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Crónica 15/10/14 – Fizculthura!

Crónica 15/10/14 – Fizculthura!

Corría el año 1941 cuando las fuerzas nazis en plena Operación Barbarroja tomaron la ciudad, entonces soviética, de Kiev.

Entre los prisioneros que hizo la Wehrmacht se encontraban no pocos jugadores de los equipos locales, el Dinamo y el Lokomotiv que habían sido o bien llamados a filas o habían participado en la defensa de la ciudad.

Durante los meses siguientes llegaron cientos de prisioneros de guerra, a los que no se permitía trabajar ni vivir en casas, por lo que todos vagaban por las calles, en la más absoluta indigencia. Entre aquellos soldados enfermos y desnutridos, estaba Nikolai Trusevych, quien había sido portero del Dinamo de Kiev.

Fue mientras Trusevych buscaba trabajo en la Kiev ocupada cuando se cruzó con Iosef Kordik, un panadero de origen aleman (razón por la cual los alemanes le habían permitido que siguiera administrando la panadería estatal nº3) e hincha del Dinamo.

Kordik, emocionado por encontrarse cara a cara con una estrella de su equipo le contrató para la panadería, aunque era ilegal. Su afán por ayudarlo fue valorado por el portero, que agradecía la posibilidad de alimentarse y dormir bajo un techo.

En la convivencia, las charlas giraban siempre sobre el fútbol y el Dinamo, hasta que el panadero tuvo una idea genial: le encomendó a Trusevych que en lugar de trabajar como él amasando pan, se dedicara a buscar al resto de sus compañeros. No sólo le seguiría pagando, sino que juntos podían salvar a los otros jugadores.

Truzesych recorrió lo que quedaba de la ciudad devastada, y entre heridos y mendigos fue descubriendo, uno a uno, a varios compañeros del Dinamo y a tres futbolistas del rival local, el Lokomotiv. Kordik les dió trabajo a todos, esforzándose para que no se descubriera la maniobra.

En pocas semanas, la panadería escondía entre sus empleados a un equipo completo:

 

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Reunidos por el panadero, los jugadores no tardaron en dar el siguiente paso, y decidieron, alentados por su protector, volver a jugar.

Como el Dinamo estaba clausurado y prohibido, le dieron a su conjunto un nuevo nombre. Así nació el FC START, que a través de contactos alemanes comenzó a desafiar a equipos de soldados enemigos y selecciones de la órbita del III Reich.

El 7 de junio de 1942, jugaron su primer partido contra el Rukh. Pese a estar hambrientos y haber trabajado toda la noche, vencieron 7 a 2.

Su siguiente rival fue el equipo de una guarnición húngara y le ganaron 6 a 2.

Luego le metieron 11 goles a un equipo formado por la guarnición rumana.

La cosa se puso seria cuando el 17 de julio enfrentaron a un equipo del ejército alemán y lo golearon 6 a 2.

Muchos nazis empezaron a molestarse por la creciente fama de este grupo de empleados de panadería y le buscaron un equipo mejor para terminar con ellos. El elegido fue el MSG húngaro, pero el FC Start lo aplastó 5 a 1, y más tarde, ganó 3 a 2 en la revancha. 

El 6 de agosto, convencidos de su superioridad, los alemanes prepararon un equipo con miembros de la Luftwaffe, el Flakelf, utilizado como instrumento de propaganda de Hitler.

Los nazis para aquel entonces habían resuelto buscar el mejor rival posible para derrotar al FC Start, que ya había ganado gran popularidad en el pueblo sometido. La sorpresa fue mayúscula, sin embargo, porque pese a las patadas de los alemanes, el Start venció 5 a 1.

Tras esta dolorosa derrota, sin embargo, los alemanes descubrieron la maniobra del panadero.

Desde Berlín llegó la orden de matarlos a todos, pero los jerarcas nazis no querían que la última imagen de los rusos fuera una victoria, porque pensaban que matándolos así no harían más que perpetuar la derrota alemana. 

La superioridad de la raza aria, en particular en el deporte, era una obsesión para Hitler. En 1936, cuando Noruega derrotó a Alemania en la Olimpiadas de Berlín, Goebbels escribió en su diario: “100.000 personas abandonaron el estadio deprimidas. Ganar un partido puede ser más importante que conquistar algún pueblo en el este”. Por esa razón, antes de fusilarlos, había que derrotarles en el terreno de juego.

El partido de revancha con el Flakelf se programó para el 19 de agosto y los jugadores del START sabían que el arbitraje iba a ser descarado en contra de ellos. Muchas fuentes anónimas les advirtieron de un posible castigo si no perdían contra los alemanes.

