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Falacias o lo importante no es tener razón, sino que tú creas que tengo razón. 1ª Parte – Crónica Diario AM 22/07/2017.

Falacias o lo importante no es tener razón, sino que tú creas que tengo razón. 1ª Parte – Crónica Diario AM 22/07/2017.
Ankor

Ya no tienen por qué esperar más. A partir de ahora, comienza la serie de crónicas que cambiará su vida. Un curso intensivo que les hará más fuertes mentalmente y evitará que personas sin escrúpulos traten de engañarlos con argumentos vacíos con tal de obtener el máximo beneficio para ellos y el mayor prejuicio para ustedes. En la era de la información, estamos siendo contínuamente bombardeados por numerosos argumentos que tratan, por encima de todo, que te posiciones a su lado. Para ello no dudarán en utilizar todas las herramientas de persuasión que tengan a su alcance, para poder tener un beneficio propio y usted acabe engañado. Herramientas comunes utilizado por políticos, abogados, periodistas y en general, por toda aquella persona ruín que busca tener todos los derechos y evitar todos sus deberes. En este verano del 2017 estudiaremos las falacias.

 

Una falacia es un argumento, que parece lógico y verdadero pero no lo es. Si bien se suele utilizar el término “falacia” como “mentira” en realidad no lo es. Una falacia no es una falta a la verdad, como lo es la mentira, es un razonamiento aparentemente lógico para provocar una reacción de veracidad en la mente de otra persona, sin que por ello tenga que recurrir a una mentira, simplemente hacer aparentar que lo ilógico, sea lógico.

 

Desde Diario AM consideramos vital el estudio de las falacias, ya que es un recurso muy común en el periodismo deportivo, tan plagado de terturlias y discusiones no con el objetivo de llegar a la verdad, sino de intentar hacer creer al mayor número de personas posibles que lo que dicen es verdad. Con esta serie de crónicas aprenderemos sus trucos, con ejemplos, para evitar que no nos engañen más.

Las falacias son numerosas, tantas que es imposible estudiarlas en una sola crónica, por tanto, dedicaremos una serie de tres entregas para estudiar las falacias más comunes y más utilizadas. Quizás, el día de mañana, nos convertiremos en unos expertos”caza-falacias” y logramos descubrir todos y cada uno de los engaños que, de manera sutil, utilizan en el periodismo deportivo y, también, en cualquier ámbito de nuestra vida donde se utiliza la argumentación. Que no os engañen. Comenzamos:

 

FALACIA AD HOMINEM.

La más popular y conocida de todas las falacias, el argumento ad hominem (contra el hombre) es una falacia que consiste en desacreditar al que argumenta, en vez del argumento, buscando la percepción de que si la fuente del argumento carece de credibilidad, entonces lo que argumenta también.

- Él dice que no estás cumpliendo con tus obligaciones.

- No le hagas caso. Es un drogadicto.

 

Descalificando al que argumenta, da la impresión falaz de que su argumento no tiene credibilidad, cuando, en realidad, no tiene nada que ver la situación personal del que argumenta para que su argumento sea verdad o no.

 

En el mundo del periodismo deportivo este tipo de falacia abunda de manera muy destacada. Donde básicamente cualquiera que tenga un pasado problemático ya no es válido para comentar nada… O no, porque en el mundo de la manipulación, el que argumenta carece de credibilidad o no en función de sus intereses. Creo que el ejemplo más claro en el periodismo es el de Diego Armando Maradona, con un pasado que todos conocemos y un auténtico filón para los manipuladores, que no dudan en sacar su pasado cuando sus opiniones no sirven a sus intereses o defenderlo del mismo pasado cuando sí sirven.

AdHominen

 

FALACIA AD PERSONAM.

Variante de la falacia ad hominem, la falacia ad personam o ataque personal consiste en una defensa falaz contra un argumento, intentando hacer ver que la veracidad de dicho argumento no existe, sólo es un ataque personal contra la persona al que se le reprocha.

- Creo que no estás cumpliendo con tus obligaciones.

