Aportación Propia

Desamor – Crónica Diario AM 01/10/2017

Desamor – Crónica Diario AM 01/10/2017
Ella

 

Querid@s Damistas:

El otro día pasó una cosa que a mí me pareció muy fuerte, y me dije: este domingo lo escribes. Y aquí estamos ustedes y yo. 

¿Qué es el desamor? La Real Academia Española, institución que dice que tenemos que escribir “guion” en vez de “guión” (un par de generaciones tendría que vivir yo para aceptar ese cambio…), define el desamor como: 

  • Falta de amor o amistad
  • Falta del sentimiento y afecto que inspiran por lo general ciertas cosas 

Para mí, otra manera de definir el desamor es lo que le pasó a Ancelotti el jueves pasado: dentro polémica.

 

Hay cosas y cosas

En el mundo del deporte colectivo a veces pasan cosas muy raras. Una cosa es un tenista que viaja casi solo por el mundo, con el entrenador y poco más, que juega sus torneos, tiene sus lesiones, sus momentos buenos y malos… Otra cosa muy diferente es un deporte colectivo, donde hay un entrenador, varios compañeros de equipo, multitud de negociaciones todos los días sobre cualquier nimiedad, lesiones de un montón de gente, peleas, gente que viene y se va… 

Hace unas semanas lo estuve comentando con uno de ustedes (que espero que se reconozca), y le decía que no estaba de acuerdo con que a los entrenadores se les despidiese de manera fulminante después de un mal partido, aunque fuese una final. Y es que cuando hay una final unos ganarán, claro, pero el otro 50% perderá, y eso es normal. Lo repito: es tan normal ganar una final como perderla, pero en este cruel mundo que vivimos sólo importa ganar. 

Esto me recuerda a un jefe que tuve una vez. Bueno, no era mi jefe directo para ser precisos: era un gran jefazo (como muchos grandes jefazos, mucha gente se preguntaba cómo llegó allí, en su caso me apuesto a que fue una cuestión de ser el único que estaba por ahí disponible cuando eran pocos y se apoltronó en el trono). El caso es que este jefe, como tantos jefes que hay por ahí, tenía la obsesión de las ventas. De hecho, se iba de vacaciones (forzado por la familia), y se sentía mal por no estar trabajando, y lo decía. Volvía de las vacaciones y estaba más pesado que nunca, como si tuviese el mono (me refiero a la angustia física y mental de las personas adictas a sustancias poco recomendables). Era volver y ahí caía el mail de la muerte: ya estoy aquí y vais a tener que darme todo lo que me he perdido mientras he estado infelizmente ausente.

Pues bien, este jefazo tenía una muy mala costumbre. Como cualquier obseso de las ventas y los resultados, cada final de trimestre se ponía como una moto para llegar al objetivo de ventas de la empresa. Si el objetivo no era alcanzado, ya el último día del trimestre, con todo el equipo a tope de trabajo y estrés para cerrar cuentas, enviaba un mensaje diciendo: “se acaba el trimestre y no hemos alcanzado el resultado: mañana vamos a tomar medidas/seguir con la presión/sacar cuentas”.

jefazo

 

Me dirán: es normal si no se han cumplido los objetivos. Y les contesto que sí y no. ¿Por qué? Porque resulta que hubo un trimestre que se cumplieron los objetivos: no hubo ningún comentario especialmente elogioso ni una felicitación más o menos entusiasmada. El siguiente trimestre también se cumplieron los objetivos: tampoco pasó nada del otro mundo. De hecho, fue tan frustrante que no se reconociese el trabajo de los últimos 6 meses que hasta los jefes inferiores hicieron algún comentario: hubiese estado bien que el jefazo, por una vez, hubiese felicitado a los equipos y hubiese reconocido efusivamente el trabajo bien hecho. Incluso se mencionó hacer una cena de equipo en un buen restaurante para agradecer el trabajo. Todo quedó en agua de borrajas…

Y es que esta persona tenía el talento de apuntar con el dedo cuando las cosas iban mal, pero desgraciadamente ese talento desaparecía cuando se trataba de apuntar con el dedo hacia las cosas que sí iban bien o las personas que trabajaban bien. 

Apuntar con el dedo

 

Volviendo al tema del fútbol, el jefazo del que les hablo representa, evidentemente, a los dueños de los clubs, esa gente que cuando todo va bien no pasa “nada”, y cuando algo, por muy pequeño que sea, va mal se cargan al primero que pasa, habitualmente el entrenador.

