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Diego contra un Goliat de dos cabezas – Crónica Diario AM 10/05/2017 (by Luca Garzeli).

Diego contra un Goliat de dos cabezas – Crónica Diario AM 10/05/2017 (by Luca Garzeli).
ColaboradoresDAM

 

¡Buenas DAMistas! Hoy os dejo con una nueva colaboración de Luca Garzeli.

Aún le costará al Glasgow Rangers asemejarse a aquél equipo que sacaba la cabeza por las competiciones continentales, ganando incluso una Recopa de Europa (en el Camp Nou), una vez retornado a la élite escocesa tras su descenso a la cuarta categoría local. Pero ya vuelven a estar ahí tras 4 años en el exilio, y la Scottish Premiership vuelve a acercarse a la monótona dualidad Celtic – Rangers de los últimos 32 años.

La liga española, la liga de las estrellas, la que para algunos es “la mejor liga del mundo”, ha vivido una similar dualidad durante los mismos 32 años. Desde la conformación de la “Quinta del Buitre” a mediados de los 80, que junto a los extranjeros Hugo Sánchez y Jorge Valdano hicieron despertar al conjunto blanco de un letargo de 5 años en su color original (únicamente “salvado” por la copa del Rey de 1981 ante el Real Sporting de Gijón), sólo ha habido tres equipos que han conseguido la machada de proclamarse campeones por delante de las dos potencias españolas: Atlético de Madrid, Valencia y Deportivo de la Coruña.

Tras el dominio vasco entre 1980 y 1984, el FC Barcelona pescó en aquello que ya funcionaba y se trajo para tierras catalanas a algunos de los jugadores clave de Athletic Club y Real Sociedad, mezclando el tradicional trabajo de los jugadores del norte con la innovación táctica y técnica que Johan Cruyff dotó a los jóvenes de La Masía, tras su llegada como entrenador en 1988. La era “Dream Team” sustituyó en el dominio nacional a la “Quinta del Buitre”, en lo que iban a ser 11 años de buen trabajo de cantera unido a fichajes extranjeros de calidad de Barcelona y Real Madrid. Hasta que llegaron Radomir Antic y Milinko Pantic.

Tras el dominio futbolístico (que no clasificatorio) del FC Barcelona en las 4 temporadas anteriores, el Milan de Fabio Capello sepultó al conjunto azulgrana en aquella final de Atenas de 1994, y el Dream Team se desintegró. Se fueron Andoni Zubizarreta, Michael Laudrup o Romario, y el conjunto de Cruyff se equivocó con los fichajes extranjeros. La hornada de canteranos y nacionales ya no era tan frucífera (Angoy, Jordi Cruyff, Eskurza, Jose Mari, ¡Escaich!), y los Gica Hagi e Igor Korneyev… no dieron el nivel que se esperaba de ellos. El resultado fue una 4º plaza en la liga de 1995, problemas del entrenador con Núñez, y el Real Madrid de Valdano, un equipo mucho más sólido en todas las áreas, aprovechó el momentum.

 

ATLÉTICO DE MADRID 1995-1996

LA LIGA DE LOS 22 EQUIPOS

Lo que pasó en aquella temporada 1995-1996 es difícil de explicar. Todo estaba preparado para que el reciente campeón revalidara el título, con un FC Barcelona en incipiente reconstrucción. La liga se amplió a 22 equipos en una chapuza federativa: equipos que no pagaban o que presentaron tarde sus avales (Sevilla, Celta y Real Madrid, en uno de los años más rocambolescos administrativamente hablando del conjunto blanco), con los dos primeros descendidos en primera instancia, para después recular y dejarlos a todos en Primera, más los recién ascendidos. Se iniciaba la era de la liga de 3 puntos por victoria.

La mención a los internos chanchullos blancos no es gratuita, ya que aquellos problemas, que más tarde salieron a la luz desvelados por sus propios protagonistas, forman parte de la explicación de por qué el equipo de Valdano (que duró 22 jornadas hasta ser fulminado aquella temporada) acabó 6º en la tabla a 17 puntos del campeón. Un campeón maravilloso, inesperado, que realizó un fútbol sólido pero vistoso por momentos y que, nunca mejor dicho, fue el más regular, tras 42 largas jornadas de liga. 19 años después, el Atlético de Madrid volvía a ser campeón.

EL AÑO EN EL QUE JESÚS GIL DIO CON LA TECLA

Lo inesperado del título viene por el tumultuoso año 1994 que tuvo el club rojiblanco. 14º clasificado, 1 punto por encima de los puestos de promoción de descenso y cesando a 3 entrenadores en el transcurso de aquella campaña. ¿Fue una temporada fuera de lo normal? Lo mejor de todo es que no. El Atlético de Madrid, desde el cese de Luís Aragonés (último entrenador con el que habían conquistado una liga) había tenido 10 inquilinos en el banquillo en un lapso de 2 años. Desde que Jesús Gil ganó las elecciones en 1987, tan sólo dos entrenadores habían sobrevivido a la vorágine de despidos del club colchonero en una misma temporada: el mismo Luís Aragonés y el croata Tomislav Ivic. Ambos terminaron 2ºs por detrás del FC Barcelona de Cruyff en las temporadas 1990/1991 y 1991/1992. El siguiente en acabar una temporada, Radomir Antic, les haría campeones.

¿Cuál fue el secreto de aquél equipo? Obviamente, ganar las 4 primeras jornadas de liga, ya que eso te aseguraba de que sea muy poco probable de que Gil te despidiera, como había pasado con otros entrenadores antes de la jornada 10. Pero, además de empezar bien, que será algo común en todos los equipos emergentes que han conquistado el título liguero en los últimos 30 años, era necesaria una extrema solidez defensiva. En las 9 primeras jornadas de aquella liga, al Atlético de Madrid sólo le anotaron 2 goles. Desde que la Real Sociedad se adelantase 0-1 en el Calderón en un partido que acabarían perdiendo 4-1 en la primera jornada, sólo el Espanyol (sorprendente líder tras 5 fechas) consiguió batir a Molina. Pero no fueron los fichajes, realmente, los que cambiaron aquél equipo con apenas 3 cambios en el once inicial respecto a la temporada anterior. Fue la filosofía de Radomir Antic, que ya en la presentación de su equipo anunció ante miles de aficionados cuál iba a ser la auténtica clave para ser campeones: “Para que os sintáis orgullosos de vuestro equipo, voy a trabajar a tope… sin cansarme”. Cojonudo.

