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Porque está allí – Crónica Diario AM 27/09/2015

Porque está allí – Crónica Diario AM 27/09/2015
Ella

 

“Porque está allí”

Te despiertas antes del alba. Hace frío, estás cansado ya antes de salir, tienes el estómago medio vacío y los nervios a flor de piel. Te preguntas qué haces ahí, por qué no te quedaste en la ciudad, como la mayoría de gente que conoces, por qué te lías tanto. Pero sin tener respuesta a todo no se te ocurre dar media vuelta, ¿para qué?

Sabes muy poco de lo que va a pasar ese día porque estás a merced de los elementos. Tienes un plan, pero eres consciente de que cualquier cosa puede desbaratar ese plan: un cambio brusco de meteorología, apoyar mal un pie, un problema con tu vestuario o tus provisiones… En realidad no tienes certeza alguna, quizás vuelves a la tienda con unas cuantas fotos para fardar y ninguna historia interesante y ya, quizás no vuelves. No es exactamente lo mismo…

Después de desayunar un par de galletas secas y algo líquido, lo que sea, te calzas las botas de montaña, ésas que han vivido una lista interminable de aventuras contigo. Son esas botas que el día que tengas que tirarlas a la basura, porque francamente se caen a pedazos, sentirás un pellizco en el corazón, y años después recordarás exactamente el lugar en el que las tiraste, y cómo dudaste unos segundos antes de pasar al acto: ¿estás segura de que no puedes utilizarlas una última vez? ¿No puedes guardarlas un poquito más? 

Pero en la vida se ha de avanzar, mirar hacia delante, no hacia atrás.

Empieza la dura travesía. Apenas has caminado unos metros alejándote de tu tienda que casi ya estás deseando estar de vuelta, que sea el final del día, porque sabes que lo que te espera son muchas horas de sufrimiento. Pero es un sufrimiento autoimpuesto, lo cual te debería de llevar a reflexionar sobre la naturaleza complicada del ser humano. Y es que en este día vas a reflexionar mucho sin pensar en nada. Es lo que tiene la montaña: que es solitaria y al mismo tiempo te hace sentir más conectado que nunca al planeta, a la naturaleza, a la Humanidad entera. Escalar es una experiencia mística que tiene muchísimo en común con una experiencia religiosa en el sentido más puro de la palabra, la conexión con un ser superior que no podemos entender ni controlar, pero que sabemos que está ahí, en la inmensidad que nos rodea.

 Aconcagua_SouthSummit2007

 

Y ahí la tienes, majestuosa, imponente, con los primeros rayos de sol asomando en su cima: la montaña. Es un gran reto, enorme, esa montaña inaccesible que te embruja, que tiene todo el poder, y tú no tienes nada, simplemente las piernas para ir escalando, escalando y escalando hasta donde aguante el cuerpo. 

Al principio te dices que no empieza mal la cosa, subes sin prisa pero sin pausa, todo pinta bien. Hay sonrisas, energía positiva, motivación. Un perrito del pueblo más cercano ha decidido sumarse a la expedición. Evidentemente es un perro curtido, contento de poder seguir a unos humanos en esa aventura. El perrito tiene las patas cortas, pero ello no le impide avanzar hasta que llegan las rocas más grandes. Entonces, sin discutirlo, hay turnos para ayudarle a saltar de una roca a otra porque el perrito ya es parte integrante de la expedición. Los perros son maravillosos, somos los humanos que a veces no estamos a la altura de estos increíbles animales…

Llega una zona más complicada de la montaña. Las rodillas empiezan a sufrir, la cima ya no se ve a través de la empinada subida, lo único que ves son las piedras a tus pies, una piedra detrás de otra, casi sin fin… De vez en cuando ves un edelweiss, esa flor de alta montaña tan bella. También es intocable, ya que es una especie protegida que no se puede arrancar, lo cual le da aún más valor a la planta. No sólo no abunda sino que además, para verla en su hábitat natural, se ha de sufrir. Es un milagro más de esa naturaleza que lo envuelve todo, esa naturaleza que te regala tanta belleza y tanto peligro al mismo tiempo.

 

Everest

 

Y entonces descubres a los rebecos. Al principio crees que son un simple rebaño de cabras perdidas por su pastor, pero su comportamiento y sobre todo su localización no corresponden a la cabra de toda la vida. En medio de la nada los rebecos se mueven por los precipicios con la mayor naturalidad del mundo, te observan desde la pared de enfrente con una actitud entre la superioridad y el cachondeo. Tú estás sufriendo lo indecible para avanzar apenas unos metros mientras los insolentes rebecos saltan de una roca a otra sin dudar, en un equilibrio perfecto con ese entorno tan peligroso para el humano. Tú no tienes opción, has de seguir la ruta establecida para llegar a la cima, ya que los otros recorridos son imposibles. Y sin embargo los rebecos van allá donde les place y cuando les place, porque no están sometidos al azar ni a la vulnerabilidad del cuerpo humano.

