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Cosas que pasan – Crónica Diario AM 05/06/2016

Cosas que pasan – Crónica Diario AM 05/06/2016
Ella

Querid@s Damistas,

Hoy les iba a hablar de los Bleus, preparando la Eurocopa 2016 que empieza el viernes que viene en Francia, de una historia tremenda de fútbol que me ha llegado desde Uruguay, de la crecida del Sena… Pero la actualidad se ha cargado mi post, o sea que cambio de planes. 

Ante dos noticias muy destacables, ¿por cuál se empieza? Pues una servidora escoge empezar por el fallecimiento a los 74 años de Muhammad Ali. 

Ah, el boxeo, ese deporte incomprensible para quién escribe estas líneas… Y sin embargo, ahí está la cosa. Algo pasa cuando no sigues un deporte, no conoces sus reglas, no te interesa, y sin embargo conoces un nombre y sabes que ahí hay tema. Pues de eso va el fallecimiento de Ali precisamente: es tal la leyenda que hasta los que no conocemos nada sobre el boxeo estamos de luto.

Repasando la vida de Ali, nacido Cassius Clay pero con cambio de nombre y convertido al islam en 1964, uno se da cuenta de que se ha ido una leyenda de la historia de Estados Unidos en el siglo XX. Hay muchas cosas que destacar de su vida, vayamos por partes.

Primero, en su etapa de deportista amateur ganó la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Roma 1960, y más tarde como profesional se proclamó tres veces campeón del mundo: 1964, 1974 y 1978. Son legendarias varias de sus peleas, y sus hazañas deportivas no conocen fronteras en ningún continente. 

Segundo, no se arredró en su lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos, en una época donde existía un apartheid de facto. Rechazó llevar un nombre heredado de sus antepasados esclavizados, se empeñó en demostrar que una persona negra era mucho más que, simplemente, “un negro”, se empeñó en coger el micrófono y expresarse, cuando a un deportista, y aún menos a un deportista negro, no se le permitía tener ideas, y cada triunfo suyo lo compartió con “su gente”, los marginados, los apartados por el color de su piel, para que quedase claro a quién pertenecía.

Tercero, cuando nadie se había atrevido aún a hacerlo, se negó a ser reclutado por la fuerza para ser enviado a Vietman por su país. En una época en la que no era políticamente correcto decir que se estaba contra esa guerra, Ali alzó la voz y dijo lo que nadie se atrevía a decir: a mí no me han hecho nada, o sea que no me voy para allá a tirarles bombas y matarlos. Su lucha era la lucha de los derechos de los afroamericanos, ninguna otra.

Y cuarto, su enfermedad de Parkinson. Fue diagnosticado en 1984, con sólo 42 años, y mucho se podrá discutir sobre si el boxeo es la causa de la enfermedad o no. Poco importa, lo que hay que destacar es que no escondió su enfermedad, apoyado por su cuarta esposa, Yolanda Williams, que le animó a que el Parkinson no le dejase en casa encerrado, y a que diese visibilidad a la enfermedad. Ésta es la única parte que recuerdo, la de un señor disminuido que no se arredra y posa ante los medios. Y en especial, recuerdo y mucho este momento, en el que una persona incapacitada puede representar el deporte al más alto nivel:

 

 

Sin duda alguna, se ha de ser una gran leyenda para llegar a tantos y en tantos sitios diferentes. Descansa en paz Muhammad, se acabó el sufrimiento.

