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La dictadura de los mediocres – Crónica Diario AM 30/10/2016

La dictadura de los mediocres – Crónica Diario AM 30/10/2016
Ella

Querid@s Damistas:

Ésta es la historia de Aurora. Como todos los niños, Aurora empieza a ir al colegio. En el colegio le empiezan a enseñar a leer y escribir, y no se le da nada mal. 

A Aurora esto de aprender no le hace sufrir, se porta bien en clase, va avanzando… Y pronto ella se da cuenta que es de los mejores de la clase. Su profesora también se da cuenta. Sus padres se dan cuenta. Y el resto de alumnos, inexorablemente, acabarán dándose cuenta también.

Los niños poseen una inocencia única. Es enternecedor ver a niños de la misma clase dándose la mano naturalmente para ir al comedor todos juntos, algo que algún día dejará de pasar por imposición adulta. Los niños te dicen “te quiero” sin pasar por una especie de tortura psicológica previa: ¿se lo digo o no se lo digo? ¿Y si no me contesta “yo también te quiero”? O peor: ¿y si me lo dice y no le creo? No, los niños te dicen “te quiero” y ya está, sin complicaciones, sin idas de olla, sin volverse locos. Pero volvamos a Aurora.

Aurora está contenta de ser buena alumna: en clase lo entiende todo, en casa no tiene que hacer esfuerzos con los deberes, la profesora está contenta con ella y sus padres también. Todo va bien, los años van pasando, y llega ese día en que toooodaaaaa la clase de Aurora se ha enterado que es buena alumna, y ahí empiezan los problemas… 

Resulta que ser buena alumna pasa de ser un regalo a ser una tortura. Aurora no va a dejar de ser buena estudiante, es más lista que eso, pero inevitablemente descubre el lado negativo de ser buena alumna. Ya se imaginan por dónde voy: empiezan a hablar mal de ella, la mayoría de veces por detrás pero alguna a la cara, cuando levanta la mano para contestar una pregunta de la profesora hay cuchicheos, cuando se reparten las notas ella es etiquetada de “repelente”, “empollona”, pero nunca de apelativos positivos…

Todo esto está mal, pero lo que realmente hace sufrir a Aurora es sentirse rara, diferente, no ser “normal”. Entiéndanme: Aurora es una niña, no una adulta, y uno quiere sentirse integrado, que forma parte del grupo, no que el grupo le expulsa. Y Aurora descubre esa palabra maldita: “normal”. Ella no entiende qué es ser normal, pero sabe que ella NO es normal, no según los criterios de la gente que le rodea… 

 

normal

 

Aurora sufre. Ella quiere ser ella misma, y no les dice a los demás que tienen que ser como ella (aunque es inevitable que ella sienta que es superior a los malos alumnos de la clase). Aún niña Aurora empieza a sentirse mal consigo misma… ¿Dónde está la inocencia infantil? ¿Dónde está la aceptación del otro? ¿Dónde está la libertad para ser tú mismo, para explorar todo tu potencial? 

Y llega ese fatídico día en que decide no preguntar nada más en clase. Cada vez que levanta la mano porque tiene una pregunta, porque quiere saber más, o porque ¡sacrilegio! quiere hacer un comentario sobre lo que están explicando, se reproduce ese maldito cuchicheo. Y Aurora no quiere ser mala, y por eso no se gira hacia los malos alumnos (y envidiosos, todo hay que decirlo), que la mortifican cada día. Ella podría girarse y decirles cuatro cosas bien dichas (para algo es una niña inteligente), pero no lo hace, porque ellos son más, porque son capaces de hacerle cosas malas (mientras que ella deja en paz a todo el mundo), y porque sabe que cuanto más se defienda peor será. La pobre Aurora no sabe que cuando sea adulta las cosas no cambiarán mucho…

Como decía, Aurora ya no pregunta más en clase, y en lugar de eso opta por una estrategia bastante buena: si tiene preguntas va al final de la clase a la mesa de la profesora, espera que no haya mucha gente alrededor y pregunta en privado. También habrá comentarios desagradables (“mira la pelota de Aurora, siempre con la profesora”), pero al menos podrá preguntar todo lo que quiera sin que nadie se entere, porque Aurora no piensa renunciar a hacer preguntas, cueste lo que cueste.

 

dictadura-estupidez

 

Y siguen pasando los años, y Aurora hace la Selectividad, y llega a la Universidad, a su primera opción, como no podía ser de otra manera. Ya con 18 años, Aurora ha perdido las ganas de brillar. Podría hacer más, pero tantos años de esconder su verdadera esencia, tantos años de intentar que la calificasen de “normal” y no de “rara”, han hecho mella en su espíritu jovial, en sus ganas de darlo todo. La pobre se repite constantemente por dentro: “no destaques, no llames la atención, no seas tú, que no se den cuenta que existes”. Es muy triste… Aurora seguirá siendo curiosa toda su vida, seguirá haciendo preguntas discretamente, porque eso no se puede borrar de una persona, pero la Aurora que entrará en la vida adulta no será la mejor Aurora que podría haber sido, y eso es porque ganó… la dictadura de los mediocres.

 

La dictadura de los mediocres 

No, Aurora no soy yo, aunque algunas de las cosas que nos han pasado sí que coincidan. Si les cuento esta historia inventada es para hablar de algo tan humano como es la envidia. La envidia nos lleva a hacer y sentir cosas horribles, yo la primera. Reconozco que cuando las cosas no me van bien no puedo estar con gente que tiene más suerte que yo. Me ha pasado y me seguirá pasando… Y me da mucha vergüenza confesarlo, porque la envidia es muy mala, pero es así: alguna vez en mi vida he sentido una envidia profunda por algunas personas, y he tenido que hacer enormes esfuerzos para contener mi rabia, pero enormes de verdad. Y me volverá a pasar desgraciadamente, y no es nada divertido. 

