Crónicas

¡Bienvenidos a Olimpia! – Crónica Diario AM 07/08/2016.

¡Bienvenidos a Olimpia! – Crónica Diario AM 07/08/2016.
TaichoXela

Año IV de la XCV Olimpiada (finales del siglo V a.C).

Puerto de Epitalio, desembocadura del río Alfeo.

 

Mi nombre es Krokina y procedo de Larisa, una pequeña población de Tesalia.

Quizás la conozcáis ya que fue fundada por Acrisio rey de Argos, y a su vez abuelo de Perseo. Además la ciudad ha sido tierra de grandes héroes queridos por los dioses como Peleo y su hijo Aquiles, aunque eso es ya otra historia…

He estado varios días navegando por el Mar Egeo desde que salí de mi Larisa natal para dejar atrás la isla de Eubea, Ática y finalmente poder bordear toda la Península del Peleponeso.

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(Mirad este viejo mapa, allí arriba en el centro, encima de TESALIA, de allí vengo yo)

 

Cuatro largos años esperando este momento. Tan importante es tal cita que como marca la tradición desde hace una semana se ha establecido la “ekekheiria”, una tregua en todos los conflictos bélicos, que ha afectado a la contienda entre la Liga de Delos y la Liga del Peleponeso. Atenas y Esparta dejarán sus rivalidades de lado para garantizar la paz en estos cinco días venideros.

 

Solo queda un día para los Juegos Olímpicos, en honor a Zeus, que se celebran río arriba en la ciudad sagrada de Olimpia.

Una vieja barcaza nos traslada a varios recién llegados de todas partes del mundo panhelénico hacía nuestro destino.

Allí conozco a un curioso y fornido joven proveniente de Rodas llamado Eukles. Entablamos una conversación, aunque más bien se trata de un monologo por su parte.

Eukles ha viajado junto un numeroso grupo de compatriotas para participar en estos Juegos Panhelénicos.

Tras hablar largo y tendido sobre él, empieza a hacerme preguntas sobre mi persona.

Ante la incomoda pregunta de si soy el único representante de Larisa, solo puedo contestar la verdad: “Otros dos habrían podido destacar en los juegos, un hombre realmente fuerte y corpulento y un chico que corre como el rayo. El problema es el que el primero es un criminal reincidente, y el segundo un extranjero oriundo de Lidia. Así que solo quedaba yo”.

 Olympia_Model_4Ciudad de Olimpia.

A media tarde llegamos por fin a Olimpia. En toda la ciudad y sus alrededores, como también en la ciudad vecina de Élide, se han instalado un sinfín de tiendas de campaña donde se reúnen participantes y espectadores llegados de todos los rincones del mundo griego.

Mis reservas monetarias escasean tras pagar el costoso viaje de ida y reservar lo suficiente para la vuelta. Aún así tengo los suficientes Dracmas para cubrir mis necesidades estos días y para hacer unas compras en el mercado.

 

El mercado esta abarrotado. La muchedumbre animada ha ocupado las calles donde están instaladas las tiendas y puestos de venta ambulante.

Los comerciantes aprovechan estas fechas para vender de todo y amasar una pequeña fortuna a costa de los espectadores reunidos allí. Gritos, murmullos, cantos, risas, voces sobresaliendo del resto anunciando sus productos y exclamando sus ofertas…

Una vez cumplo con mi deber, abandono el mercado. He comprado por unas monedas un cerdo.

 

Una vez llego a las afueras de la ciudad, donde un ejercito de tiendas han ocupado el lugar, me instalo en una de ellas.

Ya esta oscureciendo, y la gente se reúne cerca de las hogueras entre las tiendas. Allí en los festejos nocturnos, desde hoy hasta el último de los días de competición, actúan todo tipo de artistas. Desde músicos solitarios a bandas musicales al completo amenizan las horas de espera del público. Estas escenas se repiten a lo largo de los espacios públicos de Olimpia. Pero no solo músicos, malabaristas, narradores de relatos e incluso poetas entretienen a los asistentes a cambio de unas monedas.

Y la hoguera se consume por completo, la música cesa, las voces se apagan, la oscura noche se adueña de la llanura…

 

Los cantos de los pájaros acompañan los primeros rayos de sol. Es el gran día. Hoy empieza todo.