- ¡Tú es que me tienes manía!

Intentando crear la impresión falaz de que el argumento es sólo un ataque personal del que lo recibe, se desvía la atención del argumento en sí, evitando que se centre en el propio argumento. Es una falacia utilizada de manera muy común por los adolescentes “el profe me suspende porque la tiene tomada conmigo”.

 

También muy abundante en el periodismo, hasta el punto de que no importa la crítica que se utilice contra una persona del mundo del deporte, siempre se podrá recurrir a la falacia ad personam para evitar dicha crítica ¿la más usual? Pues que le tienen envidia, sin revocar, en ningún momento, la crítica en sí.

AdPersonam

 

FALACIA TU QUOQUE.

Otra variante de la falacia ad hominem, la falacia tu quoque o “tú también” consiste en una defensa falaz ante un argumento, haciendo ver que la persona que argumenta peca de lo mismo que está argumentando, por tanto, no puede argumentar. Independientemente de la moralidad de dicho acto, en ningun momento se revoca el argumento en sí, por tanto, es una falacia.

- No deberías beber tanto.

- ¿Y lo dices tú que empinas el codo desde por la mañana?

Como dije, independientemente de la moralidad del acto, en ningún momento se revoca el argumento en sí y, por tanto, es una falacia.

- Yo no reciclo porque mi vecino no recicla.

Otra falacia tu quoque, bastante común por desgracia. Se debe reciclar porque es lo correcto y lo beneficioso, que una persona no lo haga no te excluye a ti de hacer lo correcto.

 

Nuevamente, una falacia extraordinariamente común en el periodismo deportivo. El famoso argumento “¿y tú qué?” evita en todo momento que se pueda hablar del argumento en sí. Un clásico como ejemplo, el tema de los árbitros.

TuQuoque

 

FALACIA DEL CASO ESPECIAL.

También llamado argumento especial, es la falacia normalmente utilizada para revocar la falacia Tu Quoque. Consiste en buscar excepciones a un argumento general con razones que nada tienen que ver con el argumento.

- No estás trabajando tanto como los demás.

- Pero es que yo soy el que más tiempo lleva aquí.

O “porque soy el hijo del jefe” o “porque yo tengo una enfermedad” o un sin fin de alegatos más. El mecanismo siempre es el mismo, el alegato de decir que se trata de “un caso especial” y, por tanto, exento del argumento general.

 

Una triste falacia que se ha vuelto muy común en los últimos tiempos, con un sin fin de tertulianos defendiendo los delitos fiscales de determinados jugadores debido a que son extraordinarios en sus profesiones, cuando nada tiene que ver que sean “especiales” futbolísticamente con sus obligaciones tributarias como ciudadanos. Aunque, en ese caso, también se recurre al ad personam y a muchas otras falacias más, “los acosan fiscalmente porque son los mejores y quieren acabar con ellos”.

CasoEspecial

 

FALACIA EXTREMISTA.

Consiste en tomar el argumento que se quiere refutar y llevarlo al extremo para hacer ver, de manera falaz, lo absurdo del argumento.

- Deberías aplicarte más en los estudios.

- ¿Qué quieres? ¿Que gane el Premio Nobel?

 

Se intenta, por tanto, reducir al absurdo el argumento llevándolo al extremo. Se da la falaz impresión de que, como es altamente improbable que el estudiante gane el Premio Nobel, pues no merece la pena aplicarse más en los estudios, cuando, en realidad, que no se llegue al nivel máximo de la actividad no es excusa para no aplicarnos en todo lo que podamos con la actividad que estamos realizando. Es una falacia muy típica en adolescentes.

 

FALACIA DEL CONTINUUM.

La falacia del Continuum o argumento de continuidad ocurre en todos esos casos donde conocemos los límites, pero el punto exacto entre que pasamos de un límite a otro es difuso y depende de la percepción de cada uno. Por tanto, se juega con la continuidad para llegar a argumentos falaces. Esta falacia bebe de la Paradoja del Montón de Arena.