RADOMIR ANTIC Y MILINKO PANTIC, CLAVES EN EL ATLÉTICO DEL DOBLETE

Y sin cansarse mucho él, pero sí exprimiendo a una plantilla de 13 jugadores que acabaría ganando el doblete, fue sacando partidos trabajados, gracias a los balones parados de Milinko Pantic, a los goles de Lubo Penev, y a la llegada de un centro del campo que tenía calidad y trabajo a partes iguales con Simeone, Vizcaíno, Caminero y el mismo Pantic. Aquella temporada, el conjunto del Manazares terminó el 50% de sus partidos fuera de casa con la puerta a 0, siendo el conjunto menos goleado, el segundo máximo goleador y sin tener a ninguno de sus atacantes entre los máximos artilleros de la competición. Donde los atléticos sí que tuvieron a alguno de sus jugadores arriba en la tabla fue en el apartado disciplinario: Santi, recién llegado del Albacete, y Simeone, combinaron 33 amarillas y 3 rojas para consolidarse como 2 de los 3 tipos más duros de aquella liga. De allí viene la fama de entrenador defensivo del Cholo, ¿quizá? Simeone acabó aquella liga con 12 goles, como segundo máximo goleador del equipo, incluso por delante del jerezano Kiko Narváez.

Juego directo, muchos centros al área, dominio del juego aéreo en faltas y córners, segundas jugadas y presión en la salida de balón del rival, lo cual propiciaba bastantes contraataques y penaltis al estar descolocada la línea defensiva del oponente. Un 25 de Mayo de 1996 el Atlético se presentaba en la última jornada con 2 puntos más que su más directo perseguidor, el Valencia, y recibía en el Calderón a un Albacete ya descendido al que venció 2-0 con goles de dos de los estandartes de aquél equipo: Kiko y Simeone. ¿Y de portero en el Albacete? Plotnikov. ¿Alguien se acuerda de aquél meta? Yo sí, de ese partido, únicamente. Evgeny Plotnikov. Con ese encuentro, ya de forma definitiva, el “Queso Mecánico” volvía a ser de nuevo el Albacete, simple y llanamente.

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Lo que son las cosas, Molina y Santi, dos de los jugadores más importantes del Atlético del doblete, fueron fichados de un equipo que acabó entre los 4 últimos clasificados la temporada anterior. En el último partido de liga del meta valenciano con la camiseta albaceteña, el Dépor, otro de nuestros protagonistas de esta crónica, venció 2-8 en el Carlos Belmonte. Con Molina y Santi de titulares. Y en la promoción de descenso, que acabó siendo un paripé, porque pese al 0-5 tras prórroga de la Unión Deportiva Salamanca en la vuelta de la promoción, el Alba se acabó salvando igualmente, Molina y Santi volvieron a ser titulares. Y después de aquél partido el Atlético los fichó. Y con ellos salieron campeones. Fútbol.

Sin querer desmerecer los méritos de los heroicos bi-campeones, es inevitable pensar en la inestimable ayuda para la consecución de esas ligas de los dos grandes. Por diferencias económicas, es evidente que si los dos están bien, es muy complicado para los demás poder intentar algo. Por lo tanto, para que se den una de estas ligas atípicas uno de ellos,normalmente el Real Madrid (6º, 5º, 3º, 4º y 3º en las ligas ganadas por los outsiders), debe de tener un mal año en la competición o, simplemente, estar centrado en otros menesteres.

Con algunos de estos mismos ingredientes nos trasladamos 4 años adelante en el tiempo. Temporada 1999-2000: El año en el que el Dépor fue campeón y el Atlético de Madrid bajó a Segunda División (qué manera de aguantar, qué manera de crecer, qué manera de sentir. Qué manera de soñar, qué manera de aprender, ¡qué manera de sufrir!).

 

DEPORTIVO DE LA CORUÑA 1999-2000

EL GOL DE VICENTE CELEIRO, LA LLEGADA DE LENDOIRO Y LA PROMOCIÓN ANTE EL BETIS, LOS 3 MILAGROS DEL DÉPOR

A diferencia del Atlético de Madrid, la liga del Deportivo se veía venir, pero creo que es necesario conocer de dónde venía el Dépor para, finalmente, entender al punto al que acabó llegando. El equipo presidido por aquél entonces por el “popular” Augusto César Lendoiro, no muchas temporadas antes del merecido título liguero del año 2000, había estado en una situación más que complicada, con pie y medio en Segunda División B y múltiples deudas. Justo el año antes de la llegada de Lendoiro, en 1988, en una última jornada que años después les daría la espalda varias veces a los deportivistas, un gol en el minuto 90 de Vicente Celeiro, delantero que había estado hasta ese momento toda la vida ligado al Dépor, da la victoria ante el Racing de Santander que permite respirar a los coruñeses. A partir de ese gol milagroso, cambio de directiva, tiempo para trabajar desde el inicio con Arsenio Iglesias (que había llegado en la segunda parte de la temporada anterior) y los inestimables contactos de Lendoiro para echar a andar un proyecto de muy bajo presupuesto inicial.

Tras un par de temporadas del nuevo proyecto en Segunda, el Dépor crece económicamente y comienza a realizar incorporaciones de peso para una categoría que abandonaría a mediados de 1991: Fran sube desde el filial, se incorpora Miroslav Djukic, Francisco Liaño, Zamora ya en Segunda División con el Sestao, López Rekarte, sin sitio en el Barcelona de Cruyff y Claudio Barragán, entre otros, conforman una plantilla que año a año fue haciéndose más competitiva. El amenazante “Barça, Madrid, ya estamos aquí” de Lendoiro, dejó pasó a la obvia realidad de un equipo que acaba de ascender: de nuevo, el Dépor suma 7 de los últimos 12 puntos en juego de aquella temporada y se asegura la promoción de descenso en la que derrotaría por 2-1 al Real Betis en Riazor, para posteriormente empatar a 0 en Sevilla. Tras mantenerse parte de la temporada 91-92 al margen, O bruixo de Arteixo vuelve al banquillo deportivista para hacerse cargo del equipo en los momentos más delicados. Aquél nuevo momento crítico superado dio paso a la era, a partir de la cual, los no deportivistas suelen recordar a la entidad: nace el Super-Dépor.