Esta jornada, el primer día de los juegos, se dedica íntegramente a la celebración de los ritos religiosos en honor a Zeus.

Algunos extranjeros y esclavos estupefactos son incapaces de comprenderlo. Evidentemente son salvajes o peor, no son griegos libres, y por ello no pueden entenderlo.

Es imposible concebir unos juegos sin rendir honores a los dioses: en los Juegos Píticos de Delfos de carácter poético se celebran en honor a Apolo y las Musas, en los Juegos Nemeicos de Nemea de carácter hípico se realizan en honor a la muerte del león de Nemea a manos de Heracles y en los Juegos Ístmicos de competiciones marítimas del Istmo de Corinto se celebran en honor a Poseidón y las Oceánidas.

 blogger-image--1013162872Templo de Zeus

Antes de empezar las pruebas todos los atletas tenemos la obligación, o más bien deber, de sacrificar un cerdo en honor a los dioses. Una vez llega mi turno, con el cuchillo que me ofrecen derramo la sangre del animal mientras llevo a cabo mis oraciones para obtener la victoria y el beneplácito de los dioses.

 

Según cuentan los viejos del lugar, hubo una época donde estos juegos se disputaban en un solo día, algo totalmente impensable a día de hoy. No obstante sigue organizándose en la primera luna llena después del solsticio de verano.

 

Pese a provenir de Larisa, una ciudad no tan importante como pueden ser Atenas, Esparta, Tebas, Corinto o Mileto, uno puede apreciar que estos Juegos Olímpicos no son un evento meramente atlético. Estos encuentros de todos los griegos que tienen lugar cada cuatro años favorecen al desarrollo cultural en todas sus facetas: arquitectura, escultura, poesía…

Como fruto de ello podemos contemplar el flamante Templo de Zeus obra de Libon en esta misma ciudad, terminado hace unas cinco décadas según las inscripciones. También se comenta con admiración entre los asistentes que el famoso escultor Mirón de Eléuteras por esas fechas terminó su obra más conocida, el Discóbolo. Una obra que se basó en el lanzamiento de disco, una de las pruebas de la que consta el pentatlón, durante una de sus visitas en los juegos.

¿Quién no has escuchado vez alguna la oda de las “Olímpicas” de Píndaro para inmortalizar los triunfos de los atletas?

 

Me retiro para volver a mi tienda y descansar hasta el día siguiente. Mientras ando por el camino al Estadio Olímpico contemplo con ilusión las numerosas estatuas que lo flanquean.

¿Acaso no hay mayor honor para un atleta griego que coloquen una estatua con su efigie en Olimpia en conmemoración a su victoria?

 

Un nuevo día, y la gloria espera a los elegidos.

Me dispongo a dirigirme al Estadio Olímpico para presenciar las pruebas de hoy.

Estadio de OlimpiaEstadio Olímpico (a día de hoy).

Cada día se celebran distintas pruebas debido a la gran cantidad de disciplinas que se organizan: el stadion, las carreras a distancia, la lucha grecorromana, la pygmachia (lucha con los puños), el pancracio, la equitación, las carreras de cuadrigas o carros, o el pentatlón entre otros.

 

El estadio está totalmente lleno. Hay más asistentes que persas perecieron en las Termópilas.

La primera de las pruebas que se disputan hoy es la lucha con los puños. Entre el público escucho a algunos llamar a estos combates como “boxeo”. Quizás en las colonias más remotas tengan sus propios nombres para nombrar a esta disciplina.

 

Estos juegos son de las pocas ocasiones donde toda la sociedad se da cita en el mismo lugar con un mismo objetivo. Entre los espectadores puedo reconocer a Nikias, un anciano que ayer alrededor de la hoguera presumió de haber sido campeón en el pentatlón en su juventud; a Alexandros un antiguo soldado de Atenas con quien comparto tienda de campaña; a Ampelios el dueño de la cantina con el mejor vino de Olimpia; a Pelagos el pescador que nos recibió en la playa hace dos días; a Theron el cazador que compartió con nosotros un jabalí para cenar anteayer; y a demás gente que he conocido estos días.

 

Pero no solo gente común viene a presenciar los juegos, sino que puedes reconocer gente de alta alcurnia por sus atuendos, su forma de comportarse y su lenguaje refinado. Entre los espectadores hay políticos, magistrados, arcontes, jueces y otras personalidades de alto rango que usan los juegos para sus intereses. Intereses tales como intentar pactar alianzas entre ciudades, estrechar lazos de amistades o acercar posiciones entre facciones. Aunque algunos ricos comerciantes y acaudalados nobles simplemente desean mostrar su opulencia.

