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El deporte como desahogo político – Crónica Diario AM 29/06/2017

El deporte como desahogo político – Crónica Diario AM 29/06/2017
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Siempre me ha llamado la atención el disgusto de algunas personas cuando por alguna no tan extraña razón los temas deportivos quedan entremezclados con los políticos. Existe un deseo no tan inocente de separar forzadamente dos temas que siempre han ido de la mano. Por ejemplo, los Juegos Olímpicos de la Antigüedad durante sus doce siglos de existencia imponían durante una celebración una tregua entre todos los participantes y representaban el único evento de panhelenismo en un mundo gobernado por ciudades estado.

Tal impacto no se limita a la antigua Grecia, cada dos años es común escuchar como algún conflicto ha quedado paralizado en los días que se celebra el Mundial de Fútbol o las Olimpiadas. ¿Si no hay correlación entre el deporte y la política porque tiene el poder de frenar guerras? ¿Si el deporte no es política por qué las banderas, los himnos y los uniformes que distingan a nuestro minúsculo ejercito de deportistas?

Soy consciente que este tema no es de interés de muchos. Otros lo pueden encontrar irritante. Pero cuando se proviene de un pequeño país que es posesión de otro y que durante décadas ha atacado su cultura, su idioma e intentado reescribir su historia es muy difícil no apreciar con una perspectiva distinta a sus deportistas. Es difícil no emocionarse al ver que la estrella en el triángulo de la bandera brilla cuando uno de nuestros atletas, aunque sea por muy pocos minutos, le dice al mundo que somos distintos, que no nos olviden. Es un orgullo irracional que pocos pueden comprender.

Pero también la historia de ese pedazo de tela con el que acudimos a eventos deportivos tiene una historia tristemente olvidada. Tal vez gran parte de la culpa de ese olvido sea nuestra, pero hoy en día en mi país de origen, Puerto Rico, pocos saben que en pleno siglo XX la sola posesión de una bandera de Puerto Rico por cerca de una década implicaba hasta 10 años de cárcel. Nuestros deportistas tenían que desfilar con la bandera estadounidense, no hacerlo resultaba en severas repercusiones en contra del atleta.

Sí eran otros tiempos, donde el español estaba prohibido en las aulas y los esfuerzos de asimilación cultural rechazaban todo lo que recordara los lazos históricos con España. Una de las primeras víctimas durante este tiempo fue el fútbol, deporte que desde finales del siglo XIX venía creciendo en popularidad en la isla. Durante las primeras décadas su expansión a través de todo el territorio nacional era palpable, incluso siendo un club local designado como Real por Alfonso XIII cuando en el 1921 gracias a su designio el San Juan Football Club se transforma en el Real San Juan.

Real San Juan 1900San Juan Football Club, circa 1900

Fue por esos años que Eduardo Ordóñez, en 1927, que un joven centrocampista de 19 años se convierte en el primer puertorriqueño en jugar en la liga española con el Atlético de Madrid donde estuvo tres años antes de pasar al Real Madrid en que se considera el primer traspaso de un jugador colchonero al equipo merengue donde jugó un año.

Pero los administradores estadounidenses no veían con buenos ojos el desarrollo del futbol y la práctica de este deporte fue mermando hasta convertirse en un mito del que nadie se acordaba. Lo importante era promover el baseball como deporte, no es casualidad que las grandes potencias en este deporte sean países que históricamente han tenido en su territorio bases militares o han estado militarmente ocupados por los Estados Unidos. Sin embargo, esa es una historia digna para contarse en otro momento.

Puerto Rico comienza a participar en eventos deportivos internacionales, específicamente en el 1930 durante los segundos Juegos Centroamericanos celebrados en La Habana, Cuba, como acto de buena voluntad del gobernador estadounidense de la isla hacia el gobierno cubano que organizaba su primer gran evento deportivo. Los deportistas isleños desfilaron con la bandera de Estados Unidos. Para algunos esto puede ser un detalle menor, para otros es una afrenta, un dolor.

Cinco años más tarde, la delegación de Puerto Rico a los terceros Juegos Centroamericanos de El Salvador llevó como contrabando una bandera de la isla que fue la utilizada por los atletas para desfilar durante la inauguración. ¿El himno? Los atletas solicitaron que en lugar del himno estadounidense se tocara el salvadoreño, lo que ocurrió en cinco  ocasiones que los isleños alcanzaron la medalla de oro.

Bandera PR 1935Puerto Rico en Centroamericanos, 1935

Pasaron 17 años, incluyendo en ese tiempo la fundación del Comité Olímpico de Puerto Rico, antes de que una delegación deportiva de Puerto Rico lograra nuevamente ondear su bandera en un evento deportivo, sucedió durante las Olimpiadas de 1952 en Helsinki, Finlandia, cuando durante los juegos se descriminalizó la posesión de la bandera. La delegación que había desfilado con una bandera blanca conteniendo el Escudo de Armas de la isla pudo por primera vez utilizar algo cercano y propio. La descriminalización de la bandera mono-estrellada supuso el reemplazo del Escudo de Armas por la bandera que tantos años de prisión había causado.

