Aportación Externa

Aportes sobre el EURO SEVILLA – Crónica Diario AM 02/06/2015

Aportes sobre el EURO SEVILLA – Crónica Diario AM 02/06/2015
DjDolly

Ahora más que nunca, cuando os quieren imputar en cosas que no deben y que NO os dejaréis, yo os digo:

SEVILLA, SEVILLA, SEVILLAAAA

Os dejo dos especiales de la final de Europa League 2015:

sev002

@JLAMOTTA23

En los últimos años tengo muchos motivos para darle las gracias al equipo de mi vida. Clasificaciones para UEFA, para Champions, la conquista de la Copa del Rey, de la Supercopa de España, de la Supercopa de Europa y de la propia UEFA. Es de justicia agradecerle su arrojo, entrega y pasión por defender una camiseta que siento como si fuera mi propia piel. Le doy gracias por hacerme sentir emociones que, hasta hace una década, solo podía llegar a imaginar como algo inalcanzable, reservado a la clase alta del fútbol. Gracias por hacerme soñar. Gracias por hacerme vivir. Gracias por la impensable realidad que nos está regalando a todos los que honramos el santuario de Nervión. Pero, hasta hoy, no he caído en que me faltaba algo por lo que estar agradecido. Gracias por hacerme viajar. Gracias por llevarme a Varsovia. De verdad, gracias. 
 
Eindhoven, Glasgow y Turín. Ciudades con nombre, con historia, con bagaje. Las tres quedarán grabadas a fuego en nuestra mente y corazón como escenarios de nuestro triunfo sin parangón. Pero Varsovia…Varsovia tiene algo especial. Varsovia es una de las ciudades europeas con más sufrimiento a sus espaldas. Las entrañas de la ciudad sufrieron dos guerras mundiales que arrasaron prácticamente cualquier rastro de civilización a su paso. El padecimiento y el dolor por las pérdidas humanas y culturales nunca ha escampado del todo en la mirada de los polacos. Es una ciudad inundada de malos recuerdos. Optimista, si, pues lograr dejar atrás el horror y la barbarie para continuar hacia delante requiere cantidades industriales de optimismo. Pero, sin embargo, el cielo oprime, te encoge el espíritu. En algunas zonas el aire se percibe sumamente viciado, y es imposible caminar sin tropezarte con un pedacito de historia. Es difícil contemplar una sonrisa polaca que no esté protagonizada por un niño. El resto de la población es aún muy consciente de su pasado como para permitirse poseer la inocencia de un niño. Monumentos, ruinas, estatuas conmemorativas, museos…Polonia es una nación que no quiere olvidar la inhumanidad, pues la lucha contra ella les condujo hacia el progreso y a una identidad social profunda y respetada. Es una sociedad harto interesante y ahí están las películas de Andrzej Wajda o Krzysztof Kieslowski para aquel que quiera conocer más de ella. ¿Qué tiene todo esto qué ver con la final de la UEFA? Puede que no mucho, pero tras experimentar por unas horas la más absoluta de las tristezas, valoras con más intensidad si cabe los buenos momentos. Te hace pensar qué hay que agarrarse a ellos como un águila a su presa y no soltarlos prematuramente. Y el Sevilla FC es uno de los mayores generadores de alegría de nuestro tiempo. Y fue hasta Varsovia a demostrarlo. Y unos cuantos chiflados le seguimos. La final que tenía que ser nuestra. Y lo fue.
 