800px-Boxers_Staatliche_Antikensammlungen_1538Pygmachia o “boxeo”.

De golpe se hace el silencio en el estadio. Tras un instante que parece eterno, miles de gargantas estallan de júbilo y repiten el mismo nombre con fuerza: ¡Eukles! ¡Eukles!.

Cuál es mi asombro cuando descubro que el gran campeón de esta edición de “boxeo”, es aquel chaval parlanchín con quien me encontré en la barcaza. Si, era corpulento, pero no daba sensación de ser capaz de erigirse como el campeón entre los griegos más fuertes.

Coreo su nombre con fuerza y me uno a la multitud que anima al chico proveniente de la lejana isla del archipiélago del Dodecaneso. Rodas, un lugar remoto para mi, ya que nunca me he adentrado en el Mar Egeo.

 

Si por la mañana fue turno de la pygmachia, por la tarde es el turno de la competición de pancracio.

El pancracio crea una gran expectación entre el público ansioso de que empiecen los combates.

Una disciplina compleja que combina el “boxeo” griego, la lucha grecorromana y sumisiones. Compleja y peligrosa.

Básicamente esta permitido casi todo: voltear al rival, sujetarlo, agarrarle, lanzarlo por los aires, golpearlo con puños o patadas, estrangular al rival, dislocarle miembros…

Ninguna parte del cuerpo esta a salvo.

Por ello algunos cobardes y filósofos aficionados lo califican que es el espectáculo deportivo más violento de estos Juegos Panhelénicos. ¡Si les escucharan los dioses!

 

¿Quién inventó este apasionante arte de lucha? Si preguntamos entre el público no hay unanimidad en la respuesta. ¿Fue realmente Teseo en su enfrentamiento ante el Minotauro? ¿O bien como relató Baquílides es una conmemoración a Heracles en su lid con el león de Nemea?

Fuera quien fuera, el espectáculo esta a su altura.

1280px-Pankration_Met_06.1021.49Pancracio.

Aunque no estuviera presenciando el combate desde mi sitio en las gradas del estadio, habría podido saber que había terminado la contienda. El griterío del público se alza hasta los cielos. ¡Se ha decidido el vencedor! No reconozco al ganador, pero pronto todo el estadio corea su nombre: Kapaneus de Esparta

.

Euforia, alegría, entusiasmo. Y repentinamente se hace el silencio.

 

La gente está desconcertada. Miramos todos al centro del estadio. No sabemos que ocurre, pero esta claro es que la celebración no sigue su curso habitual.

Poco a poco vamos entendiendo lo que ocurre. El perdedor de la liza tiene varias marcas en el cuerpo.

Una confusión de voces altas de varias personas hablando a la vez inundan el Estadio Olímpico.

¡Kapaneus ha mordido a su rival! ¡Ha incumplido las normas! Pese a ser una disciplina donde casi todo esta permitido hay unas prohibiciones muy claras: no se pueden romper dedos, meter los dedos en los ojos, la nariz o la boca del oponente ni morder a tu rival. 

El público abuchea a Kapaneus. Una retahíla de insultos, desacreditaciones, burlas, y amenazas salen de la garganta de cada espectador del estadio. Kapaneus se retira del estadio por su seguridad inundado de vergüenza y escarnio público.

 

Como castigo se le cobrará una multa. Y a partir de ahora será recordado para la posteridad, pero no de la forma que deseaba. Sus Dracmas financiarán una estatua de bronce en honor a Zeus que se colocará en el citado camino al estadio, donde se inscribirá el nombre del tramposo y su ofensa.

 

No será hasta la noche, en las habituales reuniones alrededor de las hogueras que descubra el nombre del merecido vencedor del pancracio: Promachos de Pelene.

Ha sido un largo día, y es hora de descansar.

 

En los primeros rayos de sol me despierto. Como cada mañana aprovecho para practicar unos ligeros ejercicios gimnásticos.

Tras ejercitarme me lavo con agua del pozo, y me dispongo a vestirme. Me coloco la exómida, el modelo más sencillo de túnica que puedo aspirar de momento, que me deja un hombro al descubierto. Acto seguido me ajusto la exómida con un cinturón y me calzo mis gastadas sandalias.