 

Otra noticia muy destacable

Este fin de semana en París, y a pesar de la monumental crecida del Sena (sí, da miedo, y va a seguir lloviendo toda la semana que viene también), se están jugando las finales de Roland Garros. Ayer, y quizás para sorpresa de algunos, la hispano-venezolana Garbiñe Muguruza se impuso en dos sets a la campeonísima Serena Williams, proclamándose por primera vez ganadora de Roland Garros, con 22 años. Gracias a ella, y a Feliciano y Marc López y su victoria en dobles, el himno español volvió a sonar dos veces en el distrito XVI de París, con la ausencia de Rafa Nadal por lesión. Veremos cómo acaba la final de Nole y Andy…

Lo de Muguruza es tremendo. Serena Williams, con 34 años, no aflojó en ninguno de los dos sets contra una jugadora 12 años más joven que ella. La realidad es que ambas estuvieron impecables: una campeona que se resiste a que la jubilen (y bien que hace), y una aspirante que no se asusta y cree lo suficiente en ella misma, y ojo, que creer que se puede ganar a Williams no es para casi nadie… A pesar de un final de segundo set en el que parecía que ninguna de las dos acababa de rematar la faena, la ventaja de Muguruza se convirtió en victoria, y finalmente pudo sonreír y hacernos sonreír a todos.

 

Garbiñe RG 

Serena estuvo impecable en su discurso de agradecimiento (incluso se atrevió a hacerlo en francés), y Garbiñe estuvo elegantísima en la victoria, con una sonrisa respetuosa hacia su rival, recogiendo el trofeo de las manos de la gran Billie Jean King. Lo que ya no es tan divertido es comprobar, paseando por internet, que la mayoría de comentarios sobre la victoria de Garbiñe hacen alusión a su físico, y no a sus méritos, lo cual me lleva a enlazar el último punto del largo post de hoy.

 

Así va el mundo 

Ayer por la tarde me ocurrió algo inesperado, y como la cosa seguirá coleando hasta mañana, aquí voy.

Estaba yo viendo tan contenta la final femenina de Roland Garros, y después del brillante triunfo de Muguruza, se me ocurrió la feliz idea de ir a Twitter a ver qué tal estaba la cosa. Quería comprobar algo en particular, y es ver el alcance que la hazaña tenía en las redes, comparándolo con un triunfo de Nadal. En efecto, estaba yo buscando validación de un hecho que considero más que consumado, y es que el deporte femenino recibe mucha menos atención que el masculino, y es menos legendario.

Me encontré que en mi timeline de Twitter (es decir, la gente a la que yo sigo, para quien no conozca el sistema) no se comentaba demasiado el triunfo de Muguruza. Y estaba yo leyendo cuando me tropiezo con este tuit:

 

 

Sin pensarlo un segundo me digo: “Ella, ésta es la clase de cosas que no hay que dejar pasar, un comentario machista disfrazado de cumplido, tienes que reaccionar”. Y sin reflexionar mucho publico lo siguiente:

 

 

Las puertas de Mordor, del Muro y del apocalipsis zombi se abren ante mí minutos después, y hacia mí se dirigen inmensas hordas de orcos, white walkers y zombis sedientos de sangre fresca.

Hoy, con calma y jugando en casa (no llevo yo aquí 5 años escribiendo para no haberme ganado un poquito de consideración y respeto por parte del numeroso público de esta página), voy a elaborar el asunto.

Estoy aprendiendo mucho de todos los insultos que he recibido ya en Twitter, y aquí va la lista: envidiosa, enferma, amargada, castradora, asquerosa, tonta, p*** feminazi, “tranquila, en París llevareis todas burka”, subnormal, gilip*** y mi preferido “gorda amargada feminazi”, así todo junto, que es como más elegante. Por una enrevesada lógica parece ser que yo tengo envidia de las piernas de Muguruza (es evidente, puesto que soy una gorda amargada, ¿no?). Y yo que pensaba que la envidia sería por haber ganado un Roland Garros, pero no, ya me aclararon varias veces que la envidia que siento es porque ella tiene mejores piernas que yo, y por tanto me molesta que alaben sus piernas, por celos…