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1992: NACE EL SUPER-DÉPOR

El año siguiente es la consolidación del proyecto, con Mauro Silva, Adolfo Aldana y Bebeto como caras nuevas. Esa liga fue “la segunda de Tenerife” y el Dépor la vio desde la barrera. La temporada siguiente los deportivistas serían protagonistas en primera persona de un nuevo milagro del Dream Team. Para aquella temporada 93-94 el Deportivo ficha algo de fondo de armario que, quizá, fue lo que le faltó en el año anterior para optar al título. Javier Manjarín del Sporting y Donato/Alfredo Santaelena, procedentes de un Atlético siempre convulso, fueron los principales fichajes para aguantar, esta vez, las 38 jornadas. Algo estuvo haciendo muy bien el Dépor cuando, en el ecuador de la liga, en 19 partidos Liaño sólo había recibido 6 goles. Obviamente el meta cántabro acabó aquél año como el Zamora, tal como hizo en Segunda División, pero la solidez defensiva de aquél equipo es, como iremos viendo a lo largo de este artículo, el punto indispensable que necesita cualquier aspirante que quiera hacer frente a los dos grandes.

Las jornadas fueron pasando y, en la número 25, el Deportivo aventaja a Real Madrid y Barcelona en 5 y 6 puntos respectivamente, es decir, 3 partidos de la época. En la jornada 26 el Barcelona da un golpe en la mesa venciendo 3-0 al Dépor en el Camp Nou y, más allá de la victoria, lo llamativo fue que era la primera vez en toda la temporada (incluida la participación en la Copa de la Uefa) que el Dépor encajaba más de 2 goles en un encuentro. Unas jornadas antes, el Real Madrid había ganado 2-0 en el Bernabéu, y las derrotas en campo de sus 2 principales rivales, unidas a 3 empates consecutivos en las jornadas 27, 28 y 29, hicieron aparecer los primeros fantasmas en Riazor. Sin embargo, el Dépor había superado situaciones mucho peores, e incluso dejándose todos esos puntos (vemos el valor real del empate en las ligas de 2 puntos) el equipo coruñés aún era líder sólido en la clasificación. Unas jornadas después el Celta vence al Real Madrid en Vigo y elimina al conjunto blanco de la lucha por la liga.

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9 METROS Y 30 SEGUNDOS: EL PENALTY DE DJUKIC

Desde la derrota en el Camp Nou, el Dépor no volvió a perder un solo partido de liga. Pero es que el Barcelona tampoco. El equipo de Cruyff sumó 28 de los últimos 30 puntos en una recta final de liga espectacular, encajando 1 solo gol en 6 partidos hasta la jornada 38, teniendo que ganar al Real Madrid en el Bernabeu (en un recordado gol de Guillermo Amor en la recta final del encuentro) y, pese a todo ello, el Dépor seguía líder. Seguía líder, sí, pero algo no olía bien: el conjunto de Arsenio Iglesias, mientras el Barcelona gana 4-0 los partidos, había empatado 4 veces a 0 en las últimas 9 jornadas.

Última jornada: Deportivo – Valencia y Barcelona – Sevilla. El Valencia de Mijatovic, el Sevilla de Suker. Los mejores jugadores de cada equipo (Suker, Mijatovic y Laudrup) fueron fichados años más tarde por el Real Madrid. No les debió gustar ninguno del Deportivo. Cada contender fiel a su estilo; el Barcelona haciendo su juego ofensivo semi-suicida, yendo por detrás hasta en 2 ocasiones, y el Dépor siendo muy conservador, intentando cuidar cada uno de los detalles que le habían llevado hasta ese punto tan cercano a la gloria.

Le preguntaban a Cruyff, minutos antes del último partido de liga, qué esperaba de aquella última jornada y, en otro de sus espontáneos golpes de genio contestó: “tengo un par de años de experiencia en esto, y hasta ahora ha ido bien”. Aquél Barcelona ultra-motivado, venía de clasificarse para la final de la Copa de Europa que se jugaría 4 días después en Atenas, en un escenario muy parecido al que puede tener el Real Madrid en Málaga, si elimina al Atlético en las semifinales de Champions esta semana (yo no digo nada). El Sevilla, más allá de su espíritu competitivo, el cual demostró a lo largo de aquél partido, se jugaba entrar UEFA ganando en el Camp Nou, esperando a que el Athletic no ganase su partido en casa, o esperando una victoria culé ante el Milan si los azulgranas perdían la liga. Y ninguna de las tres cosas sucedió.

Riazor tuvo que conformarse con celebrar goles sevillistas en la primera parte del encuentro, porque había miedo, mucho miedo en aquél partido. Simeone (está en todas partes este hombre) adelantó al conjunto hispalense y Davor Suker puso el 1-2 al filo del descanso. Mientras el 0-0 no se movía en Coruña, la segunda parte del Barcelona fue un festival ofensivo ante un conjunto de Luis Aragonés que había hecho todo lo posible por sacar algo del Camp Nou. Pocos segundos después del 5-2 de Bakero, en el 87 (porque el partido del Deportivo empezó y acabó más tarde que el del Barcelona, tanto la primera como la segunda mitad), tras insistencia más por corazón que por juego de los gallegos, Nando es derribado en el área por Serer en forma de penalty. Riazor, que fue bajando el volumen de sus decibelios a medida que veía que su equipo no abría el marcador, estalló en gritos, a la par que el Camp Nou enmudecía. Donato, habitual lanzador de penaltis, había sido sustituido 10 minutos antes y, Bebeto, héroe y máximo goleador histórico del equipo, directamente se borró, independientemente de que no fuera el especialista del equipo.

Djukic, que ya había fallado una pena máxima semanas antes en el Bernabeu, fue el único que tuvo pelotas a lanzar aquello, lo tiró de pena y lo falló. Pero lo tiró, al fin y al cabo, y como dijo Mourinho años después, “los que fallan los penaltis son los que tienen los huevos de tirarlos”. González, portero valencianista, lo celebró como si fuera Urruti parando el penalti de Mágico González en la liga que el Barcelona ganó en Zorrilla 9 años antes, y quedó para siempre en la memoria local como un gesto altamente antideportivo, nunca mejor dicho. Aquél Valencia primado, como aún recuerdan los aficionados deportivistas, sin citar nunca que la prima inicial, si es que hubieron más, procedió del mismo presidente valencianista Paco Roig, que pagó medio millón de pesetas a cada jugador por no perder en Riazor, lo dejó todo defensivamente para no caer en aquél partido. Pero la realidad, la que costó de asumir en su momento, es que el Deportivo, como comentábamos anteriormente, empató 5 veces a 0 en los últimos 10 partidos de liga. Por lo tanto, ni el Barcelona, ni González, ni el Valencia le quitaron la liga al Deportivo: la perdieron ellos solos.

