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Inconquistable – Crónica Diario AM 15/10/2017

Inconquistable – Crónica Diario AM 15/10/2017
Ella

 

Querid@s Damistas:

Seguimos en unas semanas convulsas, lo cual me ha recordado una historia genial… Después de verificar e informarme, descubro que no ha habido todavía en esta página un post dedicado exclusivamente al tema, lo cual es toda una sorpresa, o sea que toca hoy. 

Y es que el otro día tuve la suerte de conocer, por primera vez, una persona que ha vivido muchos años en Sudáfrica, durante el apartheid y cuando el apartheid terminó oficialmente. Fue una conversación apasionante, quizás les cuento alguna cosa más tarde, pero esa conversación me hizo como un “clic” en esta cabecita mía y aquí estamos, contando este cuento.

 

Contexto con texto

Nelson Mandela, nacido en 1918, falleció hace casi cuatro años, pero su recuerdo sigue vivo. No soy ninguna experta en política (ni ganas, la verdad), y no he puesto nunca un pie en Sudáfrica, aunque tengo una amiga viviendo allí ahora mismo, y la invitación está encima de la mesa para ir a conocer esas lejanas tierras. Sin embargo, la historia de hoy alcanza la categoría universal, es decir, que aunque no conozcamos el lugar, la cultura o la lengua, todos podemos entender lo que pasó e identificarnos con la parte humana del acontecimiento.

Como sabemos, Mandela pasó 27 años en la cárcel, inicialmente acusado de haber incitado a la huelga a los trabajadores y haber salido del país sin permiso. No nos vamos a detener en esta parte de la historia porque no es la que toca, aunque sea una historia de lo más relevante sin duda. Llegamos directamente a 1990, cuando Mandela es liberado, a pesar del miedo y la enorme tensión que reinaba en el país. Por un lado, la comunidad blanca consideraba al preso liberado un terrorista y a su partido político, el ANC (African National Congress, partido ilegal en esa época), una especie de guerrilla. Por otra parte, la comunidad negra estaba harta del apartheid, y aquello no se aguantaba más. Por cierto, que el otro día aprendí que no todos los negros estaban contentos con Mandela como presidente, porque en Sudáfrica hay muchas etnias, y el hecho de que una etnia gobernase el país significaba que otras etnias podían enfadarse. Por lo que me comentaron, los negros que tenían trabajo y no sufrían la parte más horrible del apartheid ya les convenía que la situación continuase igual, porque ellos estaban “bien” con el sistema presente. Pero eso no fue lo que pasó, aunque me estoy yendo por las ramas, como cada domingo.

Mandela cárcel

Mandela sale de la cárcel y negocia con el presidente, de Klerk (blanco, evidentemente), acabar con el apartheid. En 1994 se celebran las primeras elecciones multirraciales de la historia del país, es decir, por fin se podía votar a negros. El ANC de Mandela gana con más del 60% de los votos y se convierte en presidente del país que le mantuvo tres décadas en la cárcel.

Mandela sabe que tiene un reto absolutamente gigantesco ante sí. Por una parte tiene que apagar los ardores de venganza del ANC y de la mayoría negra contra la minoría blanca opresora, y por otra tiene unos cuantos blancos que, descontentos con los cambios del país, se organizan para ser terroristas ellos también. No molaba nada…

Y aquí llegamos al asunto del post de hoy, una vez dado el contexto.

 

Idea genial 

En medio de todo este polvorín, Mandela tiene una idea digna de un genio, de un genio loco añadiría. Durante muchísimo tiempo, el ANC había utilizado el equipo nacional de rugby, los Springboks, como un instrumento para demostrar a la mayoría negra que los blancos les oprimían, ya que el equipo de rugby estaba formado exclusivamente por jugadores blancos. Por cierto, y me permito hacer un inciso, “springbok” en inglés significa simplemente “gacela”, cosa que yo no sabía.

El presidente sudafricano decide que en vez de utilizar al equipo nacional de rugby como un palo con el que golpear al pueblo (negro), se podía convertir en lo contrario, en un premio. Vamos, lo que de toda la vida se ha llamado convertir una amenaza en una oportunidad. Llama al capitán del equipo, François Pienaar, y le propone un plan: ganar la Copa del Mundo de rugby, que se organizaba en Sudáfrica justo al año siguiente (1995). 

