Aportación Propia

Papá: te has muerto – Crónica Diario AM 17/09/2017

Papá: te has muerto – Crónica Diario AM 17/09/2017
Ella

Hace muchos meses, muchos, que sabía que iba a llegar este momento, el momento en que me sentaría ante mi teclado de siempre para escribir el post más especial de todos. A principios de año supe en mi corazón que sería en 2017, pero era imposible saber cuándo: ¿primavera? ¿Verano? ¿Otoño? No podía ser en invierno, era demasiado lejos… ¿En mayo? ¿En agosto? ¿O quizás en septiembre? Y entonces hice una apuesta con la médico: ella dijo que para finales de año, yo dije que sería para finales de verano.

Y gané yo.

Papá: te has muerto y yo me encuentro que tengo que escribir un post un domingo más que no es un domingo más. Resulta que le tengo que hablar a esta gente de deporte y ni siquiera sé qué está pasando en el mundo. No sé qué está pasando con el referéndum en Catalunya, la tierra que te acogió hace tantos y tantos años. No sé a quién ha fichado el Barça, el equipo que escogiste cuando llegaste a España en barco desde otro continente. No sé qué van a hacer con la reforma laboral en Francia, un tema que me impacta directamente. No sé nada de nada papá, y es que me he pasado estas últimas semanas ausente del mundo, pegada a ti, a tu cama, a tus últimos días, a tus últimas horas, a tus últimos suspiros, a esa última vez que abriste un ojo, sólo uno porque el sufrimiento no te permitió más, y te encontraste con mi cara, perdido, sin entender lo que te estaba pasando, y aún tuviste algo de fuerza para tirarme un beso en el aire, el último beso que diste. Y lo que te pasaba papá es que te ibas de este mundo y tu enfermedad no te permitía desde hace tiempo ya comprender nada de lo que te rodeaba.

Papá: te has muerto y no te puedo llamar para contártelo. He vuelto a París, he pensado “qué fuerte lo que me ha pasado, voy a llamar a papá para decírselo a ver qué piensa”, y no, resulta que precisamente cuando alguien se muere ya no se puede coger el teléfono y llamar. Por suerte papá, tanto tú como yo siempre hemos creído que hay vida después de la muerte, o sea que en eso estamos, buscando la manera de establecer una nueva forma de comunicación, menos evidente, pero no menos poderosa. De hecho ya te has reído un par de veces de mí, sinvergüenza, y las que quedan… 

Papá: te has muerto y el mundo sigue girando. Ya me lo dijo un amigo que perdió a su madre en la adolescencia: el mundo sigue girando cuando tú querrías gritar “¡parad todo! ¿Es que no os habéis enterado? ¡Mi padre se ha muerto! ¡No podéis continuar con vuestras vidas como si nada porque él ya no está!”. Pero no, el mundo sigue, siguen naciendo bebés, siguen diciendo chorradas en la tele, hay gente que sigue escribiendo “echar” con h (muy fuerte, me pone de los nervios, ya lo sabes), y los que tanto te queremos tenemos que continuar con nuestras vidas, pero sin ti. 

Mundo que gira


Papá: te has muerto y no paran de decirme que tengo que pasar por el duelo.
¡Como si fuese algo que se pudiese evitar! Papá, siempre te ha puesto nervioso escuchar estupideces (y a mí también). Es cierto que me lo dicen con toda la buena intención del mundo, y es que en ocasiones así uno dice lo que buenamente puede, pero a mí me dan ganas de contestar: ¿y qué quieres que haga? ¿Irme de fiesta y tirar el proceso del duelo a la basura sin miramientos? ¿Ignorar que mi padre ya no está? ¿Hacer ver que no ha pasado nada? Y no, el duelo no se puede evitar. Es más, cuanto más lo intentes evitar peor será, y es que papá, ya no pude contártelo, pero conozco a una persona que perdió a su padre hace más de tres décadas y todavía no ha hecho el duelo, y se le nota. Yo no quiero ser como esta persona, yo quiero entregarme al duelo de tu pérdida, y que salga lo que salga. Si tengo que llorar lloro. Si tengo que enfadarme me aíslo para no hacérselo pagar a otras personas. Si tengo que quedarme en silencio me quedo (de momento es lo que gana, llevo varios días sumida en un doloroso silencio porque no sé qué decir, y no voy a decirle a cualquiera que me cruzo: “oye, perdona, pero es que es muy fuerte: mi padre se murió el otro día y se tiene que parar el mundo”). 

