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Gama de grises – Crónica Diario AM 16/04/2017

Gama de grises – Crónica Diario AM 16/04/2017
Ella

 

Querid@s Damistas:

Hace muchos, muchos años estaba yo cenando con una pareja (a decir verdad, ninguno de los dos me caía especialmente bien, y dudo que lleguen a leer estas líneas ni que se den cuenta que me refiero a ellos). El caso es que yo estaba allí por compromiso, de acompañante, y así había acabado yo en casa de unos que no me caían especialmente bien y a quien yo no les caía especialmente bien tampoco. 

Una cosa llevó a la otra y hablando de yo qué sé qué él dijo algo. Yo aproveché el comentario para decir que “Fulanita había dicho/pensaba tal otra cosa”, a lo que él contestó enigmáticamente “la vida es una extensa gama de grises”. Lo que yo no sabía en ese momento (pero me lo contaron poco después) es que la tal Fulanita no le caía bien a él, y el hecho de mencionar una opinión de ella había causado cierta molestia. 

A esa pareja hace lustros que ni la veo (alabado sea el Señor), y Fulanita y yo seguimos siendo amigas, qué cosas. 

El caso es que en aquel entonces yo era muy jovencita (ahora soy simplemente “jovencita”, eh), y era la primera vez que una persona me planteaba seriamente la idea de que la vida no es blanca ni negra. Acompáñenme por favor.

 blanco o negro

La facilidad

Vivimos en un mundo de contrastes. Nos indignamos como posesos porque la pelotita no entró mientras una cantidad deleznable de cargos públicos roban. Decimos que hay que cuidar el planeta mientras tiramos papeles por el suelo o cogemos el coche en vez del transporte público o de ir andando. Somos amigos pero en cuanto las cosas van mal dadas no queremos que la infelicidad del otro nos salpique. Pronunciamos “te quiero” todos los días pero no respetamos a los seres… ¿queridos? Y así hay un montón de cosas. 

Vivir en un mundo de blancos y negros puede ser más fácil que vivir en un mundo gris. Tú eres bueno y tú eres malo: fácil. Tú me gustas y tú no: fácil. A ti te quiero y a ti te odio: fácil. Si ante preguntas difíciles se nos ofrecen sólo dos opciones, A y B, se facilita (y mucho) la respuesta.

Les confesaré algo de mí (y son tantos años ya confesando cosas aquí que pocos secretos me quedan ya…). Yo soy muy de “blanco o negro”, en un sentido bastante extremo: o una persona es buena o no lo es. Me cuesta mucho, un mundo, aceptar que una persona pueda ser buena y hacer cosas malas a propósito. Me cuesta tanto, tanto, tanto que nunca me lo he creído: o eres bueno o no lo eres, pero el bueno que miente de vez en cuando para mí no es bueno. 

Justo ayer lo pensaba, al hilo de un tema personal que alguien me comentó el otro día: me hablaban de una persona, me decían que era buena persona peeeroooo que había mentido (a propósito, no hablamos de mentir por desconocimiento). Y yo me decía: a ver, una persona genuinamente sincera no miente, porque si mientes una vez pues ya no eres 100% sincero, y lo de ser 90% sincero no puedo reconciliarlo con mi manera de pensar. ¿Cómo saber si cuando te está hablando está dentro del 90% sincero o del 10% mentiroso? ¿Cómo? Desde el momento en que se instala la duda se instala la desconfianza, y la sinceridad acaba yéndose por el retrete rapidito… 

blanco o negro2

Por eso, y porque tengo un padre genuinamente buena persona que me ha dado el mejor de los ejemplos, pienso que hay pocas personas genuinamente buenas personas. Ojo, no se me pongan de todos los colores: cuando digo “buena persona” no me refiero a alguien perfecto, ya que errores los cometemos todos. Hay personas que son buena gente y que cometen errores. Todos hemos sido testimonios de injusticias y nos hemos callado: todos. Podemos ser buenas personas y ser débiles, imperfectos… Ahí cada uno pondrá la línea donde quiera, en mi caso se me hace difícil perdonar la mentira por ejemplo.

(Se estarán preguntado qué tiene que ver todo esto con el deporte, pero no desesperen, llegaremos a ello)

Por eso, en mi caso, yo soy muy de “blanco o negro” para “buena o mala persona”: o eres bueno o eres malo, pero no hay “gris” para mí (y sí, claro que hay niveles dentro de los “malos”). Puedo entender que haya personas que no compartan esta visión de la vida, y si es así estaré encantada de debatir en los comentarios, como siempre.