A pesar de eso, el equipo decidió jugar como siempre. También se negaron a dar el saludo nazi a sus oponentes a pesar de que el árbitro, un oficial de las SS, les había conminado a ello antes del partido. (En el campo, los futbolistas del START, con camiseta roja y pantalón blanco, alzaron el brazo, pero en el momento del saludo se lo llevaron al pecho y en lugar de decir “Heil Hitler!”, gritaron ”Fizculthura!” (¡Viva el deporte!), un eslogan soviético que proclamaba la cultura física).

Como preveían los jugadores, el árbitro hizo caso omiso a las faltas del Flakelf. Los alemanes, tras una falta clamorosa sobre Trusevych anotaron el primer gol. Sin embargo el START remontó con un gol de falta de Kuzmenko y otro de Gochanrenko tras jugada individual a pesar de que los jugadores alemanes usaban todas las tácticas y técnicas de un equipo sucio: dirigiéndose al cuerpo en vez de la pelota, tirando de la camiseta, haciendo zancadillas por detrás del jugador, para así obtenerla de mala forma con la total complicidad del árbitro.

Al descanso se llegó con 2-1 y se repitieron las visitas al vestuario soviético, esta vez con armas y con amenazas que dejaban poco lugar a la duda sobre su posible destino si osaban ganar aquel encuentro. Los jugadores, comprensiblemente atemorizados, se plantearon no salir al segundo tiempo. Pero pensaron en sus familias, en los crímenes que se cometían, en la gente sufrida que en las tribunas gritaba por ellos. Y salieron.

Durante la segunda parte ambos equipos anotaron dos goles pero cuando se aproximaba el final del encuentro llegó uno de esos momentos que quedan grabados en la memoria colectiva:

Klimenko quedo mano a mano con el portero alemán. Lo eludió y cuando todos esperaban el gol, se dio media vuelta y chutó hacia el centro del campo. Fue un gesto de desprecio, de burla, de superioridad total.

El estadio se vino abajo.

Los nazis dejaron que se fueran del estadio Zenit como si nada hubiera ocurrido. Incluso permitieron al Start jugar a los pocos días ganándole al Rukh 8 a 0.

Pero el final estaba escrito: tras ese último partido, la Gestapo visitó la panadería. 

El primero en morir torturado fue Kortkykh.

Los demás arrestados fueron enviados a los campos de concentración de Siretz donde acabaron con la vida de Kuzmenko, Klimenko y el portero Trusevich, que murió con su camiseta puesta.

Tyutchev, Goncharenko y Sviridovsky, que no estaban en la panadería, fueron los únicos que sobrevivieron, escondidos, hasta la liberación de Kiev en noviembre del 43. Ellos son los responsables de la popularización de esta historia soviética en la cultura popular.

El resto del equipo fue torturado hasta la muerte.

A fecha de hoy, los poseedores de una entrada para aquel partido tienen derecho a un asiento gratis en el estadio del Dinamo de Kiev.


Ni que decir tiene que aquellos 11 valientes pudieron haber puesto pies en polvorosa, haber decidido no salir en el segundo tiempo o dejarse ganar para salvar el pescuezo.

Sin embargo el sentimiento de “deber” de “responsabilidad”, el sentirse en deuda con una afición que les jaleaba ante el rival teutón, pesó más que su propia seguridad.

Muchas veces vemos como los medios de comunicación flaquean cuando se ven presionados por el poder (o poderes) sobre los que deben informar (y denunciar cuando sea el caso).

Son escasos los periodistas deportivos (por no hablar de los que tratan temas más generales) a los que su amor por el deporte, por un deporte sano, bien entendido, con rivalidades pero sin odios, les impulsa cada día contracorriente a denunciar aquello que la caverna, tanto la culé como la madridista se empeñan en ocultar (cuando no tergiversar directamente).

Hoy quiero elevar un merecido homenaje a aquellos con los que disfrutamos cada vez que publican unas líneas para explicar lo que la mayoría no explica, para hacernos girar la mirada en busca de algo que no habíamos percibido previamente, para hacernos partícipes sus ideas y de sus denuncias.

Quiero también elogiar a los profesionales que, de manera silenciosa pero constante nos brindan sus conocimientos de manera desinteresada, más pendientes de narrar con actitud casi didáctica sobre disciplinas muchas veces desconocidas para el gran público. ¿Cuántos vinculamos las retransmisiones ciclistas a Carlos de Andrés? ¿Quién puede olvidar las retransmisiones clases magistrales de Paloma del Río, ya sea en patinaje sobre hielo o gimnasia?

A todos estos periodistas más ligados al deber para con los lectores, televidentes, oyentes, consumidores de información en general sea el medio que sea va dedicada esta pequeña crónica con la esperanza de que su destino sea bien distinto que el de aquellos desdichados jugadores del START.

Aunque viendo a Ucelay o a García, a veces tengo mis serias dudas.

¡Salud y cervezas!

Soccer - UEFA Euro 2012 - Group D - Ukraine v Sweden - Olympic StadiumDiarioAM/@Kiasyd

 

 

 

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"Omnia Mutantur, nihil interit" que diría Ovidio.

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