Papá: te has muerto y no tengo remordimientos. Sé que me quieres, y tú sabes que te quiero. No todo el mundo puede tener la conciencia tranquila desgraciadamente. Y es que no es en el momento de la enfermedad que hay que empezar a decirle al otro “te quiero”. No, eso se ha de hacer todos los días, durante años, porque nunca se sabe qué va a pasar. A veces llega una enfermedad asquerosa que te da tiempo para poner las cosas en su sitio, para una última conversación, para un último beso tirado al aire, pero a veces pasa todo de pronto, y entonces ¿qué haces? La persona estaba allí y de pronto ya no está, y resulta que te quedó todo por decir. Por suerte, papá, tú me enseñaste hace muchos años a no ser idiota, y a decir las cosas, las que no gustan pero también las que gustan. Y yo sé papá lo que te llevas de mí y lo que me dejas aquí, y me basta. Bueno, no me basta, porque yo quería compartir contigo muchos años más, con buena salud, pero no es lo que estaba previsto, o sea que acepto lo que ha pasado (aunque me reservo el derecho a cabrearme como una mona en cuanto me vengan ganas, eh, no voy a mentirte). 

Mano caricia


Papá: te has muerto y esta gente que me lee hoy venía a hablar de deporte.
Y tú no eras ningún deportista papá… Creo que nunca te he visto jugar a fútbol, a pesar de correr por tus venas verdadera sangre charrúa. Ni siquiera te he visto correr, y lo de caminar por la montaña estaba lejos de ser una de tus actividades favoritas… Y sin embargo, reflexionando sobre estas líneas (y mucho las he reflexionado mientras acariciaba tu mano en silencio en tus últimos días), me he dicho: hay algo que sí puedo decir de mi padre y el deporte. Y es que papá, sin practicar deporte, tú me has enseñado los valores que transmiten. Tú me has enseñado a saber perder y a saber ganar. Cuando has perdido jamás te he visto montar un jaleo ni hacer trampa, y cuando has ganado jamás, jamás, jamás de la vida te he visto pavonearte ante nadie: simplemente has sonreído y te has ido a casa, nada más. Tú me has enseñado, nos has enseñado a todos el valor del esfuerzo, del sacrificio, del trabajo duro, de la constancia… Tú has llevado al grado máximo estos principios, hasta el último día de tu vida, asombrando a los médicos porque todavía no habías sucumbido a tu enfermedad, inexplicable y dolorosamente.

Papá: te has muerto y ahora tendré que pasarte los resultados del Barça por ondas celestiales (cuando me entere de cómo funcionan, en ello estoy, dame tiempo que son muchas cosas a la vez). Aún pude susurrarte al oído que tu Barça le metió cinco goles al Espanyol, aunque tú no te enterases, ni yo tampoco porque ni vi el partido ni supe nada de nada, simplemente hubo una persona que me envió un mensaje, sabiendo que yo estaba desconectada de todo. Y sí papá, tu querido Barça te ofreció un último derbi victorioso para el camino que ibas a emprender poco después. No podremos comentar por teléfono ya la próxima final de la Champions, no podrás decirme lo nervioso que estás, no podrás criticar al entrenador de turno… Pero oye, ahora podrás estar con Johan y Bobby comentando la jugada desde allá arriba, lo cual tampoco está nada mal, sobre todo teniendo en cuenta que los conociste a los dos aquí abajo hace unos años por temas de trabajo. Digo yo que los dos estarán muy solicitados por muchos aficionados al fútbol que pulularán por allá, pero tú tienes la ventaja de que les podrás decir: eh, que nosotros nos conocemos de verdad de allí abajo. Y seguro que les encantará comentar contigo la jugada…

Papá: te has muerto y ya no te oiré más quejarte de Stoichkov ni decirme que Roberto Carlos, en el fondo, no es tan mala persona a pesar de los balonazos que tiraba. Aún me acuerdo papá, y nunca te lo dije de adulta, del día que estábamos delante de la tele, yo era una niña, y Hristo la lió con el árbitro, como siempre. Y tú me dijiste: “me he enterado que Hristo, que habla búlgaro, catalán y castellano, cuando se enfada le dice de todo al árbitro en castellano, y yo me digo que, si yo fuese Hristo, le diría de todo al árbitro, sobre su padre, su madre, su hermana, su hermano… ¡¡¡Pero en búlgaro!!!”. Cuántas veces me he reído papá recordándolo, y cuántas me reiré aún… Y cuántas veces he pensado lo mismo viendo jugadores en la tele cabrearse con el árbitro: ¡pero díselo en tu lengua materna tonto del bote, que no te va a entender! Y Roberto Carlos, con esos muslos que tenía el hombre, que yo no sé cómo los de los otros equipos se ponían de barrera cuando el tío iba a tirar una falta, y tú te enteraste que adoptó un hijito que nació muy enfermo, y te dio tanta lástima que decretaste que Roberto Carlos era lo contrario de lo que parecía en el campo, porque no todo el mundo hubiese adoptado un bebé tan enfermo. Y mira papá que a mí Roberto Carlos me parece un animal, pero oye, cada vez que lo veo pienso en ti, pienso en su hijito, y me digo que quizás Roberto Carlos no es lo que parece…