Y lo fue porque nos presentamos en el impresionante Estadio Nacional de Varsovia como tricampeones de la UEFA, empatados con Inter, Juventus y Liverpool. Y eso acongoja a cualquier rival. El camino no fue fácil. Potentes escuadras como Borussia Mönchengladbach, Villarreal, Zenit o Fiorentina hincaron la rodilla antes que el Dnipro. Por cierto, es significativo que ciertos rivales menosprecien una competición que soñarían no ya con ganar, sino tan solo jugar. Es vil y rastrero intentar empequeñecer los éxitos ajenos basándose en la supuesta fragilidad del rival finalista, sin tener en consideración el duro camino recorrido hasta la meta, con el condicionante de haber conseguido la mayor puntuación liguera de nuestra historia (que nos hubiera hecho campeones en cinco ocasiones desde la creación de la Liga de los tres puntos) en paralelo. No por ser un tópico es menos cierto qué no hay enemigo pequeño. Y este Dnipro lo ha demostrado dejando en la cuneta a equipos de la envergadura de Olympiacos (caído de Champions), Ajax (caído de Champions), Brujas o Nápoles (caído de Champions). Eliminar a tres rivales Champions siendo, en teoría, inferior, no está a la altura de cualquiera. Ni siquiera de aquellos qué se permiten el lujo de subvalorar desde la comodidad de la crítica “guasona y con arte”. Pero bueno, son sus costumbres y hay que respetarlas. Cada uno se divierte y entretiene con lo que quiere o puede.
 
El año pasado hubo muchas quejas por los vergonzosos huecos que presentaba el Juventus Stadium por la manía de la UEFA de quedarse con más del 60% de las entradas. Este año, aunque es cierto que el reparto entre aficiones y público general distó mucho de ser equitativo, el estadio si presentó un aspecto digno de una final. El Estadio Nacional es una auténtica gozada y su moderna estructura interior y exterior es una obra de arte. Más ucranianos que españoles, motivado por la cercanía entre Polonia y Ucrania. Mucho colorido en las gradas, una gran animación y una bonita ceremonia previa que amenizó la espera. Entre tanto, la noticia de que Reyes iba a ser de la partida provocaba la sonrisa de los miles de sevillistas allí presentes. Un tiempo después, esas sonrisas estarían más que justificadas.
 
Si, éramos menores en número. Nos encontrábamos en un país ajeno separado por más de 3300 kilómetros. Unos fuimos en avión. Otros, los más valientes, por carretera. Nadie se quería perder el histórico momento en el que nos proclamaríamos tetracampeones. Desde antes del comienzo se vislumbraba una batalla ambiental entre aficiones. Pobres ucranianos. No sabían lo que se les venía encima. 7500 gargantas ardientes y exaltadas se preparaban para conquistar a 9500 ilusos sin concederles un segundo de respiro. Nosotros no hacemos prisioneros. Nosotros no paramos. Nuestra voz no calla ni debajo del agua. Nuestras gargantas pertenecen al Sevilla FC desde que salimos del vientre de nuestras madres. No fue una venta, ni un alquiler, ni un regalo. Fue un juramento. Un compromiso. Una promesa irrompible. Respetad y defender nuestro escudo ante cualquier rival y seremos vuestro aliento infatigable. Nos pertenecen. Les pertenecemos. Solo así se cosechan éxitos. Afición y equipo visualizados como un solo ser. Luchamos por los nuestros, porque nadie más va a venir a defender lo nuestro. Nos bastamos. Nos sobramos. 2000 hinchas de diferencia. Eso no es nada. Ojalá fueran más. Si hubiera sido más temprano, hubieran sido nuestro desayuno. Pero, por la hora, tocaba ucraniano para cenar.
 
Salta nuestro equipo al campo y el éxtasis se apodera de nuestra sangre roja. Forma el equipo una piña en el centro del campo y nos abrazamos amparados en “el abuelo del Sevilla”, uniéndonos como una sola formación de combate ante las hordas provenientes del este. Nuestro himno nos hace fuertes. Nuestros jugadores nos oyen. Se sienten seguros. Los rivales nos oyen. Se atemorizan. Callan. Nos observan, incrédulos. No hay forma de escapar. Están atrapados con nosotros, con los locos del Sánchez-Pizjuán. Les hacemos entender que no llevamos bocadillos en la mochila, ni ropa de abrigo. Sino algo indetectable a los controles de seguridad. Los 7500 dementes, con el cuchillo entre los dientes, abrimos nuestras mochilas al mismo tiempo y lo dejamos salir. Allí está, en el aire, en el verde, en sus narices, en sus cabezas. El infierno. Las llamas de Nervión se apoderan a toda velocidad del Estadio Nacional, hambrientas, centímetro a centímetro, paso a paso, hasta provocar un incendio descontrolado y temido en toda Europa. Su silencio, nuestra victoria. Nuestros hombres, los guerreros de Unai, sonríen. Saben de lo que somos capaces. Que nos necesitan para ganar. Pero también que les necesitamos. Creamos un estado de dependencia emocional entre hinchada y jugador. Hinchada, que fácil es tenerla pero qué difícil es que realmente cuente. Para nosotros cuenta. No tenemos los recursos de otros. Nosotros somos nuestros fondos propios. Martin Atkinson pita el inicio y comienza la contienda.
 