En muchos casos donde es necesario establecer límites, se hace por consenso, por acuerdo legal, pero eso no significa que ese sea el punto de inflexión real entre un límite y otro dentro de la continuidad. Por ejemplo, entre los límites adolescente-adulto-anciano, se toma por límite fijo 18 años el paso de adolescente a adulto y 65 de adulto a anciano por consenso legal, pero eso no significa que una persona automáticamente se transforme en un anciano justo al cumplir los 65, puede serlo mucho antes o mucho después, dependiendo de dicha persona.

Esta falacia, por supuesto, genera muchos debates, y es la principal causa de eternas discusiones entre las propuestas de unos o de otros, como, por ejemplo, en el tema del aborto ¿en qué momento exacto un zigoto empieza a ser persona y, por tanto, sujeto a los derechos humanos? En ese tipo de cuestiones donde los límites se tienen claros pero el punto de inflexión no, no tiene solución, pues ésta es difusa, es por eso que se llega a los consensos o acuerdos legales. Dicho de otro modo, ese punto de inflexión se debe prefijar previamente entre los partícipes de la discusión o si no ésta no acabará nunca.

- Soy pobre.

- Mira a los niños de África, ellos sí que son pobres.

¿Cuál es el punto exacto entre riqueza y pobreza? ¿Como en la continuidad hay gente más pobre que yo no puedo quejarme de mi pobreza? Al fin y al cabo, comparado con esa persona, yo soy el rico. Por otro lado, puede ser que una persona gane mucho, pero también tiene muchos gastos, por lo que también le cuesta llegar a final de mes como otras personas. Como siempre, no existe solución a la falacia de continuidad, sólo lo que se llega por consenso. En este caso en concreto, tenemos el concepto de Umbral de la Pobreza propuesto por la ONU. Un consenso, un acuerdo, que no significa que sea el punto de inflexión real de la continuidad, ya que ésta es muy difusa.

 

En el periodismo se recurre frecuentemente a la continuidad para revocar críticas, sobre todo, a los límites, como, por ejemplo, el tema de los presupuestos de los equipos, donde un equipo A critica a un B por quejarse de un presupuesto cuando, realmente, tiene más presupuesto que C. El problema, es que C, en realidad, tiene más presupuesto que otro anterior y así sucesivamente (continuidad) ¿cuál es el punto de inflexión que separa los límites “equipo pobre” y “equipo rico”? No existe, ya que es difuso. Por tanto, la falacia de continuidad es una excelente herramienta para desacreditar aquellos argumentos que critican los excesivos ingresos de ciertos equipos.

 

FALACIA DEL SECUNDUM QUID.

También llamado falacia de mala aplicación de una regla. Ocurre cuando se da una interpretación extremadamente rígida a una regla, como si no existieran excepciones.

Esta falacia ocurre cuando se confunde una regla general con una regla absoluta. Una regla general siempre admite excepciones extraordinarias, mientras que una absoluta no lo admite. Es confundir el “no se debe” con el “no se puede”, es el argumento que suelo utilizar yo para intentar combatir esta falacia.

- No puedo girar a la izquierda, es dirección prohibida.

- Hombre, como poder, puedes, pero no debes.

 

Secundum

La regla es clara, “prohibido girar a la izquierda”, por tanto, no “debemos” girar a la izquierda, pero eso no significa que no se “pueda” en casos excepcionales. Por ejemplo, si al final de esa calle se está produciendo un incendio, el coche de bomberos girará a la izquierda para llegar antes, evitando un rodeo.

Una falacia aparentemente inofensiva hasta que alguien la utiliza para refutar la regla misma, normalmente en su propio beneficio.

- No corras por los pasillos.

- ¡Oh! ¿Y si hay un incendio? ¿Entonces sí? Si puedo correr en ese momento entonces ahora también.

 

- ¿No estaba prohibido pisar el césped? ¿Entonces por qué esos operarios lo están pisando y yo no? La próxima vez pasaré a través del césped. Si ellos pueden, yo también.