 

De camino al estadio me dirijo al establecimiento de Ampelios para desayunar. Aún no se porque razón, cuando hace tres jornadas empecé a hablar con el dueño del local, le caí en gracia.

Aquí tienes Krokina, unos trozos de pan de cebada humedecidos con un poco de vino y unas aceitunas. Y por ser tú, la casa invita a unos higos. Debes comer para mantenerte fuerte amigo”. Ampelios sigue atendiendo a los clientes, por lo menos hasta que sea la hora de irnos hacía el estadio, dejando la cantina al cuidado de su hijo.

Una vez en las gradas, intento colocarme lo más cerca posible de la pista para poder presenciar mejor las pruebas de hoy. El problema es que las miles de almas allí presentes piensan igual. Pasando entre desconocidos, chocando con gigantes megarenses y tras ser empujado por viejos antipáticos, me encuentro con el grupo de jóvenes rodiotas en primera fila. Eukles no duda en animarme a presenciar el pentatlón con ellos.

 

El pentatlón. Pronunciar su nombre ya despierta expectación.

Se trata de cinco pruebas de diferente índole donde solo los más aptos pueden participar. A diferencia de otras pruebas donde con destacar en una cualidad es suficiente, aquellos que quieran triunfar en el pentatlón deben poseer fuerza, velocidad, resistencia, agilidad….

Puedo escuchar entre los comentarios de los espectadores de mi alrededor que en esta edición se han presentado muchos más atletas que la última vez. 

salto-o-halmaPentatlón: salto de longitud.

En la primera de las pruebas se trata del salto de longitud. Puedo apreciar como todos los participantes se colocan en fila y se disponen a saltar en cuanto les den el aviso.

Solo aquellos que consigan superar la marca mínima por la organización tendrán el privilegio de seguir compitiendo. Con esta prueba la mitad de los participantes quedan eliminados al no gozar del favor de los dioses.

cerc3a1mica-con-lanzamiento-de-jabalinaPentatlón: lanzamiento de jabalina.

Seguidamente todos los competidores se colocan detrás de una línea y se les suministra una jabalina con lanza de una longitud de 1,50 metros. Esta prueba es la verdadera criba, una selección rigurosa en la que quedarán aquellos que realmente podrán aspirar al “cotinus”.

Una vez realizados todos los lanzamientos, comprueban los organizadores cuales han sido los cuatro lanzadores que han llegado más lejos con la jabalina.

 

Acto seguido los cuatro participantes se preparan para correr un estadio. Es una carrera muy disputada, pero puedo apreciar como aquellos grandes atletas no están especializados en esta prueba como los corredores de stadion. Tienen técnica y velocidad pero no consiguen sacar todo su potencial.

El último en llegar es eliminado, no sin cierta polémica para dictaminar si se trata del corredor de Cnosos o el de Delfos. Los jueces fallan a favor del isleño.

15436Pentatlón: lanzamiento de disco.

Sin tiempo para reponerse ni casi descansar los tres competidores realizan un lanzamiento, ahora de disco.

Un disco de piedra es lanzado con tanta fuerza que casi llega a las gradas en las que nos encontramos.

 

De las varias decenas de atletas que empezaron ahora solo quedan dos: un ateniense y un espartano. El ambiente se caldea, los ánimos están crispados. Se nota la tensión en el aire que se podría cortar con una xifos, una pequeña espada corta de doble filo. Pese a la tregua establecida como es costumbre, y a que los atletas competimos a titulo individual sin representar ninguna polis, colonia, emporion o liga, los espectadores del estadio no son ajenos a la situación actual del mundo helénico y toman partido por un bando u otro.

Image27923Lucha grecorromana.

No obstante una vez empieza la última prueba, un combate de lucha grecorromana, todo el estadio deja de lado sus opiniones personales y se vuelca en la gran lucha. Es un combate espectacular entre dos hombres libres que compiten por el favor divino. El cansancio hasta entonces evidente parece que desaparece de sus rostros.

El espartano haciendo acopio de sus fuerzas consigue hacer caer con fuerza a su adversario ateniense provocándole una herida que le tiñe la cara de rojo.

 

Entonces un chillido de horror. Un silencio sepulcral. 

