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Como tú no hay dos – Crónica diario AM 08/08/2016

Como tú no hay dos – Crónica diario AM 08/08/2016
Beberou

Andaba un día tomando una cerveza con unos amigos, sentado junto a la casa club de una de las sedes de un torneo del circuito, cuando Tiger Woods pasó a su lado de camino al campo de prácticas. “Eh, Tiger, déjate de tanto entrenamiento y ven a tomarte unas cervezas con nosotros”, le dijo. “John, si tuviera tu talento no tendría que entrenar tanto”, le replicó Tiger con una sonrisa.

Hoy os voy a hablar de Jonh Daly. Un tío peculiar donde los haya. Como dice el mismo Tiger Woods, con un talento sobrehumano para esto del golf. Simpático donde los haya, con carisma de sobra y un Swing de lo más espectacular (y no por lo ortodoxo que es, precisamente). No es de los mejores golfistas del mundo. Tampoco tiene un palmarés que se acerque al de muchos otros. Pero siempre tendremos la duda, todos los golfistas, del por qué de esto. ¿Por qué Daly no ha triunfado tanto como otros?

Pues seguramente, cuando leáis lo poquito que os sé contar sobre su vida lo entenderéis. O mejor dicho, lo que os pasará es que no entenderéis cómo es posible que haya estado tanto tiempo en la élite del golf. ¿Y por qué nos hablas de un tío que realmente no ha sido nadie en el golf Beberou? Bueno. No ha sido nadie tampoco. Este hombre ha ganado torneos al alcance de muy pocos. Pero sencillamente os hablo de él porque es un gran tipo que, al margen de sus problemas, no pocos, siempre que juega deja huella, y tiene una vida peculiar, digna de ser contada. Tan digna que el mismo lo hizo en su biografía “My life in and out the rough”. Poneos cómodos, si bien con la pasada crónica más de uno pudo dormirse, esta os va a gustar. Lo sé. La vida de Daly no permite a nadie prácticamente ni pestañear.

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John Patrick Lady nació el 28 de abril de 1966 en California y se hizo profesional de golf en 1987. En el mismo año ya tocó su primer trofeo. Tardó cuatro años en poder ingresar en el selecto grupo de jugadores que componen el PGA Tour. Pero el mismo año de su entrada gano el PGA Championship, uno de los cuatro torneos grandes del año. Y, al igual que él, fue una victoria bastante peculiar. No había obtenido aun los derechos necesarios para disputar el torneo. Se tuvieron que alinear muchos astros. Nick Price no pudo acudir al evento ya que su mujer iba a dar a luz, y los 8 jugadores en lista de espera que había delante de él tampoco pudieron jugar. Le tocó al bueno de John, que, sin tiempo para entrenar el campo, tuvo que salir a jugar el mismo jueves que llegaba, y ganó por tres golpes de ventaja a Bruce Lietzke.

Por cierto, que hace un par de semanitas se jugó el PGA Championship, y de esta guisa acudió el amigo a la tradicional Cena de Campeones que se celebra el martes previo al torneo. 

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Con un talento innato y más de 100kg de peso, cuando su entrenador de la universidad le dijo que tenía que empezar una dieta, Daly le contestó que sin problemas, pero que sería a base de cigarrillos, whisky y palomitas.

Conocido siempre por su característico swing de arco amplísimo, y con una descomunal pegada, fue acaparando cada vez más miradas y fans. Pero para nada era todo de color de rosas en la vida de Daly. Su adicción al juego, a las mujeres y sobre todo al alcohol ha sido constante a lo largo de toda su trayectoria. En 1994 empezaron sus problemas con el PGA Tour cuando fue suspendido en el evento de Kapalua (Hawai), por su mal comportamiento en el campo. Con el recuerdo de lo ocurrido un año antes en el Kemper Open, cuando Daly lanzó al acabar su tarjeta a los que debían encargarse de recepcionarla, la directiva de la PGA decidió “que descansara” durante 6 meses.