 

En ambos casos están utilizando una regla general como una absoluta (“poder” en vez de “deber”), por tanto, si se refuta una vez la regla absoluta, entonces la regla misma debe de dejar de ser vigente. Un razonamiento falaz.

 

FALACIA EMOCIONAL.

O argumentum ad passiones (apelar a las emociones) es una falacia que consiste en buscar una respuesta emocional al receptor del argumento. Bien sea por miedo, ternura, halago, compasión, ridículo, etcétera. Es la falacia favorita de los mítines políticos y sus “¿es que nadie piensa ya en los niños?”

 

Lamentablemente, esta falacia está cobrando mucha fuerza últimamente debido a la crisis económica y a la amenaza terrorista, donde ciertas personas aprovechan la situación para justificar sus argumentos utilizando el miedo. En caso del periodismo deportivo, está el tema de los repartos televisivos y de los premios económicos de las competiciones internacionales, alegando que aquellas organizaciones que apelan por una distribución más justa, en realidad lo que quieren es hundir a los poderosos hasta el punto en que desaparezcan.

Emocional

 

FALACIA AD MISERICORDIAM.

O “hacerse la víctima”, es la variante más famosa de la falacia emocional. Consiste en recurrir a la piedad cuando se carece de argumentos, también para justificar ciertas acciones no lógicas por misericordia. Está muy relacionado con la demagogia.

- Perdóneme la multa agente, tengo que cuidar de mi madre enferma y de mis cinco hijos. Trabajo todo el día y apenas descanso. No tengo tiempo para llegar a ningún lado. Sé que es usted buena persona y que me entiende. Por favor se lo pido.

 

El sujeto sabe perfectamente que cometió una infracción y, con ello, la posibilidad de que pudiera ser sancionado. Al ser sancionado, recurre a la misericordia.

 

- Me parece fatal que las personas en silla de ruedas tengan que pagar lo mismo que los demás en los cines o en los transportes públicos ¿es que no es bastante difícil ya de por sí su condición?

 

Sin entrar en los detalles morales o de las buenas intenciones, lo cierto es que el argumento es una falacia. Lo que se tiene que promover, es que las personas de movilidad reducida tengan la misma facilidad para acceder a los establecimientos y a los transportes públicos con la misma comodidad que los que no lo son, pero eso no implica que sea lógico o justo que tengan que pagar menos que los demás.

 

FALACIA PATÉTICA.

Otra variante de la falacia emocional. Esta falacia busca reacciones emocionales y no racionales para imponer su argumento. Está íntimamente ligado a la persuasión.

- ¡Qué disgusto le vas a dar a tu madre!

 

- Cada vez que haces eso, llora el niño Jesús.

 

- Sería decepcionante que me llevaras la contraria.

 

- ¡No tienes huevos!

 

En todos los casos, nunca se utilizan argumentos racionales para hacer o dejar de hacer algo, se busca la provocación, la reacción directa de la emoción, que el receptor mismo llegue a pensar que es una persona malvada, débil o patética.

 

FALACIA DE LA CONCLUSIÓN DESMESURADA.

Se utiliza cuando, basado en premisas que son ciertas, se llega a una conclusión favorable para uno mismo pero bastante alejado de lo que las premisas demuestran.

Es un recurso muy utilizado por los medios de comunicación para llegar a conclusiones favorables para sus intereses. Un ejemplo clarisimo ocurrió en las últimas elecciones catalanas, donde se llegó a la conclusión falaz que votando al grupo independentista se apoyaban el referendum o la independencia catalana y al revés, con afirmaciones de conclusión desmesurada como “un 55% de los votantes no votó al grupo independentista, luego la mayoría de los catalanes dice no al referendum”.

La famosa frase “no mezclar churras con merinas” es el arma ideal contra esta falacia. Uno puede votar perfectamente a un partido generalista y, a su vez, apoyar el referendum, o votar a un partido miembro del grupo independentista por sus políticas sin tener que apoyar la independencia. Los medios están plagados de conclusiones precipitadas. Una vez más, las encuestas y las estadísticas se utilizan con fines falaces.

