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Antes de la tormenta – Crónica Diario AM 09/04/2017

Antes de la tormenta – Crónica Diario AM 09/04/2017
Gimme

Cuenta un axioma histórico – que puede que me acabe de inventar para sobreponerme a lo que el primer domingo de vacaciones desde el año pasado supone – que cuando un imperio alcanza su máximo esplendor, su punto álgido, comienza por definición su decadencia. Lo ocurrido ayer en la jornada 31 de la Liga BBVA (aún no finalizada a falta de que Kaltakian nos destroce del todo en Futmondo esta jornada) da pie a ciertas reflexiones de índole deportiva y personal.

Es, o debería ser, año de transición en el Real Madrid. Es destacable ya que no se han oído demasiadas reflexiones al respecto, y sin embargo es un tema crucial para cualquier estrategia deportiva a largo plazo. Varios puestos clave en todas las líneas del equipo se encuentran en lo que idealmente debería ser época de transición. La elección de hasta nueve no habituales en el once inicial del miércoles pasado no es solo un esquema de rotaciones,  también formaba parte de la entrevista de trabajo más larga del mundo. Y nada representa mejor el trance de la actual campaña que los números, actitudes y rendimiento del que precisamente más solía brillar bajo su sol: Cristiano Ronaldo.

El luso representa y es cómplice en gran medida de la tesitura actual del Real Madrid la presente temporada: se compite, pero no se resuelve. Irónicamente, la ecuación contraria es la que solía atribuírsele al equipo madrileño las temporadas pasadas, independientemente de que ganara de cinco o perdiera de dos. La a estas alturas más que providencial cabeza de Sergio Ramos no puede ser la excusa recurrente para disimular un hecho que la estadística sí refleja, la de que este año los goles son menos y más repartidos que nunca. Porque tras cerca de diez años de Ronaldo, cuesta encontrar alternativas con él en el campo. Si bien no hablamos de una dependencia absoluta ni mucho menos, sí podemos mirar al juego generado en área contraria ahora y hace unos años. Pese a que la dicotomía no se cumple al dedillo, la impresión generalizada es que mientras que al Real Madrid no le funciona el tridente como suma de factores (fantasmal Bale, ausente Benzema y limitado CR), al Barcelona es lo único que le funciona con consistencia, mientras que en el resto de las líneas la situación parece invertirse por momentos. Pero en cierta medida, ese aparente caos táctico que a veces es el Barcelona es el resultado de una política de fichajes que responde al mismo precipicio generacional al que se enfrenta ahora el equipo blanco, y los desajustes sirven tanto para determinar errores como para confirmar aciertos (o quizá sea el único en pensar que esta temporada sea de enorme trascendencia para Sergi Roberto y el modelo  a largo plazo que representa).

Mientras tanto, el Atlético sigue a lo suyo, dentro de su camino de agotamiento táctico y soluciones invalidadas a lo largo de la temporada. El derbi de ayer fue uno de trincheras, con perros viejos a los mandos sin intención alguna de jugar más allá de lo que sus respectivos análisis de riesgos les recomendaban, y con todo, se produjeron varios de los más temidos errores, incluyendo ambos goles. Una esterilidad calculada que quizá con Isco y Gameiro se hubiera asomado más a un partido vistoso en lugar de solo brillante desde alguna pizarra y un ramo de momentos puntuales. La ventaja del Atlético ante cualquier rival, en todo caso, es la de saberse experto en al menos una idea clara.

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Mientras tanto, el eterno rival sigue con voluntad en el alambre. Encomendados a sus tres figuras hasta la muerte por empuje, parece que el campo propio les sobrara y solo existieran los cuarenta últimos metros. Es una urgencia que algunos manejan a las mil maravillas (véase Suárez y su temporada, que en muchos aspectos parece dispuesta a superar la anterior) y otros afrontan con la resignación propia de quien se ve obligado a montar un reloj suizo con una radial. Con todo, un equipo demasiado consciente de sus desequilibrios y que no parece proclive a plantear soluciones antes de final de temporada, con un entrenador con fecha de caducidad y cuyas soluciones pareciera que se hubieran grabado en piedra a principios de la campaña. Algún cenizo, contra toda lógica, no verá clara ni la Copa del Rey.

Así es como nos encontramos en este sabrosísimo mes de abril de competición: con las dudas y el alambre. Un mes definitivo no solo a nivel de competición real, pero para algunos también a nivel psicológico. Como se viene augurando cada cierto tiempo, y sin más dilación que la victoria o la redención, mejor ir avisando: rodarán cabezas.

 

Gimme/Diario AM

 

PD. Disculpad la tardanza y la breve inspiración, ya que este es un tema más debatible que argumentable. ¿Compensación? Estoy a vuestra entera disposición, con música incluída:

 

 

 

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"When the seagulls follow the trawler, it is because they think that sardines will be thrown into the sea"

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