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Debilidad – Crónica Diario AM 16/03/2015

Debilidad – Crónica Diario AM 16/03/2015
Anz

Los sainetes mediáticos a los que hoy en día nos exponemos cada vez que decidimos acceder a la información general parecen desatados y sin posibilidad de enmienda. En el caso que nos ocupa, los medios de actualidad deportiva, se alcanzan niveles surrealistas. Una vez sobrepasados y borrados los limites deontológicos no queda más que contemplar a mitad entre perplejos y avergonzados, cuál será la nueva barbaridad a relucir o el nuevo intento de manipulación popular.

De los síntomas y afecciones se ha hablado por doquier, sobre la receta a aplicar se podrían escribir largas listas y todavía se dejarían muchas vacunas en el tintero, pero para combatir una enfermedad como la que asola el actual periodismo y a sus consumidores es preferible actuar sobre la raíz del problema, localizándolo, aislándolo y comprendiéndolo antes del tratamiento.

Como aquel famoso doctor de la televisión que escribía en una blanca pizarra todas las posibles causas de un nuevo y extraño caso, supongo que deberíamos hacer algo similar, basado en los síntomas hasta dar con el patrón común que genere todas esas evidencias.

Fisiológicamente los sujetos abarcan todo el espectro de edades, altura, peso o condición física y es indiferente en cuanto a género. Demográficamente no atiende a razas, país de origen o climas conocidos. A nivel cultural y económico tampoco se observa un estándar aceptable que incluya o descarte a todos sus individuos por lo que prácticamente podríamos desechar todos estos factores y centrarnos fundamentalmente en un origen neuronal como causa primera aunque tal vez potenciada posteriormente por alguno de los citados anteriormente.

Aquí es donde podemos encontrar nuestro primer elemento común, la afinidad al deporte. Si bien no todos aquellos a los que les gustan los deportes resultan infectados por esta plaga, si que todos aquellos afectados muestran preferencias por esta temática y más concretamente por el fútbol aunque a opinión personal diré que la materia en si es irrelevante y bien hubiera podido ser otra distinta, en realidad estaríamos hablando mas del medio de transmisión que de la enfermedad en sí.

Del mismo modo se ha observado el curioso hecho de que aquellos que tienen diferentes inquietudes a las relatadas son inmunes al virus pero pueden ser trasmisores del mismo por vía oral o escrita y que por otro lado sí podrían adolecer del mismo virus pero habiéndose infectado por medio de otro canal diferente al deportivo, especialmente el corazón o la política. De ahí la aseveración anterior de que el medio de transmisión no está relacionado intrínsecamente con la enfermedad aunque pudiera servir también como potenciador o disipador como fue el caso de las condiciones sociales anteriormente listadas.

Pero decíamos que para aislar la variable escondida tras este ovillo siniestro tendríamos que adentrarnos en la psiquis de los pacientes. El desequilibrio mental, entendiendo este como falta de armonía o manifestación de leves patologías que en caso alguno impiden a los sujetos a llevar una vida normal aunque le dificultan a veces razonar o abstraerse de influencias externas, bien pudiera ser un factor conjunto importante aunque de nuevo y desalentadoramente de nuevo no excluyente. Habría que cavar un poco más hondo en la red cerebral para hallar esa raíz común a todos los afectados.

Sin datos concluyentes a nivel de inteligencia, raciocinio, entendimiento o asimilación, consciencia, cultura, conocimientos o experiencia vital, reacción ante hechos traumáticos o marcantes, situación emocional, capacidad de abstracción, comportamiento ante estímulos externos y todas aquellas habilidades a las que el cerebro humano dota de contenido para conformar un individuo solo cabe pensar que la génesis del problema se halla en un recóndito lugar asentado hace miles de años, entre los limites de nuestro cerebro primario y la parte que nos diferencia del resto de animales.

De entre todas las características que tenemos en común con el resto de especies inteligentes, existe una que es similar a todos pero que en nuestro caso está más desarrollada. La curiosidad, como mecanismo de mejora progresiva bien pudiera ser esa pieza que estaba faltando en nuestro diagnostico, pero solamente aquella variante retorcida que esta agudizada en unos más que en otros. Hablamos de la morbosidad inherente al ser humano, desenvuelta en diferente medida y grado pero al fin y al cabo presente en cada uno de nosotros.

Esta atracción hacia la controversia, lo desagradable, lo polémico o lo cruel, aunque tengamos consciencia de su existencia y nuestra condición hacia ello, aunque seamos lo suficientemente inteligentes para saber de su insalubridad, aunque nuestra introspección alcance un resultado correcto y lógico sobre su inconveniencia, esta afinidad puede llegar a superar al resto de cualidades y definitivamente nos expone totalmente a la enfermedad mediática por el simple hecho de que es precisamente esta condición la que es sensible al patógeno emitido.

Y a partir de ahí el resto es de sobra conocido, la enfermedad del periodismo existe porque existe nuestra condición, la enfermedad del periodismo existe porque algunos individuos necesitan recrearse constantemente en la controversia y lo insalubre, porque está en nosotros, muy dentro, germinado durante siglos. El mismo tiempo que llevan junto a nosotros los que se han dedicado a explotar esas debilidades nuestras, los que ansían el poder y el control, los que mandan a sus pequeños generales del cinismo y la hipocresía a comandar ejércitos de idiotas y bufones que por extraño que parezca son capaces de influenciar en un señor de Móstoles, de raza negra, protestante y con un doctorado en física nuclear, de profesión conserje y campeón de Trivial Pursuit, que practica natación 5 veces a la semana y con baja autoestima, adicto a las películas americanas y con dermatitis crónica.

Da igual lo que seas y de donde seas, la verdad es que por raro que pueda parecer, lo único que necesitamos para inmunizarnos es resguardar nuestra minúscula debilidad.

“Solo nos convertimos en lo que somos a partir del rechazo total y profundo de aquello que los otros han hecho de nosotros”. – Jean-Paul Sartre

Anz / Diario AM

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