Avanzando solo un año más, de manera totalmente inesperada, y al poco tiempo de poder volver a jugar, ganó el Open Británico en St Andrews. Otro de los cuatro grandes para Daly, que derrotó en Playoff al italiano, Constantino Rocca.

En total son cinco los torneos que ha ganado en el PGA Tour, tres en el European Tour y uno en el Asian Tour. Pero su vida siempre ha sufrido una serie de altibajos nada propios de un deportista de élite de su talla. De lo conocido, tal vez su momento más critico lo encontremos en octubre de 2008 cuando, en Carolina del Norte, fue detenido por la policía. Lo encontraron borracho, en un banco en las afueras de un local de comidas Hooters. El informe decía: “El sujeto se mostró totalmente intoxicado y poco cooperativo”. Sin medio de transporte a mano, el californiano tuvo que ser trasladado a la cárcel del condado de Forsyth, donde pasó 24 horas, hasta que salió de su estado de embriaguez.

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Ese fue, además, el mismo año en el que volvió a ser suspendido 6 meses en el PGA Tour. Tim Finchen, máxima autoridad del circuito en ese momento, no toleró ciertos comportamientos de Daly por el campo.
Recordemos que entre otras “hazañas” de John, ha tirado varias veces palos al agua, ha discutido calurosamente con ciertos espectadores, ha hablado muy mal públicamente del circuito donde jugaba e incluso, en un torneo, rompió contra el suelo la cámara de un aficionado, que olvidó quitar el flash y desconcentró al jugador. Durante el transcurso de un torneo, a John le dejó su novia y lo pagó el mobiliario de la habitación de su hotel, el cual, cayó todo por la ventana, Durante el Pro-Am del Buick Open, utilizó una lata de cerveza como tee para pegar un driver. Al público le encantó, pero no tanto al comisionado del PGA.

O dejo, antes de seguir, un par de “perlas” del bueno de Jonh:

Butch Harmon (ex entrenador de Tiger Woods), también lo tuvo a él como alumno, pero tampoco lo soportó mucho tiempo. Lo abandonó diciendo públicamente: “John debería demostrarme que el golf es el asunto más importante de su vida, pero lo más importante para él es estar de fiesta”.

Su turbulenta vida ya lo acompañaba en sus inicios como profesional. El juego, el sexo y el alcohol dieron paso a cuatro matrimonios en la vida de Daly, a la pérdida de contratos millonarios y a una carrera que, seguramente, habría podido ser muchísimo más exitosa. En 1999, Callaway, una de las más reconocidas firmas de este deporte, rescindió un contrato de 3 millones de dólares con él, por saltarse una cláusula que le obligaba a mantenerse lejos del juego y el alcohol. Daly nunca quiso acudir a un psicólogo, ha preferido escribir un libro que le puede haber servido de terapia, pues en él, desvela sin ningún pudor, muchísimos de sus problemas. En este cuenta que, en 2005, tras perder un desempate con Tiger en el American Express Championship, cogió su coche y sus 750.000 dólares de premio, y viajó hasta los casinos de Las Vegas, en donde de perdió en las tragaperras, 1.650.000 dólares, en cinco horas. El León (así llaman a Daly), comenta en su libro que serán algo más de 60 millones de dólares los que haya dilapidado a lo largo de su vida. “Nunca he ocultado nada de lo que me ha pasado en mi vida por si mi experiencia puede ayudar a alguien. Todos cometemos errores, pero la mayoría se avergüenza o tiene miedo a confesarlo”.golf-1054902w280

Fue en torno al año 2000 cuando el European Tour decidió darle cobijo, a sabiendas de sus problemas en América. Por lo menos su comportamiento desde esa época es bastante más normal. Ha perdido peso y en el campo es algo más discreto, aunque solo sea algo. Ahora luce su nuevo peinado, y esa estrambótica línea de ropa que a tantos fans ha atraído. Viaja a todos los torneos en caravana, y en muchos, al acabar de jugar, se va a la misma y monta una especie de mercadillo, en el que vende ropa de su colección. ¿No os he dicho que era peculiar?

