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Crónica 14/10/2014 – Una de romanos.

Crónica 14/10/2014 – Una de romanos.

Atilius, Vero y Prisco, Tetraites, Spiculus, Carpóforo, Flamma… seguramente estos nombres que no suenen ahora a nadie pero que hace 2000 años eran auténticas leyendas vivas.

Si vivías en alguna gran ciudad del Imperio Romano estos nombres no te podían pasar inadvertidos, eran estrellas de la arena, reyes del Anfiteatro.

Eran gladiadores.

Todo el que haya visitado un anfiteatro romano piensa en las peleas de gladiadores que se daban en la arena de estos, pero hay que decir que en las películas hay mucho de ficción y apenas trazas de realidad.

La figura del gladiador romano se remonta a la época etrusca (siglo IV a.C.), durante la cual se celebraban combates entre los prisioneros en torno a las tumbas de los héroes para honrar a Saturno.

Estos juegos, pasarían a ser parte de la vida de Roma durante el siglo III a.C., cuando Marco Junio Pera y Décimo Junio Pera organizaron estos juegos en el foro Boario para honrar la muerte de su padre, Junio Bruto Pera, descendiente de los fundadores de la ciudad.

A partir de ahí las, “munera” (nombre que recibían las peleas de gladiadores) dejarían de ser un acto ritual para ser algo lúdico, de hecho pasó a ser el principal divertimiento del imperio, en el que se fundaron numerosos anfiteatros en toda localidad que se preciase.

Aparte de la tradicional lucha entre gladiadores había otras modalidades como las Venationii, luchas contra animales salvajes traídos de los confines del Imperio.

Uncrossed_gladiusEl gladiador toma su nombre del arma principal que solían utilizar, llamada “gladius”, una espada corta de hoja recta, similar a las de los legionarios romanos.

Los combatientes podían tener diferentes orígenes:

Los voluntarios en busca de, emoción, fama y gloria (o como el caso de Atilius, para saldar deudas) y los esclavos y prisioneros, que, de forma forzada, podían llegar a conseguir su libertad luchando en la arena (aunque se conocen casos como el de Flamma, que rechazó el “rudis“, la espada de madera con la que se confería la libertad a los gladiadores esclavos hasta en cuatro ocasiones).

Existían numerosos tipos de gladiadores, en función de sus técnicas de combate y equipamiento, pero las más comunes (que no las únicas) eran las siguientes:

Los Samnitas, que tomaban su nombre de la similitud con el armamento del pueblo homónimo, siendo el primer tipo de gladiador en aparecer.

Los Mirmillones, distinguidos por su equipo y armaduras similares a las de los guerreros galos, incluyendo el casco completo con cresta (que les daba aspecto de pez) y la espada corta llamada gladius.

Los Secutores, armados con escudo casco y espada, eran la evolución de los Mirmillones para el combate con los reciarios, una lucha muy de moda durante la época imperial.

Los Reciarios, que carecían de armaduras e iban equipados con una red, un tridente y una daga, es decir, iban equipados de forma similar a los pescadores de la época, y su estrategia de combate, era muy diferente a la de los demás gladiadores, basándose más en mantener la distancia y la velocidad que en el ataque frontal, como el resto de los combatientes.

Los Venatores, que especializados en el uso de arcos y lanzas abatían a las fieras y que socialmente estaban bien considerados.

Los Bestiarii, con menor reconocimiento y rango normalmente, vestidos y armados cual bárbaros, con armas inusuales y exóticas. (Incluso con el menor rango social, para la historia han quedado casos como el de Carpóforo, que en un sólo día de combates acabó con 20 fieras, siendo comparado con el mismísimo Hércules por sus seguidores y compañeros de profesión).

A pesar de lo que se pueda pensar, se han encontrado varias evidencias de que existían mujeres gladiadoras (“gladiatrix“), habiendo sido poco comunes, pero existentes durante diferentes etapas del imperio.