El valor en alza Sergio Rico. El infatigable Aleix Vidal. El líder Carriço. El contundente Kolo. El resucitado Tremoulinas. El pulmón Mbia. El incansable Krychowiak. El artista Reyes. El conductor Banega. El talentoso Vitolo. El killer Bacca. Estos son los nuestros, los de rojo, los de Unai. Y para nosotros son los mejores. No hay nadie más. La conquista de la cuarta tiene un inicio diferente a las otras tres. Nos marcan. Silencio. Jaleo ucraniano. Unai pide tranquilidad, pero el golpe es duro y la formación de combate sufre una primera estocada. Primera vez que nos ocurre esto en cuatro finales de la UEFA. Pasa un minuto eterno. El minuto de las dudas. Entre el desconcierto, se alza una voz. No importa de quien, es de los nuestros, eso nos basta. “VAMOS COÑO, VAMOS, QUE NOS NECESITAN!”. Inmediatamente, despertamos y los tambores de la guerra vuelven a sonar en nuestro bando. Rugimos como leones heridos. Heridos, pero no muertos. No en el minuto 6. No todavía. Ellos gritan con el espoleo que la momentánea victoria les proporciona. Muestran sus armas. No son mancos. No han venido a perder. Nadie dirige sus pasos a una final con la idea de una victoria moral en la cabeza. El ucraniano es un pueblo curtido en mil batallas y no van a caer sin morder, sin demostrar su arsenal. A nosotros nos parece bien. Será una bonita lucha. 
 
Nuestro guía, nuestra luz, se hace con la pelota y no la suelta. Banega entra en acción y dirige a su ejército hacia arriba. Sin atisbo de agresividad. A los que nacieron bajo el manto de la clase y la elegancia no les hace falta poderío físico. Banega muestra el camino y Reyes se suma al carro. Vaya dos. Entre ambos regatean una y otra vez a cuantos defensas les salen al paso. Vidal y Tremoulinas son dos extremos más, incidiendo en las lineas enemigas con la insistencia de un martillo pilón. Vitolo y Bacca se pegan por los espacios, y Krycho y Mbia barren el campo de enemigos. Tiene que llegar. El gol tiene que llegar de un momento a otro. Unai tiene clara la consigna:todos arriba, hay que empatar esto cuanto antes. Y en estas que llegó el único polaco en Polonia y nos hizo levitar. Krycho, con más huevos que el caballo de espartero, rompe la red e iguala el marcador. Empate. Las cosas vuelven a su sitio. Seguimos igual. No se para. El adversario está en el momento justo y en la grada lo sabemos. Unos y otros juegan sus armas. Nadie desfallece. Pero hay un apellido que marca la diferencia sobre el césped. Un apellido que denota poder. Un apellido que, no por casualidad, es la pieza principal del ajedrez. La que todos quieren poseer pero pocos consiguen. Reyes abre la veda y la magia se produce. Ni Dios que baje del cielo sabría explicar de dónde se sacó ese pase el utrerano, pero la cuestión es que lo dio. Con un solo toque repleto de distinción, dejó solo ante el portero al cafetero que dejó de ser conductor de autobús para reclamar su lugar como killer blanquirrojo. Carlitos Bacca regateó a Boyko cómo en su día hiciera el ídolo Roberto Baggio ante Zubizarreta y definió a toda velocidad para ofrecerle su gol a Dios, como ya hiciera 26 veces a lo largo de esta campaña, y como volvería a hacer un poco más tarde. La fiesta era máxima y los abrazos a desconocidos, con más sentimiento que si se lo dieras a tu propio abuelo. Porque, en ese momento, el que tenías al lado era tu familia. Tú, tus 7499 hermanos y tu equipo. No había nada más en el mundo. Y ganábamos. Y reíamos. Y chillábamos al cielo porque mirar al suelo es de cobardes, y porque queríamos que el Dios del fútbol nos oyera bien alto. Que supiera qué ya íbamos para allá, a reclamar lo que nos pertenecía por derecho, por batirnos el cobre contra viento y marea. Pero nuestro trono tendría que esperar. Porque, a pesar de una parada previa de portero de selección, el guardián de nuestra portería sucumbía ante la magistral falta lanzada por Kotan. El Dios del fútbol nos lanzaba un jarro de agua helada y nos miraba desde arriba, desafiante. Esto había que sudarlo. Es una final, y nadie esperaba menos.
 