El estadio contiene la respiración y tras unos segundos de confusión una voz se alza entre las demás: “¡Una mujer!”.

 

Un hombre moreno de musculosos brazos, seguramente un remero de un barco de guerra trirreme, sostiene por la capucha a una persona que intenta zafarse de él.

Una vez le retira la capucha deja al descubierto el rostro de una mujer de larga cabellera rizada, quien es arrastrada hasta las afueras del estadio seguido por un tumulto de gente.

El festival en honor a Zeus esta sólo dedicado a los hombres, y las mujeres tienen prohibido tanto participar como asistir como espectadoras. Es una de las reglas más antiguas y sagradas. Y ha sido desobedecida.

El castigo por esta infracción en el mejor de los casos será unos azotes, en el peor de los casos será condenada a muerte arrojándola desde el Monte Tipeo.

 Runners-in-HeraiaCarrera en los Juegos Hereos.

¿Por qué alguien incumpliría la normas divinas? Incluso hoy en día las mujeres disponen de competiciones de carreras. Sin ir más lejos, en menos de un mes se llevaran a cabo las más famosas en honor a la diosa Hera en Argos durante los Juegos Hereos.

 

Durante unos instantes estoy inmerso en mis propios pensamientos, hasta que finalmente decido seguir admirando ese épico combate. Cuál es mi sorpresa cuando descubro que el combate ha terminado mientras la mayoría de ojos estaban centrados en la dama. ¡Que lastima! ¿Quién habrá ganado?

 

Al finalizar la calurosa jornada regreso cansado hacia el campamento. Cenamos algo de pescado que nos ha traído Pelagos, compartimos unos tragos de vino rebajado con agua y caemos ante el poder de Morfeo

 

El nuevo día nos reserva uno de los espectáculos más celebres de estos juegos. Estoy hablando tanto de los tethrippon como los synores, es decir las carreras de carros tirados por cuatro o dos caballos.

Dos decenas de aurigas se reúnen en sus carros en la línea de salida esperando la señal. Estos auriga visten una prenda llamada xystis, que les llega hasta los tobillos simplemente sujetada por una correa, para protegerse del polvo y las posibles heridas al volcar los carros.

Los dueños de los caballos a menudo eligen a adolescentes como jinetes ya que deben ser altos y ágiles.

Obviamente los dueños son quienes se llevan la gloria y son nombrado campeones.

000497310Tethrippon o carrera con carros con cuatro caballos.

¡Se ha dado la señal de salida! Los jinetes a partir de ahora solo tienen un objetivo: llegar primeros tras 12 vueltas al estadio (¡más de 4200 pies de distancia!). Ni el polvo, los golpes, los vuelcos o las caídas les detendrán.

 

Durante la carrera empiezo a conversar con los que se sitúan a mi alrededor en las gradas. Un viejo comerciante de Halicarnaso consigue resolverme una de las dos dudas que me corroen desde ayer.

El campeón del pentatlón fue aquel joven ateniense. Después de reponerse del golpe pareció como si el mismísimo Zeus le insuflara energías y derrotó en un parpadeo a su rival. Acto seguido se fue corriendo hacia las puertas del estadio sin disfrutar de la celebración de su sufrida victoria. Nunca había visto algo así”.

 

Octava vuelta al estadio. La cuadriga que va en cabeza sufre un aparatoso accidente cuando su caballo blanco tropieza haciendo volcar a su dueño y los demás équidos. El joven jinete de pelo castaño y aún sin barba yace sin vida debajo del carruaje y de un caballo de negra crin. ¡Los dioses no sonríen a quienes no lo merecen!

Mientras sigue la carrera, un campesino de Élide me comenta que la chica de ayer finalmente fue indultada. Se trataba de la hermana del atleta ateniense, el cual se fue corriendo a suplicar el perdón por su necia hermana. ¡Zeus se apiadó del campeón! Si no hubiera sido hermana suya, habría corrido peor suerte…

 

…Hablando de correr, tras compartir un poco de pan de trigo, unas cebollas y un pedazo de queso con unos atletas de Argos, es el turno de las carreras de distancia.

Entre ellas la prueba del dolichos, una carrera de largo recorrido donde se corre una distancia equivalente entre 18 y 24 vueltas al estadio, según la decisión de los helanódicas en cada edición. Este año han decidido que sea el equivalente a dos docenas de vueltas.

