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Eddie The Eagle – Crónica Diario AM 24/09/2017

Eddie The Eagle – Crónica Diario AM 24/09/2017
Ella

 

Querid@s Damistas:

El otro día me ofrecieron ver tres películas. La primera no recuerdo cuál era, la segunda tampoco y la tercera llevaba a Hugh Jackman dentro. ¿Se imaginan cuál escogí?

 

(Y eso que no era un musical)

(Y eso que no era un musical)

 

La verdad es que ver esta película fue un golpe del destino, pero uno positivo, porque me da la excusa per-fec-ta para comentarles un tema que no comenté en mi último post, y es que París, mi ciudad de residencia (como saben de sobra porque les doy la tabarra casi cada domingo con el tema), va a organizar los Juegos Olímpicos de 2024, y yo no sé si eso es bueno o no…

Aprovecho para recordar que “olimpiadas” NO es un sinónimo de “juegos olímpicos”, otra cosa es que la Real Academia Española haya tenido que aceptar ese significado a la fuerza… A veces la RAE es un poco blandengue, ale, ya lo he dicho. Y es que originalmente las “olimpiadas” eran el período de cuatro años entre dos juegos olímpicos, y no los juegos en sí. Como saben, hay que emplear el lenguaje con corrección, porque si no todos acabaremos hablando como Roncero, y no.

Volviendo al tema, hace unos días comunicaron a Anne Hidalgo, alcadesa de origen español de la Ville Lumière, que ¡por fin! París iba a tener unos JJOO “modernos”, ya que los últimos fueron en 1924, y mucho han cambiado las cosas desde entonces. Yo, la verdad, estoy dividida: por un lado soy una gran fan del espíritu olímpico, y por el otro no quiero ni imaginarme lo que va a ser esta ciudad con cientos de miles de visitantes extra, cuando ya habitualmente hay barrios que están tomados literalmente por los turistas. No es turismofobia lo mío, se lo prometo: los turistas son bienvenidos (los que son limpitos y respetuosos), pero es que en esta ciudad somos mucha gente ya, el transporte público es un infierno y sólo de pensar que se añaden miles de personas en el metro me viene un yuyu…

 Arc De Triomphe is lit up with the 2024 Olympic Games bid logo in Paris

 

Entre eso y que estoy pensando en lo que nos van a subir los impuestos a los que vivimos aquí (dicen que no, pero entre el dicho y el hecho…), mientras que la red de transporte no va a ser ampliada (no hay capacidad, no hay sitio), pues habrá que armarse de mucha paciencia. Por otra parte, evidentemente que estoy haciéndome la boca agua pensando que ¡al fiiiiiiin! voy a tener la oportunidad de asistir a una final olímpica de rítmica, sincro y deportiva. También les digo que, aunque no se lo crean, la gimnasia rítmica y la natación sincronizada son de los deportes cuyas entradas vuelan antes, por eso habrá que ser rápida para las compras…

Todavía no tengo la estrategia montada, pero sería un sueño asistir a estas finales, y también a una final de atletismo, a la de básquet y a la de algún otro deporte de esos más minoritarios (salto de trampolín, tiro al arco…). Hay que hacer mención aparte a la petanca, que será deporte olímpico por primera vez, en el país de la petanca, y eso va a ser muy muy especial (como no ganen franceses se viene el país abajo, ya se lo digo).

También pensé: “ostras, los posts geniales que le vas a hacer a esta gentecilla de DAM, todas las cosas que les vas a contar”, hasta que caí que estamos hablando a siete años vista, y si el mundo sigue así de pronto no llegamos ni a 2024, entre desgracias naturales, jefes de estado amenazándose a distancia y Neymar y Cavani peleándose por un penalti… Ninguno aquí sabemos dónde estaremos en 2024, pero que sepan que si esta página sigue viva y yo en ella, les haré unos posts para chuparse los dedos. Y tengo que ahorrar desde ya para tener dinerito para tantas entradas que me quiero comprar… Imaginen poder ver en directo a los Simone Biles o Usain Bolt de 2024: ¡es que no me puedo aguantar de la emoción!

 

 

 

Una cosa lleva a la otra

Evidentemente, les voy a ir contando los cambios en la ciudad por aquí. De momento, el ayuntamiento de París nos ha preguntado a los residentes cómo queremos que se gaste el dinero, es decir, podemos ir a unos chiringuitos que han puesto por la calle y decir “pues yo creo que en esta plaza habría que poner más plantas”, “pues aquí faltan papeleras” (es una cosa muy parisina: apenas hay papeleras en la ciudad por miedo a posibles bombas, y no es broma), “pues yo creo que tendríais que poner una ley que obligase a una ducha diaria a toda la gente que entre en la ciudad, porque hay que ver el pestazo que echan algunos en verano en el metro”… No digo que la última proposición sea mía, pero es mía. 