Ellas, como ellos, acostumbraban a luchar con el torso desnudo, con el objetivo de impactar de manera erótica a los espectadores, aunque se conocen casos de gladiadoras en armadura completa o de Venatorii femeninas.

El pequeño número de hallazgos arqueológicos al respecto indica que las luchas femeninas eran menos habituales que las de sus correligionarios masculinos, sin embargo, hay constancia escrita de luchas entre mujeres gladiadoras en Roma. De acuerdo con el historiador del siglo I Suetonio, el Emperador Domiciano acostumbraba a hacer luchar a las mujeres de noche, iluminadas por antorchas.

En el año 200 d.C, otro emperador, Septimio Severo, prohibió la lucha entre mujeres.

Una cosa que hay que tener en cuenta es que en la época la figura de un gladiador era una inversión, por lo que la mortalidad en los combates no era tal y como la hemos visto en las películas, sino que en muchas ocasiones se perdonaba la vida de los vencidos. Si se les mataba, era para aliviar su sufrimiento, clavándoles un arma blanca entre la clavícula y el omóplato hasta llegar a su corazón, considerando ésta una forma de muerte más digna que dejarle perecer por sus heridas en la arena.

Los primeros interesados en que los gladiadores estuvierancar-ludus-suedwest-nordost_40132_600x450_zpsc50a26e7 en perfectas condiciones eran los propietarios, llamados “lanistas“, de las “ludus” o escuelas donde los gladiadores vivían, se formaban y se entrenaban. De ello dependían su prestigio y sus ingresos (dichas escuelas contaban con una fiscalidad especial y los lanistas estaban supervisados por el Estado).

Dichos “lanistas” se encargaban también de decidir que gladiadores lucharían, sus diferentes categorías y su armamento en contratos firmados para cada convocatoria de juegos.

Estos púgiles, aun siendo esclavos, eran unos privilegiados: contaban con los mejores médicos y cirujanos, comían y bebían adecuadamente (los análisis de los restos de cementerios de gladiadores revelan una dieta rica en legumbres y cereales confirmando lo que los escritos antiguos ya apuntaban), sexualmente tenían a su disposición, de manera ocasional, chicas y chicos; y no pocas mujeres, sobre todo de la nobleza, pagaban por sus favores, consideraban que su virilidad era proporcional a su fortaleza física (la rumorología, posiblemente cierta, contaba que el Emperador Cómodo no era hijo de Marco Aurelio si no de un gladiador amante de su esposa Faustina.)

Pero no todo eran parabienes en las “ludus”, la disciplina era espartana y los entrenamientos agotadores.

El promedio de vida de un gladiador no superaba los 30 – 32 años; para conseguir la libertad tenían que combatir al menos durante cinco años tres o cuatro veces por temporada, muy pocos lo lograban y los que lo alcanzaban raramente abandonaban la vida de gladiador, continuaban luchando por reputación, como hiciera Flamma, o se quedaban como instructores.

Las escuelas de gladiadores existían a lo largo de todo el Imperio, Roma llegó a contar con cuatro de ellas pero la más prestigiosa fue la de Capua, la “ludus” que más y mejores luchadores suministraba a los circos.

Durante la República las escuelas de gladiadores estaban en manos privadas pero en la época imperial, tal vez para evitar levantamientos como el protagonizado por el tracio Espartaco en el 73 a.C., pasaron a manos del Estado.

Los torneos en la arena fueron oficialmente suprimidos por el Emperador Constantino (306-337) aunque se siguieron celebrando de forma eventual hasta el 404 d.C.

El 1 de enero del año 404 d.C. tiene lugar en Roma la última competición de gladiadores registrada.


 

Y una vez dada la clase de historia os dejo a vosotros con el ejercicio de paralelismos, que como veis es más que jugoso en muchos aspectos.

¡Salud y cervezas!

essedarius_11DiarioAM/@Kiasyd

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"Omnia Mutantur, nihil interit" que diría Ovidio.

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