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Crónica 30/09/2014 – Adaptarse o morir

Crónica 30/09/2014 – Adaptarse o morir

En su obra “El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida” Charles Darwin propuso las bases de la actual teoría evolutiva.

No fue sino hasta la quinta edición de la obra que Darwin no utilizaría la famosa expresión “Survival of the fittest” (La supervivencia del más apto) como sinónimo de selección natural. Esta expresión, por cierto, se la debemos al naturalista Herbert Spencer.

Han pasado ya casi 155 años desde que se publicara la obra de Darwin (el próximo 22 de noviembre será el 155 aniversario de su publicación) pero sus teorías no sólo tienen más vigor que nunca sino que son extrapolables a múltiples campos vitales.

Y es que, como no podía ser de otra manera, la evolución de las tácticas deportivas está directamente vinculada a la evolución de los seres vivos.

Imaginemos por un momento un equipo como un ente vivo, que respira, se mueve y se alimenta en su entorno. Este entorno es cambiante y nuestro pequeñín tendrá que adaptarse a las circunstancias para mantener su alimentación en niveles adecuados aparte de poder perpetuar su legado genético a la próxima generación.

Sin embargo las cosas no siempre son tan fáciles y muchas veces otros equipos, otros seres vivos que compiten por los recursos aparecerán como más capacitados que nuestra pequeña cobaya…

¿Qué le queda entonces a este equipo para conseguir volver superar a los competidores? Evolucionar. Reinventarse de manera que vuelva a obtener esa ventaja sobre el resto que le permita obtener nuevamente los títulos que le alimentan.

Y es todo este cúmulo de reinvenciones, de ensayos hasta encontrar el modelo adecuado donde la semilla de la discusión y la polémica encuentra terreno abonado.

Sin embargo incluso para eso hay clases y mientras algunos equipos mantienen su propia identidad otros se metamorfosean cual Zeus en busca de su próxima conquista (por cierto, un ejemplo muy curioso de cómo la necesidad crea el órgano, Lamarckismo en estado puro).

Muchos de vosotros pensaréis en los ejemplos TAAAAAAN clásicos y TAAAAAAAN manidos que nos brindan nuestros buques insignias del fútbol patrio: la recolocación de Messi, el nuevo centro del campo madridista con Kroos y sin Xabi Alonso o la nueva vuelta de tuerca de los conceptos básicos del Cholismo a orillas del Manzanares.

¿A la vanguardia de la evolución táctica? Ni de coña, señores.

En la propia liga hay ejemplos claros de equipos que asumiendo que si seguían haciendo lo mismo estaban fritos decidieron apostar por una evolución en su juego en busca de mayores probabilidades de éxito (hace años la irrupción del Super Depor, más cercanos en el tiempo, la apuesta preciocista del Villarreal o el gusto por el buen fútbol implantado en Vallecas).

Sin ebargono nos quedemos con lo conocido. Os invito a mirar un poco más lejos, alejados de las cámaras y de los periodistas que anclados en sus tesis pleistocenaicas siguen con el mismo discurso del que no se van a mover y por ello están condenados a la extinción.

Mirad por ejemplo en la NBA, donde equipos a priori tan poco llamativos como los Pistons han conseguido campeonatos merced a su gen extremadamente defensivo o la naturaleza cuasi-inmortal de unos Spurs que se adaptan a lo que tienen hasta que el entorno se adapta a ellos. Y cómo conviven con auténticos “constructos” como los Miami Heat, los Celtics del Big Three o unos Lakers en su particular travesía del desierto.

Tomemos por ejemplo también la Fórmula 1 como un deporte donde la necesidad de adaptación a una normativa y un entorno de competición siempre cambiantes determinan en gran medida la consecución de títulos.

Admiremos el trabajo impecable de las selecciones balcánicas de baloncesto, reinventándose siempre siguiendo su propio carácter competitivo que hace que consigan éxitos cuando nadie apostaba por ellos.

Y congratulémonos por la novedad que supone el éxito de una selección polaca de ciclismo en ruta en el marco de uno de los mundiales más invisibles que recuerde (y nos quejábamos de la cobertura del mundial de baloncesto…)

Nadie puede permanecer eternamente en la cima de nada, las cosas cambian, el mundo cambia y en un entorno tan competitivo si te pillan el truco estás muerto, como bien han descubierto las selecciones de fútbol y baloncesto en los pasados mundiales, sin ir más lejo: “Evolucionar o morir” es el nombre del juego y lleva jugándose desde que hay vida en esta bola de barro con ínfulas de algo.

Pero para aquellos tan aferrados a lo conocido como para desestimar todo cambio bajo la excusa de la pérdida de identidad no me queda otra sino que evocar a mi adorado Ovidio cuando, en su obra “Las Metamorfosis” escribió aquella máxima que reza “Omnia Mutantur, Nihil Interit” (Todo cambia, pero nada verdaderamente se pierde).

¡Salud y cervezas!

Pumpkin-Jack-halloween-37003696-600-450Diario AM/@Kiasyd

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"Omnia Mutantur, nihil interit" que diría Ovidio.

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