El caso es que yo les voy a ir contando, cuando me vaya enterando cuáles van a ser las principales infraestructuras para París ’24. Pero mientras tanto… volvamos a la película de Hugh Jackman, que hay chicha y tiene que ver.

Alguno ya habrá adivinado de qué película hablo: Eddie The Eagle (2016). No pasará a la Historia del Cine, en eso estamos de acuerdo, pero a mí me encantó conocer esta historia.

 

eddietheeagle-xlarge 

Sin spoilear mucho, que hay que ser educado y respetuoso, la película habla de una historia real, la de Michael (Eddie) “The Eagle” Edwards, un inglés que desde pequeñito estaba obsesionado con ser deportista olímpico y ganar una medalla, a pesar de no poseer las condiciones ideales para dedicarse al deporte profesional. Vayamos por partes. 

Michael era (es, porque el señor sigue vivo hoy en día, con 53 años) su nombre de pila, pero como su apellido es Edwards (=”Eduardos”) los amigos decidieron llamarle Eddie, el diminutivo de Eduardo en inglés. Como decía, Eddie no tenía las condiciones de jovencito para llegar alto en el deporte. Escogió el esquí de descenso primero, pero luego tuvo una idea genial: se enteró de que no había nadie en Gran Bretaña que se dedicase al salto de esquí de manera profesional, y decidió que ésa era su gran oportunidad. 

A mí me encanta esta historia porque tiene de todo: valentía, personalidad, constancia y el punto de locura justo para decirse que sólo una persona se hubiese atrevido a hacerlo.

El caso es que Eddie, con dos hándicaps físicos muy importantes (un peso superior al recomendado y una muy mala vista, lo cual le forzaba a competir con unas gruesas gafas), decide ponerse el mundo por montera y hacer lo posible e imposible para participar en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1988, que tuvieron lugar en Calgary (Canadá). En la vida real (que no en la película) se va a Estados Unidos a entrenar con unas personas expertas, sin poseer conocimientos previos y sobre todo sin tener financiación, pero con el firme propósito de conseguir una plaza en el equipo olímpico de Gran Bretaña para Calgary.

 eddie_the_eagle

 

El caso es que Edwards, con mucha inteligencia y también con una buena dosis de impertinencia, representa a Gran Bretaña en el Campeonato del Mundo en 1987, y como simple y llanamente no había nadie más en su país, esa participación le vale la tan soñada plaza en Calgary, a pesar de quedar clasificado como 55 mundial, que en el mundo del salto de esquí me digo que será un puesto al final de la lista, que no estamos hablando de tenis precisamente…

Se pueden imaginar el escándalo. Eddie, el chico que no posee el aura mágica que rodea a cualquier deportista olímpico (no tiene el físico, no tiene el discurso, no tiene los conocimientos, no tiene el dinero, no tiene el apoyo, no tiene nada), aterriza en Canadá, para horror del equipo nacional británico, de los otros esquiadores que compiten con él y del Comité Olímpico Internacional, que ven cómo se les ha colado un aficionado, literalmente. Y es que parece ser que para ser un campeón del salto de esquí uno ha de entrenar desde muy, muy niño, y Edwards empezó con veinte y pico años…

Edwards no se arredra, para nada. No sólo no se arredra sino que se convierte en EL personaje de Calgary ’88, tanto que su fama recorre todos los continentes (el mismo Hugh Jackman aceptó el papel en la película porque él se acordaba de Eddie “The Eagle” en su Australia natal en los años 80). Evidentemente, y no se me pongan dramáticos, Eddie no ganó ninguna medalla, sólo faltaría, pero estuvo allí, y como uno de los mejores ejemplos de olimpismo de la frase del Barón de Coubertin: lo importante no es ganar, sino participar.

 Eddie the eagle mayor

 

Eddie participó, vaya si participó, y la prensa lo bautizó Eddie “The Eagle” (Eddie el Águila). Consiguió saltar tanto en el trampolín de 70 metros (el K-70) como en el de 90 metros (el K-90). Parece ser que hoy en día el K-70 ya no existe y ahora las competiciones se hacen en K-90 y K-120, siendo los metros la longitud de la rampa por la que descienden esquiadores y esquiadoras (las mujeres participan desde Sochi 2014, es decir ayer mismo). Evidentemente, a más longitud de la rampa mayor velocidad alcanzan los esquiadores y mayor será el salto.