Hecha esta aclaración, tenemos la famosa “extensa gama de grises”.

 

La dificultad

Es difícil moverse en la extensa gama de grises. Te cuentan que una persona ha hecho tal cosa, sin contexto ni nada. Te indignas: ¡cómo ha podido hacer “tal cosa”! Al cabo de un tiempo te enteras de más detalles de esa persona, y resulta que lo que te contaron no era del todo cierto (y ya saben lo que pienso: si no es 100% verdad es… mentira). O lo que te contaron era cierto pero sin el contexto adecuado la visión de la cosa cambia. ¿Quieren un ejemplo para entenderlo mejor? Es que me encanta dar ejemplos cuando explico cosas… 

blanco o negro 3

Imaginen que van a una residencia geriátrica. Hay un señor mayor y enfermo que siempre está solo, nadie le viene a visitar: ni familia ni amigos. El señor necesita que le ayuden con todo, el personal de la residencia no puede sustituir a la familia, pero sobre todo el señor, como cualquiera que se acerca al momento de la muerte, necesita cariño y apoyo. Pero nadie va a verle.

Sí, es muy triste.

Ahora bien, ¿qué pasa si les cuento que ese señor fue toda su vida muy mala persona? ¿Qué pasa si les digo que no se portó bien con los pocos amigos que tuvo? ¿Y si les digo que nunca quiso a su familia, que les hizo un montón de porquerías?

Sí, el señor está mayor y enfermo, está solo y da mucha pena verlo allí en un rincón, sin nada ni nadie. Sin embargo, con contexto uno puede pensar: aquellos polvos trajeron estos lodos. Si tú no te portaste bien con los que te rodeaban no puedes esperar que quede gente que quiera cuidarte cuando lo necesites. Sí, el señor puede dar mucha pena, pero en mi caso un poco menos, o dependiendo de su pasado nada de nada… ¿Qué piensan ustedes? (y sé que hay mucha gente que piensa que, igualmente, habría que ir a cuidar al señor, por muy malo que hubiese sido en el pasado) 

Hacerse adulto significa muchas cosas, y una de ellas es que ya no es tan fácil juzgar, y de hecho a veces es mejor casi ni juzgar, si no conoces todos los detalles (y cuando los conoces se te pasan las ganas). Existe aquel proverbio indio (indio de los indios norteamericanos): para juzgar a una persona camina una luna con sus mocasines. Últimamente me han contado muchos conflictos personales y lo curioso es que, si empiezas a escarbar, las cosas cambian mucho: ¿y por qué dijo/hizo eso? ¿Y que pasó antes y después? ¿Y la otra persona que ha hecho? ¿Y…? Y rara vez las cosas acaban como empezaron.

 

¿Y el deporte en todo esto?

Ahora sí se lo digo. El deporte no tiene mucho de “extensa gama de grises”, excepto deportes de índole artística como la gimnasia rítmica o deportiva o la natación sincronizada. La mayoría de deportes son blanco y negro: o la pelota entra o no entra. Piensen en el fútbol, el básquet, el baloncesto, el tenis, el rugby, el golf, el balonmano, el hockey, el waterpolo… La pelota entra o no entra, punto.

Sin embargo los ciclos pueden ser grises, muy muy grises, hasta que no pasan varios años.

Hace dos meses ya vimos al Barça perder 4-0 contra el PSG en la Champions (y la menda lerenda lo vio en directo en el Parc des Princes, como ya les conté). En aquella época oí y leí mucho lo de “cambio de ciclo”. Muy bien, avancemos tres semanas.

El Barça remonta ese infame 4-0 y todo el mundo vuelve a la cueva. Avancemos un mes. 

El Barça pierde contra la Juve 3-0 en Champions. Apagando la tele francesa oigo: “estamos ante un cambio de ciclo”. ¿Perdón? ¿Ya estamos con las mismas? 

lápices

 

Hablo del Barça porque es un excelente ejemplo de los blancos y negros. Este Barça, que lleva casi diez años ganando trofeos a pares, se encuentra que cada vez que sufre una derrota salen todos de la cueva a hablar de “fin de ciclo”. Y ahí quería llegar yo hoy: los periodistas viven y retozan en el blanco y el negro, ya sean periodistillas deportivos o de otros temas.