Como no soy ninguna experta de rugby, he estado leyendo bastante sobre el tema para escribir estas líneas, y les puedo decir sin miedo a equivocarme que lo de Sudáfrica pasando de cuartos de final era terreno perteneciente a la ficción: nadie en su sano juicio hubiese apostado por un resultado mejor. Ya en aquella época Nueva Zelanda era la gran favorita, y el equipo local partía de una situación nada halagüeña, fruto de muchos años de boicot internacional debido al apartheid…

Pero Mandela no se amedranta, y Pienaar y los jugadores tampoco, y allá van, con todo en contra, dispuestos al milagro (y con un único jugador negro en sus filas, Chester Williams).

Chester Williams
 

La parte de deporte

Sudáfrica se clasifica para la Copa del Mundo directamente al ser anfitriona, y en su grupo caen Australia (otro gran equipo), Canadá y Rumanía. El partido inaugural, Sudáfrica-Australia, se salda con una victoria local 27-18, lo cual pone a todo el mundo como loco por lo inesperado, anunciando el milagro que iba a ocurrir. Tanto los Springboks como los australianos pasan a la siguiente ronda.

Springboks

Llegan los cuartos de final, con un Sudáfrica-Samoa Oriental que se vuelve a saldar con victoria local. En semis, los Springboks se topan con Francia y, sí sí, ¡llegan a la final! Por el otro lado, sin mucha sorpresa, los All Blacks se clasifican también. Ahora bien, es digno de mencionar que hay una gran diferencia entre los dos finalistas: mientras Nueva Zelanda ha llegado a la final con un saldo de puntos de 315-104 (+211 para los que somos mas de fútbol), Sudáfrica llego con un saldo de 129-55 (+74), lo cual da una idea de que la manera de jugar de ambos equipos probablemente tenía tanto en común como una bailarina de ballet y un luchador de sumo, más o menos…

Había fotos peores, o sea que no se quejen...

Había fotos peores, o sea que no se quejen…

Pues bien, llega el partido, y para que vean en todas partes cuecen habas. Resulta que unos días antes de la final, que se jugó el 24 de junio de 1995 en Johannesburgo (no olvidemos que allí era invierno), a los All Blacks se les ocurre salir a cenar por ahí, a pesar de que les habían dicho que no saliesen a comer a cualquier sitio. El resultado es desastroso: de los 35 miembros del equipo, 27 acaban con una gastroenteritis descomunal, y la duda planea sobre un boicot al rival finalista… Y es que para aquel entonces el país, la parte blanca y también la parte negra, está entusiasmada con el equipo: One Team, One Country.

One team one country

 

El tema se ha estudiado e investigado seriamente, se ha hablado de una misteriosa camarera, Suzie, a la que se responsabiliza de haber envenenado al equipo, pero la realidad es que nunca nadie ha podido probar nada de nada.

El caso es que llega la final, y Mandela, ni corto, ni perezoso, ni asustado, ni amedrentado, salta al terreno de juego antes de que empiece el partido y se va a saludar a los jugadores. Me dirán que eso de extraordinario no tiene nada, pero es que no les he contado la parte más importante, y es que Mandela les va a saludar llevando la camiseta de la selección nacional de color verde, una camiseta asociada al racismo contra los negros, una camiseta que durante años representó el apartheid.

Principio partido

Si han estado leyendo este post desde el principio, y con un poco de reflexión interna, se darán cuenta del poderosísimo mensaje que Mandela estaba enviando. En un estadio con el 95% de los asistentes blancos, en una final mundial ante el enemigo más temible, un negro que había estado en la cárcel, un negro considerado terrorista por la mayoría del estadio, un negro al que probablemente no habían votado, sale con la camiseta que les representa a ellos, los blancos, a dar la mano a un puñado de otros blancos que representa lo mejor que tiene el país en ese momento (la parte blanca del país). Y lo hace con la mejor de las sonrisas. 

Nelson Mandela camiseta

Fue en ese momento cuando la Sudáfrica blanca aceptó a Mandela como su presidente.

