Aportación Propia

Nada puede salir mal – Crónica Diario AM 2/12/16

Nada puede salir mal – Crónica Diario AM 2/12/16
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Como empiezan todas las cosas buenas, yo quiero comenzar este relato pidiendo disculpas. La semana pasada no pude acudir a mi cita habitual de todos los viernes con vosotros; y, a pesar del poco tiempo que llevo por estos lares, incluso lo noté.

 

No pude acudir a nuestra cita porque los piececitos de mi mujer y los míos se encontraban volando hacia Alemania. Como os comenté semanas atrás, le habían ofrecido un puesto de trabajo en el país germano en el que poder ejercer la carrera universitaria que había estudiado y desempeñar todos los conocimientos que con tanto esfuerzo y sacrificio había adquirido. Ya ves, en un momento, se para el tiempo, se congela el destino, y, en un segundo, tienes que decidir si apostar por tu porvenir laboral lejos de lo que algunos llaman patria y raíces, o rechazar la que probablemente sea la oportunidad de tu vida para quedarte junto a tu familia, tus amigos, tus costumbres y tu maravilloso río Guadalquivir. Y, como si de un juego se tratase, asumir todas las consecuencias que- sea cual fuere la opción que eligieses- acarreará el poder haberte equivocado hasta ahora, para siempre, todavía.

 

Por suerte, mi persona favorita del mundo, se atrevió a echarle cojones y luchar un poquito más en esta espléndida tierra llena de historia y cada vez- parece- más vacía de futuro, y demostrar con sangre, sudor y lágrimas, que allí donde no hay oportunidades, es el mejor lugar para reivindicar que nadie puede superarte. Si molesto, me quedo, y que os den, decían los Mägo. Hay para quienes el corazón vale más que el bolsillo, y por eso encontrarles cuesta un precio mucho mayor que el dinero; tal vez, alguien de arriba, debería aprender de ellos antes de rendir homenajes a una biografía subvencionada con los impuestos de otros.

 

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Vale más mi sueño que el dinero,

puedo vivir de una alegría.

De aquí pallá colecciono recuerdos,

tú, cuéntame, ¿cómo es tu vida?

 

En estos últimos días, nos hemos levantado con la trágica noticia del avión estrellado con la plantilla del equipo del Chapecoense y todas las muertes que ha dejado en sus filas. No voy a adentrarme demasiado en el tema, porque ya escribió mi compañero Taichoxela una fantástica crónica al respecto con todos los detalles y toda la repercusión social que acarreó este drama público en el mundo del fútbol. Solo me planteo en mi imaginación la diferencia tan grande que hubiese existido si tal suceso hubiese ocurrido en España. Supongo que aquí le hubiésemos prestado más atención y hubiese habido más periodistas cubriendo la noticia el nuevo cambio de look de Cristiano Ronaldo, que el espacio donde el aparato hubiere siniestrado, y lo máximo a lo que podríamos aspirar sería a un Sálvame Deluxe comentando todas las infidelidades de los deportistas que viajaban en el camino y una contundente afirmación de que la desgracia fue derivada por culpa de sobredosis del piloto o de una supuesta distracción por una relación homosexual con el copiloto. Aquí manda el morbo. La verdad no importa. Solo que el share nos diga a la mañana siguiente que hemos conseguido superar en demagogia al vecino de en frente. Y eso es lamentable.

 

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La última vez que os escribí, en la misma jornada se disputaba el Atlético de Madrid – Real Madrid. En esta ocasión, mañana se desafían el F. C. Barcelona contra el Real Madrid. La expectación es máxima. La rivalidad, eterna. Los sentimientos, infinitos. Y la inquina, innumerablemente bochornosa. En 90 minutos habremos olvidado a los setenta y un pasajeros que murieron en ese avión. Como a diario tenemos la enorme capacidad de olvidar a los de Siria, de Palestina, de Israel, los terremotos de Haití, el Huracán Katrina, el Tsunami de Japón en 2011, y todos los acaecimientos que en nuestra efímera conciencia somos tan solidarios de recordar tan solo cuando el noticiario no tiene más argumentación y comenta que hacen dos mil cuatrocientos treinta y seis días que ocurrieron los sucesos y que aún no han sido posibles sus recomposiciones.

 

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No me malinterpretéis. Yo soy el primero que salta, que grita, que se enfada, que insulta- si hace falta- cuando un jugador contrario nos mete una patada; que parece que somos nosotros los que las sufrimos, más que los propios futbolistas. Esto es fútbol. Pasión, garra, coraje, arrebato, emociones. ¿Pero es inevitable todo este odio que estamos fomentando y con el que nos alimentamos todas las noches, tanto dentro como fuera del estadio? ¿Es completamente necesario empezar a valorar la vida solo cuando vemos (por la televisión) que alguien en estos momentos la ha perdido injustamente?

 

El fútbol es un poco de arte y de teatro (esto Busquets lo sabe), y también es sonrisa, ilusión, miedo, sueño, esperanza. El fútbol desde luego no son los energúmenos que corrieron por mi ciudad para ir a apalearse contra los hinchas de la Juventus sin tener nada que ver con un partido. El fútbol, como siempre, como todo, son los niños. Y soy un pesao. Pero lo voy a seguir siendo. Porque mañana tenemos una bonita ocasión de demostrarles lo sencillo que resulta quererse, o, al menos, respetarse. Simplemente, cuando termine el partido y nos demos la mano. Simplemente, si somos capaces de entender que tenemos la suerte de estar disfrutando de un partido más; y que, a pesar de la derrota, aún no todo está perdido.

 

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A mi mujer, ahora que está triste, ahora que piensa que jamás va a encontrar trabajo, ahora que lo ve todo negro, siempre le digo que, mientras sigamos estando juntos, nada puede salir mal. Será mi daltonismo, y que mezclo todas las tonalidades, pero apuesto por que, a veces, es mejor verlo todo distinto, a ceñirte a lo que te obligan a mirar desde un lado que olvida que, desde el otro, quizá tampoco entienden de colores.

 

Así que, ¡a disfrutar del fantástico y soberbio partido que tenemos mañana! Con precaución, sin excesos, con ejemplaridad, con toda la sinvergonzonería del mundo y, sobre todo, con esa ilusión que- tengamos la edad que tengamos- nos recuerda que, aún, seguimos siendo solo un niño.

 

¡Que gane el mejor! Y, lo único que pido, es, por favó, que no le roben de nuevo al Betis. Ofú. Que todas las jornadas ocurre algo raro.

 

 

Os dejo, como siempre, un temazo que entiendo que puede venir como anillo al dedo y que os puede gustar mucho.

 

Salud y rock’n’roll

 

Graunch

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