 Rebeco

 

Sigues avanzando, cada paso es doloroso, la respiración se hace más difícil, el sol que tantas ganas tenías de ver se convierte en un enemigo formidable, el dolor de las piernas es cada vez más agudo, cada kilo de peso en tu mochila es una carga insoportable que te hace desear tirar tu mochila precipicio abajo para sentirte libre y ligero, pero no… 

Sigues avanzando, sin poder pensar, la única idea en tu cabeza es la de llegar a la cima, nada más. Cuanto más se acerca ese momento más lejano parece. Es una lucha psicológica sin tregua, una lucha que mantienes contigo mismo y contra ti mismo al mismo tiempo, allí donde descubres de qué pasta estás hecho: ¿te vas a rendir? ¿Cuándo? ¿Le prestarás tu cantimplora al compañero que ya no tiene agua o reservarás cada gota para consumo individual? ¿Animarás al que está desfalleciendo delante de ti o le adelantarás sin siquiera mirarle?

Y es que la vida es una constante escalada. Y es la manera en la que te comportarás en la subida lo que marcará quién eres, si llegarás a la cima, si lo harás solo o acompañado, si encontrarás el camino de vuelta… Como dice aquel proverbio: si quieres llegar rápido ve solo, si quieres llegar lejos ve acompañado.

A veces no sabes si ir solo o acompañado.

Han pasado muchas horas. Estás exhausto, recordar tu rutina semanal te hace sonreír: esto sí es verdadero cansancio, y no tu trabajo de oficina. Crees que estás en un bucle sin fin: nunca llegarás a la cima y nunca volverás a la civilización, la montaña te ha atrapado en sus garras para siempre.

 Mount_Fuji_2

 

Entonces alguien que va más adelantado que tú pronuncia las palabras mágicas: “la cima está justo aquí”. No te lo crees. Sacas fuerzas de donde ya no te quedaban para hacer esos últimos metros, cuando tus piernas pesan varias toneladas y tus pulmones no dan más de sí. Y entonces llegas, sin aliento, sin fuerzas, y te desparramas encima de cualquier piedra, incapaz de disfrutar la vista hasta que no recuperes una respiración más o menos normal.

Pasan los minutos, tus pulsaciones van bajando, vas recuperando funciones mentales, y entonces empiezas a darte cuenta de lo que has hecho: has llegado. Miras a tu alrededor, te das cuenta del paisaje increíble que te rodea, de todo lo que has escalado, del puntito a lo lejos de tu tienda, del aire, del cielo, del sol, de las montañas vecinas… Y te sientes en una especie de comunión profunda con la naturaleza, contigo mismo y con Dios.

Hay pocas cosas en la vida que se puedan comparar a este sentimiento.

Una vez recuperado el aliento, quizás gracias a algún alimento de la mochila, toca bajar. Quizás bajando tus rodillas van a pasar por un auténtico suplicio, quizás optas por deslizarte gran parte de la bajada para ir más deprisa, o simplemente porque no das más de ti mismo, aunque ello suponga quedarte sin pantalones ni posaderas… El caso es que las bajadas suelen ser menos memorables que las subidas, quizás porque el objetivo es menos noble o heroico que el de la subida.

 

Mt.-Kilimanjaro 

En la vida hay muchas montañas que escalar, y como los montañeros no podemos llevar muchas ayudas con nosotros. Se hace lo que se puede con lo que se tiene… Hay gente que tiene mucha ayuda y gente que lo tiene todo en contra. El caso es: ¿qué excusa vas a poner hoy para no escalar la montaña?

 

Apostando voy, perdiendo vengo

Quiero dar las gracias al pueblo francés, y en particular a los lelos que el domingo pasado asistieron en directo a la final del Eurobasket donde España ganó. 

Pues sí, perdí la apuesta.

Como a veces pienso que nadie me lee es inútil que explique aquí qué ha pasado, pero si no lo hago Gimme me va a perseguir hasta el día del Juicio Final para que pague mi deuda, o sea que allá voy.

La semana pasada expliqué en mi post dominguero que Gimme y una servidora habíamos hecho la apuesta de si los franceses pitarían a España durante la final del Euro como represalia por la eliminación de Francia en semis. Gimme apostó que los galos pitarían, y yo aposté que no iba a ser para tanto.

En cinco minutos de partido ya quedó claro que perdí. Por tanto ahí va mi castigo.

Respecto al video con el que me despido este domingo he decir que: estoy totalmente de acuerdo con su contenido, es el mejor video de la Historia (así en mayúscula) y suscribo todo lo que en él se dice.

¡Ah! ¿El video está en inglés sin subtítulos y no saben de qué va la apuesta? Eso ya no es mi problema, consulten con el señor traductor para recibir ayuda, que en el trato no estaba incluido el servicio de atención al cliente por mi parte. Dentro video.

¡Feliz semana! 

Ella / DiarioAM

Twitter: @EllaDiarioAM

 

 

 

 

 

 

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Ella

Desvariando semanalmente desde París (Francia). Y "echar" va sin h. Todo empezó en octubre de 2009, justo antes de mudarme a vivir a París. El hermano pequeño de mi mejor amiga me dijo "tienes que visitar un blog muy divertido…". Y aquí estamos unos años después, de administradora y dominadora del mundo, contando cada domingo batallitas varias ("yo he venido aquí a hablar de mi libro", que decía aquél). Aviso para navegantes: mis posts se han de leer con el sentido del sarcasmo incorporado si se quiere disfrutar de la experiencia completa. Y el deporte femenino existe.

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