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Bienvenidos al Infierno, la Segunda División – Crónica Diario AM 18/06/2016

Bienvenidos al Infierno, la Segunda División – Crónica Diario AM 18/06/2016
Ankor

Largas travesías por tierras yermas, enemigos por doquier que no dudarán en hundirte para ascender ellos, grandes sufrimientos y muy pocas recompensas. No, no es el infierno, es la Segunda División.

Esta tarde uno de ellos abandonará el infierno y otro morirá en la orilla, será a las siete (una hora menos en Canarias, seis horas menos en el Québec canadiense y Bogotá y siete horas menos en el DF y Honduras) en Canal+ Liga 2.

Un año extenuante, con numerosas jornadas, peleas, fallos arbitrales, bajas, importantes inversiones y pocos beneficios, pero nada de eso servirá para uno de ellos, que volverá a quedarse, un año más, en el infierno. Osasuna tiene una ligera ventaja, pero Girona tiene a Montilivi. Alegría inconmensurable para el que ascienda, desolación profunda para el que se queda, pues todo un año de esfuerzo titánico han sido en vano.

Pero ¿cómo se ha llegado a esta situación? ¿Cómo es posible que la Segunda División se haya convertido en el infierno que conocemos hoy. En esta crónica, trataremos de analizar los problemas actuales por los que atraviesa la Segunda División y sus posibles soluciones. Pero antes daremos un repaso al pasado buscando los antecedentes que llevaron a la Segunda División a la amargura que es hoy en día, Comenzamos.

 

El nacimiento de la LFP.

Liga-de-Fútbol-Profesional-LFPLos 80 fue una época muy convulsa para el fútbol español. En Europa el fútbol se estaba profesionalizando a pasos agigantados, más aún con la inclusión de futbolistas extranjeros en las plantillas de los equipos. A todo esto, había que añadir una crisis económica galopante en un país que trataba de modernizarse en diez años lo que no había hecho en cuarenta.

Con España ya abierta al libre mercado y la posibilidad, aunque aún tímida, de incluir jugadores extranjeros en sus plantillas, con contratos cada vez más profesionales; la gran mayoría de los clubes de fútbol españoles no lograron adaptarse muy bien al cambio, obteniendo cuantiosas pérdidas y acumulando cada vez más deuda, lo que se hacía insostenible para muchos. Esta mala década se vio en los resultados de los clubes a nivel europeo, donde prácticamente los clubes españoles se borraron del mapa. Tan sólo las Recopas de Europa logradas por el FC Barcelona y las Copas de la UEFA logradas por el Real Madrid (ya desde esta época, ambos clubes vivían ajenos a los problemas del fútbol español) en este periodo, evitaron que la Liga Española se hundiera del todo, que aún así en esta década la Liga Española llegó a caer hasta el octavo puesto en el Ranking UEFA, lo que vendría siendo el nivel de la Liga de Ucrania hoy en día.

Ante tales males, fueron muchos clubes los que fijaron la mirada en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), entidad pública que se encargaba de la organización del torneo, las desavenencias en cuanto a la gestión de la profesionalización, los acuerdos comerciales, y el reparto de los beneficios de la liga, provocaron que los clubes de fútbol fundaran un organismo independiente y privado (aunque en sincronía con la RFEF) que se encargaría de la organización, gestión y comercialización de la Primera División y la Segunda División, la Liga de Fútbol Profesiona (LFP), que comenzó su andadura nada más empezar el año 1984. Desde entonces, a estas categorías se les llama categorías profesionales, un concepto importante que habrá que recordar porque será protagonista más adelante.

Manuel Vega-Aragón Alvaré, primer presidente de la LFP.

Manuel Vega-Arango Alvaré, primer presidente de la LFP.

