Aportación Propia

Quietitos – Crónica Diario AM 18/10/2015

Quietitos – Crónica Diario AM 18/10/2015
Ella

 

 

Querid@s Damistas,

Cómo son las casualidades… Resulta que hoy yo les quería hablar de una historia que leí hace poco, pero nuestro compañero Kiasyd se me adelantó el otro día, en concreto aquí.

Resulta que antes de la publicación del post del pasado martes y 13 ya me había enterado yo de la historia que tan bien narra Kiasyd, es decir, la del atleta australiano blanco del que nunca se habla en la famosa foto de 1968, aquella en la que dos atletas norteamericanos negros están en puño en alto en un podio después de haber ganado una carrera:

 

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Si quieren saber todos los detalles de este desconocido héroe silencioso lean el enlace que les he dejado más arriba con el post de Kiasyd, que todo está muy bien explicado. 

Como soy tozuda, y como la historia que leí me encantó, me permitiré continuar el camino abierto el otro día por Kiasyd y ofrecer mi punto de vista.

Hace muchos años, en una galaxia muy lejana, leí una frase que me marcó mucho: para que el mal triunfe sólo hace falta que los buenos no hagamos nada. ¿Y saben qué? Que es cierto. Tantas veces en la vida he comprobado que la cobardía, la pereza, el inmovilismo, son los mejores aliados de la maldad…

En la vida uno se encuentra a menudo ante dos opciones: la fácil y la difícil. Porque el Universo está montado así, la opción fácil suele ser la mala, y la difícil la buena. Si pudiese hablar con libertad pondría nombres y todo a estos ejemplos, sin embargo me escudaré en el anonimato absoluto…

Conozco de cerca a dos personas, A y B. A siempre escoge el camino fácil, que suele ser el malo. A no tiene ningún problema en dar la cara por su decisión, no se esconde: sí, hago el mal, pero me da igual y seguiré así. En cambio B quiere escoger el camino difícil, el bueno. De verdad que lo quiere con todas sus fuerzas, y lo dice y todo: “yo quiero hacer el bien, quiero hacer lo correcto, soy buena persona”. Y sin embargo… Acaba escogiendo siempre el camino fácil con A. A y B llevan toda la vida de la mano recorriendo el camino fácil, la única diferencia es que A no tiene remordimientos y no siente la necesidad de tener que excusarse por nada, en cambio B sufre, sufre, sufre, porque sabe qué camino escoge y sabe con quién hace el camino, y ello le provoca remordimientos.

Pero en el fondo les planteo yo a ustedes una pregunta filosófica: ¿cuál es la diferencia entre A y B?

Aquí mi respuesta, personal e intransferible: ninguna.

Porque, les aseguro que por mucho que uno hable con B, jamás cambiará de actitud, y eso le hace cómplice al 100% de la actitud de A, que no es la correcta.

 

Bifurcación

 

Y sin embargo, todos nosotros, TODOS, somos B todos los días. Cada vez que miramos a un lado, que no nos implicamos en algo, que no reconocemos las cosas como son… Y si no lean la historia de Pete Norman. A Norman el asunto de los derechos de los negros en los Estados Unidos en los convulsos años 60 le daba totalmente igual. Él era blanco, australiano, y había batido el récord de los 200 metros lisos para su país (récord que sigue vigente en 2015, por cierto). Sin embargo en pocos segundos tuvo que decidir qué hacer, salir en la foto o no, subirse al podio o no, ponerse una chapa en el chándal o no, mostrar su desacuerdo o no… Probablemente Norman ya venía bien educado de casa y en el fondo no necesitaba mucho tiempo para reflexionar. Hizo lo que le pidió el cuerpo, y el cuerpo le pidió tomar el camino difícil: apoyar a los dos atletas negros y pagar el precio el resto de su vida en Australia, con dificultades laborales y personales, para acabar muriendo solo y sin que nadie le hubiese dicho: “oye, cómo nos pasamos contigo, lo sentimos”.

 

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Y es que cuando uno pide perdón tiene que ser consciente de por qué pide perdón. Inspirándome del catecismo católico (cuya base cultural compartimos la mayoría de los que participamos en este blog, sin que esté yo diciendo a nadie qué tiene que creer o no creer), la confesión tiene diferentes etapas: arrepentimiento o contrición, confesión, satisfacción o penitencia y absolución. 

La contrición (o arrepentimiento, una palabra más fácil de entender) supone tener la intención de no volver a cometer el acto malvado por el que nos confesamos. Es un sentimiento que tiene que nacer de uno: como siento haber hecho el mal me comprometo a no repetirlo.