Pasado el tiempo de descanso, reponemos fuerzas y seguimos con nuestra masoquista costumbre de rompernos la garganta por nuestros colores. Nos llegan noticias de familiares y amigos desde Sevilla y otros lugares del mundo de que nuestra voz arrasa a la de los ucranianos. Apenas se oyen, nos dicen. Bien. Ganamos el choque en las gradas, pero donde hay que ganarlo es en el césped, y el Dnipro sale a por todas. De hecho, sufrimos. Llegan antes a los balones, corren más, saltan mejor y compiten cada pelota con agresividad. Este equipo ya se ha ganado nuestro respeto, pero jamás obtendrán el premio gordo de nuestro miedo. Aguantamos sus embestidas. La defensa se crece. El medio no da a basto. Emery decide intervenir, con sabiduría y cabeza. Se marcha nuestra perla Reyes, demasiado cubierto y cansado en las últimas jugadas, y entra Coke. Coke, el paradigma de la superación personal. Un tío que se ganó al sevillismo a pesar de una primera campaña nefasta. Su entrada nos cambia la cara, nos cambia el ánimo. Vidal está más liberado. Nuestra defensa coge fuerzas y el medio lo agradece. Banega vuelve a coger el mando de las operaciones y secuestra la pelota. Parece mentira que un futbolista así haya desaprovechado la mitad de su carrera futbolística en escándalos y distracciones ajenas al fútbol. 26 años, aún es joven. Aún nos puede dar muchas alegrías. Por nuestra parte, recurrimos a todo nuestro repertorio de cánticos mientras los ucranianos se anclan en el clásico “Dnipro, Dnipro!”. Cada uno lo hace lo mejor que puede con lo que tiene.
 
Y llegó el júbilo. El éxtasis. El gol que nos volvió a cambiar la vida. Nuestro colombiano recibe un pase de nuestro canario y fusila sin piedad con el exterior de su bota izquierda. El estadio se viene abajo. Unos, por desconsuelo. Otros, por gozo. Ya no nos es suficiente con abrazarnos. Ahora nos comemos a besos hasta a los guardias de seguridad polacos. Alzamos la cabeza y dirigimos nuestra llorosa y furiosa mirada al sombrío cielo que gobierna Polonia. Y le gritamos qué somos los campeones, que nos ponga los impedimentos que quiera porque los vamos a superar, porque juntos superamos obstáculos, porque no tenía nada qué hacer esta noche más que rendirse a nuestra fuerza. No esa noche. A pesar de todo, aún quedó tiempo para meter el cuarto. Aún quedó tiempo para temer un par de veces por el empate. Aún quedó tiempo para rendir homenaje a Iborra y Gameiro, los héroes de Monchengladbach y San Petersburgo. Aún quedó tiempo para que el estadio entero contuviera la respiración por el desplome de Matheus, que fue despedido con una sonora ovación de ambas aficiones. Aún quedó tiempo para que Sergio Rico ganará puntos de experiencia en centros laterales. Y…ya no hubo tiempo para más.
 