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Daly siempre ha pertenecido a ese grupo de longhitters, que es como llaman los ingleses a los grandes pegadores. El fue de los primeros en lograr lo que ahora conocemos como el 300/60. Y esto es nada más y nada menos que lograr, un promedio de distancia a lo largo de una temporada, superior a las 300 yardas, y a su vez, otro del 60% o más de calles cogidas. Una gesta nada sencilla de conseguir. En total son 38 los jugadores que han podido alcanzar estas tremendas estadísticas, pero dos son los que lo han hecho de manera más notable:

  • Keegan Bradley, que ha logrado mantenerse en el club 300/60 durante cuatro temporadas consecutivas, desde 2011 hasta 2014.
  • Bubba Watson, que es quien ha abierto el club de 310/60, gracias a sus 314.3 yardas de media y un 60.5% de efectividad cogiendo calles. 

De todas formas tengamos en cuenta que hablamos de jugadores recientes, que actualmente siguen en la cima de la ola, pero los datos de Daly son de hace ya algunos años. El material ha evolucionado de tal manera, que podríamos hablar en otro post sobre si lo ha hecho para bien o para mal, pero lo que es innegable es que los palos de John, no golpeaban a la bola igual. 

Hablar de Daly es hacerlo de uno de los tipos más excéntricos que podamos encontrar en el deporte. No cuadran cosas como que de normal llegaba al tee del 1 con una lata de cerveza, con que pidiera a sus compañeros que le dejaran “puttear” primero para poder comerse una hamburguesa, cerca del green del 17 de St. Andrews. Tampoco nos cuadra un hombre al que le da fobia volar, y va a todos y cada uno de los torneos con su caravana, en la que, obviamente, también duerme. Alcohólico confeso, llegó a decir en cierta ocasión que dejaba el golf porque no quería humillarse más, aunque luego volvió. Le han amonestado en muchas ocasiones, una de ellas por firmar autógrafos en ropa interior. Cuando la madre de Daly falleció, este organizó en su habitación de hotel, de 150 metros cuadrados, una copiosa cena con sus mejores amigos, según dijo por respeto a ella.

Varias cajas de cigarrillos al día, profundo amor al Jack Daniels y visitas continuadas a los casinos y clubs de alterne. Es el resumen de una vida llena de “sustos” que nunca ha dudado en contarnos al pie de la letra: “He jugado durante dos días seguidos a las máquinas tragaperras, y al blackjack, otros dos de una sentada, en la que solo paraba para ir al baño. El tiempo pasa tan rápido que si estás en racha y estás ganado, simplemente sigues jugando”. Incluso se cuenta de Daly, que una de sus principales fugas de capital, en este juego, fue apostar 15.000 dólares en cada una de las siete manos que tiene la mesa.

Daly ha llegado a aparecer en un torneo de la siguiente manera:

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Y no dudó en dar explicaciones de lo ocurrido en su cara: “mi mujer me ha atacado con un tenedor de carne; creo que tengo que resolver algún problema con ella”

No debería ser el ejemplo a seguir por los jóvenes de hoy en día que quieran jugar al golf, está claro. Pero para mi, sinceramente, no es más que un ejemplo de superación personal. Pero de superación diaria. Alguien que, con todos sus problemas, consigue seguir practicando un deporte al más alto nivel, no lo consigue sin esfuerzo. El alcoholismo y la ludopatía son enfermedades que muchas veces van de la mano. Él tiene las dos pero se sobrepone a ellas constantemente. Lo intenta. A veces lo consigue y otras no. Jamás podremos decir a ciencia cierta que Daly está desintoxicado. Son muchas ya las veces que lo ha parecido, y siempre nos ha sorprendido con algún nuevo episodio “raro” por decirlo de algún modo. Pero más claro está aun que tampoco podremos decir, que ya no tenga nada que hacer en el golf. Mucho nos ha sorprendido, y cualquier cosa puedes esperar, de alguien que siempre ha dicho jugar mejor al golf bebido que sobrio. De momento el bueno de John ya le ha ganado una apuesta a Fuzzy Zoeller, quien se jugó 150.000 dólares a que no llegaba vivo a los 50 años. 