Si les cuento todo esto es porque la dictadura de los mediocres no es aceptable. Un grupo social “normal” no soporta al que es diferente, ya sea peor o mejor. Cuando uno es diferente a peor se le estigmatiza, se le echa del grupo. Piensen en la antigüedad lo que se hacía con los leprosos, que se los mandaba a esos lugares horribles llamados leproserías y no se les dejaba salir nunca más. Para que quede claro, sí, la lepra es una enfermedad contagiosa, pero no lo es tanto si uno no anda frotándose piel con piel con una persona enferma (busquen por internet y verán que no miento). Con un poco de sentido común se puede convivir con una persona enferma sin que la cosa vaya a mayores… De lo que hablo yo es de cómo se les apedreaba, cómo se les trataba como si fuesen monstruos, se les aislaba como si dejasen de ser seres humanos, cuando simplemente eran personas enfermas que necesitaban cuidados… 

Eso es cuando el que es diferente es “peor” (y que me perdonen todas las personas leprosas, que no son inferiores a nadie, faltaría más). Ahora bien, ¿qué pasa con el que es diferente para “mejor”? Pues que también se le manda a una leprosería (imaginaria esta vez), porque no tiene derecho a ser superior, o mejor dicho: esta sociedad no te permite ser bueno en algo. Si eres bueno en algo, sea lo que sea, inevitablemente serás criticado. La excepción es cuando eres tan malo en todo que si haces algo genial te aplaudirán, ahí sí, porque como eres patético de entrada pues tampoco pasa nada por darte una palmadita en la espalda cuando aciertas. 

Pero a no ser que seas el tonto del pueblo, el grupo te machaca.

 

einstein

 

Y lo que pasa es que vivimos entre mediocres, que son muchos y están de acuerdo en algo: al que destaque se le destruye. Recuerdo una vez, hace muchos años, que estaba yo volviendo a casa andando. Me paró una chica por la calle y me preguntó: “Perdona, ¿dónde está la plaza ABC?”. Resulta que estábamos al lado de esa plaza, y le indiqué el camino: “Mira, ¿ves esa bifurcación? Pues tienes que tomar la calle de la izquierda y llegas directa a la plaza”. La chica me miró con unos ojos como platos (sería veinteañera) y me dijo con un tono un tanto burlón: “ay chica, cuánto vocabulario, bifurcación, menuda palabra”. Me dio las gracias y se fue, mientras yo me quedé allí plantada en la calle, pasmada: ¿bifurcación? ¿¿¿Bifurcación??? Aún me estoy preguntando si me crucé con la chica más inculta de la ciudad o si realmente “bifurcación” es una palabra complicada… Les autorizo a que inicien el debate en los comentarios.

El caso es que es uno de tantos ejemplos: no digas bifurcación que me siento humillado, no saques buenas notas que me recuerdas que soy más tonto que un zapato, no hagas preguntas que ni siquiera las entiendo, no hables de cosas cultas que me siento excluido… 

 

mediocridad

 

¿Saben cuál es el problema de verdad hoy en día? Internet. Sí, sí, sé que es muy fácil cargar contra internet, pero déjenme explicarles. Hace años (y ya no digo hace siglos), los mediocres no tenían ningún altavoz. El que era tonto lo era en privado: sólo lo sabía su familia y el barrio, y ya. Pero hoy en día cualquiera se hace un blog, o peor, un perfil Twitter, y ya la hemos liado. Me pasó hace unas semanas, cuando le canté las cuarenta al Lobo Carrasco en Twitter, y me llovió una ristra de insultos infinita. Al principio me asusté un poco, pero cuando vi el perfil de los insultadores me dije: Ella, ¿vas a rebajarte al nivel de estos despojos humanos que no saben escribir bifurcación? Y ahí los dejé, ahogándose en su propia pequeñez.

Pero eso fue un día. Sin embargo, los mediocres hoy en día tienen mucha visibilidad, Twitter siendo un ejemplo perfecto. Sacan algo por internet y ya está, los tontos del pueblo tienen notoriedad, y encima insisten en lo de seguir siendo tontos. Antes esto no pasaba, pero hoy en día cualquiera puede tener sus cinco minutos de gloria, y así se glorifican la incultura, la grosería y la falta de dignidad (¿alguien estaba pensando en Telecinco, por ejemplo?). 

Y me dirán: Ella, ¿todo esto qué tiene que ver con el deporte? Pues es muy simple. Piensen en todo lo que acabo de escribir y cambien los cuchicheos envidiosos por detrás por patadas a un jugador que es mejor que tú. El resultado es el mismo: 

 

Envidia porque nunca serás ni una décima parte de bueno que él

Envidia porque nunca serás ni una décima parte de bueno que él

 

Acabamos

Por suerte hay un montón de gente que no quiere ser mediocre, y que continua adelante. Les dejo con un buen ejemplo de alguien que decidió ser él mismo, aunque supusiese ser muy diferente a lo que tocaba.

¡Feliz semana! (y no se olviden del cambio de reloj) 

Ella / Diario AM

Twitter: @EllaDiarioAM

PD: Al acabar de releer mi post descubro que Bender escribió un post con el mismo título en febrero de 2015… Espero que no se ofenda, y que me permita publicar estas líneas con mi punto de vista sobre el tema. 

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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