Roberto Carlos


Papá: te has muerto y ya no me explicarás más cómo funciona un fuera de juego.
Sí, ya sé que a estas alturas de la jugada me tendría que abstener de escribir esta animalada, pero mira, he decidido que estos días voy a hacer y decir lo que me dé la real gana. Aún me acuerdo en la época del Dream Team, cómo te sentabas entusiasmado ante la tele, una época en la que yo acabé por aprenderme de memoria los dorsales de todo el equipo (no muchas niñas sabían tanto del Barça como yo en aquella época…). Y yo estaba allí, como tantos hijos imitando a papá porque lo de hacer cosas de adulto molaba (inocente de mí…), intentando entender las reglas del fútbol, y no podía entender por qué de vez en cuando el árbitro paraba el juego. Papá, ¿cuántas veces tuviste que explicarme qué era un fuera de juego? No tengo ni idea, pero debieron de ser muchísimas, porque me costó Dios y ayuda entender el concepto. Pero si el jugador ahí está adelantado ¡es problema de la defensa que no lo está cubriendo! Pero no, no funcionan así las cosas, y lo mío me costó primero entender la regla y ya no te digo “ver” los fueras de juego en directo. Ahora lo llevo mejor papá, pero imagínate todo el fútbol que me he tragado desde entonces, en la tele y en directo, y aún en cada fuera de juego oigo tu voz: “el que ataca no puede estar por delante de los que defienden”. Algún día quizás haga un post sobre el tema, porque me apasiona desde entonces.

Papá: te has muerto y no hemos rememorado tantos momentos vividos juntos, pero no importa porque sé que te los llevas contigo, y que tenías una excelentísima memoria. Te llevas contigo la primera vez que yo pisé el Camp Nou, ahí arriba en la última gradería, con esa doble impresión que me llevé: uno, que el estadio era la cosa más grande que iba a ver en mi vida (todavía lo es), y dos que los jugadores ahí abajo eran unas hormiguitas y aquello era imposible de seguir (al final no fue tan difícil). Sí, tu querido Barça ganó ese día, pero no recuerdo ni el contrincante ni el resultado. Poco importa, porque el caso es que fue mi primera vez y fue contigo, como no podía ser de otra manera. 

Tercera gradería


Papá: te has muerto y no te he preguntado por qué me dijiste un día “es que yo me considero más antimadridista que del Barça”.
Ya te aviso que muchos de los que comentan por ahí abajo firmarían esta frase contigo, pero nunca te pregunté por qué veías así las cosas, porque tú no eras muy anti nada. Es más, siempre has demostrado ser una persona que buscaba el acuerdo más que el desacuerdo, que has preferido la paz al conflicto. Es uno de los misterios que me quedan papá, una de las preguntas que me he guardado para cuando nos volvamos a ver (tengo otras, pero no tienen que ver con el deporte, y ésas son entre tú y yo y nadie más). Yo creo que quizás es porque a ti te tocó vivir el franquismo, y fue una época en que las cosas eran de una determinada manera, no muy bonita por cierto, y te quedó ahí un poso de algo, y por eso un día me dijiste esto. Entre tú y yo, papá, conociéndote, pienso que en el fondo no es cierto, y es que aún me acuerdo de tu cara el día que Koeman marcó contra la Sampdoria, es un recuerdo imborrable, recuerdo tu emoción, tu alegría contenida, recuerdo ir a Canaletas, recuerdo tu satisfacción, tu sonrisa… No papá, no eras tan antimadridista, tú eras un culé que sobrevivió a la época de Serra Ferrer, y que cuando yo te dije “con Guardiola de entrenador va a salir todo fatal” me miraste y me dijiste muy serio: “¿Tú crees? Bueno, a ver qué pasa…”. Pocos zascas he recibido yo en mi vida como el de Guardiola en la 2008-2009 papá… 

