Fútbol

Non dimenticherò mai Bilbao

Non dimenticherò mai Bilbao
Darroa

MOCIONANTISIMO articulo desde italia respecto al partido de vuelta de la eliminatoria contra el Torino.
Traducido gracias a un amable forero “S_B” ;)

No olvidaré nunca las maldiciones lanzadas por la conexión perdida en Roma. ¡Maldita desorganización itálica!

No olvidaré nunca el alivio por el hecho de haber llegado de todas formas al destino, aunque fuese con horas de retraso.

No olvidaré nunca la cena en un restaurante de Casco Viejo de Bilbao, lleno de hermanos con sus rostros inequívocamente granates, sus sudaderas, sus camisetas, sus bufandas. Y fuera la lluvia. Y fuera gritos de otros hermanos. Y coros contra los jorobados (juventinos). Y más lluvia, lluvia, lluvia. Y Toro.

No olvidaré nunca una mañana en el museo. Familias enteras de hermanos. Generaciones de hermanos. Los abuelos que han rozado a los Invencibles y visto el título del 76. Los padres que han visto Madrid, Ámsterdam y Roma. Los hijos que han visto poco, o nada. Pero ahora están todos aquí. Juntos. Y ahora a esperar. Quien más y quien menos, a esperar.

No olvidaré nunca los abrazos entre los hinchas en las Siete Calles a la hora de comer el día del partido. Bufandas granates y rojiblancas. Txapelas y gorros con el toro. Ikurriñas y banderas del Piamonte. Cerveza. Sonrisas. Abrazos. Fiesta.

No olvidaré nunca el profundo escalofrío que recorrió mi espalda en el momento en que, mirando frente a mí, ha aparecido como un templo pagano la silueta de San Mamés. Un profundo escalofrío que me ha transportado, sólo por un momento, a los tiempos en los que viajaba con el equipo y frente a mí aparecían el Franco Ossola de Varese y el Silvio Piola de Novara. Pero ha sido sólo un momento, porque enseguida he comprendido que éste es nuestro sitio: es de sitios como éste de donde venimos nosotros. Y es en sitios así donde debemos permanecer. Y si debiese salir mal, regresar.

No olvidaré nunca la hora de cola bajo la lluvia para entrar al estadio. Maldita, super maldita lluvia jorobada (juventina). Y maldito, super maldito jorobado también tú que me has desfilado la cámara fotográfica llevándote una parte importante de mí. ¡Disfrútala toda, bastado! La tienes, pero nunca tendrás mis recuerdos. ¡Nunca jamás!

No olvidaré nunca el momento en el que las gradas rojas de San Mamés han aparecido frente a mi mirada todavía un poco cabreado por el desaire sufrido anteriormente. ¡Pero ahora es todo de verdad! Ahora somos nosotros de verdad, aquí, jugándonos el todo por el todo. Nosotros con nuestros cánticos. Nosotros con nuestros rostros. Vistas y revistas durante años en el estadio contra adversarios inviables. Nosotros. Aquí. Ahora.

No olvidaré nunca el pálpito en el corazón y el temblor en las piernas en el momento en que el estadio se ha coloreado de rojo y blanco. Y el himno ha empezado. Y toda la gente cantando al unísono. “Athleeeeeeetic Eup!”. Una emoción única, bella, grande, indescriptible. Sin precedentes al menos para mí, y sin par.

No olvidaré nunca el miedo inicial. No olvidaré nunca el ansia por que Quagliarella, por algún motivo, tal vez sólo por llevar nuestra camiseta, fallase el penalty.

No olvidaré nunca el grito liberador cuando el balón ha terminado dentro, allí, en esa portería, debajo nuestro. 2500 bocas que gritan. Miles de abrazos.

No olvidaré nunca el desaliento por el gol recibido. No olvidaré nunca la exaltación por el gol de Maxi… ¡Dios te tenga en la gloria, inmenso Maxi! Y perdona si al principio había empleado hacia tí palabras de excepticismo. ¡Dios os tenga en la gloria a todos, mis muchachos!

No olvidaré nunca las esperanzas mezcladas con el miedo del descanso: y con todo estamos aquí, a jugárnosla, y es aquéllo que queríamos. ¿Quién habría apostado que después del primer tiempo nos habríamos encontrado con ventaja aquí, en San Mamés? ¿Quién? Yo absolutamente no. Pero yo soy el típico pesimista. ¿Y vosotros? ¿Habríais apostado una peseta?

No olvidaré nunca ese balón que da en el palo y nos perdona, y la frase que, frente a todos los conjuros, he pronunciado, o tal vez sólo pensado: “¡Esta es nuestra noche! ¡No perderemos nunca!”.