No nos engañemos: el fútbol es un negocio para los clubes. El aficionado de a pie, usted, yo, lo sigue por la emoción, por costumbre, por afición, por hacer una quiniela de vez en cuando, por tradición familiar, por puro sentimiento o por lo que sea. Los dirigentes no: ellos lo que buscan es el rendimiento económico. Si se lo das es perfecto, y si no pues te pegarán la patada y pondrán a otro, a ver si suena la flauta.

Y sin embargo, aquí estoy yo para quejarme. No me parece nada normal que el jueves pasado le diesen la patada a Ancelotti desde el Bayern de Múnich. El italiano llegó hace un año con un contrato por tres temporadas, ganó una liga alemana, cayó en cuartos de la Champions en una agria eliminatoria contra el Real Madrid (si no recuerdo mal, hasta el presidente se quejó a los medios de comunicación por supuestas injusticias arbitrales – digo “supuestas” porque no vi los partidos y no puedo juzgar), se disponía a dirigir al equipo en esta nueva temporada, y de pronto…

 

 

Y todo porque perdió 3-0 contra un enchufadísimo Paris Saint-Germain en un partido de fase de grupos que tendrá revancha más tarde en Alemania. Me cuentan, y no sé si creérmelo, que lo que ha pasado es que las vacas sagradas del vestuario se fueron a quejar a los de arriba, y los de arriba aprovecharon la derrota para quitarse de encima al entrenador. No sé yo si todo es tan fácil de explicar, y como siempre nos quedaremos sin conocer los entresijos, pero yo ando bastante indignada.

Me dicen que a un entrenador se le piden resultados. Por ejemplo, a Unai Emery se le ha pedido en París que lleve al equipo a semifinales de Champions, y si no lo consigue se le señalará la puerta. A mí no me parece normal, ni lo de Emery ni lo de Ancelotti. En ambos casos, se les ha dado apenas un año para hacer algo, y a uno ya se lo han cargado. Se les pide que ganen la Champions, o que lleguen a semifinales, y a mí es que me entra una indignación…

Como decía más arriba, la Champions sólo la gana un equipo europeo al año. Piénsenlo: de todo el continente, de todo el fútbol que se juega en todas partes, sólo un equipo se llevará el trofeo a casa. Es cierto que hay equipos que tienen el listón más alto que otros, por historia, por plantilla, por presupuesto… Pero eso no quita que vaya a pasar tal o cual cosa. 

Por ejemplo, hablemos del que tiene más Champions, el Real Madrid. Sí, es cierto que ha ganado las dos últimas ediciones, pero ¿significa ello que vaya a ganar en 2018 también? Para nada, ¿verdad? Como tampoco significa que el equipo aquel oscuro que se clasifica in extremis no pueda ganarla. Hablando en términos estadísticos, por supuesto que el Real Madrid tiene muchas más posibilidades de ganar el trofeo que el equipo bielorruso random de turno, pero gran error sería decirle a un entrenador “si no ganas la Champions te despido”. A mí me parece una barbaridad, pero lo mismo esta frase ha sido pronunciada un montón de veces en multitud de clubes…

Es obvio que, si el equipo ya está clasificado para la final, el presi puede ir a charlar alegremente con el míster y soltarle algo así al estilo Corleone: tu vida será mucho mejor si ganas la final… Eso es una cosa, llamémosle meter presión, dejar las cosas claras, o poner las cartas encima de la mesa. Pero quizás es que yo me empeño en tener una visión romántica del fútbol, y que no estoy de acuerdo en meter presión con cosas que son bastante incontrolables. 

Uno no controla las lesiones de los jugadores, no controla algún arbitraje nefasto, no controla que a un volcán islandés le dé por tener un resfriado y haya que viajar en bus durante horas en vez de en un cómodo avión, no controla un sorteo desfavorable en equipos, fechas o lugares a los que viajar (yo me muero si me dicen que tengo que jugar a fútbol en ciertos países en invierno…). Me dirán que todo esto son excusas de mal pagador, y respetaré su opinión, pero para mí no lo son. Por eso, que en agosto digan a un entrenador “si no llegas a tal altura te sacamos de aquí”, cuando la meta es muy difícil, pues no me parece bien.

Y como romántica que soy me entristece sobremanera tanto desamor hacia el empleado, ya sea el becario de turno como el entrenador que acaba de llegar.