Y yo que no estaba al corriente de todo esto…

En fin, aquí va el primer aprendizaje. Sin saberlo ni buscarlo, me he ganado una notoriedad increíble en internet simplemente porque ayer fui una de las personas más rápidas en reaccionar al tuit de Lobo Carrasco. Mi tuit ha sido publicado en el Huffington Post, en Mundo Deportivo, y no quiero ni saber en qué otros sitios… La ecuación es fácil: coges un tuit polémico (el del Lobo), respondes de los primeros (mi tuit), y el resultado es que casi todo el mundo que lee el tuit polémico leerá el tuyo también, porque todos entramos a ver las primeras respuestas cuando hay cosas así. Ello ha llevado a que un amabilísimo y educadísimo tuitero me haya dicho que mi tuit lo escribí para tener mis cinco minutos de fama, cuando ustedes que me conocen de cerca saben que mi tuit se inscribe en una estrategia de alabar el deporte femenino a la misma altura que el masculino en cuanto se pueda. 

En el momento de escribir estas líneas mi tuit ha sido leído 17.000 veces (y subiendo), he recibido más de 160 visitas a mi escueto perfil Twitter, me han llegado decenas de respuestas (la inmensa mayoría insultos), y al menos sesenta personas le han dado “me gusta” a éste y a otros tuits que escribí más tarde para responder a lo que me decían. 

El segundo aprendizaje de esta experiencia es el siguiente. ¿Conocen aquella frase de “no ofende quién quiere sino quién puede”? Pues bien, yo ya sabía que la frase era cierta, pero estas últimas horas estoy viviendo un caso práctico. Resulta que he observado un patrón en todos (o casi todos) los perfiles de Twitter de gente que me ha insultado (y sigue insultándome a estas horas):

 

  • Son perfiles con muy, muy, muy poquitos followers (menos de cien para casi todos)
  • Son gente de muy bajo nivel cultural, con dificultades graves para enlazar argumentos sólidos y bien escritos
  • Son gente que, al mismo tiempo que me está insultando a mí (y ojo, que los insultos recibidos son de una gran agresividad), está insultando a otra gente en Twitter
  • En el caso de las mujeres (sí, ellas también me insultan por pedir respeto hacia una deportista), varias tienen fotos colgadas ligeras de ropa
  • Son gente barcelonista, que se debe de haber tomado a pecho que yo haya llamado al orden a un culé público como el Lobo Carrasco

 

Reconozco que con el primer insulto recibido me quedé un poco en estado de shock. Con el segundo también, el tercero, el cuarto… Decidí pensar bien las respuestas, pero mientras estaba reflexionando, como iba recibiendo más y más ataques (sobre todo lo de envidiosa y feminazi, son los que más han calado), pude ir descubriendo este patrón entre los insultadores tuiteros, y me dije: “Ella, ¿tú te vas a rebajar para hablar con esta gente? Venga, que si te los cruzas por la calle no te das ni cuenta de que existen, no les prestes más atención de la que merecen, que es ninguna”. Y así decidí no contestar a nadie, y simplemente hacer algo que no había hecho nunca en Twitter, que es empezar a bloquear a los que me insultaban. No he bloqueado a los que, sin insultar, me han llevado la contraria con más o menos gracia, pero para los insultadores no veo otra solución. Si les contestas estarás alimentando el conflicto, y si no les contestas insistirán (que me ha pasado con un par, que me insultaban en varios tuits, paraban un rato y luego volvían al ver que yo no decía nada).

 

orcos 

Ha habido gente, sí, que ha sido capaz de expresar su desacuerdo conmigo sin faltar demasiado el respeto, aunque sólo ha habido UNO que ha argumentado, ha sido súper educado y no ha perdido el control. Con esa persona ha sido con la única con la que he entablado algo de diálogo, sobre todo para agradecerle su educación, visto lo que hay.

El tercer aprendizaje sobre este peliagudo asunto es que una ha de ir con mucho cuidado con lo que pone en internet (y ojo, que estas perlas aún no deben de haber descubierto Diario AM, pero ya me espero que aparezca algún orco por aquí para continuar la tanda de insultos, sin saber que aquí NO estamos en Twitter y hay unas normas estrictas de educación y saber estar). 