La confesión, ahhhhh, éste es en el que quiero pararme. Personalmente aquí es donde creo que los seres humanos tenemos mayor dificultad. Cuando uno confiesa se ve obligado a enumerar el mal cometido, y aquí es donde fallamos estrepitosamente. Pongamos un ejemplo:

Lo que suele ser: “Eh tío, que lo siento” 

Lo que tendría que ser: “Perdona por haberte roto la pierna, haber destrozado tu carrera deportiva, haberte destruido mentalmente, dejarte sin perspectivas laborales y poner a tu familia en una situación muy vulnerable. No puedo mirarme al espejo por el daño que te he hecho y cargaré con esta losa toda mi vida. Por favor, llámame si necesitas ayuda.” 

La realidad es que no sabemos pedir perdón. Somos unos inútiles pidiendo perdón, pero ¿por qué? Pues porque la confesión, el enumerar el mal cometido, implica algo muy duro, que es el reconocimiento de nuestro error, el decirle a la otra persona: “te he hecho ESTO, no lo otro, no lo de más allá, sino ESTO, y sé que ESTO te ha hecho daño, que YO te hecho daño, y que yo soy RESPONSABLE de ESTO”.

 

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Y por ello a Norman nadie le pidió perdón en Australia antes de su muerte. Era demasiado vergonzoso contactarle y decirle: “oye Pete, que éramos unos racistas, lo que hicimos estuvo muy mal, y te mereces ser uno de los héroes nacionales, tanto en el ámbito deportivo como en el humano. Y además te haremos un monumento.”

O por poner otro ejemplo, cuando un jugador de fútbol le parte la pierna a otro (y me refiero a los casos involuntarios, porque el que va a romper la pierna al otro a propósito tiene que ir a la cárcel o al psiquiátrico, dependiendo del grado de problema mental que tenga). Una cosa es montar un video cutre, o un tuit aún más cutre, y decir: “eh, que sé que le partí la pierna en dos a Fulanito, lo siento mucho tío, y que te recuperes rápido”. Y otra cosa muy, muy, muy diferente es ir al hospital, enfrentarse al chaval al que le has destruido su carrera, verle tirado en la cama, aguantar los reproches de la familia, y sin cámaras, ni tuits, ni videos cutres, mirarle a los ojos y confesar. Y eso no está al alcance de casi nadie.

Después de la confesión entramos en la satisfacción (o penitencia), que es simplemente un acto para reparar el pecado cometido. En el caso australiano que nos ocupa hubiese sido hacer todos los homenajes que se le hicieron a Norman… Cuando Norman aún estaba vivo, dando la cara, que homenajear a un muerto está al alcance de cualquiera, eh.

Y finalmente tenemos la absolución: ale, tu pecado ha sido perdonado, vuelve a casa y no lo vuelvas a hacer. 

Como ven, pedir perdón no son cinco segundos, no… Pedir perdón requiere una serie de etapas que a la que podemos nos saltamos a la ligera, porque total no importa. Pues sí, importa, porque cuando pedimos perdón de verdad, pero de verdad de la buena, cambiamos el mundo. Si pedir perdón simplemente es: “oye, que lo siento, pero mañana te volveré a hacer lo mismo”, váyanse a tomar el pelo al pito del sereno… 

Lo que les planteo hoy es: ustedes ¿son A, son B, o preferirían ser C y probar con el camino difícil?

 elValorDelPerdon

 

Desviaciones

Miren que quería hablarles yo hoy de que para triunfar uno necesita el apoyo en la sombra de tanta gente, gente que se merece salir en la foto también, pero me he ido por las ramas… Cuántas injusticias hay en el mundo, gente que está haciendo el bien todos los días y a la que nunca nadie le dará las gracias. Y gente que hace daño todos los días porque no sabe hacer otra cosa (porque probablemente no le hayan enseñado otra cosa), y nunca pedirá perdón… 

Lo cual me hace pensar que yo también tengo que pedir perdón por ciertas cosas a ciertas personas, pero voy a ensayar antes para hacerlo correctamente, aunque cueste. Les dejo, que tengo que escribirme un guión para no acobardarme en el último segundo…

 

Agonyyyyy

Acabemos con un toque de humor. Si a mí Emma Stone me tiene conquistada desde hace un tiempo, añadamos a la lista de actrices con carisma la fabulosa Emily Blunt (actriz que tiene el mérito de hacerme pagar 11€ por una entrada de cine en París sólo porque en la peli recién estrenada sale ella). Y si le añadimos un Chris Pine que ustedes conocen por la saga Star Trek… No hagan clic en el video, que lo mismo se ríen y no sé si podrán soportarlo.

¡Feliz semana!

 

Ella / Diario AM

Twitter: @EllaDiarioAM

 

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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