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El Dilema del Prisionero – Crónica Diario AM 30/12/2017.

El Dilema del Prisionero – Crónica Diario AM 30/12/2017.
Ankor

Para el último sábado del 2017, proponemos una reflexión, un análisis para la vida cotidiana que nos puede brindar un conocido dilema, el Dilema del Prisionero.

El Dilema del Prisionero es un problema típico de la Teoría de Juegos y se enuncia de la siguiente manera:

 

La policía arresta a dos sospechosos por delitos menores. Sin embargo, sospecha que están involucrados en delitos más graves, pero no tienen pruebas para condenarlos. Decide separarlos y, tras visitarlos en solitario, les ofrece el mismo trato: si confiesa y el compañero no lo hace, este último será condenado a diez años de prisión, mientras que el primero quedará en libertad. Si confiesa y su compañero también confiesa, ambos serán condenados a seis años de prisión. Si ninguno de los dos confiesa, la policía sólo podrá condenarlos por los delitos menores y pasarán en prisión un año.

 

El Dilema del Prisionero está planteado de tal manera que la primera impresión lógica para uno mismo, es decir, de manera individual, es confesar ya que, de este modo, siempre minimizará los daños independientemente de lo que haga el otro (que no lo sabe en ningún momento). Si el otro no confiesa, uno quedará libre, mientras que si el otro confiesa, al confesar él también, la pena quedará reducida de diez años a seis.

Sin embargo, la situación cambia si se estudia el dilema como un conjunto, es decir, no de manera individual de cada una de las partes, llegando, así, a una única solución lógica:

 

 

A confiesa.

A no confiesa.

B confiesa.

12 años de prisión.

10 años de prisión.

B no confiesa.

10 años de prisión.

2 años de prisión.

 

Como se puede ver, la opción aparentemente lógica de manera individual (o egoísta) es, en realidad, la peor opción en su conjunto, mientras que la solución lógica del conjunto y del dilema es no confesar. Con ello, se llega a un equilibro, donde cada parte del conjunto debe ceder una parte (estar un año en prisión) para que en conjunto todos obtengan el máximo beneficio que cada uno por separado.

 

APLICACIONES DEL DILEMA DEL PRISIONERO EN LA VIDA COTIDIANA.

Usado, sobre todo, para el estudio de la Teoría de Juegos, el Dilema del Prisionero se puede aplicar, en realidad, en numerosas situaciones de la vida cotidiana, donde la solución siempre será la misma, y es la cooperación (no confesar) de todas las partes del conjunto, es decir, la ciudadanía. Veamos algunos ejemplos.

 

EstampidaHumanaDilemaPrisioneroEl más típico de todos es el de una cola para entrar al cine, a un concierto, a un servicio público… El que “se cuela” obtendrá un beneficio inmediato, a costa de que los demás de la fila tengan que esperar su turno más de lo necesario. Si todos actúan de manera egoísta, el tiempo de espera sería alargado mucho más de lo necesario para todos en conjunto. La opción más lógica es la cooperación (no confesar), sacrificando cada uno un poco de su tiempo, el tiempo de espera de cada uno será el menor posible en su conjuntos, beneficiándose todos por igual.

 

IntersecciónVialNoCooperarEn una intersección vial la solución es cooperar, ser solidarios y respetar las normas de circulación. Perderemos tiempo pero será el mínimo a perder en su conjunto por todos los conductores implicados. El problema surge cuando alguien no coopera. Esa persona que se sale con la suya, no perderá tiempo y logrará superar la intersección sin problemas, pero a costa de que el resto sí pierda más tiempo de lo normal si todos hubieran cooperado. En el caso más grave, que ninguno coopere y todos se guíen por egoísmo, llegará el atasco y ahí pierden todos y en mayor magnitud que en los casos anteriores.

 

GrupoTrabajoDilemaPrisioneroEn cualquier grupo de trabajo, la solución es cooperar, que todos se impliquen de igual manera para que el conjunto en sí (el proyecto, la empresa…) obtenga el mayor beneficio. El problema surge cuando uno no coopera, coopera mucho menos que los demás o sólo coopera cuando es por su propio bien, también consigue el mismo beneficio que todo el grupo, pero a costa de que los demás tengan que trabajar más de lo normal. En el caso extremo, ninguno coopera, o sólo le interesa el beneficio individual en vez del colectivo. En ese caso no existe grupo de trabajo y el conjunto (el proyecto, la empresa…) está condenado al desastre.