 

Como un rayo que cruza el cielo los corredores empiezan a correr, completando una vuelta al estadio para acto seguido abandonarlo por la puerta principal.

El recorrido de la carrera les llevará por toda la ciudad de Olimpia a través de calles y campos a través, a su vez que siempre que sea posible pasar cerca de estatuas importantes como la de Niké o de prestigiosos templos como el de Zeus.

Buena parte del público del estadio sale de las instalaciones para ir colocándose en diferentes tramos del recorrido para presenciar la carrera en vivo.

 

Yo por mi parte me espero en mi sitio a la llegada de los corredores, ya que se inicia y se termina la carrera del dolichos con una vuelta en el Estadio Olímpico.

A mi lado un borracho espartano balbucea entre eructos que a esa prueba la deberían llamar Filipíadas en honor al soldado que corrió sin descanso entre Maratón y Atenas para anunciar nuestra victorias ante los persas. Siempre tengo que encontrarme a los iluminados.

“¡Pero que locuras dices! Eso no es lo que cuenta Heródoto. ¿Y porque no le llamamos hacer una Maratón ya puestos? ¡Vete a hablar con Dionisio a otro lado!

 

La larga espera termina cuando los primeros corredores entran en el estadio. La carrera está muy reñida, y tres corredores van en la cabeza sin apenas distancia entre ellos. Entran en la ultima vuelta. Por el carril exterior un corredor, que destaca por aún tener una larga cabellera oscura a su edad, va ganando distancia ante sus perseguidores.

En la recta final, lo que parecía imposible hace media vuelta sucede y finalmente el campeón llega a la meta con varios metros de ventaja sobre los otros dos corredores.

Su nombre es Lasthenes de Tebas. Su carrera ha sido digna de una epopeya escrita por Homero.

 

Otro día llega a su fin y estoy satisfecho por aquellas gestas que he podido presenciar.

Mientras cenamos en el campamento, los presentes allí relatamos historias, vivencias y compartimos opiniones.

Un hombre de mediana edad de quien desconozco el nombre, cuenta al grupo de participantes rodiotas que el campeón de tethrippon fue Ploutarchos de Pisa, dueño de los mejores caballos de toda Grecia según comentan en la ciudad.

 

Más tarde Eukles nos cuenta que la Asamblea de Rodas prometió obsequios y una recompensa monetaria a aquel que consiguiera alzarse con un triunfo en los juegos. Nikias farfulla que en su época no eran tan generosos ya que el recibimiento en la ciudad fue anecdótico y lo único que consiguió fue que le condonasen los impuestos. Luego con orgullo el anciano alardea que por lo menos su victoria le sirvió para triunfar entre el sexo femenino. 

Cansado de tanto hablar y reír con las aventuras y desventuras de ese viejo chiflado, me retiro hacia mi tienda. Alexandros ya esta durmiendo profundamente.

 

Quiero dormir pero no puedo. Estoy nervioso, muy nervioso. Mañana es el gran día.

¿Qué va a ocurrir? ¿Qué pasará si lo consigo? ¿Y si no lo consigo? ¿Cuándo podré

 

Escucho ruidos que no logro identificar. El suelo se mueve. Más ruidos. Abro los ojos y veo a alguien que me sacude. Alexandros intenta despertarme. Es tarde, ya hace algunas horas que ha amanecido.

estadio_de_olimpia_110_1200x786Entrada del Estadio Olímpico.

Andando con paso firmo con rumbo hacia el Estadio Olímpico y cruzo su entrada. Una vez allí me dirijo a las carpas instaladas en un lateral.

Allí me ofrecen un manjar digno de un rey. Un plato de verduras, escasas y caras en la ciudad, acompañadas de unas aceitunas, un par de sardinas y una pata de cerdo asada.

 

Una vez saciado el apetito toca realizar algunos ejercicios de calentamiento.

Me desprendo de mi túnica y mis sandalias. Cojo un recipiente con aceite de oliva que me han preparado y me unto todo el cuerpo.

Los atletas competimos desnudos, mostrando con orgullo nuestra condición física que nos ha traído hasta aquí.

Cuentan las malas lenguas que se tomó esta decisión para que ninguna mujer pudiese competir sin ser descubierta como ocurrió en antaño con Ferenice de Rodas

 

Escucho la algarabía y el alboroto fuera de la carpa. Es el último día de los Juegos Olímpicos, y esta es la última prueba.