Barcelona v Manchester United - UEFA Champions League Final


Papá: te has muerto y no quiero acabar este post, porque este post es como tantas otras cosas que estoy haciendo estos días, cosas que me dicen “ya está, se ha ido”.
He guardado hoy mismo esa maleta que estaba por en medio molestando desde hace meses, por si acaso había que salir pitando al aeropuerto (y es lo que pasó, malditos aeropuertos…). No me hago a la idea que ahora puedo viajar a donde sea cuando sea, porque no tengo que estar pendiente de la distancia ni de los sustos, y es una sensación extraña después de tanto tiempo prestando atención a estos detalles. Ya no tengo que escuchar a más médicos explicando qué pasa con un cuerpo humano que está muriendo, y lo aprendido sobre el tema no quiero recordarlo además. Ya no tengo que oler más a hospital y a los olores que te han rodeado en tu última etapa. Aún no he logrado sacudirme esa angustia tremenda de “¿qué día va a morir papá?”, porque es mucho tiempo haciéndome esta pregunta mañana, tarde y noche. Ahora ya sé qué día fue, aunque me cueste integrarlo todavía en mi vida porque es todo muy reciente. Ahora ya podré, cuando esté lista, mirar hacia delante y pensar en mis planes de vida, porque ya no estás físicamente y ya no tengo que volar a tu lado cada vez que haya un susto. Ya no va a haber más sustos, y ya tu cuerpo no sufre más papá, y esto es lo mejor de todo. 

Papá: te has muerto y ya puedo decir a esta gente que me está leyendo que estos últimos meses mis repetidas ausencias domingueras han sido todas consecuencia de tu estado de salud. No quise decirlo antes, como tampoco quise avisar a tanta gente que te conocía, porque pensaba “espérate a que pase lo que tenga que pasar, y luego ya habrá tiempo de dar explicaciones”. Pues bien, ahora ya puedo decírselo papá: he faltado tanto porque estaba a tu lado, disfrutando de nuestras últimas conversaciones, por muy surrealistas que fuesen, que lo han sido, como también han sido cómicas. Ha habido veces que me han dado ganas de tirarlo todo por la borda, toda mi vida, porque sí, porque no podía más, porque pensaba “¿y qué voy a hacer sin papá?”. Pero no, aquí estoy papá, triste evidentemente, muy triste, pero sabiendo que quieres que continúe con mi vida, como yo querría que continuases con la tuya si las cosas hubiesen sido al revés.

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Papá: te has muerto y no sabemos morir en la sociedad moderna. Hace unos meses leí esta entrevista magnífica y me la guardé. Me la guardé para estos días, para cuando tú ya no estuvieses, para leerla y releerla y quizás sentir algo de alivio. No siento alivio la verdad, no mucho, porque como dice la entrevista morimos mal, muy mal, y tú podrías haber muerto mejor. Pero como tú me has enseñado, de las malas experiencias hay que sacar aprendizajes para que no sean inútiles. Y yo he aprendido muchas cosas, y se las voy a decir a los que leen estas líneas. He aprendido que hay que redactar un documento con las últimas voluntades, y hay que redactarlo hoy, sin esperar, porque luego puede ser tarde, o puede caerte una enfermedad de ésas que te roban la capacidad de decidir, como te pasó a ti. También he aprendido que hay que tener los papeles en orden: si se quiere ser donante o no, quién quieres que te visite (o no) si tú no puedes comunicarte, hacer un testamento bien clarito para que no haya desacuerdo posible, hablar con un buen abogado para asesorarse sobre temas que pueden ser muy complicados en el ámbito de la ética… Son cosas horribles para hablar papá, pero hay que hablarlas, hay que hacerlas, porque luego pasa lo que nos ha pasado: que me arrepiento de no haberte preguntado lo que tú querías para ti, y te quedas ahí preguntándote qué hubiese querido la persona que ya no puede hablar. Y papá: no ha molado nada de nada.

Papá: te has muerto y no has podido asesorar psicológicamente a los jugadores del Barça, como soñaste durante años. Cuando estaba Johan de entrenador apareciste un día y me dijiste: lo que el Barça tendría que hacer es poner un psicólogo a los jugadores del primer equipo, porque son chicos que muy jóvenes se encuentran de pronto ganando montañas de dinero, y no saben gestionar ni la fortuna ni el éxito. A ti te preocupaba que estos jovencitos hiciesen tonterías, siempre te ha preocupado cuando cualquiera ha hecho tonterías, y tenías ese plan de apoyo a los jugadores para que se convirtiesen en personas de bien, y no descerebrados mimados que no están en contacto con la realidad. Yo creo (y deseo) que la mayoría de grandes clubes tienen este servicio ya, y si no lo tienen ¿a qué están esperando? Porque la idea es genial papá, como tú decías: “tengo pocas ideas pero fijas”. Por cierto, te he robado la frase un montón de veces y pienso seguir haciéndolo, sé que no te importa.

