentase quedar bien, cuando lo que hizo fue… quedar peor. O invitas o no invitas, pero hagas uno o lo otro asumes tu elección y punto.

Yo asumí no ser invitada sin ningún problema, tú asume no haberme invitado.

 

¿Y Rabiot en todo esto?

Adrien Rabiot es jugador titular del Paris Saint-Germain con sólo 23 años (nació en 1995, esto nos envejece a muchos por aquí…). Yo lo llamo desde hace años “el actor francés”, porque para mí tiene más cara de actor francés que de jugador de fútbol, y me recuerda a Pierre Niney, el actor joven francés que por el que todo el mundo se pelea:

 

Éste es Pierre Niney, tiene cara de muy francés

Éste es Pierre Niney, tiene cara de muy francés

 

Pues bien, a mí Rabiot es un tipo que me cae bien. Es buen jugador, no la suele liar en el campo, pero es que además fuera del campo hace bien las cosas. Los periodistas deportivos no son gente fácil de gestionar, ya lo sabemos, y aunque en Francia sean mucho menos carroñeros que en España, igualmente es difícil lidiar con ellos después de un mal partido. 

Y Rabiot es el único jugador del PSG que da la cara siempre. Por ponerles un ejemplo, cuando hace unos meses el Real Madrid eliminó al PSG en la Champions, Rabiot fue el único jugador que, después del partido de vuelta, se puso ante las cámaras y contestó a las preguntas, mientras el resto de compañeros salía corriendo. No sólo eso, sino que Rabiot había hecho un partido malo, y él lo sabía, ponerse delante de un micro era un suicidio, pero lo hizo, porque es un tío que da la cara. Y es por eso que la periodista que le entrevistó en directo no hizo leña del árbol caído, porque ella sabía que Rabiot no se lo merecía, por muy mal partido que hubiese hecho.

Por eso, cuando hace unos días Didier Deschamps sacó la lista de preseleccionados para el Équipe de France para el Mundial, y que Rabiot estaba en los once de la reserva, yo me quedé muy sorprendida. Un tío que es titular en el PSG tiene su sitio en la selección nacional… Y sin embargo, Deschamps lo puso en los suplentes.

Esto fue una sorpresa para mí, pero no lo que pasó después. Y es que Rabiot, ni corto ni perezoso, se sentó, escribió una carta diciendo que pasaba de estar en la reserva, la mandó y se fue de vacaciones.

Y ahí es cuando yo me acordé de la historia de la no invitación a la boda de Núria.

Rabiot considera que él merece estar seleccionado para los Bleus, y no ha sido así. Podría haberse quedado esperando, quizás alguien se lesiona, quizás Deschamps cambia de opinión… Pero como Rabiot es un tío con personalidad, y como es un tío binario (y no saben cómo le entiendo…), él ha decidido por Deschamps: o me invitas o no me invitas, pero lo de en medio no me va.

Y es que en la vida hay cosas que son blancas o negras: o te casas o no te casas, o tienes un hijo o no lo tienes, o aceptas una oferta de trabajo o no la aceptas, o te divorcias o no te divorcias, o quieres a una persona o no la quieres, o haces deporte o no lo haces, o eres amigo o no lo eres… Pero hay situaciones en las que los grises no existen o funcionan mal. Y Rabiot ha decidido que o le escogen o se larga de vacaciones.

Yo hubiese hecho exactamente lo mismo en su situación, que conste.

Evidentemente, la reacción de Deschamps ha sido pública. Dice Didier que Adrien ha cometido un gran error, y que espera que esta situación le sirva para reflexionar y madurar. Didier ya ha demostrado en el pasado que él también toma decisiones y las asume, y a mí me parece muy bien que gestione el equipo así. Yo creo que los dos aquí han seguido las reglas del juego: uno deja claro que cree que el otro no tiene el nivel ahora mismo para ocupar un lugar titular en el equipo, y el otro deja claro que él pasa de quedarse esperando y se larga a tomar el sol donde sea. En este sentido, Didier demuestra más madurez y más capacidad de asumir sus decisiones que Núria sin duda…


 

Y ya está

Yo les quería contar esta historia porque da para mucho, y me apetecía compartir mi punto de vista. Sé que no es un punto de vista compartido por la mayoría de la gente, que muchas y muchos de ustedes me dirán: ”Ella, tendría que haberse quedado de suplente por si acaso, es un Mundial, es la selección nacional…”.  Y yo entiendo su punto de vista, de verdad, es cierto que no hay que dejar que el ego interfiera en una decisión tan importante (si es que ha interferido, y eso sólo lo sabe Rabiot). Y sin embargo, no puedo más que volver a escribir públicamente: yo hubiese hecho lo mismo que Rabiot. O me invitas a la boda, o no me invitas, pero no me dejes fuera de la lista para luego intentar meterme a medias. Que no pasa nada porque no me invites a tu boda/selecciones para el equipo, pero yo continúo con mi vida, y si nos volvemos a cruzar nos saludaremos como personas educadas y ya.

Finalmente, que conste que Deschamps tiene todo el derecho a escoger su equipo, y que conste también que a mí me gusta Rabiot como jugador, por eso me cuesta entender su decisión. Sin embargo, respeto la decisión tanto de uno como de otro.

 

Despedida

Se nota, se siente, el Mundial está presente… Mientras tanto, les dejo con un video que seguramente ya conocerán porque ha dado la vuelta al mundo, pero como me tiene un poco obsesionada igual lo pongo. Para quien no lo sepa, el polifacético Donald Glover dará voz a Simba en la próxima versión de “El Rey León” que la Disney está preparando, y no puedo estar más emocionada.

¡Feliz semana!

Ella / DiarioAM

Twitter: @EllaDiarioAM

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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