El conjunto azulgrana, que no era líder desde la jornada 13, se puso primero a falta de 20 minutos para terminarla. Liaño debió de ser el portero menos goleado de la historia de la liga en una temporada (digo yo que lo será, no me imagino a ningún equipo encajando menos de 18 goles en una temporada, ni siquiera a 34 partidos), y eso honra a Arsenio Iglesias y a su entramado defensivo, pero aquél año, pese a que el equipo de Cruyff y Reixach engrandeciera la layenda de lo que ahora es un grande de Europa, ganó el fútbol y los 91 goles del Barcelona, no fotem.

ETAPA POST-ARSENIO Y LEY BOSMAN

Lejos de venirse abajo tras aquél varapalo, el Dépor volvió a la carga la temporada siguiente. Ya con un solo rival al que temer tras el desplome del Barcelona, mantuvo el bloque añadiendo a algunos descartes de Barcelona y Real Madrid como Julio Salinas o Villarroya. Vuelve a quedar sub-campeón de liga, tras el Madrid, con una doble lesión de uno de sus jugadores más importantes, Mauro Silva, pero gana la Copa del Rey, el primer título real de la historia del equipo.

En la temporada 95-96 llega la liga de 42 partidos, Arsenio deja el cargo y, Toshack, con una plantilla muy similar a la de años anteriores, deja al Dépor 9º en liga, encajando el triple de goles que la temporada anterior y quedando a 26 puntos del Atlético de Madrid (ya de 3 en 3). Al año siguiente, Toshack aguanta 23 jornadas tras ser despedido y, aunque mejora sus promedios defensivos, el equipo está muy lejos del Real Madrid de Fabio Capello (le van a enseñar a defender a Capello). Aquél despido, el primero desde 1987, acaba con el Dépor en una razonable 3ª plaza, pero en el verano de 1997 el club decide convertirse en la ONU y aplicar con alegría la Ley Bosman. Con la marcha de Bebeto, debió ser que el club no encontró a ninguno tan bueno y decidió fichar 5-6 por posición para ir probando cuál valía y cuál no. De todos aquellos jugadores que llegaron en verano, a cuál más extraño, hay algunos con los que el equipo gallego cimentó lo que iba a ser la liga del año 2000: Songo’o, Naybet, Djalminha o Flavio. Omito a los Abreu, Manteca Martínez, Bassir, Madar o RUFAI por respeto a los deportivistas y al fútbol, en general. El equipo acaba la liga 12º, estando gran parte de la temporada en la zona baja de la tabla y, no me extraña, como para hacer encajar a todos aquellos jugadores. Esa temporada fue justo el año en el que la liga volvía a los 20 equipos y no se necesitaban plantillas tan amplias como la de aquél Dépor.

Yendo ya a lo importante, en 1998 llega Irureta y el equipo vuelve a tener cara y ojos. Acaba la temporada 6º, pero a sólo 5 puntos del 2º clasificado. Aquella plantilla tan extraña se fue perfilando poco a poco y, si bien prácticamente no había jugadores españoles (Fran, Romero, Ramis y Manuel Pablo, para de contar), no era algo muy diferente a lo que Barcelona y Real Madrid tenían por aquél entonces, con la salvedad de que los canteranos del Dépor no tenían el nivel de los Xavi, Raúl y compañía, y eso se iba a notar en años posteriores. Al final de aquella liga, no sé sinceramente si algún deportivista creía en lo que acabó pasando, con la posibilidad de Barça y Madrid de tener en plantilla a cualquier jugador europeo que quisiese, quedando a 15 puntos del campeón, con Rivaldo y Raúl como máximos artilleros. Yo, confieso que no. De hecho, es un equipo que tras la bonita lucha que había tenido con el Barcelona años atrás, empezaba a caerme mal por todos aquellos franceses, marroquís y jugadores random que tenía en su plantilla. Sin embargo, en el verano de 1999, como rectificar es de sabios, el equipo de Lendoiro hizo limpia de foráneos, se reforzó con jugadores nacionales y añadió a pocos extranjeros, pero los que llegaron encajaron perfectamente en el esquema del técnico guipuzcoano: Roy Makaay y Slavisa Jokanovic.

LLEGADA DE JAVIER IRURETA Y LIGA DEL 2000

CRONICA DIARIOAM5_zpsczfoxpljTras dos años de dominio holandés en Barcelona y con el Real Madrid más pendiente de competiciones europeas que de la propia competencia local, debido a la ampliación de 4 plazas para los puestos de Champions (algo que en 1997 aún no estaba implementado), el Dépor tenía una buena ocasión para volver a meter la cabeza en los puestos altos de la tabla. Aquella liga fue bastante extraña. Tras las 10 primeras jornadas el Rayo Vallecano de Juande Ramos era líder, poco después Dépor y Celta aventajaban en casi 10 puntos al Barcelona y en 14 a un Real Madrid que estaba a 1 punto de las posiciones de descenso (qué sensación). Se coronaron campeones de invierno por méritos propios, pero dio la sensación de que Numancia, Alavés y Rayo en posiciones altas, Atlético de Madrid (que acabaría bajando) coqueteando con el descenso y Barça-Madrid en tierra de nadie, hacían de aquella una liga apta para un tercer invitado.

Invitados o no, lo cierto es que el Deportivo se colocó líder en la jornada 13 y ya no se bajó de la primera plaza hasta conseguir el primer título liguero de su historia. De nuevo, la lucha acabó siendo con el Barcelona, que a falta de 10 jornadas se colocó a sólo 2 puntos del conjunto de Irureta, pero esta vez las meigas, o los fantasmas, o lo que demonios planease por Riazor en aquél partido contra el Valencia, se esfumaron cuando el equipo de Louis Van Gaal perdió en casa 0-3 ante el Mallorca de Fernando Vázquez primero, y 3-0 ante el Real Oviedo de Luís Aragonés después. Unas derrotas un tanto random, pero que ejemplificaba bastante bien la igualdad de aquella liga, en la que el campeón perdió 11 partidos, algo inimaginable en el año 2017. 8 puntos de 21 posibles para los azulgrana en un sprint final que, de nuevo, con mérito total para el Deportivo (recuerdo un 5-2 en Riazor increíble al Madrid), pero insisto en que los grandes deben de hacerlo realmente mal para que los no tan poderosos tengan alguna opción. El Madrid acabó 5º, despidió a Toshack y volvió a ganar la Champions con un entrenador fichado en Diciembre (hablaremos de esto en otra crónica, porque es digno de explayarnos).