 

EmisionesDilemaPrisioneroOtro ejemplo tristemente célebre en estos días implica el calentamiento global a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero por causas humanas. El acuerdo internacional que deben alcanzar todos los países (sobre todo los más industrializados) del planeta es un Dilema del Prisionero en toda regla. Ni qué decir que los beneficios que se conseguirían con una cooperación de todo el conjunto serían más que notables, a costa de sacrificar un poco el desarrollo de cada una de las individualidades. El problema surge cuando un grupo de países decide no cooperar, dicho país conseguirá grandes beneficios al no tener que sacrificar su desarrollo, mientras que el resto deberá aportar más. Si ninguno colabora, las consecuencias serían catastróficas, agotando recursos que, con un uso racional y cooperativo, podrían duran el doble o el triple. En ese caso extremo, sería el planeta entero el que perdería.

 

En el mundo del fútbol también existen dilemas del prisionero, como no, sobre todo en el tema del reparto de riquezas, bien sea por derechos televisivos o los beneficios de las competiciones internacionales. . . Sacrificando un poco los beneficios individuales, se pueden conseguir grandes beneficios colectivos, como mayores paridades en las competiciones, aumentando la competitividad, por tanto la emoción de las competiciones y, por tanto, mayor interés en las competiciones, lo que aportaría más beneficios. No es una cooperación 100% igualitaria porque en el mundo del deporte siempre habrá mejores equipos que otros, pero eso no quita el impedir que todos intenten llegar al máximo nivel que puedan impidiendo que se puedan desarrollar. En el caso extremo, la no cooperación, dicha competición carecerá de interés al ser realmente competitivo un número muy reducido de equipos, que cada vez será más reducido si se sigue aplicando la idea de “no cooperar”. Se trata de una burbuja que estallará en el momento que la competición pierda atractivo competitivo y ya no aporte los beneficios de antes, al contrario, serán cada vez más reducidos y todo el sistema colapsará.

Otro ejemplo claro lo tenemos en mi querido Ranking UEFA. Un conjunto de equipos de una liga que se toma en serio ambas competiciones europeas obtendrá el máximo beneficio para el conjunto, es decir, su liga. El problema surge cuando cada equipo compite en función de sus intereses. Como, por ejemplo, no competir en la Liga Europa. Un equipo grande que sólo busca su beneficio sólo le interesará la Liga de Campeones, dejando de competir si acaba en la Liga Europa, esto provoca que no pueda conseguir el máximo de puntos posibles para su liga, lo que reducirá su posición en el ranking y la liga entera se debilitará, al perder representantes en las competiciones europeas.

 

REFLEXIONES.

El Dilema del Prisionero es una excelente reflexión para tomar consciencia del verdadero concepto de ciudadanía. Entendiendo el conjunto como la sociedad, es importante que todos y cada uno de nosotros decida “no confesar” independientemente de lo que hagan los demás. Sólo con la cooperación, y con pequeños sacrificios, se consigue un mayor beneficio para todos en su conjunto. Es egoísta y nada lógico según el Dilema del Prisionero no respetar las reglas y leyes que se han tomado en conjunto, menos aún en un mundo donde las reglas y leyes son permutables siguiendo también el camino guiado por esas mismas reglas y leyes. Todos somos parte activa de un conjunto que tiene sus propios mecanismos para mejorar en eficiencia, aunque en muchas cosas también sea aparentemente eficaz para el que no cumpla las normas (corrupción).

Sé que parece una elección difícil, hasta ilógica según el propio dilema que te provoca la rápida reacción de “confesar”. Lo mismo ocurre en la vida real, donde el que no coopera hace quedar a los que cooperan como “tontos” (en realidad, es más usado un adjetivo bastante más malsonante que empieza por G). Ni caso, los beneficios de la cooperación superan con creces los de la no cooperación. Las personas que toman la decisión egoísta no son capaces de ver el conjunto.

Colaborar, respetar, trabajar juntos sin objetivos egoístas o egocéntricos. Aplicarlo, dar ejemplo y educarlo en las nuevas generaciones. Pese a los sacrificios, los beneficios que podría aportar son demasiado grandes como para no tenerlos en cuenta.

 

Deseando de todo corazón que pasen un feliz año nuevo y que el 2018 sea, como mínimo, tan bueno como el 2017. Como siempre, sean felices.

 

ANKOR.

Andromeda

 

 

 

 

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