Puerto Rico Finlancia 1952Puerto Rico en Juegos Olímpicos, Helsinki 1952

De forma ininterrumpida Puerto Rico participaría sin mayores contratiempos en todos las Olimpiadas celebradas después de Helsinki. Hasta que en 1980 el Presidente Jame Carter de los Estados Unidos llama a boicotear las Olimpiadas de Moscú, Rusia. La Guerra Fría se hizo protagonista en el deporte y el boicot se repetiría cuatro años después como muestra del tonto revanchismo de los líderes políticos cuando el bloque soviético rehúsa participar en las Olimpiadas de Los Ángeles en 1984.

Mientras países como Argentina, Alemania Federal, Canadá, Irán, Israel, Honduras, Noruega, Turquía y Uruguay y otros 57 países acataban el pedido de Estados Unidos de no asistir a las olimpiadas para protestar la invasión de Afganistán por Rusia, Puerto Rico decide hacer valer su autonomía deportiva y participar.

Las represalias fueron muchas, las amenazas no faltaron y el gobierno colonial local hizo todo lo posible por evitar la presencia de Puerto Rico en esas olimpiadas. Un gobierno que ya desde el año anterior, durante la celebración de los Juegos Panamericanos de 1979 en Puerto Rico había tratado de destruir la autonomía deportiva de la isla forzando la entonación del himno de EEUU en la ceremonia inaugural, esfuerzos que solo surgieron efecto en aquellos eventos donde se involucraba al estado pero no en los que dependían solamente del Comité Olímpico local.

Puerto Rico envió a las olimpiadas de Moscú un total de tres boxeadores que se vieron obligados a entrenar en México para evitar cualquier represalia y durante la ceremonia de inauguración desfilaron con la bandera olímpica. Sin embargo, el insulto para quienes localmente abogaban que Puerto Rico se integrara a Estados Unidos como un estado más había quedado sellado. Presiones económicas, insultos y hasta la negación de diferencias culturales caracterizarían las tensas relaciones del Comité Olímpico local y el gobierno de turno.

PR MoscuPuerto Rico en Juegos Olímpicos, Moscú 1980

Claro que esta tensión se vería interrumpida con logros deportivos, entonces los políticos demostrarían ser tan oportunistas como en otras partes y se unirían al carro del triunfo con discursos halagadores mientras a puerta cerrada dificultan cada vez más la promoción del deporte.

Tal vez en la historia reciente del deporte puertorriqueño hay dos momentos que paralizaron a más de uno fuera de las fronteras isleñas. El primero fue el juego inaugural en las olimpiadas de Atenas, Grecia, en 2004 cuando la selección de Puerto Rico le propina al equipo de Estados Unidos su primera derrota olímpica desde que los jugadores de la NBA comenzaron a participar en estos juegos. Localmente no importaba el resultado del resto de los partidos, recordarle al mundo que existía un lugar distinto llamado Puerto Rico, ver la bandera en periódicos de todos los idiomas y la imagen de Carlos Arroyo mostrando desafiante el nombre de un país a todo un planeta que apenas dos horas antes esperaban encontrarlos no con la victoria pero con una paliza al hombro.

arroyoCarlos Arroyo, Atenas 2004

El casi más reciente lo vivimos en las pasadas olimpiadas de Rio de Janeiro, Brasil, en el 2016 donde en el tenis femenino ocurrió una verdadera historia de cenicienta. Se alza con la medalla de oro, la primera de Puerto Rico en unas olimpiadas, una jugadora que desde su primer partido la prensa mundial estuvo esperando su derrota. El sentimiento vivido cuando por primera vez se escucha el himno propio en un teatro como el olímpico es indescriptible y menospreciado por quienes están acostumbrados a ver a sus atletas triunfar.

Medalla Oro PRMonica Puig, Rio de Janeiro 2016

Puerto Rico vive ofuscado por decidir cuál será su destino político si independiente, con mayor autonomía o como un estado más de los Estados Unidos. Esta discusión ha llevado a líderes oportunistas a negar la necesidad de tener un Comité Olímpico porque para ellos – al menos ante sus seguidores – su nación es Estados Unidos y ese es el equipo que los representa.

Para nosotros competir en eventos deportivos no se trata simplemente de buscar un triunfo deportivo. Es buscar mucho más, mirar muy adentro y sentir cosas que logran contradecir nuestras ideologías políticas. El deporte es muchísimo más que un desafío, es una expresión más de lo diferente que somos y que los intentos de asimilación no han sido completamente exitosos.

Por estas y otras razones es que cuando escucho a alguien afirmar que el deporte no es política me quedo incrédulo. Entonces me pregunto cómo es posible hacer esa aseveración si el deporte es política silenciosa. Es la que resalta pasiones que muchas veces no son políticamente correctas. Y para algunos pocos, es la que nos permite vivir por algunos segundos una realidad distinta a la que respiramos cada día.

Video de Puerto Rico vs Estados Unidos, Atenas 2004

Por Errante

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