Somos los campeones. Tetracampeones. No hay nadie con más Copas de la UEFA en la historia del fútbol. Jamás podía imaginar después del primer doblete de UEFA que volveríamos a repetir hazaña. Aquel equipo estaba poblado de cracks como Kanouté, Luis Fabiano, Navas, Alves, Palop, Escudé, Poulsen, Adriano o Renato. Arrollaba a Barça (0-3 en la Supercopa de Europa) y Madrid por igual (3-6 en la Supercopa de España). Pero soy de los que piensa, y no soy el único, que el conjunto de Emery tiene más mérito. Primero, porque las desigualdades del fútbol actual son mayores que hace ocho años, y competir con los grandes es más complicado para un equipo que no goza de unos ingresos extremadamente poderosos. Segundo, porque es un equipo de hombres y no de nombres. Es cierto qué contamos con Bacca, Banega, Krycho, Mbia o Gameiro, pero nuestros triunfos se basan en el colectivo y no en las individualidades (que también las tenemos, claro). Y tercero, porque en estos dos cursos ha habido más de una treintena de movimientos entre altas y bajas, con los consiguientes problemas de adaptación que se produce en algunos casos y la imposibilidad de disfrutar de una continuidad total. A pesar de todo, no hay que olvidar que el Sevilla sigue con su política de vender caro y fichar barato, aunque dicha estrategia no permita fichar cracks contrastados para un rendimiento inmediato. Es de súbita importancia fichar con inteligencia, y así ha sido este año. Sirva de ejemplo la venta de estos tres puntales del equipo el año pasado y sus recambios:
 
Alberto Moreno (Liverpool) –> 18 kilos ——–Tremoulinas –> 2,5 kilos
 
Fazio (Tottenham) –> 10 kilos ——- Kolo –> 4 kilos
 
Rakitic (Barcelona) –> 20 kilos ——- Banega –> 2,5 kilos
 
Vendes tres titulares por casi 50 millones de Euros y sus repuestos no llegan a diez. Resultado? Campeón de nuevo de la Copa de la UEFA. Y eso no es todo. Krychowiak costó 5,5 kilos. Carriço 1,8. Vitolo 3. Gameiro 7,5. Bacca 7. Cuánto costarían ahora cada uno de ellos?
 
En una época en la que ser grande está condicionado al tamaño de tu chequera, es un orgullo pertenecer a uno de los pocos equipos que presenta batalla luchando con otras armas llamadas ilusión, proyecto y ambición. Las tareas para este verano son claras. Renovar a Unai, impedir la marcha de los puntales y preparar al equipo para el asalto a la Champions. San Siro, bonito escenario para combatir contra el Dios del fútbol…

———————————————–

sev003

Depechero y Sevillista

DICEN QUE ESTAMOS LOCOS DE LA CABEZA

“Dicen que estamos locos de la cabeza

Más de 60 hora de carretera

La vida me importa una (…) (…)

Sevillista seré hasta que me muera, hasta que me muera”

Este es uno de los muchos cánticos que se escuchan desde la grada del Sánchez Pizjuán en cada partido, y un poco me siento identificado. Levantarte una mañana, de madrugada, irte a Varsovia a echar el día ( 6.600 km) , hacer un importante gasto económico, y “sólo” para ver a tu equipo jugar (y por suerte, ganar) una final. Y encima de la Europa League para algunos casi equiparable a un torneo de verano, pasar la noche en el aeropuerto, y llegar de vuelta al día siguiente casi sin dormir. Todo ello en familia, con mi mujer que era el segundo partido de fútbol que veía en su vida y con mi hijo de 11 años.

Bendita locura. Ha sido uno de los días más inolvidables de mi vida, desde el principio hasta el fin, sin notar el cansacio. La llegada al aeropuerto ya era para venirse arriba. Un mar de camisetas rojas y bufandas se extendía por toda la terminal.

0001

Ya en Varsovia, primero la visista cultural. Sería imperdonable llegar a una ciudad con tanta historia y tanto peso en Europa y no tener al menos una noción de ella.

Muy recomendable el centro histórico (reconstruido tras la 2ª Guerra Mundial), y gran ambiente en las calles, tanto de sevillanos como de ucranianos, que compartíamos la ciudad sin problemas.