 

La pista esta rodeada por rampas y sus dimensiones desde pie de pista parecen mayores.

La distancia entre la línea de salida y la meta es de un “stadio”, lo que para algunos extranjeros serían unos 192 metros, sea lo que sea esa medida.

La capacidad de este estadio, obra del ingenio griego, es de más de cuatro decenas de millares de almas que sientan directamente en el suelo y las gradas.

 

Los únicos asientos de piedra, más allá de algunos para las autoridades, están ubicados en la parte meridional del estadio donde se encuentra la tribuna de los árbitros, los helanódicas. Estos tienen su sagrada obligación de hacer respetar las normas y el legado de los juegos, y actualmente lo conforman una decena de jueces.

Junto a los helanódicas se encuentra la única mujer con permiso para asistir a tal evento, la sacerdotisa de Démeter Chamyne. Y junto la tribuna se encuentra un pequeño altar de uso exclusivo de la sacerdotisa.

 

Salgo de la carpa con mi cuerpo reluciente por el aceite que refleja los rayos de sol. La sensación es parecida a la de encontrarte enfrente de un titán. Te sientes pequeño, como una hormiga rodeado de millares de personas chillando y gritando. Ante toda esta confusión te cuesta descifrar lo que dicen. Las piernas te tiemblan. Estas nervioso, verdaderamente nervioso. Para esto estas aquí.

 

Ando lentamente aparentando paso firme hacía la línea de salida. Allí están reunidos el resto de corredores. Miro sus caras, unas caras decididas y serias. Reconozco un rostro.

Un atleta se acerca y me aprieta la mano. “Kalos kagathós (Hermoso y bueno)”.

El hombre perfecto tiene el equilibrio entre el cuerpo y el espíritu, belleza y salud. Y solo estos son los capaces de ganar.

Se trata de Eukleides, uno de los atletas de Argos con quien compartí la comida en el día de ayer. Amigos un día, rivales en otro.

 corredoresStadion, o carrera de una vuelta al estadio.

La prueba es el stadion. Una carrera a pie que recibe el nombre del edificio donde de realiza, el estadio. La distancia a completar unos 650 pies, es decir 192 metros.

Durante largo tiempo ha sido la competición más importante de estos juegos. Según he podido escuchar entre los sabios del lugar, al principio, hace casi cuatro siglos, era la única competencia que se realizaba.

El que gana en esta disciplina se suele considerar como el ganador “absoluto” de los juegos. Estos pensamientos me provocan un nudo en la garganta. Estoy paralizado, empiezo a sudar. Perderé. Los dioses no me sonríen.

 

Empiezo a escuchar voces entre el escándalo del público. Reconozco las voces de varia gente: Alexandros, Eukles, Nikias, Ampelios, Theron, Pelagos… Todos ellos me animan. Sus palabras de apoyo son lo único que soy capaz de escuchar. Gritos de aliento que estimulan mis sentidos.

Se da la señal.

Todos los corredores salen corriendo. Yo también. Todos corremos al limite de nuestras fuerzas ya que esta prueba requiere alcanzar la máxima velocidad lo más rápidamente posible y mantenerla un corto periodo de tiempo.

Mis piernas cansadas se vuelven ligeras como una pluma. Mi cuerpo entumecido flota como una nube. No tengo la sensación de correr, sino de estar volando. Como si una divinidad me hubiera poseído corro tanto como mi cuerpo me permite.

 

Eukleides y yo vamos en cabeza. Cada vez queda menos distancia para llegara a la meta. Ninguno de los dos somos incapaces de dejar atrás al otro. En el último instante saco fuerzas que desconocía que poseyera, y eso me da el empujón necesario para adelantarme unos pasos por delante del corredor argivo.

Llego a la meta. Soy el primero. He ganado. Estallo en lagrimas de felicidad. Mi cuerpo desfallece y me desplomo de rodillas en el suelo.

 

Mi rival Eukleides junto con un corredor corfiano me levantan y me acompañan hasta ante la presencia de los jueces.

El único premio, a parte de la fama eterna, que se entrega en estos juegos es una corona elaborada con ramas de olivo llamada “cotinus” que se coloca en la cabeza del campeón. Según cuenta la leyenda se obtienen las ramas de un olivo silvestre que fue plantado por Heracles junto el templo de Zeus en esta ciudad.

