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La envidia del éxito – Crónica Diario AM 28/10/16

La envidia del éxito – Crónica Diario AM 28/10/16
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Uno llega a una edad, a una responsabilidad y a unas ocupaciones en la que, la mejor vía para escapar- bien o mal, pero escapar, al fin y al cabo- es la franqueza y la sinceridad, lo directo de una afirmación, la simpleza de un pretexto, la escasez de algarabía de la albura en la honestidad que supura disculpas y reconocimiento. Llega un viernes más, con alegría y ansia por poder volver a ponerme en contacto con vosotros, por comentaros noticias halagüeñas o tenebrosas, por abrir debates social-deportivos en donde ponernos de acuerdo o litigar sobre quién guarda más o menos razón en sus argumentos; pero en esta víspera de fin de semana ha sido distinto. Llevo días trabajando de sol a sol, pateándome las calles para poder sacar adelante los proyectos que consigan mantener una estabilidad digna y necesaria de quien quiere vivir de su profesión- sea la que sea-, sin tener que pedir permiso, ni perdón, en un- bendito y maravilloso- país que a veces parece que premia más a quienes se empeñan en destruirlo, que a quienes se esfuerzan por reconstruir un estado de bienestar que en alas de la madrugada ha parecido que amaneció dormido sin saber alzar la voz- a tiempo-, ni luchar por los derechos de quienes ni siquiera se acuestan para poner las aceras que otros desdeñarán en unas horas sin recordar al héroe que peleó para que pudieran pisarlas. “Ya sé que no soy un buen yerno, soy casi un beso del infierno, pero un beso, al fin, señora”, cantaba el maestro Serrat.

 

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Decía, también, el Rulo, que la música y las canciones (o, en este caso, la literatura o el vandalismo banal de un poeta sin versos) a menudo sirven, simplemente, para ahorrarte un dinero en psicólogos. El problema es cuando las escupes hacia arriba y no te da tiempo para quitarte; y así te hundes en la propia mugre de quien ni siquiera ha sido capaz de escapar de sí mismo. ¿Cuántas veces hemos querido sernos infiel por un momento, perder nuestra batalla de manera voluntaria, acabar con esa esquizofrenia paliativa que nos encharca las pupilas cuando no sabemos qué mirar? Ahora le encuentro sentido a esa frase del Kutxi que decía: “que no han entendido que no me he rendido: quise fracasar”.

 

kahnnn

 

En un par de semanas tengo que encontrar la respuesta a la peor pregunta que me han obligado a elegir. A Eme (mi persona favorita del mundo), le han dado un puesto de trabajo en Alemania. Diría que en la tierra de Merkel; pero bueno, no sería demasiado específico con esa alegación. Lejos. Muy lejos. A tres mil kilómetros (maldito single de Huecco) de todos los sueños que habíamos levantado. Y yo aquí, solo, en mi trinchera de cartón, enloqueciendo, cantaba Poncho-K. Maldito rock and roll, cuánto duele cuando menos lo mereces. Y ahora toca decidir, mientras ellos se erigen como los mejores presidentes o una oposición intachable, mientras juegan a levantarse del Congreso o a insultarse como en el patio del recreo, mientras charlan en cafeterías donde les regalan hasta el aire, mientras posturean en ascensores fingiendo como que les importa lo que hay fuera, mientras se emborrachan de poder, de vicios y de odios, a otros les toca decidir si abandonarlo todo- su oficio, sus empeños, su familia, sus amigos, su país- o dejar escapar a la mujer de su vida en un puto avión que despide esperanzas más que distancias. Pero, claro, luego volverán a pedirnos que confiemos en sus figuras para ponerle fin a una situación que ellos mismos han creado y que, tal y como demuestran semanalmente en un circo político de dudosa reputación moral, ni siquiera están interesados en querer solucionar.

 

interesante

 

Estudia, trabaja, ahorra, emprende, invierte, entretente pensando que eres el protagonista, creyendo que valdrán de algo tus aspiraciones y tus logros, escucha a quien pronuncia sus mítines prometiéndote libertad, y vacía tus bolsillos mientras los mismos- con cualquier otro color y siglas- te piden una limosna de caridad para poder desnudarte el cuerpo y el alma hasta que dejes de respirar muerto de hambre, de frío o de tristeza.

 

Toda esta lamentable situación me ha recordado mucho a la frase que en el último documental dijo Andrés Iniesta: “el peor día de mi vida lo he pasado en La Masía”. Cuando, con 12 años, tuvo que dejar Fuentealbilla y todo lo que rodeaba y concernía, por empezar a crear su futuro lejos de su corazón para poder llegar al infinito. Valoro mucho, muchísimo, la inocencia, la rebeldía y el carácter de todos los críos que, consigan triunfar en el mundo del fútbol o no, son tan enormemente valientes como para comenzar de cero con la única bandera de la ilusión y la creencia.

 

Somos únicos en tener la poca perspectiva de percibir por la televisión solamente lo que muestran en la televisión. Y, si no eres de Madeira y te hacen reportajes cada dos días contando cada uno de los dientes de leche que se te cayeron, pensamos que esas personas han llegado ahí por obra y gracia del Espíritu Santo, sin haber tenido que arriesgarlo todo, sin haberse visto solos, sin haber perseverado cada minuto de su vida para ser quienes son, aunque ni siquiera les conozcan.

 

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Muchos se quedan en el camino tras haber apostado el corazón en cada aliento, y nosotros somos seres tan sumamente superiores y perfectos, que a los que sí han tenido la suerte y la capacidad como para lograr entrar y mantenerse en primera plana de la línea divisoria entre el éxito y el fracaso, les repugnamos, les vejamos, les infravaloramos y nos olvidamos de que ese chulo, prepotente y- a nuestro parecer- mal jugador, un día fue un niño que tuvo que abandonar a su familia y a sus amigos para poder estar hoy sobre un terreno de juego para marcarte un gol.

 

A veces, en este- bendito y maravilloso- país tendemos más a repudiar por prejuicios y por envidia, que a valorar el esfuerzo y el sacrificio de quienes han caído rendidos en tantas ocasiones en el campo de batalla para llegar a la cima de la montaña.

 

File photo of Spain's Andres Iniesta holding the World Cup trophy after the 2010 World Cup final soccer match between Netherlands and Spain at Soccer City stadium in Johannesburg

 

Sí, tenéis razón, os lo dije antes. Hoy no sabía de lo que hablar. Y este tema ha sido, es y será tan doloroso, que, en estas circunstancias, tal vez la mejor opción sea escupirlo. Espero que me deis la oportunidad de apartarme y que no me caiga encima.

 

Desde aquí, como siempre, os animo a la lucha de valores, de fe, de ánimos, de fuerzas y de entusiasmo para el emprendimiento de todos los proyectos que realmente arañen vuestro estómago, que os permitan sonreír cuando lleguéis a la cama y os arropen, con solo un abrazo, todas las desgracias que hayan masturbado la felicidad de vuestro día; tal vez, con esa persona favorita de vuestro mundo.

 

Todos tenemos una historia detrás. Dediquémonos a conseguir vivir la nuestra y a no prejuzgar las de los demás.

 

 

Os dejo un TEMAZO (en mayúsculas) para terminar con esta publicación. Ponte el moño apretao, sirena, que se joda el viento…

 

Salud y rock’n’ roll

 

Graunch

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