Papá: te has muerto y Luis Suárez ya no te hará sufrir más. Era tu sueño tener un gran jugador uruguayo en tu equipo, pero poco te imaginabas tú que iba a ser uno con tendencias… particulares. No olvido que te sabías de memoria todos los jugadores uruguayos que había en Primera, e ibas con sus equipos por defecto. Un día te puse a prueba, y te pregunté: “papá, ¿y si llegase un jugador uruguayo al Real Madrid?”. Y no me olvido de tu respuesta papá: “pues le desearía todo el éxito del mundo, aunque jugase en el Madrid, porque un chico que llega de tan lejos, y además de Uruguay, yo quiero que le vaya muy bien”. ¿Ves como, en el fondo, muy en el fondo, no eres tan antimadridista papá? Si es que yo lo sabía…

Luis-Suarez


Papá: te has muerto y tengo que decirte adiós aquí y ahora.
Llevo días (meses, años…) despidiéndome de ti, y he de confesarte que es todo muy surrealista. Me quedo con que mucha gente me ha dicho que eras una persona magnífica (cierto), que eras súper culto (cierto), que tenías una conversación súper interesante (cierto), que eras una muy buena persona (cierto), un muy buen amigo (cierto)… Pero me quedo sobre todo con lo que yo le he dicho a todo el mundo: que si tú no estás en el Cielo el resto lo tenemos muy, muy mal para pasar la Eternidad en un sitio agradable… No sabes papá cómo me he emocionado cuando algunas personas me han dicho: “tú te pareces mucho a tu padre”, lo cual es el mejor cumplido de todos los tiempos. Han venido muchas personas muy queridas a despedirse de ti papá, incluso Taicho y Tato, que insistieron a pesar de estar yo bastante encerrada en mi propio shock. También me he emocionado al recibir llamadas y mensajes de muchas personas a las que hacía años que no veía, y me han dicho: “yo también perdí a tal persona, y quiero hablar contigo”. Y lo único que quieren estas personas es hablar contigo desde la experiencia, porque saben lo que estás pasando, y recuerdan lo que ellos pasaron, y necesitan compartirlo, y yo he necesitado compartirlo con ellos, sabiendo que entendían, que habían pasado por ello antes. Y lo increíble es que más o menos todas las personas dicen lo mismo: que no se olvida a la persona, que hay un duelo largo, que la persona seguirá viva en ti, y que hay que atesorar todos los recuerdos porque es lo que te va a sostener. ¡Y yo guardo tantos y tantos recuerdos contigo papá! Seguro que serán suficientes hasta que nos volvamos a ver. También tengo una presión añadida, y es que antes yo hacía filtro de lo que te contaba y no contaba de mi vida en París, y ahora ya se me ha acabado la broma: ahora tú lo ves todo y me vas a estar vigilando de cerca, que lo sé… O sea que no tengo más remedio que estar a la altura papá.

Y estar atenta a los fueras de juego, claro. He mejorado eh, todo hay que decirlo, ahora ya veo hasta fueras de juego que otros no ven y me quedo con la peña en la repetición…

Te dejo con mi canción de despedida, la que unas horas después de tu muerte estaba escuchando en mi cabeza, de manera mágica diría yo. No es la canción que tú querías para tu funeral, porque ésa es otra, que yo lo sé, pero es la de mí para ti. Fue una de las últimas canciones que escuchaste de fondo en esas últimas horas en las que aún respirabas, y es sencillamente perfecta para nosotros dos papá. Por un lado está tu músico preferido, Louis Armstrong, y por el otro es la canción francesa más famosa de todos los tiempos, y ¿dónde vivo yo papá? En tu douce France, cher pays de ton enfance…

Has sido, eres y serás el mejor papá de todos los tiempos. Es un cliché pero es cierto, y no sé cuántas hijas dirían eso de su padre, pero yo lo digo sin que se me caigan los anillos papá.

Me tengo que ir papá, a continuar con mi vida, sin ti pero contigo. Te quiero mucho. 

Tu hija

 

 

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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