 

A mí no me encontrarán aquí

A mí no me encontrarán aquí

 

Volviendo a Eddie, en 1988 hizo los dos saltos, K-70 y K-90, y lo más increíble de todo es que no se lesionó. Y es que el salto de esquí es un deporte de locos, pero de locos de verdad. Piénsenlo: ¿a quién le apetece coger esas velocidades tremendas, saltar y saber que el aterrizaje tiene que ser perfecto para que no te quedes parapléjico o no te mueras? Hay deportes y deportes, y el salto de esquí es de ésos que son una verdadera locura, y si no vean la película y ya me cuentan luego.

 

Nunca jamás de la vida

Nunca jamás de la vida

 

Eddie The Eagle, él solito, hizo un montón de cosas. Consiguió poner en un brete al mismísimo COI, se metió al público en el bolsillo, hizo que los periodistas anduviesen como locos buscándole, y además provocó un cambio en las normas de acceso a los Juegos Olímpicos. Los señores del COI, muy serios ellos, decidieron que esto no podía volver a pasar, un aficionado quitándole el glamour a la competición, e instauraron una nueva regla en 1990. La regla dice lo siguiente: si quieres tener plaza en unos JJOO, tienes que estar entre el top 30% mundial de los mejores de tu disciplina, o en el top 50 de los deportistas, donde haya menos gente. Es decir, que si sólo hay 30 deportistas de tu disciplina, tú tienes que estar entre los 9 mejores para entrar, no porque seáis sólo 30 en el mundo podrás entrar tan alegremente, que fue un poco lo que hizo Eddie The Eagle: aprovechó que nadie cubría el hueco para cubrirlo él, y tan pancho apareció en Calgary.

 

Ahora se imaginan allí mismito (he tenido pesadillas de muerte inminente más agradables que esta foto...)

Ahora se imaginan allí mismito (he tenido pesadillas de muerte inminente más agradables que esta foto…)

 

He de decir que por una parte entiendo al COI, pero por otra parte hacen falta más Eddie The Eagle en este mundo. Entiendo perfectamente que haya deportistas que llevan desde pequeñitos sacrificándolo todo, que son súper serios, que trabajan toda la vida para ese momento y no quieren tener al lado a un “payaso” (ojo, no considero a Eddie The Eagle un payaso para nada, pero hubo gente en su momento que así lo vio). Pero también entiendo que, si hay la oportunidad, tiene que haber gente como Eddie que nos recuerde cosas importantes, como participar, como que los sueños se pueden cumplir, por muy locos que sean, como que el espíritu real del deporte no es el glamour sino el coraje y la fuerza de voluntad, junto con otros valores (el esfuerzo, el talento, el sacrificio…). Pero si hay un loco que decide que se quiere tirar por un trampolín con esquís, que se entrena lo suficiente para llegar al nivel mínimo requerido, y que encima ama lo que hace: ¡adelante Eddie!

Aquí dejo un video del campeón olímpico de Calgary ’88, el finlandés Matti Nykänen, y del Águila:

 

 

Les podría contar más cosas sobre este tema, muchas más, pero si alguien quiere ver la película es mejor que no lo cuente todo. Para mí, Eddie The Eagle tiene su sitio más que ganado en el espíritu olímpico de todos los tiempos.

 

Cosas que pasan

Aquí acaba este último post dominguero del mes de septiembre, un post otoñal. No puedo evitar pensar en que el próximo post será el 1 de octubre, un día que será muy especial en Catalunya, que es mi tierra. No tengo una bola de cristal para saber qué va a pasar con la convulsa situación política actual, ni tampoco tengo una varita mágica para sacar un sortilegio y solucionar semejante entuerto, pero sí tengo estas líneas, y como sé que hay mucho catalán leyendo, aprovecho la ocasión para decir: pase lo que pase, por favor, que todo sea de la manera más pacífica posible. La violencia siempre incita a más violencia, nunca a menos, desgraciadamente… Entre el “seny” y la “rauxa” ojalá impere el “seny” por todos los lados, para que cuando nos despertemos el 2 de octubre estemos más cerca de la solución, y no más lejos… 

Les deseo una feliz y pacífica semana.

 

Ella / Diario AM

Twitter: @EllaDiarioAM

 

 

 

 

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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