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La leyenda del Invencible – Crónica Diario AM 09/03/2015

La leyenda del Invencible – Crónica Diario AM 09/03/2015
Anz

De zancada recta y heterodoxa, el torso levemente adelantado y un peculiar balanceo violento de hombros que se extendía hasta los apretados puños, parecía que con cada paso golpeara con saña cada gota de sudor drenada mientras un agitado rostro se mostraba agónico y descompuesto por el esfuerzo. Así era la inimitable figura a la carrera de uno de los mayores mitos de la historia del deporte. Una vida repleta de anécdotas e instantes memorables salidos de un excéntrico genio de la resistencia, el sacrificio y la perseverancia. Hoy os invito a adentraros en los insondables dominios del gran Emil Zatopek, la locomotora humana.

“Por que habría de entrenar corriendo a ritmo lento? Ya se correr a ritmo lento, debo aprender a correr a ritmo rápido.”

Nacido en la antigua Checoslovaquia, en los albores de la Segunda Guerra Mundial, no fue hasta su adolescencia que descubrió una pasión escondida hasta entonces. Apodado “el estudioso” en su pueblo por su voracidad lectora fue reclutado pese a sus deseos para una prueba local por la empresa de zapatillas en la que trabajaba, terminó en segunda posición sin haber nunca practicado un entreno hasta entonces. La carrera entro fuerte en sus venas y ya no pudo dejarlo nunca más, sin embargo aquello no fue solamente lo único que entró en el corazón de nuestro personaje aquel día como veremos más adelante.

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“Un atleta no puede correr con dinero en sus bolsillos. Ha de hacerlo con esperanza en su corazón y sueños en la cabeza.”

En los siguientes cuatro años batió los records de 2.000, 3.000 y 5.000 checos y se presentó a los Europeos de Oslo junto al equipo nacional en el que tan solo pudo acabar en quinta posición, pocos podrían haber anticipado lo que solo dos años después sucedería. Casi un desconocido para el público internacional, en los Juegos Olímpicos de Londres le faltaron dos decimas para conseguir la medalla de oro en los 5 km, para poco después alzarse con el más preciado metal en los 10 km con un espectacular record olímpico y aventajando en casi un minuto a su gran amigo Alain Mimoun.

“Una sucesión de pequeñas voluntades consigue un gran resultado.”

Había algo tras esta meteórica proyección, la portentosa aparición sobre escena del joven checo debía esconder tras de sí, algo que debía revolucionar los parámetros establecidos hasta la fecha, algo que solo Zatopek quiso descubrir al mundo a través de la sombra inmensa que comenzó a proyectar sobre sus rivales. Aun es pronto para desvelar que truco se esconde tras la desgarbada silueta de aquel que llegó a estar imbatido durante seis años consecutivos.

“Hay que ser suficientemente rápido y tener resistencia física. Por eso corre rápido, para mejorar la velocidad y se repite muchas veces para adquirir resistencia.”

Sin duda, en muchas maneras distintas, nos encontramos ante alguien especial. De él solían comentar sus rarezas hasta el punto de llegar a entrar en la lista de Angus Calder, junto a nombres como Billy el Niño, Babe Ruth, Juana de Arco o la reina Victoria, de la enciclopedia de humanos excéntricos. Extraño a la par que adorable tenía la manía de entablar conversación con sus contrincantes en medio de las pruebas, su capacidad para hablar seis lenguas que unido a un carácter jovial y magnético le hicieron irresistible hasta para el más aguerrido de sus adversarios. Muchos de ellos comentan que durante las carreras bromeaba con espectadores y periodistas y lanzaba puyas amistosas siempre que podía.

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“No fui lo suficientemente talentoso para correr y sonreír al mismo tiempo.”

Su gran amor por las pistas no fue el único. Aquel lejano día de su debut como corredor conoció en las pistas a Dana Zatopkova, una joven lanzadora de jabalina con la que llegó a casarse. Nacieron en el mismo lugar y el mismo día, compartieron inseparables una larga vida juntos de amor y deporte. Cuando le preguntaban a Emil por esa anecdótica efemérides bromeaba que él había nacido cuatro horas antes y que por eso tenía el privilegio de tomar cuatro copas de vino más que su querida esposa.

“Grande es la victoria, pero mayor aún es el sabor de la amistad con los rivales.”

Después de Londres su figura comenzó a agrandarse, fueron cayendo marcas una tras otra bajo sus poderosas pisadas, los 10.000, las diez millas, los 20 km y los 30 km. El cielo no parecí un límite insalvable para este formidable atleta y en el horizonte los aros olímpicos asomaban relucientes ante la inteligente mirada de Zatopek.

“No pude caminar durante una semana después de tanto que la carrera sacó de mí. Pero fue el agotamiento más agradable que he conocido.”

Su momento y el de la historia del deporte llegó en los juegos de Helsinki de 1952. Del 20 al 27 de julio los cimientos del atletismo retumbaron ante una hazaña jamás antes vista y que nunca más se ha vuelto a ver. Emil Zatopek, apodado la locomotora humana por su ritmo constante y de zancadas regulares, consiguió vencer sucesivamente en las pruebas de 5 km, 10 km y en la prueba reina de la maratón, batiendo los records mundiales de cada especialidad. Fue algo colosal, fundamentalmente porque hasta la fecha nunca había corrido la larga distancia y de la que dijo al acabar que había quedado insatisfecho por ser una prueba muy aburrida. Un año más tarde, entre los haberes de Emil se encontraban un total de 8 records del mundo, la mayor cantidad nunca antes mantenida al mismo tiempo por un atleta.