¿Y luego qué? El Dépor acabó entre los 3 primeros durante 5 temporadas consecutivas, lo cual habla del tremendo éxito de confección de plantilla, entrenador y gestión del equipo (por entonces) del equipo coruñés. Los ingresos de Champions permitieron competir de forma más cercana con los grandes, hasta que la época Irureta expiró en 2005 y el Dépor nunca ha vuelto a quedar entre los 5 primeros clasificados (mala gestión económica de la directiva, ¿quizá? Digo, es lo que siempre suele pasar). Tras 3 años manteniendo a una plantilla ya cada vez menos competitiva entre los 10 primeros de la tabla, en el año 2011, tal como sucedió con el Atlético de Madrid, nuestro heroico campeón de liga de la mano de Lotina, acabó bajando a Segunda División (qué manera de palmar, qué manera de vencer, qué manera de vivir. Qué manera de subir y bajar de las nubes, ¡qué viva mi Atleti de Madrid!). Y el Dépor también.

 

VALENCIA CF 2001-2002 y 2003-2004

CLAUDIO RANIERI Y HÉCTOR CÚPER, EL PRELUDIO DE BENÍTEZ

A diferencia de los dos primeros proyectos de Deportivo y Atlético de Madrid, el Valencia antes de la temporada 2001-2002 ya llevaba años trabajando en un mismo sentido, con entrenadores diferentes, pero todos orientados a obtener la solidez defensiva. Era un equipo que siempre solía estar entre los 5 primeros puestos de la clasificación, con alguna temporada en mitad de tabla eventual, y que aprovechó bastante bien la Ley Bosman. También, como el Deportivo, el Valencia fichó muchos jugadores de todas partes (Saib, Morigi, Serban, Schwarz) pero en general eran fichajes más contrastados, normalmente apostando por la veteranía.

A la etapa de Guus Hiddink, coincidiendo en las temporadas del Dream Team, le siguieron unos años complicados, con los típicos cambios de entrenador a poco que las cosas no iban bien. Tras Luís Aragonés (que también está en todas partes) y Jorge Valdano, llegó el fútbol práctico de Claudio Ranieri en 1998, con el primer título ché desde la Recopa de 1979 de Alfredo Di Stefano en el banquillo y el Matador Kempes en la delantera. Personalmente, creo que tanto Ranieri como Cúper se encontraron equipazos en el Valencia. Plantillas amplias con muchos jugadores para utilizar y extranjeros de calidad, entre toda la morralla que trajo la Ley Bosman a España, y entre tanto cambio presidencial (que aún continúa, porque hace 25 años que un presidente no está más de 4 años seguidos en el Valencia).

Del paso de Valdano a Ranieri ya se empezó a ver cierta consistencia defensiva (98-99 Valencia fue campeón de Copa y Cañizares entre los 3 porteros menos goleados de la liga), y con la ampliación de las plazas Champions, el conjunto del Túria volvió a jugar 28 años después la máxima competición continental, tras una carambola en la última jornada que premió la buena temporada valencianista, cuando Celta y Deportivo perdieron sus partidos, colándose así el Valencia en la 4ª plaza. Llegó Héctor Cúper, tras un par de meritorias temporadas en Mallorca, con un concepto futbolístico similar, y la mejora defensiva (59, 52, 39 y 39 goles encajados en las 4 últimas temporadas) se hizo latente. Aquél año el Valencia acaba a 5 puntos del Deportivo, y hace de Mestalla un fortín en su retorno a la antigua Copa de Europa, haciendo grandes partidos ofensivos ante Lazio y Barcelona. El Real Madrid vuelve a ganar otra Champions con un entrenador contratado en Diciembre y, aunque la imagen del equipo valencianista no es demasiado buena en aquél partido, la semilla competitiva ya está sembrada, y sólo hacía falta culminar los momentos clave de la temporada, porque el Valencia ya estaba entre los grandes de Europa.

En la temporada 2000-2001, el Valencia vuelve a mejorar sus registros defensivos, pero acaba quedando fuera de las plazas de Champions en aquella recordada chilena de Rivaldo en el último minuto de la última jornada liguera. Quitarse la espina de la Champions de la temporada pasada, creo, se tomó como una prioridad y, de nuevo, por tercer año consecutivo, nadie consiguió ganar en Mestalla en competición europea. Cúper llegaba a una nueva final (cuarta para él en 4 años), y el resultado lo conocemos todos. Segunda final para el Valencia, segunda en la que iniciaba la competición desde la fase previa. En la temporada anterior los Bayern Münich – Valencia acabaron ambos 1-1, mismo resultado con el que acabó la final de Mián. Un Valencia mucho más curtido que el año anterior, ya sin algunos jugadores importantes que les llevaron entre los grandes (Gerard, Claudio López), pero con excelentes fichajes (Ayala, Baraja, Aimar) compitió hasta el límite para ver como la historia, esta vez, devolvía el favor a los alemanes, que dos años antes habían sufrido en el Camp Nou una de las derrotas europeas más trágicas que se recuerdan. Lo cual no quita que aún, a día de hoy, la Champions le siga debiendo una al Valencia, pero en parte, en los años siguientes, el destino y el buen trabajo global de la entidad, les daría alguna que otra alegría a los seguidores valencianistas.

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RAFA BENÍTEZ Y LA PERFECCIÓN DEFENSIVA PARTE1

Cuando una directiva hace las cosas bien, hace las cosas bien y no hay mucho más que hablar. A parte de confeccionar una plantilla competitiva por varias temporadas, el Valencia acertó siempre, en aquella época, en la contratación de los entrenadores que tuvo. Como mínimo, desde Valdano todos seguían un mismo estilo, y todos los años el Valencia jugaba de forma similar. La llegada de Rafa Benítez, que venía de entrenar al Extremadura y al Tenerife, sin experiencia en aquello en lo que el Valencia anhelaba competir, sembró dudas en una afición duramente golpeada tras las dos derrotas europeas y que, además, veía como no iba a tener ni la opción de participar en Champions, gracias a aquél gol de Rivaldo y a aquellos penales de Milán, ni iba a contar con uno de sus mejores jugadores (Mendieta) que, como Claudio López, ponía rumbo a Roma para jugar en la Lazio. En su lugar llegaban Rufete, Marchena, Salva, Curro Torres… creo que yo no era el único que pensaba que el Valencia había dejado escapar la ocasión de su historia para hacer algo grande.

