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La Blanca Inquisición y la estrategia de las brujas (by Bender)

La Blanca Inquisición y la estrategia de las brujas (by Bender)
Gimme

La Inquisición se crea a partir de finales del siglo XII d.C. para eliminar la disidencia de los cátaros, o albigenses, un movimiento religioso que predicaba la salvación mediante el ascetismo y rechazaba el mundo material por considerarlo demoníaco. Los cátaros consiguieron numerosos adeptos, sobre todo en la zona del Languedoc, en el sur de Francia. En aquella época el Vaticano albergaba a Papas corruptos que, lejos de predicar con el ejemplo, eran los primeros a abandonarse a los excesos de la carne. No eran pocos los  que veían que en  aquella fe  no estaba la  salvación. Ante el  peligro de propagación de la disidencia, los agentes inquisidores fueron lanzados a la caza  y captura de aquellos que, como los cátaros, eran considerados herejes por la Santa Iglesia. La búsqueda de brujas llegó más tarde.

A  lo  largo  del  siglo  XIII  afloraron  numerosos  movimientos  revolucionarios  que culpaban tanto  a  la  iglesia católica  como  a  sus gobernantes de  los  males  que les aquejaban. Muchos de ellos creían que aparecería un mesías salvador que condenaría a aquellos que vivían en el lujo y explotaban y oprimían a los pobres. Una de estas figuras mesiánicas fue el emperador Federico II, que desafió abiertamente al Papa. Su muerte no impidió que siguiese siendo venerado, y durante los años posteriores aparecieron no pocos salvadores que aseguraban ser la nueva encarnación de Federico, el “Emperador Durmiente”. Movimientos similares  continuaron reproduciéndose durante los  siglos XIV  y  XV.  ¿Y  qué  tienen  que  ver  las  brujas  en  todo  esto?  El  antropólogo norteamericano Marvin Harris defendía la tesis de que la caza de brujas fue un movimiento  consensuado  entre  Iglesia  y  Estado  (entendiendo  aquí  por  estado  el gobierno de cada uno de los respectivos territorios que aplicaran la medida) para acabar con las insurrecciones.

La Iglesia no había tenido muy en cuenta la brujería, al menos hasta el siglo X. Sostenía entonces, de modo oficial, que el viaje en escoba de las brujas para asistir a aquelarres era una ilusión provocada por el diablo. Sin embargo, a finales del siglo XV, buena parte de Europa sufría una esquizofrenia colectiva en que cualquiera podía ser tildado de  bruja  y condenado a  la  hoguera. ¿Qué llevó a  este  cambio de  parecer?  Harris aseguraba que lejos de eliminar la idea de la existencia de brujas, los inquisidores “hicieron un esfuerzo extraordinario para aumentar el aprovisionamiento de brujas y difundir la creencia que las brujas eran reales, omnipresentes y peligrosas”. Gracias a la propagación de esta idea, se consiguió “desplazar la responsabilidad de la crisis de la sociedad medieval tardía desde la Iglesia y el Estado hacia demonios imaginarios con forma humana”. Los movimientos revolucionarios acabaron extinguiéndose, en un mar de acusaciones de vecinos contra vecinos, dentro de una asfixiante atmósfera de terror. Los  desposeídos,  que  alguna  vez  creyeron  en  una posibilidad  de  lucha  conjunta, acabaron desamparados y dependientes de las clases gobernantes.

Voy a establecer un paralelismo, a partir de las tesis de Harris, entre aquella terrible Inquisición y la que practican actualmente los medios e instituciones afines al Real Madrid, a los que se les ha apodado como Caverna o Central Lechera, pero que aquí denominaré Blanca Inquisición. Obviamente, la comparación es exagerada puesto que los métodos utilizados por la Caverna distan mucho de las barbaridades cometidas por los inquisidores del medievo, y no se puede hablar de terror social. Sin embargo, sí que podemos decir que a día de hoy se respira una cierta atmósfera enrarecida, a veces incluso asfixiante, motivada por el continuo bombardeo de acusaciones, reales o no, vertidas contra una entidad, el FC Barcelona, por osar poner en duda los poderes y creencias establecidos. Permitidme, pues, la licencia.

