Aportación Propia

Crónica 07/02/2015 – Corazón de melón

Crónica 07/02/2015 – Corazón de melón
Muramasa

Hoygan hamijos damistas:

La ironía anida y deja su huella en el vocabulario de una lengua. Palabras hay cuya función es, como en política, restringir la aserción que se está haciendo o incluso significar lo contrario de lo que dicen. Escribe Severo Catalina que «no hay cosa más incierta que la edad de las señoras que se dicen de cierta edad». Y decimos «seguramente» cuando estamos todo menos seguros de algo. Tampoco hay seguramente palabra más socrática que la palabra «quizá». Estableciendo una comparación entre las dos interpretaciones de la ironía históricamente más destacadas, dice Jankelevitch que «mientras la sabiduría socrática desconfía tanto del conocimiento de sí mismo como del conocimiento del mundo y llega al saber de su propia ignorancia, la ironía romántica aniquila el mundo para tomarse más en serio a sí misma». Se me hace difícil afiliarme a uno u otro de esos dos polos. Quizá me parezco más (sin saberlo) a los románticos, pero me identifico (a sabiendas) más con la postura socrática. Y como los españoles nos quedamos solos exagerando, simpatizo con aquel hispanoportugués, emigrado como yo, (me refiero a Francisco Sánchez) que, más socrático que Sócrates, comenzaba su libro Quod nihil scitur («Que nada se sabe») diciendo: «Ni esto siquiera sé, que nada sé».

Quisiera exhortarles a adoptar una actitud irónica al escuchar (o leer) mi discurso sobre la ironía. No identifico empero la ironía, como frecuentemente se hace, con el distanciamiento, sino más bien con la oblicuidad. «Da doble luz a tu verso, para leído de frente y al sesgo», decía también Machado. Lee y escucha siempre al sesgo si quieres entender, diría yo. Lee un texto y escucha una disertación no sólo atendiendo a lo que el autor dice, sino también a lo que el autor hace al decirlo. «Cuando se ha llegado tan lejos en sinsentido como yo lo he hecho -decía Gunnar Ekelöf- cualquier palabra resulta de nuevo interesante». Y cuando hemos aprendido, como yo mismo he hecho, a sacar provecho incluso de textos mediocres y de conferencias aburridas o de poca calidad, estamos en buen camino de alcanzar el verdadero entendimiento. Gadamer sostiene, por su parte, que «a veces el investigador puede aprender más del libro de un aficionado que de los libros de otros investigadores». No siempre son más valiosos los textos o los autores más comentados; conviene buscar el tesoro oculto bajo el polvo y el olvido de las bibliotecas o de los archivos.

El punto de partida para entender algo son los ejemplos a través de los cuales ese algo se manifiesta. Para tratar de entender lo que es la prudencia o la virtud moral, Aristóteles no nos remite a su definición, sino a la indagación de los ejemplos vivos de hombres prudentes y virtuosos. «Nada hay en el entendimiento que antes no se halle en el sentido» dice un conocido postulado gnoseológico. Leído al sesgo, ese enunciado dice sencillamente que todo conocimiento universal de algo se alcanza a través de sus manifestaciones o ejemplos concretos. Esto, que suena a pura fenomenología, nos enseña que la apariencia no siempre engaña, sino, para una mente atenta, desvela. Pues desvelar es lo mismo que «verdad» (alezeia) en griego. A través de lo que aparece, de lo contingente o fortuito, alcanzamos al meollo o sentido de las cosas. Un realismo que toma totalmente en serio las cosas mismas, es más ilusionista que realista. Pero no faltan los que todavía creen que el dinero son las monedas que llevamos en el bolsillo. Y ¿para qué preocuparse del valor de la moneda? ¿No dice acaso su cuño, o el texto impreso en el billete de banco, cuál es su valor? «Todo necio, confunde valor y precio», decía Machado. También la devaluación de la moneda es pura ironía.