(Que a gusto me acabo de quedar con lo de “orco”, oigan)

Bueno, pues el tercer aprendizaje es el siguiente. A uno de mis primeros insultadores le envié a darse una vuelta por mis 12.000 tuits publicados desde 2011, cuando entré en el mundillo tuitero sin saber de qué iba. Pues resulta que el individuo este encontró un tuit mío de 2012 en el que, ¡ay!, se me ocurrió escribir algo así como: “Los mejores abdominales de la liga #PuyiForever”. Lo sé, lo sé, tendría que haberlo visto venir… Y no, para nada.

Luego también me sacó un retuit mío (es decir, que el tuit ni siquiera era mío, sino de otra persona), donde salía uno de mis actores preferidos, Wentworth Miller (Michael Scofield en “Prison Break”), con una foto de su aspecto durante la serie y otra con su aspecto después, con un aumento de peso evidente. Mi único comentario a ese retuit fue un simple smiley de tristeza dirigido a una persona de mi entorno más privado: ella entendería lo que quería decir con ese smiley y ya. Pues bien, ese simple smiley, sin ningún otro comentario por mi parte, fue interpretado como una enorme falta de respeto hacia el actor y su talento, y sin mediar palabra he sido juzgada y condenada por “cosificar” a Wentworth Miller. 

 

Wentworth

 

También soy culpable de “cosificar” a Carles Puyol, en una época en que en Twitter no me seguía nadie, en una época en la que no sabía de qué iba, en una época en la que me permitía escribir de vez en cuando… Si soy culpable de algo, será de admirar profundamente a Carles Puyol, como quedó patente en el post de despedida que le dediqué hace un año, cuando dejó el Barça. Y la admiración no viene por sus abdominales, que no tendría que haber nombrado para no caer bajo la guillotina tuitera y sobre todo para no faltarle el respeto al jugador, sino que la admiración viene por su talento en el campo, su actitud, su fair play, su (intuyo, espero y deseo) bondad, su liderazgo, su señorío… De la misma manera que he dicho aquí varias veces que me encantan jugadores como Jordi Alba o Philip Lahm, esas motos que corren pegadas a la banda sin descanso. O como me encantan porteros como Neuer, que hace lo que le da la gana, o Blaise Matuidi, que aunque tenga sus días se pasa saltando de un lado para el otro del campo, o Zlatan y su “yo soy el centro del mundo”… Culpable de todos los cargos, su señoría tuitera, y ahora que me ha castigado y sometido al escarnio público vuelva a ver Gran Hermano, no sea que se pierda algo interesante de verdad, ejem…

El cuarto aprendizaje, último y más importante, hay que explicarlo muy, muy bien. No soporto el término “feminazi”, y les diré por qué. A la mínima que una mujer levanta la voz, salen los energúmenos de turno a soltar “calla feminazi”, los mismos energúmenos que consideran que nosotras, las mujeres, tenemos que ser sumisas, dulces, silenciosas, serviciales… Pero sobre todo lo que nosotras no podemos ser es alguien con ideas propias, porque si tienes ideas propias ya eres una feminazi (para los energúmenos, ojo, ¡no estoy generalizando a todos los hombres por favor!).

Pues bien, esto lo digo a todo aquél y aquélla que piensa que el término “feminista” es negativo y feminazi es un sinónimo: no, no lo es. Ser feminista es querer la igualdad entre géneros, igualdad que no ha existido nunca, no existe actualmente y no existirá en un futuro próximo tampoco. Aclaremos algo: yo me considero feminista desde siempre, y por feminista quiero decir que quiero, busco y lucho por la igualdad. Esta misma semana alguien que conozco en mi ámbito profesional se ha atrevido a decir que las mujeres no podemos ser comerciales (o sea, vendedoras) en el mundo profesional en el que yo me muevo, porque se ve que para vender hay que tener pene. Estamos hablando de alguien que nació en los años 80, alguien joven. Estas cosas son contra las que yo lucho, y contra las que todos unidos (mujeres y hombres de bien) deberíamos seguir luchando. Jamás de los jamases querré yo que las mujeres aplastemos a los hombres, o los humillemos, para nada. Las mujeres que piensan así (las machistas al revés) están completamente equivocadas, y estoy frontalmente en desacuerdo con su visión de las cosas. 

