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El holandés errante – Crónica Diario AM – 24-10-2015

El holandés errante – Crónica Diario AM – 24-10-2015

Cuenta la leyenda que el capitán de un barco holandés, un capitán burgués llamado Willem Van der Decken, quien hizo un pacto con el diablo para poder surcar siempre los mares sin importar los retos naturales que pusiera Dios en su travesía. Dios al enterarse de tal pacto y como castigo por su osadía lo condena a navegar eternamente sin rumbo y sin tocar tierra, por lo que recibe el nombre de “Holandés Errante”. Condenado a vagar para siempre por los océanos del mundo. El velero es siempre oteado en la distancia, a veces resplandeciendo con una luz fantasmal. Si otro barco lo saluda, su tripulación tratará de hacer llegar sus mensajes a tierra, a personas muertas siglos atrás.

De acuerdo con ciertas fuentes, el capitán holandés Bernard Fokke (del siglo XVII) sirvió de modelo para el comandante del buque fantasma. Fokke fue célebre por la extraña velocidad de crucero que alcanzaba en las travesías entre Holanda y Java, por lo que se sospechaba que había firmado un trato con el demonio. En algunas versiones holandesas del mito, el capitán recibe el nombre de Falkenburg.

El novelista y marino inglés Frederick Marryat, en su versión, le da el nombre de Van der Decken (que significa «en cubierta»), y recibe el de Ramhout Van Dam en la versión de Washington Irving. Dependiendo de quién cuente la leyenda “Holandés Errante” se refiere al barco o al capitán.

Asimismo se dice que éste juró, de cara a una tormenta, que no daría marcha atrás hasta haber doblado el cabo de Buena Esperanza, aunque le costase llegar al Juicio Final. Otras versiones mencionan la existencia de un horrible crimen cometido a bordo del barco e incluso de una terrible epidemia que infectó a la tripulación, a la que por ese motivo no se permitió desembarcar en ningún puerto, siendo condenados desde entonces, barco y marineros, a navegar eternamente, sin posibilidad de pisar tierra. En cuanto a las fechas en que ocurriría, se ha hablado de 1641 y de 1680.


 

Reconozco que no iba a hablar de lo que voy a hablar hoy, puesta mi atención en el Mundial de Rugby donde el hemisferio sur copa las semifinales de un deporte donde sólo ha habido un campeón mundial del hemisferio norte, Inglaterra, y de eso ya ha llovido. (Por cierto los All Blacks esperan en la final a aussies o pumas tras derrotar a los Springboks 18-20)

Pero creo que la noticia que supone el cáncer de pulmón que se le ha detectado a Johan Cruyff merece su lugar en esta página.

¿Os acordáis de este anuncio? Corría el año 1991 y el Dream Team se batía el cobre con el Real Madrid que ganaba pero no daba espectáculo… ¡qué manera de tirar una Liga! mientras se dirigía a su cita con la historia en Wembley…

Pero como ocurre muchas veces el destino tenía previsto añadirle un poco de dramatismo al banquillo azulgrana en forma de insuficiencia coronaria aguda. El tabaco, el maldito tabaco que había sido compañero de viaje del divo “ajaccied” se estaba cobrando su peaje y la parca amenazó con finiquitar el reino ya de por sí efímero del club azulgrana en el mundillo futbolístico.

Tras ese aviso el holandés dejó el tabaco y apareció la ya clásica imagen del chupa-chups en la boca de Cruyff.Johan-Cruyff-con-un-Chupa-Chup_54437380996_51348736062_224_270

25 años después la pesadilla recurrente volvió a aparecer.

El pasado jueves los medios informaron de que se le había detectado un cáncer de pulmón. La familia emitió un comunicado escueto y sin entrar en detalles confirmando la noticia y con un recado a los medios: «Confiamos que en esta ocasión sí se respete la privacidad».

La familia Cruyff no había querido darle publicidad a la enfermedad de Johan y los medios se saltaron esa voluntad a la torera,  una demostración más de la catadura moral que se gastan los aspirantes a periodista de este país.

Hay quien cree que el derecho a la noticia está por encima de todo. Por encima de la intimidad de una familia. Y tanto es así que se ha vuelto normal leer ese tipo de noticias para luego ver el comunicado de la familia confirmando o desmintiendo cualquier punto, normalmente cuando el daño ya está hecho.

Muchos periodistas se justificarán con  lo de que en un mundo con un grado brutal de competencia la exclusiva y la primicia son oro… yo creo que la educación lo es, que la decencia lo es y que muchas veces no es quien cuenta primero la noticia sino quien tiene más credibilidad y eso se gana con mucho trabajo y una gran dosis de respeto ganado a lo largo de los años.

Cuenta Germán Aranda, en su columna en el diario El Mundo, que él era conocedor de la noticia pero que antes de publicar nada pidió permiso a la familia, permiso que no obtuvo y decidió respetar esa decisión. Se pregunta si aquellos que prefirieron su beneficio antes que el respetar el derecho a la intimidad estuvieron calculando entre beneficios y daños de sus acciones.

El cáncer es una enfermedad terrible, dura tanto para quien la padece como para quienes le rodean. Cada uno la gestiona como buenamente puede y no creo que nadie tenga la potestad de inmiscuirse en ese proceso. Y esos hijos de puta se la arrogan con la desvergüenza del derecho a la información.

Y es que a veces me pregunto qué podemos esperar de una profesión cuyos referentes mediáticos son gentuza como Pedrerol, Roncero o los Manolos… gente que con su dosis diaria de bilis han conseguido que se silbe a un jugador de la selección nacional allá donde vaya para luego sajarse las vestiduras preguntándose hipócritamente “¿cómo es que sucede eso?”

¿Qué podemos esperar de un modelo carroñero y oportunista donde las risas de las manadas de hienas nocturnas son el soniquete habitual?

La respuesta es más basura como la que han hecho ahora con Cruyff o como hicieron en su día con el malogrado Tito Vilanova.

Son dañinos para el día a día del periodismo pero su exposición mediática los convierte en adalides de la desinformación, del bulo convertido en polémica interesada y parcial, paladines de la ética-basura.

Pero parecemos condenados a vagar por los mares de la información incapaces de llegar a puertos seguros, veraces, donde la ética y la objetividad sean la moneda de cambio habitual, donde se informe y no se difame ni se adoctrine. 

¡Salud y cervezas!

DiarioAM/@Kiasyd

 

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"Omnia Mutantur, nihil interit" que diría Ovidio.

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