ConclusionPrecipitada

 

En este caso, se incita deliberadamente a una conclusión desmesurada, “la democracia está en peligro” “resurge el fascismo”. Que un 5% apoye una dictadura fascista y otro 5% que le da igual, implica que hay un 90% que opina otra cosa. Es decir, un rango de opinión normal y saludable en todo país democrático. Vale la pena señalar que no es el propio medio el que realiza la conclusión desmesurada, símplemente pone énfasis en el dato, con el objetivo de que sean sus lectores los que lleguen a la conclusión falaz.

 

FALACIA DE AMBIGÜEDAD.

La anfibología, ocurre cuando se utilizan conceptos ambiguos en el argumento.

- ¿Los sexos son iguales? Entonces los derechos tampoco pueden ser iguales.

 

La igualdad es un concepto ambigüo porque depende del contexto en el que se utiliza. Dicho de otro modo, la frase falaz no está hablando de la misma igualdad. Pues no es lo mismo la igualdad anatómica entre un hombre y una mujer que la igualdad social. El argumento es falaz porque aprovecha el amplio concepto de igualdad para crear un razonamiento aparentemente lógico.

 

La ambigüedad está muy ligada a los sobrentendidos, que son un recurso muy utilizado en el humor:

- Médico: “¿Su padre ha reducido la bebida?”

- Paciente: “Oh sí doctor, y mucho, sólo se toma su copita de coñac después de las comidas… Eso sí, se pasa todo el día comiendo.

 

- Yo no tuve relaciones con mi mujer hasta que me casé ¿y usted?

- No lo sé ¿cómo se llama su mujer?

 

El problema surge cuando se utiliza de manera malintencionada, cuando se busca un sobreentendido que, en realidad, no se ha dicho, pero es la impresión que da para que sean los demás, y no uno mismo, el que llegue a la conclusión falaz.

- Parece que X está sobrio hoy.

 

Donde el autor de la falacia no ha dicho de manera explícita que X tiene problemas con el alcohol, pero lanza su falacia ambigua (dardo envenenado) para que sean los demás los que lleguen a la crítica que quiere realizar. De ese modo, se escuda de cualquier represalia por las conclusiones que han sacado los demás con el “yo no dije tal cosa”. Es una falacia muy peligrosa, tengan cuidado.

 

Y en el mundo del periodismo… Pues se pueden hacer una idea…

Es el caso más claro que tengo en mi memoria. El periodista lanza el comentario ambigüo “parece que no me quiere contestar porque…” Una afirmación sujeta a numerosas interpretaciones, para luego negarlo con un “ya lo sé”, y seguramente si hubiera seguido, hubiera terminado por decir “yo no dije que no quieres contestarme por ser de X, sino que parece” jugando con la ambigüedad de los conceptos que utiliza en su argumento.

 

FALACIA DEL EQUÍVOCO.

Semejante al de ambigüedad, pero en este caso el concepto en el que se sustenta el argumento tiene realmente dos significados diferentes, se usa sobre todo en el humor.

- Mi hijo es un asno.

- ¿Da coces?

 

En este chiste (sí, es malo el chiste, lo sé) se juega con el doble significado de la palabra “asno”.

 

 

Y lo dejamos aquí por hoy. Como ven, son tantas las artes de la manipulación que requiere un gran esfuerzo. No desesperen, conózcanlas, estúdienlas, traten de identificarlas en vuestras vidas cotidianas. De esta manera será mucho más difícil que logren engañarlos y manipularlos. En una semana seguiremos con más falacias, engaños, manipulaciones. Una herramienta necesaria para enfrentarnos a la sobreinformación que vivimos hoy en día. Hasta entonces, sean felices.

 

ANKOR.

Andromeda

 

 

 

Fuentes:

Comesaña, Juan Manuel (2001); Lógica informal, falacias y argumentos filosóficos.

Damborenea, Ricardo García; Diccionario de falacias.

Schopenhauer, Arthur (1864); Dialéctica erística o el arte de tener razón.

 

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