No olvidaré nunca el miedo a que, después de su empate, llegase el gol de la condena. “¡Si debe llegar, mejor ahora!” he pensado. “Mejor perderlo ahora, antes que prolongar la agonía, y tal vez continuar esperando, y después recibirlo al final, o quizás en la prórroga. O tal vez, todavía peor, perder en los penaltis”.

No olvidaré nunca ese disparo alocado de Darmian. Y sus carreras. Y nuestros gritos. Y nuestros abrazos- “¡Ya no nos cogen! ¡Ya no nos cogen! ¡Tienen que meternos dos!”, gritaba alguno. “¡Queda todavía un montón de tiempo, si empatan ya verás cómo nos lo hacemos encima!”, respondía algún otro. En el primer caso hablaba la razón, en el segundo el corazón. Pero ninguno de los dos se había equivocado.

No olvidaré nunca ese tiempo que parecía no terminar nunca. No olvidaré nunca a la gente, su gente, que a pocos minutos del final comenzaba a subir las escaleras y a marcharse. “¡Pero ahora no lo creen ni ellos!”, pensaba yo.

No olvidaré nunca el grito. El estruendo. 2500 bocas que gritan al unísono. “¡Ha terminado! ¡Ha terminado! ¡Hemos ganado en San Mamés! ¡Somos los primeros en conseguirlo!”.

No olvidaré nunca los abrazos. Tanto con los amigos de siempre como con desconocidos que no has visto nunca. Todos aquí. Juntos. No olvidaré nunca las lágrimas. Las caras de incredulidad. Sí, sí sí: ¡Ese en el campo el mismísimo Toro! Sí, sí, sí: estos de aquí somos nosotros mismos, con nuestros rostros. No olvidaré nunca esas camisetas azules que se arrojan del campo en la lluvia al final del partido.

No olvidaré nunca los aplausos de su público al final del partido, y nosotros que respondemos garganta en grito “Athletic! Athletic! Athletic!”. Nosotros y nuestra alegría incontenible. Ellos tristes, pero orgullosos como siempre. ¡Qué pueblo más increíble! Qué pueblos increíbles, el nuestro y el suyo. No olvidaré nunca las peticiones de intercambio de bufandas al final del partido.

No olvidaré nunca, saliendo del estadio, un único gran Pueblo ya casi indiscenible: los nuestros con las bufandas rojiblancas, y ellos con las bufandas granates. Un tipo, todavía muy joven, con un vaso de cerveza en la mano, nuestra bufanda al cuello y la mano en el corazón que canta “Athleeeeeeeticccccc”. Y una muchedumbre indistinta de vascos y granates que responde “Eupppp!”. Y después abrazos. Y después tragos. Y después otros coros. Y después insultos a los jorobados.

Qué bonito es el fútbol. Qué bonito el fútbol cuando es así. ¿Habría sido lo mismo si hubiesen ganado ellos? Puede que no. Pero no es el momento de pensar en eso. No olvidaré nunca, y llevaré siempre en mi corazón, los mensajes de mis nuevos amigos vascos, aunque desilusionados. “¡Felicidades!”, “¡Lo habéis merecido!”, “¡Ahora os queremos en la final y os animaremos!”, “¡Sois una gente especial y por eso os respetamos!”, “Esta siempre será vuestra casa”. Y cosas así. Eskerrik Asko, Lagunak! ¡Ahora y por siempre, gracias amigos míos!

No olvidaré nunca la de vueltas que dí en la cama. Los mensajes intercambiados con los amigos de siempre que están aquí o han devido permanecer en Turín, o en otros lugares de Italia. Porque esta noche todos han tenido dificultad para dormir. Todos. Mañana Turín será una ciudad de muertos de sueño, más que historias.

No olvidaré nunca estos días. No olvidaré nunca esta noche de locura. No olvidaré nunca estas emociones. No olvidaré nunca el espectáculo ofrecido por esta gente. Nuestra gente, su gente. Nunca. Pero por desgracia todas las cosas bellas duran demasiado poco.

Y mientras sobrevuelo la ciudad con el avión, mientras repaso los periódicos locales que hablan de nuestra gesta (¡¡¡pero esta vez es realmente todo cierto!!!), mientras en el vuelo un grupo de vascos que va a Irlanda para asistir a un partido de rugby ofrece whiskey a todos, yo entreve sobre el fondo el estadio de San Mamés y no puedo por menos que pensar una sola cosa: eskerrik asko Bilbo maitea. Ikusi arte.

Permanecerás siempre y para siempre en mi corazón.

AUPA ATHLETIC!!! FORZA TORO!!!

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Darroa

Experto en fútbol internacional. No me quedo sólo en fútbol, voy a la NBA, NFL, NHL y cualquier evento de masas. Los deportes de combate también tienen cabida en mi vida.

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