Si el ejemplo, concepto hoy vacío y desgastado por el uso cotidiano, en realidad representa el eje de todo conocimiento humano, la ironía es el gozne que articula ese conocimiento con el ser mismo del hombre. La ironía es el eje de lo antropológico, ya que, siendo la fuente de todo sentido figurado y de todo tropo retórico, puede decirse que toda antropología incluye y presupone una tropología y que el tercer libro de la retórica aristotélica, que en apariencia se ocupaba de la elocuencia en el discurso, hace relación a la condición general del ser humano en el mundo, en su doble vertiente de existencia y conocimiento.

Se llama ironía, en ciertas ocasiones, a ese fenómeno que consiste en decir algo para insinuar o expresar algo distinto e incluso, si bien no siempre, totalmente contrario. Otras veces se denomina ironía la incongruencia entre una intención y un resultado, o el desencaje entre un efecto y aquello que racional o moralmente cabía esperar. El primer tipo de ironía mencionado lo recoge la retórica, el segundo la tragedia. Pues bien, esas cosas, esos hechos y dichos, siendo expresiones de la ironía, síntomas de que algo como la ironía existe, no son la ironía misma; a no ser que el propio término «ironía» sea metonímicamente desviado en su sentido, ironizando así con la propia ironía.

El propio uso cotidiano de la palabra «ironía», por no hablar de su etimología, desborda y contradice el concepto instrumental de la ironía como figura retórica. Pues decimos hacer uso de la ironía, no sólo cuando expresamos lo contrario de lo que significamos, sino sencillamente cuando desviamos expresivamente el sentido de lo que decimos, por inseguridad, modestia, reticencia u otros motivos. Llamamos además ironías a situaciones trágicas y cómicas en las que el principio y el final, la premisa y la conclusión son incongruentes con lo que la lógica, la justicia o el sentido común harían esperar. El valor atribuído a la tragedia clásica reside en su capacidad reveladora de la ironía como condición existencial humana.

Puede que no le encontréis mucho sentido a lo previamente expuesto, pero estoy seguro de que sabréis relacionarlo con temas de actualidad.

VI Naciones

Como indicó Darroa ayer en su crónica, ayer empezó el torneo de las seis naciones de rugby. El partido que abría dicho campeonato era un Gales-Inglaterra en el que no jugaba Bale, por si alguien se lo pregunta.

El partido emepzó de cara para la selección del pequeño país de Gales, colocándose por delante en el marcador con un tiro de castigo y un ensayo. Pero sa selección inglesa se puso las pilas y apenas diez minutos después anotó un dudoso ensayo que el árbitro acabó concediendo. La anotación vino de un error de los de Gales cerca de su propia zona de anotación, y afortunadamente para ellos, el chutador erró el tiro adicional, poniendo el 10-5 en el marcador. casi diez minutos después, Gales anotó un tiro de castigo, poniendo tierra de por medio, con 13-5. Con un tiro de castigo anotado por parte de los ingleses y otro por parte de los galeses, la cosa quedaba en 16-8. Si Gales mantenía la distancia, podía llevarse el gato al agua.

Poco después de reanudarse el encuentro tras la media parte, Inglaterra anotó otro ensayo junto con el tiro adicional, colocándose a un solo punto por detrás de los de Gales. Por un error de defensa de Gales, se quedaron con un hombre menos durante diez minutos y un tiro de castigo para los ingleses que se ponía por delante en el marcador por primera vez en el partido (16-18). Otro tiro de castigo ponía a Inglaterra a 5 puntos por delante en el marcador, 16-21, y con los pocos minutos que quedaban, a Gales solo le valía el ensayo que no pudo ser. Y así terminó el primer partido del VI Naciones.

Hoy se juegan los siguientes partidos: Italia vs Irlanda (15:30) y Francia vs Escocia (18:00). No creo que pueda empezar a ver el primero, o sea que lo veré empezado, pero el segundo sí que creo que podré verlo entero.

Disclaimer

Os debo un especial Super Bowl, peroos lo traeré en forma de throwback un día de estos.

Los fragmentos de texto del principio son de José Luis Ramírez, extraídos de aquí

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Friki ocioso, bloguero a tiempo parcial y un poquito dibujante e ilustrador freelance.

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