LAS REGLAS DE ETIQUETA EN GOLF

Ups. ¿Y esto que pinta aquí?. Os explico. Alguien me dijo que tenía cierta curiosidad por saber sobre estas, sobre las reglas que rigen el correcto comportamiento de una persona por el campo. Satisfacer esta su curiosidad no da para un post entero. Así que, una vez explicado con el ejemplo de Daly TODO LO QUE NO HAY QUE HACER en un campo de golf, me parecía buen momento para explicar, aquello que SI QUE HAY QUE HACER en un campo de golf. Aquí tienes las reglas de etiqueta de golf mi querida…

Según Wikipedia: “Etiqueta es un código de conducta que delimita las expectativas del comportamiento social de acuerdo con las normas contemporáneas convencionales dentro de una sociedad, clase social o grupo

O lo que es lo mismo, y dicho en un idioma más universal, en uno de esos que todos conocemos. La etiqueta, o las normas/reglas de etiqueta, son aquellas que velan por la educación, el saber estar, el comportamiento y el “fairplay” de una persona, o grupo de personas que desempeñan cierta actividad.

Así, en el golf, son muchas y variadas las reglas de etiqueta. Al contrario de lo que ocurre con las reglas de golf, por incumplir una de las primeras una vez no te pasará nada, si bien es cierto, que la reincidencia en el incumplimiento de alguna puede acarrear alguna sanción. Además, el golf, ha sido y es, un deporte de caballeros. Aunque cada vez más aparecen más personajes que podríamos calificar de todo menos de caballeros, gracias a las normas de etiqueta, estos son muy fácilmente identificables. Todos los que practicamos este bello deporte, conocemos a gente que no encuentra con quien jugar, que suele hacerlo solo, y que sociabiliza más bien poquito. Al margen de aquellos que buscan evadirse jugando al golf, y juegan solos porque quieren, lo más común de todos estos “lobos solitarios”, es que lo sean por su mal comportamiento en el campo.

En el Libro de Reglas de golf encontramos la descripción del comportamiento que deben guardar los jugadores, y el conjunto de recomendaciones relativas a la etiqueta o cortesía durante la práctica de nuestro deporte. Tengamos en cuenta que una partida de golf debe durar en torno a 4hrs, pero se puede extender hasta las 6, en ciertas ocasiones. Es de vital importancia, por tanto, crear un ambiente agradable.

Empecemos por lo obvio. Un campo de golf debe ser siempre un lugar tranquilo y silencioso. No se permitirán los gritos por un mal golpe, ni los de celebración, de manera excesiva o repetitiva. Tampoco perderemos los papeles al pegar un mal golpe y siempre cuidaremos el entorno. Ningún valor tiene ganar un torneo haciendo trampas, y estas son fáciles de hacer si te las propones en un deporte como este.
Al empezar la partida saludaremos a nuestros compañeros, les debemos desear suerte y nos enseñaremos todos la bola que nos disponemos a jugar. Al acabar, nos saludaremos cortésmente y juntos, repasaremos las tarjetas.

Una de las más importantes, ya que vela por la integridad física de todos los que estamos en el campo, es la de no golpear a la bola hasta que no estemos completamente seguros de no poder llegar a donde está el partido de delante. Es muy común, en golf, el juntarse dos partidos en un mismo hoyo. Deberemos tener paciencia, en este caso, y esperar a que el partido de delante nuestro abandone el hoyo que nosotros estamos jugando. En ciertas ocasiones, la bola no hace lo que queremos y puede ir a otro hoyo distinto al que estamos jugando. Siempre que haya gente haya donde va nuestra bola, gritaremos “BOLA”, para avisar y que puedan protegerse a tiempo.