En la jornada 13 el Valencia era el único equipo que no había perdido aún en liga, estaba en el grupo de cabeza con Deportivo y Barcelona, pero también estaba entre los 5 equipos menos goleadores de la competición. Aquél era un primer approach a lo que iba a ser la estancia de Benítez en el Valencia. La primera temporada, el máximo goleador del equipo (Rubén Baraja) acabó con 7 goles. Cañizares, Zamora aquél año (obviamente) sólo encajó 23. Pero hubo un punto de inflexión en aquella temporada: el partido contra el Espanyol. El Valencia encaraba el final de la primera vuelta en 8ª posición, era el 2º equipo menos goleador de la liga, no divertía, llevaba 5 jornadas sin ganar y Benítez ya era bastante criticado. Además, la liaba por primera vez como hizo años después en el Real Madrid en la Copa, y era eliminado en Novelda pese a ganar 0-1, por alinear a más extra-comunitarios de la cuenta. Eso no ayudó para nada.

En ese partido de Barcelona, el Valencia perdía 2-0 al descanso, y el equipo más feo de la liga hasta ese momento anotó 3 goles en 7 minutos. Fue como una liberación de unos jugadores encorsetados en un sistema rígido, que acabarían la primera vuelta con 3 victorias consecutivas y 8 goles anotados, la mitad de los que llevaban hasta la jornada 16. Con esos 9 puntos el Valencia ya estaba a tiro de piedra del liderato.

Una derrota en el Bernabéu y un doloroso 1-2 en casa ante el Valladolid echaban por tierra todo lo construido ofensivamente por el equipo antes de Navidades, y el Valencia volvía a estar fuera de los puestos europeos. Y, de la misma forma que un gol de Xavi Hernández salvo el culo a Van Gaal en Zorrilla, un gol de Mista en Las Palmas hizo despegar definitivamente a ese equipo, que sólo perdería 1 de los últimos 17 partidos de liga, ganando los 7 últimos partidos en Mestalla. Ni la eliminación en Cuartos de Final de la Copa de la Uefa ante el Inter (del cual se vengarían años después) hizo que la maquinaria diseñada por Benítez se viniera abajo. Aquella liga fue uno de los ejemplos más claros de cómo la solidez defensiva hizo que un equipo, con menos talento y menos presupuesto que Barcelona y Real Madrid, lograse un título liguero.

Aquella liga fue especialmente bonita hasta su parte final, porque en la jornada 26 únicamente separaban tres puntos al 1º del 7º y, realmente, cualquiera podía ser campeón, ya que esa solidez que tuvo el Valencia, hasta ese momento, también la había tenido el Barcelona de Charly Rexach(23 goles encajados) y el Betis de Juande Ramos (22). Y entre competiciones europeas y puntos de aquí y de allá se fueron eliminando unos a otros: el Barcelona, que a 7 jornadas del final estaba a sólo 2 partidos de la zona de descenso, cayó en Mestalla y posteriormente en el Benito Villamarín, para acabar apostando todas sus opciones a la Champions, donde volvía a ser eliminado por un equipo español. El Betis que ganó al Barcelona, sólo consiguió vencer en 2 de los últimos 9 encuentros en la recta final de liga. El Deportivo sucumbió en Mestalla y se vio afectado por tener que compatibilizar la liga con la máxima competición continental y, el Real Madrid de Del Bosque, sólo ganó 1 de los últimos 5 partidos ligueros, aunque acabó volviendo a ganar la Champions, como todos recordamos. Finalmente, al que parecía que no se iba a comer los turrones en Mestalla, el tiempo y el trabajo le acabaron dando la razón. El Valencia era campeón de liga 31 años después.

RAFA BENÍTEZ Y LA PERFECCIÓN DEFENSIVA PARTE 2

En la temporada 2002-2003 el bloque se mantiene para hacer frente a las 3 competiciones. Mismos hombres, misma idea futbolística, y a esperar a que los grandes fallen. Ese año los grandes no fallaron, el Valencia no pudo aguantar el mismo nivel defensivo del año anterior, y pese a que acabó con unos registros aceptables, quedó a 18 puntos del Real Madrid. Esta vez el anti-fútbol no había funcionado. El máximo goleador valencianista acabó con 8 tantos (gran mejora respecto a los 7 de la temporada anterior) y el campeón ganó 4 partidos ligueros de los últimos 16. Fue eliminado por el Alicante en Copa, y por el Inter (again) en Cuartos de Final de la Champions. Un año de margen quizá era lo correcto para el entrenador que había conseguido volver a campeonar en la mejor liga del mundo, pero la exigencia en Mestalla es máxima: otro mal año y Benítez sería carne de cañón.

La limpia en el año 2003-2004 fue importante, y las altas más que cuestionables: un francés de 18 años llamado Sissoko, Jorge López y un tal Ricardo Oliveira, tenían que suplir a los Kily González, Reveillere, Carew, Salva y compañía. La que parecía una plantilla de menor nivel para poder competir en 3 torneos, comenzó con las mismas buenas sensaciones que el año del campeonato, encajando 1 gol en las 7 primeras jornadas. Cuando Jorge Sampaoli dijo en una entrevista aquello de “si tiene dos piernas, vale para mi equipo” dejó a las claras lo que algunos entrenadores priorizan: actitud por delante de aptitud. Obviamente, a aquél Valencia no le faltaba calidad, de hecho el balance goleador en esas primeras jornadas (y lo veremos a final de temporada) era bastante superior a los años anteriores, pero el perfil de jugador que Benítez necesitó para construir todo aquello, justificó el tipo de fichajes que se realizaron aquél verano.

La Copa de la Uefa, que parecía un premio menor después de haber llegado a 2 finales europeas hacía menos de 3 años, acabó siendo una competición en la que el Valencia mostró, tal como hizo en liga, las virtudes de su estilo. Ganó 10 de los 13 encuentros de aquél año, valiéndose de Mestalla para hacerse fuertes en los momentos difíciles, como en la eliminatoria ante el Glençerbirligi (1-0 en Turquía y 2-0 en la prórroga en casa) o en semifinales ante el Villarreal (0-0 en la ida y 1-0 de penalty en la vuelta, con toda la esencia de Benítez). Aquella temporada, la del doblete, Rafa Benítez despertaría el interés de grandes equipos europeos venciendo 2-0 en la final al Marseille, liberando a los valencianistas, en parte, de aquellas dolorosas derrotas europeas de años anteriores.

En liga el Valencia realizó grandes números de principio a fin. Perdió sólo 2 partidos en la primera vuelta, y más allá del típico bache que todo campeón suele pasar en Febrero, fue constante durante toda la competición. Pero las ligas ganadas por el Valencia, tanto que hablo de las “facilidades” que dan los grandes en este tipo de ocasiones, son ligas ganadas a pulso al Real Madrid. En el año anterior los de Del Bosque cedieron en el tramo final de temporada, pero en esta 2003-2004, el conjunto madridista dominaba la liga con varios puntos de ventaja respecto al Valencia; el Deportivo quedó fuera de combate demasiado pronto y, el Barcelona, con los cambios tácticos de Rijkaard en Navidades, reaccionó demasiado tarde. Los 42 puntos sumados de 48 posibles entre las jornadas 20ª y 35ª, no sirvieron para ganar la liga, pero fueron el germen de lo que en años posteriores serían años de buen juego y dominio barcelonista.