Empieza el partido, y debido a su estado más que perjudicado, los pobres neozelandeses se lo pasan retirándose a la banda a vomitar (no es justo, eh, llegar a una final mundial y tener a todo el equipo así es para ponerse a llorar, pongámonos en su sitio). Sudáfrica juega sobre todo a defender, otra cosa no podía a hacer ante los All Blacks, y el primer tiempo acaba con un hermoso 9-6 para los locales.

El segundo tiempo acaba con 9-9, forzando la prórroga. Y en éstas llega Joel Stransky, el único judío del equipo y el que había marcado todos los puntos sudafricanos del partido, y marca, colocando el resultado final en el marcador: 15-12, Sudáfrica es campeona del mundo y el país se viene abajo (o arriba, como prefieran). 

No acaba la cosa ahí, no, y es que hay que entregar la copa. Y ahí se va Mandela, de nuevo… Sigue vestido con la camiseta verde que tanto odio provoca, y le entrega a François Pienaar el trofeo:

Mandela: “François, thank you for what you have done for our country” (François, gracias por lo que has hecho por nuestro país)

Pienaar: “No, Mr President. Thank you for what you have done” (No señor Presidente, gracias por lo que usted ha hecho)

No me digan que no les apetece ver unas imágenes del momento de verdad… Y como soy tan buena persona les ahorro la búsqueda por internet y ya se las pongo yo misma:

 

 

 

Sí, lo sé 

Ya sé que hay una película sobre el tema, dirigida por Clint Eastwood: Invictus (2009). La película contó con la bendición del mismo Mandela, interpretado por su amigo Morgan Freeman (Pienaar lleva la cara del menos imponente Matt Damon). Fui a verla cuando salió en el cine y la verdad es que me gustó, no duden en verla si no la conocen todavía.

La película toma el título de un poema escrito en 1875 por un inglés llamado William Ernest Henley. El pobre Henley sufría de tuberculosis, y por ello le tuvieron que amputar una pierna. Más tarde le dijeron que tenían que amputar también la pierna que le quedaba, y entonces Henley decidió cambiar de médico a uno que parecía que tenía más habilidad en esto de salvar miembros… El segundo doctor, a través de varias operaciones en el pie que le quedaba, logró salvar la segunda pierna, y mientras Henley estaba convaleciente, se le ocurrió escribir este poema, sin título, representando la voluntad de luchar y salir adelante en la vida. Fue más adelante que un editor le puso ese título en latín, “Invictus”, que significa invicto, inconquistable.

Les cuento la historia del poema porque es importante saber cómo se sentía el que lo compuso en ese momento, le otorga una dimensión totalmente nueva a su lectura. Además, como mucha gente sabe, este poema acompañó a Mandela durante su encarcelamiento, y lo repetía a otros presos. Les dejo el original en inglés y también una traducción en castellano, para quien quiera entender todos los versos:

 

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
 

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
 

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

 I am the master of my fate

Más allá de la noche que me cubre,
negra como el abismo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable. 

En las azarosas garras de las circunstancias
nunca he llorado ni pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida. 

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yacen los horrores de la sombra,
sin embargo, la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigos la sentencia,
yo soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma. 

 

Despedida

Sí, ya sé que ayer hubo un Atlético de Madrid-Barcelona y yo no he contado nada, pero así son las cosas hoy. Para que me perdonen un poquito les adelanto que el post de mañana viene con sorpresa. ¿Cuál? Hasta aquí puedo leer…

Les dejo con una canción de mi infancia, una canción que me trae muchos y hermosos recuerdos. Para los latinoamericanos que corren por aquí, si les hablo del disco de canciones infantiles de Piero saben a qué me refiero, ¿verdad? Es un tipo interesante el tal Piero, si tienen tiempo les invito a investigar un poquito por ahí al personaje. Y para quien tenga hijos, no duden en comprar el disco “Sinfonía inconclusa en la mar”, no se arrepentirán, todas las canciones son absolutamente geniales. Yo me aprendí los animales y unas cuantas palabras nuevas así…

¡Feliz semana!

 

Ella / Diario AM

Twitter: @EllaDiarioAM

 

 

 

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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