Si al efectuar nuestro golpe levantamos una chuleta (en el post pedagógico os expliqué lo que era), la repondremos. Es totalmente normal sacarla, es señal de hecho, de que le hemos pegado bien. Pero debemos dejar el campo tal y como lo encontramos. En la misma línea, cada vez que salgamos de un bunker deberemos rastrillarlo, y también tenemos la obligación de reparar los piques que nuestra bola hace al caer al green.

En golf el tiempo es muy importante. Una partida lenta puede convertirse en demasiado tediosa y aburrida. Hay tres figuras en el campo de golf que tienen potestad para penalizarte por juego lento en el campo:

  • Starter: es la persona que se encarga de dar las salidas a todos los jugadores en el Tee del 1 al inicio de cualquier torneo. Reparte las tarjetas y se encarga de controlar que todo el mundo esté preparada a su hora de salida. Una persona que llegue de 1 a 5 minutos tarde a su salida, será penalizada con dos golpes de penalidad. Todo aquel que llegue más de 5 minutos tarde será descalificado y no podrá tomar parte en el torneo.
  • Marshall/árbitro. El primero es un empleado del club. El segundo está federado y es una figura que ciertos torneos, o bien de más importancia, o bien federativos, exigen además del Marshall. Estos dos puestos, además de ayudar en todo lo que el jugador necesite relativo a reglas, o cualquier cosa que les surja, tienen también la potestad de penalizar por juego lento. A diferencia del starter, cuya ubicación es fija en el tee del 1, estos van recorriendo el campo y pueden tomar tiempo de paso de la gente. Controlan su ritmo de juego de diversas maneras. El primer aviso de una de estas personas es verbal, el segundo conlleva una penalidad de 2 golpes, y el tercero puede acarrear la descalificación del torneo.

Algunos consejos que las normas de etiqueta nos dan para ir bien de ritmo son: estar ya preparados para efectuar nuestro golpe cuando nos toca. Eso significa que mientras los demás jueguen, siempre sin molestar, deberemos ponernos el guante, elegir el palo que vamos a jugar, mirar el viento, etc. Ayudar a nuestros compañeros a buscar la bola cuando esta no aparece, abandonar el green tan pronto como haya terminado el último jugador y tomarse tiempo para pensar el golpe, pero a la hora de andar, hacerlo de manera ligera.

Una última regla de etiqueta, esta también importante, y muy criticada de aquellos que no la cumplen, es el hecho de no pisar la línea de ninguno de nuestros compañeros. Esto quiere decir, que en green, no pisaremos la línea que hay entre la bola de alguien y el hoyo. Esta es una superficie muy sensible.

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En líneas generales estas son las reglas de etiqueta en el golf. Debemos tener en cuenta que es un deporte “delicado”, por decirlo de algún modo, que exige mucha concentración y en el cual debemos de comportarnos de la mejor manera posible para no “amargar la vida” a nadie. En un campo de golf pueden llegar a convivir a la vez 200 personas a la vez. A parte del riesgo de molestarnos los unos a los otros, corremos también el de dañarnos físicamente.

Pues os dejo ya señores! Espero y deseo que os haya gustado la crónica de hoy. Creo que la vida de Daly es digna de ser contada. Despierta admiración y odio según a quién preguntes. Pero soy de ese tipo de gente que piensa que, si cuando te mueres te recuerdan, como que mola más. Me da igual que me recuerden para bien o para mal (prefiero que sea para bien), con tal de que me recuerden cuando muera. Tendré que esforzarme. Daly desde luego, ya lo ha conseguido seguro. 

Feliz semana!

Beberou / Diario AM

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