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Crónica Diario AM 24/02/2014 – Diario de un pesimista

Crónica Diario AM 24/02/2014 – Diario de un pesimista
Anz

Desde que recuerdo siempre me he considerado un ser pesimista, alguien con capacidad de ver el lado bueno de las cosas sí, pero al que sus pensamientos negativos le vencen la batalla una y otra vez.

No es fácil ser como yo, hay que saber llevarlo muy dentro y en silencio pues esta naturaleza espanta a quien tienes alrededor a poco que te dejes llevar. Es como una peste a la que nadie quiere acercarse y que como un virus se propaga, supongo que es por eso que cada día me cuesta más encontrar hombros a los que arrimarme cuando vienen mal dadas, que por desgracia suele ocurrir a menudo.

Nunca sabré si la condición de agorero te conduce directamente a escoger ciertos caminos en la vida pero lo cierto es que un día que no reconozco decidí hacerme hincha de un club de futbol, deporte que siempre me gusto pero del que pensé que no me daría para alcanzar a ganarme la vida.

El caso es que se podría pensar que como buena alma desangelada habría elegido un club ruinoso y perdedor, que durante décadas estuviese tanteando los descensos de categoría y que tras una nefasta historia finalmente acabaría desapareciendo por deudas o simplemente acabaría dejado de la mano de Dios por absoluto desinterés de los pocos aficionados que lo siguiésemos.

 Y sin embargo aquel no fue mi caso, sino todo lo contrario y para supuesto alborozo mío opte por un tremendo equipo que lo ganaba todo casi siempre. Para mas mofa del azar resulta que además de vencer todos los duelos, los susodichos eran capaces de jugar como los ángeles y sembraron el terror allá donde fueran en cualquier estadio del mundo.

Quien piense que soy afortunado que sepa que está totalmente equivocado pues lo que a priori parece un presente caído del cielo realmente no es otra cosa que una maldición y gustoso explicare el por qué.

Cada día de partido antes del silbato inicial me entran unos terribles nervios pensando en lo que podrá salir mal, miro con escepticismo el once de partida y sin importar quien juegue echo en falta a cualquiera de los otros que no estén en la alineación.

Solo comenzando el choque les pediré que comiencen a atacar sin descanso sin permitirles ningún segundo de tanteo al rival, necesitare ver como encierran a todos los contrarios dentro de su área y les atosiguemos de tal manera que pidan la capitulación antes del primer cuarto de hora, de lo contrario pensare que hoy no tenemos el día.

Los ataques del oponente serán vistos como una muestra de debilidad palpable de nuestra defensa por el mero hecho de que es inaceptable que los rivales jueguen también y mucho menos que tengan las tácticas que crean oportunas, mas si emplean aquella que ha dado mayor numero de éxitos a la hora de neutralizarnos.

Sufriré por cada derrota que nos infrinjan y deduciré que significa no menos que el fin de nuestro reinado hegemónico, porque lo normal en estos casos es que la moral de esos jugadores es igual a la mía y el primer traspiés los sumirá en una espiral de derrotismo que nos lleve al peor de los fines, el de no ganar nada en absoluto este año, la hecatombe sin duda.

Y si hay algo de lo que mi descorazonadora naturaleza gusta es la de ser un auténtico masoquista, que disfruta infringiendose daño intelectual al decidir seguir asintiendo a esa bacanal de horrores en la que se han convertido los medios de comunicación, y me fustigo una y otra vez viendo las noticias y leyendo los periodicos para que mi ira crezca al mismo ritmo que mi deprimente humor.

Porque siendo sinceros y después de lustros ganándolo todo lo anormal es seguir en esa línea hasta que el mundo termine y que los ciclos que se dan a lo largo de toda la historia de la humanidad no van a darse en este caso, por eso temo que ese momento está siempre próximo y sufro una terrible añoranza del presente.

Levantar tantísimos trofeos lo único para lo que me ha servido ha sido para exigírselos continuamente como si fuese algo habitual y que se haya batido todos los registros de cualquier época en todas las posibles facetas de este deporte, me ha convertido en un ser desgraciado y melancólico porque en lugar de disfrutar de los recuerdos del ayer y mirar al futuro, lo único a lo que me dedicaré a partir de ahora será a comparar eternamente aquel conjunto mágico e irrepetible con todos los demás equipos que son y serán en esta entidad.

Supongo que ahora se entiende un poco mejor mi desazón, la agonía de mi existencia de quien un día el destino decidió reírse dándole este castigo insufrible, el de ser hincha de un club ganador, con estilo y filosofía propia, que representa por si solo a un pueblo entero y que alcanzó los mayores honores de la historia del deporte que le entusiasma.

Un equipo que está peleando por el campeonato, inmerso en otra final más y dejando huella en el aquel estadio del que salían todos esquilmados. Una tragedia misma.

Anz / Diario AM

 

 

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