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“No se puede subir a la segunda planta sin escalera. Cuando fijas un objetivo demasiado alto y no lo cumples, entonces tu entusiasmo degenera en amargura. Prueba una meta que sea razonable y luego gradualmente ve aumentándola.”

La pregunta que sigue es como alguien que hasta los 19 años no había entrenado nunca pudo alcanzar las cotas más altas logradas por ningún atleta en las pruebas de resistencia. El motivo se oculta tras una mente calculadora y fuerte. Emil Zatopek, el estudioso, supo reconocer en la figura del gran Paavo Nurmi un modelo a seguir y diseño el método de entrenamiento más revolucionario jamás diseñado, algo tremendamente común en nuestros días gracias a él, hablamos de las series. En su estancia militar corría 10 km con las botas reglamentarias y a la tarde otros dies con zapatillas hasta que dejó de notar la diferencia. Emil llegó a correr 800 km al mes, en hasta 80 series de 400 metros diariamente. Paraba a mitad de carrera simplemente para forzarse después a recuperar el tiempo perdido, para siempre llegar al límite, para convertir cada entrenamiento en una competición en la que siempre debía perder con el Zatopek del día siguiente.

“Es al borde del dolor y el sufrimiento que los hombres son separados de los niños.”

A sus últimos Juegos Olímpicos llegó en decadencia por la edad (34 años) y tan solo alcanzó un sexto puesto en la maratón que acabaría ganando aquel amigo suyo al que tantas veces venció anteriormente. Emil se alegro sinceramente por la victoria de Mimoun y fue a abrazarle una vez concluida la prueba. La última competición en la que “Mr. Chop”, como muchos también le llamaban imitando el ruido de una locomotora, fue en nuestro país, en el Cross de San Sebastian en 1958, su última carrera y por supuesto su última victoria.

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“Mi correr era muy sencillo. Estaba fuera de mi mismo.”

En sus vitrinas todas las medallas posibles, salvo una. En el año 1968 invitó a casa al atleta australiano Ron Clarke, quien junto a su ídolo compartió muchas anécdotas e historias, apenas si se comentó el último incidente de Clarke en la prueba de 10 km de los Juegos de México de ese año, donde a causa de la altitud, estuvo a punto de morir, hecho que hubiera supuesto un broche funesto a una carrera llena de éxitos y records mundiales al que desgraciadamente nunca pudo añadirle una medalla de oro. Dias mas tarde, y ya en el aeropuerto, Emil le entregó una caja a Ron con la promesa de no abrirla hasta despegar, dentro del avión la sorpresa de Clarke fue mayúscula al abrirla y descubrir la medalla dorada que Zatopek había ganado en la prueba de 10 km en 1952 con una discreta nota que decía “porque la mereces”.

“Enorgullecerse de una marca, creyendo que los demás no la pueden batir, es una vanidad estúpida. Y, si la pueden romper, no hay, en esa marca, nada especial.”

Héroe nacional, el checo más conocido en el globo, fue condecorado en su país y ascendido al grado de coronel por el ejército rojo. La implicaciones a todos los niveles de este personaje fueron asombrosas y la política fue la más controvertida de todas ellas. En la primavera de Praga, cuando ya estaba retirado, apoyo al bando posteriormente derrotado, degradado por sus actos, llegó a trabajar de barrendero para ganarse la vida hasta que su pueblo, aquel al que tantas alegrías y orgullo les había dado, insistió en la restauración de su nombre y estatus hasta finalmente conseguirlo en 1975.

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“No llevamos un ritmo demasiado lento?”A mitad de prueba del maratón de 1952.

Un hombre diferente, singular donde los haya, protestó en una época donde las protestas se callan con balas porque un compañero de equipo fue apartado por el pasado político de su padre, convenció al presidente de su país, en plena guerra fría, a permitir casarse a la heroína nacional Olga Fikotova con un atleta americano, su foto increpando a los soldados rusos en plena Primavera de Praga salto a los rotativos de todo el mundo, inventó junto a su esposa a lanzarse la jabalina uno por encima del otro en el mas romántico y peligroso juego deportivo entre enamorados, corría leyendo, corría llevando a cuestas a su esposa cuando esta se lesionó y le enyesaron la pierna, corría en sueños y soñaba que siempre ganaba.

“Aprenderé a tener un mejor estilo cuando juzguen las carreras de acuerdo a su belleza.”

Emil Zatopek, el mejor fondista de todos los tiempos, el Invencible, nos dejó en el año 2000 a causa de un derrame cerebral. Su siempre querida Dana sigue entre nosotros y seguro que si tienes el placer de conversar con ella, tal vez tengas la suerte de oír una última historia, sobre aquella semana del 20 al 27 de julio de 1952. Pocos minutos después de que su esposo lograse la primera de sus medallas de oro, Dana cogió con firmeza la jabalina y la lanzó al cielo de Helsinki, el dardo cayó a 50,47 metros y la checa ganaría la medalla de oro en la especialidad que practicaba cuando Emil la observó por primera vez en aquella lejana ciudad de Moravia que les vio nacer el mismo día.

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“Si quieres correr, corre una milla. Si quieres experimentar una vida diferente, corre una maratón.” Emil Zatopek.

Anz / Diario AM

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