Para acabar, y ya lo he dicho en el pasado, en el fútbol hay muy poca paciencia. No soy una experta, pero pienso que un proyecto de esta envergadura, llevar un equipo profesional, es algo que necesita tiempo. Y para mí “tiempo” no es que te den 10-12 meses para conocer a los chavales, al club, a la liga en la que juegas y saques el mejor resultado posible poniendo en marcha la estrategia de juego perfecta para conseguir la permanencia o ganar el Mundial de Clubes. Seré una insensata pero hay cosas que llevan tiempo: cocinar, construir una casa, conocer bien a una persona… y sacar máximo provecho de tu equipo.

Ancelotti

 

Lo que le ha pasado a Ancelotti, sea por el motivo que sea, me parece muy fuerte. Y como él ha habido muchos y seguirá habiendo muchos que están sentados en asientos “eyectables” como lo llaman en francés: hoy estás sentado, mañana el asiento sale disparado hacia el cielo contigo encima. No digo que haya que quedarse con un entrenador que lo hace mal, ni digo que haya que ser conformista en la vida, pero entre un extremo (el desamor) y el otro (el amor ciego) está la normalidad, y lo de Ancelotti me da a mí que no ha caído dentro de la extensa gama de la normalidad…

 

Pequeño detalle 

Ayer fui al Parc des Princes, obligada por cierto. Para regocijo de los aficionados locales, París le pegó un buen baño a Burdeos (5-1 al final de la primera parte, 6-2 al final del partido). Eran los dos únicos equipos que quedaban invictos en la liga francesa, y ahora ya sólo queda uno.

Yo me lo pasé bien porque estuvo entretenido y no hacía frío, y me quedo con un comentario que cacé al vuelo entrando al estadio. Y es que, como club joven que es, el PSG vive entregado ahora mismo a su juguete nuevo, el brasileño que los barcelonistas no quieren que mente. Y por eso hay una cantidad de camisetas marcadas con “Neymar Jr” que no es normal. Pero estamos en las mismas: cuando vas a un campo de un equipo histórico, te vas a encontrar a gente con camisetas de los años 80, 90… llevando aún con satisfacción el nombre de tal jugador que les encantaba. Cuando se trata de un club más reciente no hay mucha historia pasada en la que regocijarse, y te agarras al juguete nuevo que aún ni sabes cómo te va a salir.

Spinner

Otra cosa que pasó (pero ésta fue durante el partido) no me gustó nada, pero nada de nada. Hasta París vinieron unos esforzados aficionados del equipo visitante, y como siempre estuvieron ocupando la grada visitante, grada que conozco muy bien puesto que ahí he visto yo muchos partidos, sobre todo de Champions. 

Pues bien, cuando llegó el final del primer tiempo, con el marcador 5-1, los aficionados de la ciudad del vino por excelencia se pusieron a animar a su equipo, que ya es decir porque aquello estaba siendo un baño en toda regla. El aficionado parisino medio, que ni es educado ni es muy inteligente (y que me perdonen los que sí lo son, que los hay), se puso a cantar “¿dónde están los bordeleses?” (bordelés = habitante de Burdeos). La verdad es que me molestó mucho. Por suerte las personas con las que yo iba no corearon la “canción” (por llamarla algo), pero me dolió. Me dolió porque los aficionados de Burdeos se estaban portando muy bien, estaban animando a su equipo sin insultar al rival, estaban generando mucho ambiente, y además estaban dando ejemplo de fairplay, porque sabían de sobra que aquel resultado no lo iban a levantar ni con un milagro. Y a pesar de todo esto, con la cabeza bien alta, animaban a los suyos, que debían de estarlas pasando canutas en el césped por cierto… 

Girondins

 

Me pareció una actitud de equipo pequeño. Un gran equipo no necesita ensañarse con el rival, excepto cuando es el enemigo jurado que todo club que se precie tiene (ahí aplican otras reglas, no vamos a engañarnos). Un gran equipo sabe que puede ganar ampliamente sin ser el abusica de la clase, sin necesidad de burlarse ni de humillar al otro. Pero el PSG no es todavía un equipo grande, y de momento su afición sigue necesitando muchos años de educación y de aprendizaje…

Ahí lo dejo.

 

¡El tema! ¿Qué tema? ¡Pues EL tema! 

Hoy es 1 de octubre, y yo no voy a hablar de política y pido que no se hable de ella en los comentarios, porque nada bueno va a salir de semejante debate. Lo único que voy a decir es que, pase lo que pase, espero que sea una jornada sin violencia, pacífica, y que ojalá mañana lunes nadie se levante con remordimientos por haberse dejado llevar hoy por emociones negativas.

Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo el cerebro“.

(Jacinto Benavente)

 

Ella / Diario AM

Twitter: @EllaDiarioAM

 

 

 

 

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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