Una gran idea en su día, un organismo independiente gestionado únicamente por los clubes de Primera y Segunda División, decidiendo ellos mismos el rumbo que tomarían las categorías profesionales en España de manera independiente. El primer presidente de la LFP fue Manuel Vega-Arango Alvaré, presidente también del Real Club Sporting de Gijón, y formado por los presidentes de los equipos del Real Betis Balompié, el Club Deportivo Málaga, el Real Club Deportivo Español, el Real Club Deportivo de La Coruña, el Club Deportivo Puertollano y la Unión Deportiva Las Palmas.

Fue una década de cambios de formato prácticamente todos los años, hasta que al final de la década se optó por el sistema de liga de veinte equipos que se mantiene actualmente.

La llegada de las Sociedades Anónimas Deportivas.

Pese a las mejoras profesionales llevadas a cabo en los 80, el fútbol español vivió su peor crisis particular en la década de los 90. Los clubes eran incapaces de ampliar sus capitales en un mundo que se volvía cada vez más competitivo deportivamente. Los clubes (muchos de ellos con poca cabeza, todo hay que decirlo) trataban de alcanzar dicho nivel competitivo, por lo que la deuda general del futbol español crecía cada vez más haciéndolo insostenible.

Ante este panorama, intervino el Gobierno, que siempre se ha mostrado muy reacio a meterse en un tema tan importante y que levanta tanta pasión social en el país como el fútbol. Sacó adelante un Real Decreto de Ley conocida como “la Ley del Deporte” en 1990, con el fin de dar a los clubes (agrupaciones sociales) una nueva figura societaria, una Sociedad Anónima Deportiva (SAD), una empresa, que dotaría a los “clubes” de un nuevo enfoque legislativo, jurídico, administrativo y económico, un nuevo modelo de gestión, y los hacían más adaptables al mundo del deporte que existía por aquellos tiempos. Ya en 1992, la gran mayoría de los clubes se transformaron en SADs.

Las diferencias entre una SAD y un club son varias:

  1. Una SAD no pertenece a sus socios, es decir, a una agrupación social, sino que tiene un propietario o propietarios (que puede ser una persona o una empresa) que, a su vez, puede tener un grupo o junta de accionistas. También podrían cotizar en bolsa y, por tanto, abrirse al mercado.
  2. La posibilidad de gestionar la deuda de otra manera. Una SAD, puede recibir capital de cualquier persona o entidad que quiera invertir en la empresa, por lo que la gestión de una deuda puede resultar más efectiva. En un club no, cualquier entidad o empresa que quiera formar parte del club, sólo puede hacerlo a través de acuerdos de patrocinio, no teniendo de facto ningún derecho de propiedad con el club y al que sólo le une un contrato de marketing o publicitario. Este fue el principal motivo de la creación de las SADs, que alguien (una empresa, un grupo de accionistas, cualquiera) pudiera hacerse cargo de la deuda de los clubes, que era el principal problema que preocupaba al Gobierno vigente. Las SADs no se crearon para acabar con la deuda en el fútbol español, sino para que más organismos y entidades pudieran hacerse cargo de dicha deuda, no sólo los socios. Una empresa, por ejemplo, no va a pagar la deuda de un club por caridad, sin obtener nada. En cambio, si paga la de una SAD, esa SAD es suya.
  3. Las relaciones jurídicas cambian, al relacionarse las SADs con la Administración como empresa y no como agrupación social, cambiando profundamente la legislación de su gestión y la relación con el fisco.

Una idea que se consideró excelente en su día y necesaria para salvar al fútbol español, y al ser ley, rápidamente se adaptaron la gran mayoría de los clubes al nuevo modelo de gestión, ya terminada la década, prácticamente todos los clubes se convirtieron en SADs. Sin embargo, al poco tiempo, surgieron los inconvenientes, algunos de ellos por la propia naturaleza de una SAD y otros por la mala gestión de las nuevas empresas creadas, éstas son:

  1. La SAD ya no pertenecía a sus socios, sino a un accionista o propietario o varios de ellos. Si los accionistas son varios, se rigen por una junta de accionistas, de donde saldrá el presidente del club. Estos propietarios de la SAD, no tienen por qué rendir cuentas a los antiguos socios, que pasan a ser aficionados como los demás o, como mucho, abonados a la SAD. En el caso de que exista un único accionista, o dos, literalmente puede hacer lo que le dé la gana con el equipo sin que los aficionados puedan hacer nada salvo protestas y manifestaciones sociales.
  2. En un club de fútbol, lo que se busca es la viabilidad y el éxito de dicho club, ya que pertenece a sus socios. Su presidente se elige entre sus socios, si dicho presidente se pasa de la raya (con el fin de lucrarse personalmente) puede ser destituido por el resto de los socios. Una SAD es, por encima de todo, una empresa, y busca el beneficio económico por encima de todo, no deportivo, aunque eso depende de la gestión deportiva que quiera realizar el propietario o propietarios de dicha SAD.
  3. Casos de corrupción. Que han ocurrido, sobre todo, en aquellas SADs donde tiene un único accionista mayoritario o dos. Numerosos casos de corrupción han acabado  salpicando aquellas SADs en la que los corruptos eran accionistas mayoritarios o propietarios. En un club, que tiene la férrea mirada y análisis de todos sus socios, eso no pasa. En un club, el presidente electo tiene que pasar un examen por parte de todos los socios regularmente. Casos hay muchos desgraciadamente en este país; Jesús Gil y Gil (aunque comenzó como presidente electo cuando el Atlético de Madrid era un club), Manuel Ruiz de Lopera o José María Del Nido.
Jesús Gil y Gil, primer presidente del Club Atlético de Madrid con SAD.

Jesús Gil y Gil, primer presidente del Club Atlético de Madrid como SAD.

El fútbol español cambió totalmente. Con las SADs, era más importante una buena gestión empresarial de los recursos de la SAD que la masa social que podía tener un club. Con ello, muchos clubes “históricos” pasaron por serias dificultades (algunos hasta desaparecieron) por su mala gestión empresarial. Otros, que no hubieran tenido posibilidad de destacar como club por no disponer de una masa social importante, consiguieron brillar. El caso más claro es el del Villarreal CF, que ha conseguido colocarse en la élite del fútbol español gracias a su gestión empresarial. Difícilmente como club hubiera conseguido la historia reciente de estos años cuando la población de la ciudad es de tan solo cincuenta mil habitantes, gracias sobre todo a la gestión empresarial de Fernando Roig, que también es el máximo accionista del Villarreal. Un claro ejemplo de que la viabilidad, éxito, corrupción o fracaso de una SAD depende mucho del enfoque que le quiera dar su propietario.

Fernando Roig, propietario y presidente del Villarreal CF.

Fernando Roig, propietario y presidente del Villarreal CF.

Y no es el único, el panorama en cuanto a nombres que componen la Primera y Segunda División ha cambiado mucho desde entonces, y son numerosos los equipos que han conseguido debutar en Primera División desde los años noventa. Un periodo en el que los debuts profesionales son tan frecuentes como en las primeras décadas de andanza de la Liga Española. El caso más reciente, el CD Leganés, al que se le podría sumar un debutante más, el Girona FC. 

Pero aparte de las ventajas y desventajas que hubiera tenido la medida, hubo una serie de aspectos que provocaron que dicha solución fuera un desastre. Auténticas chapuzas en cuanto a la gestión del nuevo sistema con SADs:

  1. No todos los equipos se convirtieron en SAD, Real Madrid y Barcelona (que, recordemos, viven completamente ajenos a la realidad del fútbol español) tenían un superávit importante y ni en broma iban a aceptar convertirse en SAD. Gran parte de los beneficios de la Liga Española se lo debían al Real Madrid y al FC Barcelona, y como casi siempre, claudicaron a sus demandas, siguieron siendo clubes. Y ahí que llegó el Athletic Club y el CA Osasuna, que si bien no tenían cuentas tan exageradas como los dos colosos, tampoco tenían deudas importantes ¿por qué dejar de ser clubes si no hay deudas y, encima, al Real Madrid y FC Barcelona sí se lo permitieron? Pues ahí que claudicaron una vez más y también permitieron que Athletic Club y CA Osasuna mantuvieran su estatus de asociación deportiva. Luego estamos hablando de una organización en la que conviven tanto empresas como clubes, por lo que el trato económico, mercantil y jurídico es diferente al tratarse de dos entidades completamente distintas.
  2. En teoría, la SAD permitía una apertura a más capital desde diferentes sitios e incluso salida a bolsa, pero muy pocos o ninguno lo han conseguido. La idea es simple, tú eres una empresa y te gustaría meter dinero en un equipo de fútbol, pero ese equipo de fútbol recibe pocos beneficios, ya que se encuentra en una misma competición donde hay clubes (no empresas) que acaparan la mayor parte de los beneficios ¿para qué perder dinero? Para muestra, un dato, desde 1992 la gran mayoría de los clubes se convirtieron en SAD, sin embargo, no fue hasta el 2007 que comenzaron a salir en bolsa, impresionante.
  3. Ahora la LFP era una agrupación de empresas más que de clubes (aunque en realidad convivían y conviven las dos entidades) pero siguió sin ser un bloque, cada uno seguía por su lado y cada uno negociaba por su lado. Los clubes de fútbol (recordemos FC Barcelona, Real Madrid, Athletic Club y CA Osasuna) no tenían por qué acatar las decisiones conjuntas de las SAD, ya que ellos no son SAD. El ejemplo más claro es que el reparto de los derechos televisivos jamás se negoció en conjunto hasta esta misma temporada, sobre todo por la negativa del Real Madrid y FC Barcelona año tras año que negociaban sus contratos televisivos aparte, sin que las SADs pudieran hacer nada, ya que estaba fuera de su jurisdicción.

Un auténtico desastre de gestión y planificación de la deuda de los clubes de fútbol que trajo consigo una consecuencia que se hacía cada vez más visible hasta llegar a nuestros días. Y es que una SAD no puede competir contra los clubes más saneados, Real Madrid y Barcelona, por las limitaciones en los beneficios económicos y porque en una SAD, lo importante es el beneficio económico de la empresa, si acabar cuarto (Liga de Campeones) obtiene beneficio ¿para qué molestarse en algo más? Mientras que en un club se sigue y se seguirá intentando buscar el beneficio deportivo de dicho club. Aparte que la LFP siempre tendrá un trato diferente (y más estricto) a las SADs y no a los clubes.

Muchas SADs buscaron el capital en las instituciones públicas (ayuntamientos, diputaciones provinciales, cabildos…) por lo que trasladaron su deuda al sector público, con las críticas que eso recibiría al destinar dinero público a empresas al fin y al cabo, sobre todo por parte de aquella parte de la sociedad que no consideraba el fútbol lo suficientemente importante como para que sus impuestos fueran a parar a dichas empresas o los que eran aficionados de otras disciplinas deportivas veían que para sus equipos sí que no había dinero desde las mismas instituciones. El ejemplo más cercano para mí fue el del Cabildo de Gran Canaria que llegó a un acuerdo de patrocinio con la UD Las Palmas (incluso pagó el estadio) y sin embargo el Club de Balonmano Gáldar (de la misma isla) no recibió ayudas y tuvo que desaparecer cuando militaba nada más y nada menos que en la liga ASOBAL.

La “Liga de los 22”.

PapeleoCreo que el mayor ejemplo chapucero de lo escrito hasta ahora lo encontramos en el verano de 1995. Al tratarse la LFP de una asociación de empresas en su mayoría, y para acabar con el “libertinaje” a la hora de contraer deudas de los equipos, se empezaban a desarrollar unas normas financieras que todo SAD debe cumplir (recordemos que los clubes están exentos), entre ellos un aval que cubriera el posible gasto o deuda que tuviera la SAD. Algo lógico ¿no? Tú llevas una empresa con las cuentas al día, esforzándote y matándote en cuadrar todas las cuentas para salir adelante ¿y vas a competir con alguien que se lo toma a guasa y tiene endeudado hasta el cepillo de dientes? Pues va a ser que no.

