Aportación Propia

Crónica Diario AM 21/07/2014 – Escribir la Historia

Crónica Diario AM 21/07/2014 – Escribir la Historia
Anz

Su nombre era Caratacus, cacique de una de las mayores tribus británicas en la época antigua, los catuvelaunos. Nacido en la nobleza guerrera de su pueblo, fue educado influenciado por los deseos expansionistas de su padre y por el influjo de la cultura romana que llegaba a través de los comerciantes que traían todo tipo de productos desde los vastos dominios del imperio latino.

Pero Roma quería mas, quería abarcarlo todo y que su famosa pax romana llegara a los confines de todo el mundo conocido. Así que se prepararon para una nueva ofensiva expansionista casi cien años después de que Julio Cesar comenzara a invadir la Galia. Al mando de cuatro temibles legiones, el ejército del general Aulo Plaucio desembarco en la isla de los druidas para acometer lo que tan bien se les daba a los romanos, destruir la resistencia local y asentar con granito una nueva provincia a sus limes.

Los catuvelaunos rompieron sus lazos con aquella lejana influencia latina y su parte salvaje se alzó en armas contra los opresores, juntó cuantas tribus pudo y les hizo frente cerca de la costa. El impacto de la visión de miles de soldados perfectamente pertrechados y avanzando al unísono fue un presagio ante los ojos de aquellos bárbaros desacostumbrados a tal forma de despliegue. Pocas horas después  de estallidos de furia bestial contra los escudos inquebrantables de las centurias, los presagios tomaron forma de cruel realidad y la maquinaria de muerte invasora devastó las desorganizadas tropas celtas. En el campo de batalla yacían a millares los bravos catuvelaunos, entre ellos Cunobelinus, rey y padre de nuestro protagonista.

Con su pueblo masacrado, Caratacus no tuvo más opción que huir para salvar la vida bajo el juramento de que la próxima vez la historia sería bien distinta. Vagó por todo el oeste de la isla y tras numerosos esfuerzos consiguió imponerse como exponente de la resistencia britana al reunir a las tribus del poniente, mucho más dispersas entre las escarpadas montañas pero considerablemente más belicosas.

Nacía un líder, alguien que aprendió a base de acero y muerte una lección que le serviría después para convertirse en el azote de romanos. Entendió rápidamente que a diferencia de ellos, los romanos no tenían campeones que guiaran durante la batalla a los suyos, en realidad cada legionario era un campeón en sí mismo y que su fuerza radicaba en su disciplina y sus formaciones impenetrables. Por eso comenzó a trazar un plan, basado en el subterfugio, las emboscadas y la guerra de guerrillas. Cada bosque, cada escarpado sendero, cada angosto rio se convirtió en una ratonera para los destacamentos romanos y a base de desgaste infringió durante tres años una pesadilla al nuevo gobernador Scapula quien sustituyo a Plaucio al mando de la frontera.

No fueron fáciles de todos modos aquellos años de destierro, todo lo contrario, las penalidades que aquellos hombres tuvieron que afrontar debió poner al límite cada una de las fibras de sus almas. Solos y aislados, sin un mañana al que agarrarse más que a la lejana ilusión de que su corazón guerrero y su naturaleza salvaje y libre les llevaran a dar cada día un poco más, un poquito más de fuerzas para resistir por un ideal.

Pero todo alcanza un límite y se desconoce exactamente el motivo por el cual Caratacus se traicionó a sí mismo y enfrentó en batalla campal a Scapula. Lo cierto es que aquella batalla, Caer Caradoc, fue la última de Caratacus, fue ampliamente derrotado, apresado en su huida por los brigantes, afines a la causa romana, y finalmente llevado encadenado ante el mismísimo emperador Claudio en la capital imperial.

La historia nos muestra incontables ejemplos que podrían traspasarse a nuestros días, a cualquier ámbito pues la naturaleza humana no ha mudado y sigue siendo la misma en cualquier estrato social que escojamos. Un imperio puede ser de naciones al igual que de medios de comunicación. Una implantación de cultura puede ser llevada a cabo por las armas y la opresión tanto como por las más mezquinas técnicas de control de masas. Las desigualdades entre contrincantes son extrapolables igualmente entre tribus desorganizadas y maquinarias perfectamente engranadas de ambas épocas. El amor por la libertad y la identificación como pueblo nacen del mismo vientre que la creencia del libre pensamiento y del rechazo a la manipulación y la autoridad impuesta. Y por supuesto la resistencia a esos poderes debe hacerse con la misma astucia, valor y compromiso.

Un monstruo invasor atenta con adoctrinarnos a todos, quitarnos nuestro espíritu crítico y erradicar la naturaleza guerrera que nuestras mentes plantan ante el pensamiento único. Llenan todos los rincones de podredumbre neuronal, nos alejan de las cosas que importan mientras nos embelesan los oídos de canticos vacios y superficiales. Imparable en método te avasallan sin descanso y solo quedan dos opciones, la de pacificarte y dormir por siempre entre sus banales mensajes o echarse a las montañas del pensamiento.

Y he ahí donde encuentras otros como tú, en espacios aislados y protegidos, anónimos y secretos donde tu alma reposa tranquila, donde puedes por fin dejar pasar las estaciones esperando que el mundo siga girando sin fin. Sin embargo puede que un lejano día lleguen a tu puerta aquellos que tú dabas ya por olvidado y tu remanso acabe sin poder ya ir a ningún otro sitio. Por eso se hace tan necesaria la resistencia, aprovechar el terreno en el que te mueves y al que aun el enemigo no llega a controlar. En una guerra siempre perdida de antemano y solo sujetada por la esperanza, el futuro de nuestra sociedad, nuestra forma de vivir depende de cómo actuemos como individuos, que confrontemos las cosas que están erradas a nuestro alrededor y actuemos con coraje y determinación.

Todos sabemos dónde radica el mal, sabemos cómo desgastarlo e infringirle daño pero se necesita ser muy consecuente para hacer eso, se necesita dejar de ser parte del problema, de formar parte de esa trama tejida con oscuro esmero y no darle crédito a quien quiere acabar con lo que añoramos. Tanto en comportamiento como en hábitos, cada uno de nosotros debería mirarse a sí mismo y decidir qué es lo que de verdad quiere y si es capaz de luchar por ello. Cada desavenencia entre nosotros, cada hora gastada dentro de su juego, cada difusión de su basura por nuestra parte y sobre todo cada mensaje que emponzoña la mente y luego es traído hasta aquí les hace más fuertes a ellos y más débiles y solos a nuestra causa. Como siempre la decisión final nace y muere en nosotros mismos.

La caída de Caratacus no fue en vano, detrás de su estela de libertad surgieron nuevos líderes, nuevos opositores al ocaso de una forma de entender la vida, como Venitius o la misma Boudica, muchos de ellos consiguieron alargar un sueño cuyo desenlace os invito a buscar, o incluso a escribir.

 

Nos vemos dentro de un mes. Un abrazo a todos, hacéis que merezca la pena.

 

NOTA: Dedicado a uno de esos líderes, compañero y amigo, que ahora necesita refugiarse en su montaña para volver después junto a nosotros en primera línea de batalla.

 

Anz / Diario AM

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