Pero el Madrid aguantó hasta el final, y más allá de esa recordada derrota 1-2 en el Bernabéu con gol de Xavi, que simbolizó el final de los Galácticos y el inicio de la era Ronaldinho, no tuvo especiales errores en esa liga, pero los que tuvo los pagó muy caros. El 0-3 de Osasuna en la jornada 32 fue el principio del fin de aquella generación de jugadores, que aquella misma temporada, de la mano del “excelente” Manuel Queiroz, perderían la final de Copa ante el Zaragoza y quedarían apeados de la Champions ante el Mónaco de Ludovic Giuly y Fernando Morientes. Aquél Real Madrid acabaría perdiendo 9 de los últimos 13 partidos en todas las competiciones, mientras que el Valencia estuvo invicto en los últimos 15 encuentros competitivos que tuvo en aquella temporada. Broche de oro, UEFA y segunda liga en 3 años, con Mista como máximo goleador del equipo con 19 goles (finalmente), Cañizares fue Zamora con 21 (casi en los números de Liaño unos años antes) y la demostración, one more time, de que para combatir a los grandes, hay que empezar a construir los equipos desde atrás. No había redes sociales tal y como las conocemos ahora, pero en aquella época Benítez hizo trending topic al doble pivote de Albelda y Baraja, y en adelante muchos equipos le copiaron para acabar estableciendo el ahora tan habitual 4-2-3-1.

¿Qué pasó después con el Valencia? Marcha de Benítez al Liverpool, crisis, mala gestión interna, venta de estrellas emergentes y, si bien no ha tenido el devenir de Dépor y Atlético, las temporadas ligueras del Valencia post-Benítez evidencian la necesidad de una estabilidad y re-estructuración interna, asumiendo la realidad del equipo y de la competición. El Valencia NO ha competido mal estos años (3º en 2006, 4º en 2007, 3º en 2010, 2011 y 2012) pero lo más cerca que ha estado ha sido a 25 puntos del líder, en esta dualidad de la que hablamos en la que Barça y Madrid no bajan nunca de 90 puntos desde la llegada de Guardiola y la eclosión de Messi y Ronaldo en la liga.

 

EL CHOLISMO 2013-2014

EL DESCENSO QUE SENTÓ LAS BASES

La realidad actual de la liga es que el Atlético de Madrid ha sido el único equipo capaz de competir de tú a tú con Barcelona y Real Madrid. El único que ha conseguido superar el umbral de los 80 puntos en liga, algo muchas veces insuficiente para optar a ser siquiera 2ºs. Y como en algunos de los casos que nos ocupan, este proceso hasta ser campeones viene dado por una evolución tanto a nivel de plantilla como, sobre todo, a nivel de estilo de juego (idea de juego y trabajo táctico bajo esa idea inicial). Si el primer título del Atlético en 1996 fue maravilloso, la liga de 2014 fue un homenaje a los Antic, Pantic, Caminero, Molina y Simeone (que se hizo un homenaje a sí mismo, porque no hay nadie más chulo que el Cholo).

De aquél equipo bi-campeón en 1996, los únicos que quedaban eran Molina, Santi y Kiko. Y Antic, que intentó arreglar en las últimas jornadas lo que Ranieri había destrozado, acabó quedando como el técnico del descenso, también. Descenso sorprendente, pero que acabó uniendo más si cabe a equipo y afición, que llenaba jornada tras jornada el Calderón con 52.000 personas en Segunda División. Tras un año insuficiente, tenía que ser Luís Aragonés el que devolviera al equipo a Primera a la segunda. Aquél año del retorno a Primera, se produjo el relevo generacional de Kiko por un adolescente Fernando Torres en la delantera rojiblanca.

Tras el ascenso, un par de temporadas para estabilizarse en Primera División y volver a conjuntar una plantilla competitiva llena de sudamericanos, a la que volvió el mismo Simeone en 2004. Los colchoneros se volvían a encontrarse en el mismo lugar indefinido que siempre, vagando por la mitad de la tabla, y yo que soy de valorar mucho la mano de los entrenadores, creo que más allá de tener mejores o peores hombres, lo que le faltaba a aquella entidad en aquellas circunstancias era una personalidad. Gregorio Manzano, César Ferrando, Bianchi o Javier Aguirre fueron algunos de los entrenadores en aquella época. El mexicano es, quizá, lo más parecido que ha tenido el Atlético en cuanto a carácter y estilo de presión al defender, y las mejoras respecto a otros años fueron notables, llegando a posiciones Champions en 2008.

QUIQUE SÁNCHEZ FLORES Y DIEGO SIMEONE

Pero, faltaba algo más. El Atlético tenía plantillas decentes, siempre buenas delanteras a las que, quizá, les faltaba algo de continuidad, y ese “algo” se lo acabó dando Quique Flores en 2010. Clasificatoriamente fue un desastre, pero teniendo en cuenta que cogió el equipo en descenso en la jornada 10 y que acabó dejándolo en mitad de tabla y ganando la Europa League de aquél año, creo que el entrenador madrileño, que venía de ganar una Copa del Rey con el Valencia la temporada anterior, le volvió a dar al Atlético esa confianza de que podían ser ganadores.

Pese a este punto de inflexión, el primer título tras el descenso, el Atlético seguía estando lejos de los puestos Champions. En la temporada 2010-2011 el equipo es eliminado en fase de grupos de la Europa League, acaba 7º en liga y el efecto Quique pierde fuerza. Vuelve Gregorio Manzano, el Atlético transita por mitad de tabla y, en un giro del destino, el entrenador que debía haber sido contratado por Universidad de Chile tras su paso por Argentina, Diego Simeone, ve como es Jorge Sampaoli el elegido para el cargo (no tenían muy claro del todo en Chile el estilo de fútbol que querían jugar, parece) y Simeone acaba fichando por Racing de Avellaneda. Sale sub-campeón de la Apertura 2011 y en Diciembre renuncia para acudir al rescate del Atlético de Madrid. Comento lo del giro del destino, porque no sé si teniendo un proyecto más duradero en Chile (posibilidad de ser campeón en competiciones intercontinentales) el Atlético hubiera podido ficharle tan fácilmente en aquél preciso momento.