Y la primera gran prueba de fuego ocurrió al finalizar la temporada 94/95, donde todas las SADs tuvieron que presentar la documentación para poder participar en la temporada 95/96. La LFP sancionó al Sevilla FC y al RC Celta de Vigo por no presentar toda la documentación a tiempo en el momento de la inscripción, básicamente no presentaron los avales suficientes que mostraban que dichas SADs eran viables. La sanción era la expulsión inmediata de toda competición organizada por la LFP, es decir, el descenso a Segunda División B.

Sin tiempo que perder, para tenerlo todo bien atado, la LFP invitó al Real Valladolid y al Albacete Balompié (que habían descendido a Segunda División tras terminar la temporada 94/95, algo así como al Eibar cuando descendieron al Elche) a ocupar las plazas del Sevilla y el Celta, y formalizaron la inscripción en tiempo récord.

Pero ambos clubes recurrieron, alegando que la LFP ignoró el derecho de subsanar cualquier error en la documentación o aportar falta de documentación en el plazo de quince días una vez recibida la notificación, es decir Sevilla y Celta consiguieron su aval, aunque fuera de plazo, lo que les permitía legítima y financieramente competir en la categoría que habían ganado deportivamente. Pero Real Valladolid y Albacete, que ya estaban inscritos, no se iban a quedar con los brazos cruzados. En primer lugar alegaron que dicho derecho sólo es aplicable a las instituciones públicas (como matricularse en la universidad o pedir una beca) y la LFP es una institución privada (de ahí el énfasis en decir que es privada) por lo que no se aplica; y en segundo lugar  porque la inscripción ya estaba aceptada y aprobada, por lo que eran equipos de Primera División de manera LEGÍTIMA. El asunto llegó hasta el Consejo Superior de Deportes (CSD) y se conoció como “La Guerra del Fútbol”.

Menudo marrón para el CSD, y menudo follón se montó, todo por la inoperancia de la LFP, movilizaciones en las ciudades y clubes afectados y en Madrid, presiones políticas… El escándalo estaba servido. El CSD estaba desbordado, porque claro, no sólo por las SADs implicadas en el caso, sino a la gran cantidad de los patrocinadores y socios comerciales de las mismas SADs con las que llegaron a esos mismos acuerdos bajo la condición de que eran equipos de Primera División.

José María Caneda, entonces presidente de la SD Compostela, fue especialmente crítico con la gestión de la LFP.

Al final se organizó una asamblea televisada entre los presidentes de todos los clubes y SADs de Primera División, reunirse y tratar de arreglar ellos la torpeza de la LFP y el miedo a mojarse del CSD, pues era un asunto que implicó a todos, porque de haber continuando buscando entre las “lagunas legales”, las competiciones tendrían que haber sido paralizadas judicialmente, algo que hubiera traído nefastas consecuencias para los acuerdos comerciales de todos los equipos.

Al final se optó por aceptar en Primera División a los cuatro equipos implicados, por lo que la Primera División contaría con 22 equipos (42 jornadas) durante dos temporadas, donde al finalizar descenderían cuatro equipos y ascenderían dos, volviendo de nuevo a la liga de 20 equipos. Una decisión aprobada por todos los miembros de la asamblea y que logró satisfacer a todos.

 

Y una vez conocidos los antecedentes más importantes, pasamos a analizar los problemas que convierten a la Segunda División en el infierno que conocemos hoy en día:

Una liga excesivamente larga.