CoronaMe colocan el cotinus que me identifica como el gran campeón.

 

Ganador del stadion y ganador absoluto de los XCV Juegos Olímpicos: ¡Krokina de Larisa!”

 

Una vez finalizadas las celebraciones, me visto y abandono el estadio. En las calles toda la gente me felicita y me rodea. Todos quieren conocer al héroe de los juegos. Sinceramente, me siento abrumado. No estoy acostumbrado a tantas atenciones. Finalmente llego al campamento después de una odisea para llegar. Aquí otra vez me vitorean, me aplauden y me halagan.

Mis amigos están todos allí para recibirme. Incluso el derrotado Eukleides.

De aquí cuatro años no perderé, tenlo por seguro”.

“Entonces, tendrás que enfrentarte a mi y descubrir a quien conceden su favor los dioses”.

 

Las cráteras de vino y las jarras de hidromiel corren de mano en mano más rápido que yo durante el stadion. La fiesta dura hasta altas horas de la noche. Participo en las fiestas que clausuran los juegos hasta que mi cuerpo aguanta.

Los ojos se me cierran, los parpados me pesan, todo esta oscuro…

 

Sueño que estoy en Larisa viviendo en opulencia, sin trabajar, con todas mis necesidades económicas cubiertas gracias a un mecenas…

 

 

Año I de la XCVI Olimpiada (finales del siglo V a.C).

Estrecho de Kafireá, entre las islas de Eubea y Andros. Mar Egeo.

 

Hace unos días que partimos de Epitalio.

He embarcado en un barco dirección a Pela en el Reino de Macedonia, que me dejará en Págasas y de ahí iré a caballo hasta Larisa.

 

Vivo en una constante una nube de felicidad. La euforia y la alegría aún recorren todo mi cuerpo.

¡Soy un vencedor de los Juegos Olímpicos! ¡Yo, Krokina de Larisa!

Este honor esta al alcance de muy pocos. Me siento como si fuera invencible. ¿Así se sentirán los dioses?

Ya me estoy imaginando una bienvenida digna de un héroe con desfiles por las calles, y los bustos que van a erigir en mi honor en mi ciudad natal.

¿Qué se debe sentir cuando escriben poemas relatando tu victoria?

No veo el momento para volver dentro de cuatro años a Olimpia y presenciar en persona la estatua con mi efigie en el camino hacía el estadio.

 

¡Lo he decidido! Me entrenaré para dentro cuatro años volver competir en stadion y también en la prueba de dolichos. ¡Voy a ganar!

 

Incluso en verano los temporales del norte del estrecho son constantes. La poca distancia que separa ambas orillas crea un embudo para los vientos y los acelera. Vientos en contra. La fuerte corriente en dirección sur nos complica la travesía.

El temporal empeora. El furioso oleaje rompe contra el buque mercante. La tormenta envuelve a la embarcación. El fuerte viento impacta contra las velas y el casco del navío.

Cae la noche, la lluvia intensifica su ritmo, las olas se mueven salvajemente y el viento aúlla como un lobo hambriento. El oscuro cielo solo se ilumina con los rayos de Zeus.

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Una gran ola vuelca el buque. Se hunde el barco. Nos hundimos.

Intento nadar hacía la superficie, pero algo me arrastra hacia las profundidades. Una cuerda de la cubierta se ha enredado con mi pierna.

Me alejo de la superficie. Se me termina el aire. Todo esta oscuro.

 

A veces los dioses te sonríen. Y en ocasiones lo que te dan te lo pueden quitar. Los dioses son caprichosos”.

 

Mi nombre era Krokina

 

TaichoXela  

Twitter: @TaichoMaster 

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“Y así empieza”  

“La verdad es una excusa para la falta de imaginación” 

“¿Desea saber más?” 

 

 

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TaichoXela
@TaichoMaster

Culé residente en Barcelona. Amante del fútbol vistoso y de ataque. Tengo simpatía por el Girona FC y el Kashima Antlers. Me encanta la Ciencia Ficción y la Fantasía Épica. Disfruto con los videojuegos, los manga, el anime, las series y los libros. ¡Preparado para desatar mi imaginación! Visca el Barça. "Y así empieza” “La verdad es una excusa para la falta de imaginación” “¿Desea saber más?”

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