 

feminazi

 

Sin embargo, en una época en la que se ha adelantado mucho respecto a generaciones precedentes, lo que no ha cambiado nada son los “micromachismos”. Les daré otro ejemplo.

Hace un tiempo, una compañera de trabajo hizo una presentación profesional ante varias personas, incluidos varios jefes. Cuando acabó la presentación, que le salió muy bien, salió el jefazo de turno para decir: “muchas gracias Fulanita por esta encantadora presentación” (la palabra exacta fue “charmante”, porque esto pasó en francés). Pues el jefazo de turno, como el Lobo Carrasco, creía estar haciendo un cumplido, cuando en realidad era una muestra más de micromachismo: minusvaloro la presentación de la profesional al decirle que le ha quedado muy mona, minusvaloro a Garbiñe al decirle que sus piernas son bonitas. Lo correcto (y lo maravilloso) hubiese sido decirle a mi colega: “gracias por esta presentación tan completa y profesional”. Lo correcto (y lo maravilloso) hubiese sido decirle a Garbiñe: “eres una gran campeona, qué gran revés/saque/velocidad”. Pero no, una es “encantadora”, la otra tiene “piernas maravillosas”. ¿Tanto costaba decir “qué gran juego de velocidad de piernas”, o lo que quiera que el Lobo Carrasco vaya a decir para excusarse?

Mientras esté viva seguiré adelante en la cruzada contra los micromachismos. De la misma manera que Muhammad Ali no descansó en su lucha contra el racismo, en el trabajo seguiré luchando para que los que sueltan perlas machistas se siente incómodos, en Diario AM seguiré luchando para que cuando haya una deportista femenina se la valore de la misma manera que a un hombre, y en mi vida en general no pararé de exigir una igualdad que no existe, que está más cerca sin duda, pero sigue demasiado lejos como para creer que el problema se va a solucionar en este siglo… Y ya no hablo de otras culturas y continentes, donde la situación es aún más catastrófica que en Europa.

 

Acabemos

Sí, me gusta Carles Puyol. Me gusta Wentworth Miller. Me gusta Hugh Jackman. También me gustan Jessica Chastain, Meryl Streep y Anne Hathaway, y las películas de Emily Blunt las voy a ver por defecto sólo porque sale ella. ¿Cosifico a estas personas? Para nada, cada uno y cada una los admiro por motivos distintos, de la misma manera que admiro a Elon Musk, o a las cuatro mujeres astronautas que acaban de ser reclutadas por la NASA para ir dentro de unos años a Marte (se llaman: Anne McClain, Nicole Aunapu Mann, Christina Hammock Koch y Jessica Mier).

¿Y por qué? Porque me gusta lo que hacen, de una manera muy respetuosa además. Por tanto, dedicado a los insultadores de Twitter va este video de mi querido Hugh. Como tenéis el nivel que tenéis, no entenderéis la letra de la canción y no es enteraréis de lo que va la dedicatoria, pero que quede claro: admirar el talento para la danza y el canto de Hugh Jackman y decir que nadie como él podría hacer de Lobezno mientras se pone un pantalón dorado y una camisa leopardo es el mejor de los cumplidos. Viva el arte de Hugh, viva el cuerpo de futbolista aguerrido de Puyi, viva la mirada misteriosa de Wentworth, y viva el esfuerzo y la inteligencia de Anne, Nicole, Christina y Jessica.

¡Viva las mujeres de todo el mundo, sean como sean! 

(Ah, y si has venido a insultarme, te recomiendo que te pases por el foro, que una gente muy maja te dará la marcha que buscas hasta que nos cansemos de tus tonterías y te baneemos)

 

¡Feliz semana!

 

Ella / Diario AM

Mordor Twitter: @EllaDiarioAM

 

 

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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