Cuatro equipos descendieron en 1997 de Primera División, pero ascendieron sólo dos de Segunda División, por lo que, desde entonces, la segunda categoría cuenta con 22 equipos sin comerlo ni beberlo. Tras la bochornosa gestión de la crisis provocada por la LFP en Primera División, fue la segunda la que pagó los platos rotos, y aún lo sigue haciendo. Si bien ya era difícil ascender en una liga de veinte equipos, donde todos los años había un máximo de cuatro equipos que podían ascender y un mínimo de dos (porque había promoción de ascenso entre el tercero y cuarto clasificado de la Segunda División contra el tercero y cuarto por la cola de Primera División), más aún con una liga de 22, por lo que las opciones de ascenso oscilaban entre el 5% y el 10%, se trató de solucionar añadiendo un tercer ascenso directo, por lo que la probabilidad superaba en poco el 10%.

CiclismoLa Segunda División no es una categoría para quedarse, si bien es cierto que hay equipos que tratan de consolidarse en la categoría, la gran mayoría intenta abandonarla lo antes posible para alcanzar la gloria (y las riquezas, no olvidemos que son SADs) de la Primera División, por lo que realizan importantes inversiones para alcanzar ese objetivo, el problema, es que dicho objetivo es muy difícil de conseguir, y si a medida que pasan las jornadas tu objetivo queda lejos, pues también la motivación de pelear con ella. Apatía de los jugadores por no conseguir sus primas, y el deseo de que se acabe esa tortura cuanto antes… un fracaso deportivo y económico que resulta ser exageradamente frecuente (recordemos que casi el 90% de los equipos no consigue ascender) por lo que su situación financiera se ve seriamente afectada para la temporada siguiente. Es muy común encontrarse con clubes que tienen grandes altibajos por temporada en Segunda División, un año están ahí arriba pero no ascienden, el año siguiente coquetean con el descenso. El paralelismo con el ciclismo se torna evidente, un esfuerzo sobrehumano tanto deportivo como financiero de todos los equipos, pero sólo tres logran el podio. Un esfuerzo que, recordemos, la gran mayoría de las veces se torna infructuoso.

Obligación de ser una SAD.

Como expusimos anteriormente, la Segunda División se considera ya categoría profesional y, por tanto, organizado por la LFP. Pues bien, es precisamente esta organización privada la que obliga a todos los clubes (que ascienden de Segunda División B) a ser SADs si quieren participar en el fútbol profesional. Con todas las consecuencias que hemos explicado antes. Todos los jugadores deberán tener ficha profesional y deberá estar formado por un grupo de accionistas y no de socios.

Universidad de Las Palmas CF, llegó a la categoría profesional tan sólo seis años después de su fundación como club.

Universidad de Las Palmas CF, llegó a la categoría profesional tan sólo seis años después de su fundación como club.

Esta condición trae consecuencias devastadoras para los clubes modestos, pues la conversión no es fácil. Hablamos de pasar de un capital social (con sus patrocinadores y demás) a un capital privado con varios propietarios financieros, y, nuevamente, se busca la viabilidad y beneficio económico de la SAD, en vez del éxito deportivo del club. Los casos que más conozco por estar cerca de mi entorno fueron los ocurridos con los clubes del Universidad de Las Palmas CF (ascendido a Segunda División en el 2000) y la UD Vecindario (ascendido a Segunda División en 2006), ambos de la isla de Gran Canaria. Un auténtico hito por ser el tercer y el cuarto equipo canario respectivamente en llegar al fútbol profesional tras la UD Las Palmas y el CD Tenerife. Pues bien, ambos eran clubes y ambos fueron obligados a transformarse en SAD. El cambio no fue nada fácil y mucho menos las salidas financieras al tratarse de empresas, ya de por sí, con pocos recursos. Tan sólo consiguieron estar en categoría profesional durante una temporada, y desde entonces los problemas financieros fueron la tónica habitual para estas empresas, no clubes. Al final, desaparecieron en 2011 y 2016 respectivamente. UD Vecindario con más de 50 años de historia a sus espaldas. Lo que había conseguido deportivamente un grupo de amigos que formaron un modesto club de fútbol en su barrio, se los había arrebatado la LFP con su burocracia. ¿Para qué ascender a categoría profesional? ¿Para desaparecer una década después?