0003

Después del turismo, camino al Estadio. Ahora los nervios me dominaban. Bueno, para ser realistas, estaba nervioso desde el día en que decidimos ir a Varsovia a ver la final y se mezclaban en mi las ganas de ver el partido con el miedo a perder.

El Estadio es una auténtica maravilla. Ya verlo desde lejos, junto al río, impone. Es el mejor estadio en el que he estado. Moderno y cómodo, además con una visibilidad fantástica.

0004

Los momentos previos al partido la grada se fue poblando tanto de sevillistas como de ucranianos, y aquí fue cuando de verdad empezó el espectáculo. La grada del Sánchez Pizjuán normalmente es un espectáculo animando, pero en estas circunstancias, es difícilmente superable. Los cánticos se suceden uno tras otro y te hacen sentir que eres una parte importante del partido. Justo antes del partido nos arrancamos con el Himno del Centenario, que no se canta con las gargantas, se canta con el corazón , y cada uno de los que lo cantamos lo hacemos por muchos de los que o ya no están con nosotros o no han podido venir. Si cantarlo en el Sánchez Pizjuán es una experiencia única, hacerlo a 3.000 km de Sevilla, en una final en la que podemos hacer historia, y siendo uno de los 8.000 guardianes de nervión que deben arropar al equipo, hace que te transportes a otro mundo.

Pero pronto llegó el bajonazo. Tras un buen principio de partido, en la primera aproximación el Dnipro se adelanta en el marcador. Para mi fue como un jarro de agua fría, pero ni para el equipo ni para otros muchos sevillistas fue impedimento para seguir con los mismos ánimos. Mientras yo estaba callado y aun más nervioso, mi mujer y mi hijo cantaban como un miembro de los Biris, y no dejaban de animar.

Hasta que llegó el éxtasis. Gol de Krycho. Gol de Bacca. Lágirmas en los ojos. Toda la tensión acumulada estalló y salió a flote. El empate del Dnipro nos enfrió un poco, pero ya mi corazón me decía que este equipo una vez que se ha levantado y cogido carrera es difícil de parar. Segundo gol de Bacca. Apenas me queda voz, pero me da para, ahora sí, animar y cantar. Pitido final. Alegría y lágrimas. Me sentía como en una nube. Había visto al Sevilla, a mi Sevilla, ganar una final. Había sido partícipe de su victoria.

0005

Y no era una victoria cualquiera, era la que nos hacía tetracampeones de la Uefa Europa League. Habíamos hecho historia, Y allí estábamos para vivirla, escribirla y contarla..

0006

P.D. Quiero hacer una mención especial a un grupo de sevillistas que salió desde Sevilla el lunes por la noche en autobús y volvieron el viernes por la noche. 6.600 Km en autobús. Estos son los héroes de la cuarta.

¿Te gusta esta entrada?

16
Aportación Externa
DjDolly
@djdollyDAM

Cronista, Barman, DJ, Informático, Bloguero y enfermo del deporte.

More in Aportación Externa

Rio2016BasketballOpt

Baloncesto en los J.J.O.O. y la emoción de saber lo que pasará – Crónica Diario AM 09/08/2016 (by Luca Garzeli).

ColaboradoresDAM10 agosto, 2016
expulsion

Pura emoción – Crónica DIARIO AM 06/04/2016

DjDolly6 abril, 2016
fondo

La belleza de la inocencia – Crónica Diario AM 31/03/2016

DjDolly30 marzo, 2016
balon

Previa de la jornada by ANKOR – Crónica DIARIO AM 27/02/2016

DjDolly27 febrero, 2016
sergi-roberto

EL ENROQUE O COMO UN MOVIMIENTO INTERNO CAMBIA TOTALMENTE EL PANORAMA (By Tatascan) – Crónica DIARIO AM 30/01/2016

DjDolly30 enero, 2016
barçallora

ACOSO Y DERRIBO (By Bender) – Crónica Diario AM 20/10/2015

DjDolly20 octubre, 2015

Copyright © 2015 DiarioAM