Al Barça hace años que lo quieren enterrar una cantidad ingente e indecente de periodistas, sean del color que sean. De la misma manera que la prensa política vende (y mucho) en Europa un “Trump malo, Obama bueno” (que no digo que sea verdad o mentira, eso es harina de otro costal), la prensa deportiva vende mucho lo de “tal el mejor y el resto los peores”. En cierta manera es normal, el deporte está hecho de podios, de pelotitas que entraron o no, de medallas proclamando “tú eres el/la mejor”, “tú eres el/la segundo/a mejor”, etc… Son respuestas binarias ante la pregunta de quién ha ganado. 

Vivimos en ese mundo de blanco y negro desde tiempos ancestrales. Uno no se interesa por una carrera para preguntar ¿quién quedó penúltimo? No, siempre preguntamos lo mismo: ¿y quién ganó? Y eso vende, y vende mucho. 

Por eso me hace gracia recordar que hace años que oí por primera vez lo de “fin de ciclo” del Barça, un fin de ciclo que está en preestreno desde que Guardiola dijo que lo dejaba y se iba a otro sitio donde no le molestasen (yo hubiese hecho lo mismo, por cierto). Desde entonces están todos los periodistillas esperando en ser los primeros que anuncian, de verdad de la buena, el fin de ciclo del Barça.

Y ojo, que esta vez es el Barça, pero pasaría con cualquier equipo, no nos engañemos. Los periodistillas dicen que sienten unos colores hasta que les ponen un plato de comer mejor delante, y entonces los colores se van por el retrete rapidito también…

La infame clase periodística (los que son infames, no los que son decentes) vendería a su propia abuela con tal de poder decir “yo anuncié el fin de ciclo el primero”, porque es lo que vende: la sangre y la destrucción. Es el mismo mecanismo que utilizan para anunciar tres veces al año la llegada “del nuevo Zidane” (es curioso que no he leído nunca lo de “el nuevo Messi”, ¿por qué será?). Fuiste el primero que anunciaste la existencia del nuevo fenómeno, y así se quedan por el camino un montón de jugadores: o eres un fenómeno (color blanco), o no vamos a hablar de ti (color negro). Y luego resulta que los fenómenos no lo son tanto y que además sale uno que ni sabías que existía que es una maravilla.

Canales

Pero la sangre vende. Anunciar un fin de ciclo vende. La veracidad de la información poco importa, porque el objetivo no es decir la verdad: es vender. Y ahí reside todo el cinismo del sistema, de la misma manera que muchas veces el objetivo de los médicos no es curarte sino un rendimiento económico (ingreso o no ingreso, operación o no operación, tal medicamento o tal otro, cesárea o paciencia…).

 

¿Hay solución?

Para las cuestiones de la vida evocadas más arriba se pueden hacer algunas cosas. Dicho rápido y mal hay que utilizar el cerebro, no dejarse engañar y llevar una vida lo más honrada posible. Pero éste no es el sitio para hablar de ello.

Para las cuestiones deportivas existe una solución muy clara: el tiempo, ese gran enemigo de los periodistas.

¿Quieres publicar que el chaval o la chavala es un verdadero fenómeno? Espera y observa.

¿Quieres publicar que tal jugador ha fichado por tal equipo? Espera y confirma más allá de toda duda.

¿Quieres publicar el fin de ciclo de Barça? Espera, pero espera mucho, porque las estadísticas en los deportes se han de sacar de ciclos de cinco años como mínimo, y si no que se lo digan a Federer, que ya lo habíamos enterrado todos y volvió para quitarnos el hipo en el Open de Australia el pasado enero…

O si no te apetece esperar sigue diciendo tonterías por esa boquita. Total, mientras haya memos que te lean tendrás un sueldo a fin de mes.

Como decía al principio, lo tenemos muy mal montado todo esto.

 

Postes 


Fundido y negro
 

Creo que ya les hablé de una estupendísima película irlandesa que salió el año pasado, “Sing Street”. Si no la han visto les doy mi pésame más sincero, porque es una maravilla. Creo que nunca les había puesto un video de la película o sea que aquí va. 

¡Feliz Domingo de Pascua y hasta la semana que viene!

 

Ella / Diario AM

Twitter: @EllaDiarioAM

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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