UD Vecindario, fundado en 1962, su declive fue rápido una vez estuvo tan sólo una temporada en Segunda División.

UD Vecindario, fundado en 1962, su declive fue rápido una vez estuvo tan sólo una temporada en Segunda División.

Otros, en cambio, han conseguido salir airosos de la conversión. Es el caso de la AD Alcorcón, que como club tuvo también que convertirse en SAD, proceso que ha conseguido con éxito. Nuevamente la gestión empresarial y los recursos financieros que puede conseguir un equipo, en este caso, de Madrid, priman antes que la masa social que pueda tener un club.

El principal problema de este apartado es la hipocresía de la LFP. Lo que no puedes hacer es obligar a clubes, que puedan demostrar que pueden seguir siendo viables económicamente, en SAD cuando ya tienes a clubes entre sus asociados. No hablo de convertir a los clubes de las categorías profesionales en SAD sino que, ya que se les permite a ellos coexistir con las SADs, pues a los nuevos clubes que se incorporen a la categoría profesional también lo hagan, siempre y cuando demuestren que son viables económicamente como lo demuestran otros clubes como el Osasuna.

Reparto de los beneficios por televisión. Los “Play-Off” de ascenso.

Como dije, hasta esta temporada los contratos televisivos los gestionaba cada equipo de manera independiente o en varios bloques. Por lo general, la Segunda División siempre se ha vendido en bloque junto con el bloque mayoritario (que no tenían que ser todos los equipos, sobre todo los clubes) de equipos de Primera División.

En el modelo anterior, se negociaba la Segunda División y luego se repartía entre todos los equipos a partes iguales. El problema, es que la Segunda División se volvió cada vez menos atractiva, debido a lo que explicamos dos puntos más arriba. Al ser excesivamente larga, una “zona media” se formaba prácticamente en seguida, y una operadora de televisión no va a comprar un paquete de 11 partidos, cuando sólo se juega algo interesante en cuatro de ellos.

AvaroPor esa razón, en 2010 se introdujo una promoción de ascenso a Primera División para dilucidar al tercer y último equipo que ascendería a Primera División. Los “play-off” que conocemos hoy en día. En que las plazas con “premio” ascendían desde el tercer clasificado hasta el sexto. ¿Se hizo para ayudar a los equipos de segunda a ascender? Rotundamente NO, sólo se hizo para que la categoría resultara más atractiva al haber más equipos implicados en conseguir “algo” hasta la última jornada, pero no ayudaba a ascender, ya que el número de equipos que ascendía seguían siendo el mismo, 3 de 22. Al ser más atractiva competitivamente, también lo serían los posteriores acuerdos televisivos.

Las críticas a este nuevo sistema no tardaron en llegar y son conocidas por todos nosotros. Con este sistema, un equipo que podía haber acabado a más de diez puntos del ascenso directo, lograba ascender, mientras que el tercer clasificado, que podía haber estado a tan solo un punto del ascenso directo, se quedaba en la categoría. Otros alegan que el sistema beneficia notablemente al tercer clasificado, por lo que el sistema de tres ascensos directos serían prácticamente el mismo, y sólo es una patraña utilizada para aumentar el interés de la segunda, pero su sistema sigue siendo prácticamente el mismo.

Éstos son los ascendidos por “play-off” de ascenso desde que se instauró en 2010, comparándolos con lo ocurrido en la temporada regular, juzguen ustedes mismos:

  • 2010/2011. 2º clasificado, Rayo Vallecano (79 punto); 4º clasificado (el tercero fue el FC Barcelona B), Elche CF (69 puntos). Asciende el Granada CF con 68 puntos.
  • 2011/2012. 2º clasificado, RC Celta de Vigo (85 puntos); 3º clasificado, Real Valladolid (82 puntos) que asciende.
  • 2012/2013. 2º clasificado, Villarreal CF (77 puntos); 3º clasificado, UD Almería (74 puntos) que asciende.
  • 2013/2014. 2º clasificado, RC Deportivo de La Coruña (69 puntos); 4º clasificado (el tercero fue el FC Barcelona B), Real Murcia CF (65 puntos). Asciende el Córdoba CF con 61 puntos.
  • 2014/2015. 2º clasificado, RC Sporting de Gijón (82 puntos); 3º clasificado, Girona FC (82 puntos). Asciende la UD Las Palmas con 78 puntos.
  • 2015/2016. CD Leganés (74 puntos); 3º clasificado, Gimnàstic de Tarragona (71 puntos). Ascenderán el Girona FC con 66 puntos o el CA Osasuna con 64 puntos.

El nuevo reparto televisivo, que a partir de esta temporada se vende en bloque, actúa de la siguiente manera: se venden diferentes paquetes televisivos (uno de ellos la retransmisión de la Segunda División) y se juntan las ganancias de todos los paquetes. De éstos, una parte (muy pequeña) es para los equipos de la Segunda División, que se reparten a partes iguales, lo que tocará aún menos a cada uno por tratarse de un reparto a 22 equipos, en vez de 20. Luego las diferencias económicas de los equipos que ascienden a Primera División son abismales con los que ya están consolidados en esa categoría, lo que provocará a largo plazo una enorme dificultad por mantener la categoría, que ya de por sí no es fácil y que los que acaben descendiendo, difícilmente puedan recuperarse de dicho golpe económico, por mucho que la LFP tenga preparado un “seguro” por descenso. Las abismales diferencias entre categorías, la dificultad de mantenerla y de volver a ella, ya ha sido analizada de manera brillante por nuestro amigo y compañero Moebius.

Soluciones.

soluciónLa más clara creo que se revela por sí sola ¿no creen? Hay que reducir el número de equipos de la Segunda División. Una Segunda División de 20 equipos con tres ascensos directos y 4 descensos se torna difícil, atractiva y competitiva por todos los frentes, ya que no habría margen de error si no se quiere caer al pozo (casi sin retorno) de la Segunda División B o privarse del ascenso, dicho margen sería tan pequeño que todos los equipos tendrían que dar todo de sí cada jornada para conseguir sus objetivos (que, por otro lado, ascendería hasta el 15%).

Con una liga tan atractiva, sin duda habría intereses televisivos, que deben gestionarse conjuntamente con la Primera División, sí, pero luego no apartar una parte irrisoria y después repartirlo a partes iguales. Debe gestionarse con los 40 clubes y SADs de la categoría profesional, si una parte de la gestión del reparto televisivo es la clasificación de Primera División, también debe serlo de Segunda División, de modo que la diferencia de dinero recibido entre el equipo que ha quedado colista de Primera División y el campeón de la Segunda División sea bastante menor, y la diferencia por el cambio de categoría se vea menguada de forma considerable.

Esta tercera medida es ya por justicia ética. A TODOS LOS CLUBES QUE ASCIENDEN DE SEGUNDA DIVISIÓN B SE LES DEBE PERMITIR SEGUIR EXISTIENDO COMO TAL, siempre y cuando puedan demostrar viabilidad económica como asociación social deportiva. Es inmoral apropiarse del trabajo de un grupo de socios para que el fruto de su esfuerzo sea apropiado por un grupo de accionistas, bancos y acreedores. Además, si ya permiten la existencia de otros clubes de fútbol con SADs, no veo con qué autoridad moral obligan a otros clubes a realizar el cambio si pueden seguir siendo viables como clubes.

 

¿Y tú? ¿Qué otras soluciones ves? O a lo mejor te sobran algunas soluciones. O tal vez no te parece que sea para tanto y está bien como está ¿Estás de acuerdo con el sistema de “play-off”? No dudes en dejar tus impresiones, opiniones y sugerencias en nuestro foro de DAM. Porque DAM somos todos.

 

AGRADECIMIENTOS:

KALTAKIAN.

TAICHOXELA.

 (By Ankor)   

Andromeda

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