Aquél equipo que estaba en mitad de tabla, acaba 5º a 50 puntos del campeón, pero Simeone empieza a sentar las bases de lo que quería que fuera competitivamente su equipo, y gana los 9 partidos de Europa League que juega para volver a hacer campeón al Atlético de Madrid en una final en la que Falcao fulmina al Athletic de Bielsa. Al año siguiente se consolidan en zona Champions, y aún no se sabe muy bien cómo, ganan la final de la Copa del Rey al Real Madrid, sin perder, de nuevo, un solo partido en la competición. Aún el equipo de Simeone estaba lejos de poder luchar por la liga pero, simbólicamente, al ganar esos 3 títulos en 2 años, el nuevo Atlético estaba lanzando un mensaje a los grandes equipos de la liga.

LA LIGA DEL CHOLO, 17 AÑOS DESPUÉS

La liga de 2014 hay que entenderla desde el punto de vista de que el Barcelona venía de 4 años muy intensos con Guardiola, de la muerte de Tito Vilanova, y el Real Madrid venía de otra época agotadora con José Mourinho. Ambos equipos cambiaron de técnico, y la única opción continuista era la del Atlético de Madrid. Pese a lo que pudiera parecer con nuevos entrenadores, los 3 equipos comenzaron la liga de forma arrolladora, ganando prácticamente todos los partidos, encajando muy pocos goles y con el pensamiento generalizado de que la lucha seguía siendo Barça-Madrid y que “el Atlético ya pinchará”. Pero Simeone tenía otros planes, especialmente en los enfrentamientos directos: en los 5 enfrentamientos contra el Barcelona de aquél año, los 5 acabaron con empate, y resulta evidente pensar de que barrió tácticamente a Gerardo Martino. Y esos partidos fueron determinantes a lo largo de la temporada para la consecución del título liguero y para llegar a la final de la Liga de Campeones.

Como sucediera en 1996, los balones parados, las victorias por la mínima fuera de casa, la consistencia defensiva y la pizca de suerte que un campeón siempre debe de tener (compitió contra el peor Barcelona de los últimos 10 años y contra un Real Madrid obsesionado por la Décima), fueron esenciales para la conquista atlética. Los de Simeone volvieron a ganar el 50% de los partidos fuera de casa con la puerta a 0, acabaron siendo el equipo menos goleado de la liga aunque, en esta ocasión, la explosión de un ex del Albacete (veis que es importante el Albacete en la historia del Atlético), Diego Costa, sirvió para sacar de forma más eficiente muchos de los partidos. El Atlético tuvo que irse hasta los 90 puntos para poder ser campeones, en una liga que pese a todos los condicionantes, estuvo con los 3 equipos en 3 puntos hasta 5 jornadas del final, y con Atlético y Real Madrid vivos en las 3 competiciones durante gran parte de la temporada.

Los fantasmas de Tenerife y de Riazor volvían a sobrevolar la liga, cuando el Atlético se dejó 5 puntos entre las jornadas 36 y 37. Todos los que somos conocedores del estilo de juego del Barcelona desde el cambio en la era Cruyff sabíamos para quién iba a ser esa liga. Obviamente, resulta absurdo estar tan seguros de algo cuando en la última jornada se jugaba el Barcelona – Atlético que lo decidía todo. Más si cabe cuando en los primeros 10 minutos Diego Costa se rompía y cuando antes del final de la primera mitad Alexis adelantaba al Barcelona. Pero es que se trata del juego. Si el Barcelona no juega bien (dentro de unos límites), no gana. Simple y llanamente. Los precedentes tampoco ayudaban, pues el Atlético había empatado los 4 partidos anteriores al Barcelona. Tata Martino se iba a ir a final de temporada, y pese a haber sido eliminado por el Cholo de Cuartos de Champions, optaba a levantar 2 títulos, aún. Pero no, aquél año el Barcelona no estaba.

Godín empató a balón parado en la segunda mitad, y tal como pasa en la mayoría de las eliminaciones del Barcelona, sus propios aficionados saben cuándo el partido acabará tal y como está. Aunque faltaran 40 minutos de partido. Y así fue, el Atlético sobrevivió a 3 competiciones, a las lesiones, a Barcelona, a Real Madrid y, aunque luego fue vencido de forma cruel en la final de Lisboa por su rival de ciudad, el mérito que tiene el impacto de Simeone en este equipo, el cambio de mentalidad, el gen ganador en el cual Quique ya puso la primera piedra, es una evidencia. Es cierto que a veces este gen se entremezcla con el gen trágico que lleva consigo el Atlético históricamente, pero yo creo que el balance en todos estos años es más que positivo.

No es necesario el apartado, “¿qué fue del Atlético de Madrid?” ya que a día de hoy sigue luchando con sus armas en las 3 competiciones. Será difícil ver una liga como la de 2014, pero se trata de estar ahí, trabajar, hacer un buen trabajo de confección de plantilla, ser competitivos en los cara a cara y esperar a que los que tienen más dinero que tú fallen en algún punto de la temporada. Pese a todo el respeto por el Cholo, lanzo una reflexión: Si se elimina de Champions esta semana ¿ha acabado la etapa de Simeone en el Atlético de Madrid? Es muy difícil ir al límite tácticamente con el mismo entrenador durante varias temporadas. Pasa con Mourinho, pasó con Guardiola, y quizá esté pasando con Simeone, tras 6 años en el equipo. Los jugadores necesitan algún año de liberación para volver a cargar pilas y competir al máximo. Quizá el Atlético esté en ese momento.

Atlético de Madrid, Valencia y Deportivo de la Coruña. Muchos años a la sombra de los grandes, especialmente el equipo coruñés, pero se ha demostrado como incluso en esta liga bipolar, tres nunca son multitud. Se hablaba a mediados de este año de que si el Sevilla, el mismo que estuvo compitiendo hasta el final en la liga de 2006, podía optar al título. Yo siempre lo tuve claro: NO. Es IMPOSIBLE plantarle cara a Barcelona y Real Madrid sin un entramado defensivo sólido. Y soy seguidor del estilo bielsista de Sampaoli, pero así no es posible ganar a los grandes a 38 partidos. Radomir Antic, Arsenio Iglesias, Rafa Benítez y Diego Simeone tienen la respuesta en Molina, Songo’o, Cañizares, Courtois y sus respectivas líneas defensivas. A los grandes sólo se les puede ganar corriendo más que ellos.

Una vez más, desde aquí mi homenaje a estos heroicos equipos que consiguieron romper con la monotonía de “la mejor liga del mundo”.

 

 

Luca Garzeli.

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