 

Desde la llegada de Di Stéfano al club blanco, el Real Madrid gozó de la aureola de mejor equipo del mundo y embajador de España en el extranjero. Pese a que ha habido vaivenes a lo largo de los años en esta apreciación, el Madrid seguía siendo el club preferido por  la  mayoría de  los  aficionados aún en  los  albores del  siglo XXI. El Barcelona  tuvo  intervalos  de  éxito  con  Cruyff,  Van  Gaal  o  Rijkaard,  pero  nunca inquietó a los estamentos blancos. Hasta la llegada de un entrenador, Pep Guardiola, que supo llevar al equipo a las más altas glorias vividas en toda su historia. De todo el mundo empezaron a llegar mensajes de admiración hacia aquel equipo, cuyo fútbol había insuflado nueva vida al mortecino panorama internacional. No sólo eso, el Barça ganaba  nuevos  adeptos  a  diario  con  su  alegre  e  ilusionante  propuesta.  Guardiola, además, había conseguido aglutinar a las masas barcelonistas, proclives a la desunión, que veían en él una suerte de mesías que conduciría a su equipo a la hegemonía mundial, acabando con décadas de predominio madridista.

 

Guardiola-banquillo-bernabeu-2011-supercopa-reutersEsta unión alertó a la maquinaria blanca, que no quería ver cuestionado su poder. Se buscó un anticristo (entendiendo que Mourinho era lo contrario a lo que representaba Guardiola) para acabar con el mesías culé, pero se demostró, tras el varapalo del 5-0, que con las mismas armas, la victoria blanca sobre los insurrectos blaugrana era imposible. Fue entonces cuando la Blanca Inquisición dio un paso adelante, intensificando su campaña de desprestigio. Guardiola, el alma de los revolucionarios, era atacado día sí y día también, pero aún así logró seguir llevando a su equipo de victoria en victoria, aumentando cada vez más el prestigio y fama del club. Ante este panorama,  la  Blanca  Inquisición no  se  planteó  cambiar  de  estrategia,  optando por continuar con la táctica de desgaste. La revolución debía acabar. Y así fue, o pareció ser.

 

Guardiola se marchó, agotado ante los constantes ataques sufridos desde todos los frentes, algo que fue considerado como una gran victoria desde las huestes de la Blanca Inquisición. Pero parte de su legado se quedó, y no sólo eso, todavía quedaba el otro gran “salvador” de la causa blaugrana: Messi. Sobre esta figura tampoco existían dudas, prácticamente el barcelonismo al completo creía que la senda de los triunfos continuaría mientras el mejor del mundo, no en vano llamado “el Messías”, siguiese en su equipo. Messi pasó a ser, de este modo, el nuevo objetivo de los dedos acusadores de la Blanca Inquisición. El argentino, que llevaba tiempo señalado, aún no conocía el alcance del poder inquisitorial, hasta que una serie de ataques directos recientes, hicieron pensar a los seguidores culés que el de Rosario acabaría tomando el mismo camino que su mentor: el exilio.

 

A lo largo de 2013 Messi fue acusado de falta de compromiso, de ser un dictador que reclamaba  un  protagonismo absoluto  en  el  juego  de  su  equipo,  se  le  catalogó  de estafador y ladrón por una deuda con hacienda que negó conocer pero no dudó en pagar de inmediato, e incluso se llegó al extremo de relacionar a su padre con el narcotráfico. Ni aún así consiguieron que los aficionados culés perdiesen la fe en su máxima estrella, no había más que ver las muestras de apoyo que recibió al acudir al juzgado para declarar en relación al supuesto fraude. Sólo una lesión logró apartarle del equipo. Aprovechando sus dos meses de inactividad, la Blanca Inquisición usó todo su poder e influencias para tratar de convencer al mundo que el reinado de Messi había terminado y  que  el  candidato  propuesto  por  ellos  ocuparía  su  lugar.  Bastó  media  hora  de exhibición en el retorno del argentino para demostrar que todos los esfuerzos de los inquisidores por defenestrarle habían caído en saco roto. Y es ahí donde entran las brujas.

Al tiempo que se llevaba a cabo la estrategia de desgaste sobre los cabecillas de la revolución culé, la Blanca Inquisición lanzaba acusaciones sobre el resto del equipo, algunas leves, como tildar a los jugadores blaugrana de “teatreros”, y otras más graves, como lanzar sospechas en torno al dopaje sin pruebas, algo que costó una demanda al medio que vertió dicha información. También se intentó socavar la fe culé haciendo hincapié en la supuesta pérdida de las esencias futbolísticas del equipo desde la marcha de su alma máter. Todo lo que hacía el Barcelona era malo, y sus jugadores eran poco menos que seres endemoniados que habían engañado a todos con sus malas artes. Pero por más brujas que encontrase la Blanca Inquisición en su cruzada antibarcelonista, los aficionados seguían resistiéndose a creer en ellas. Hasta que llegó el “caso Neymar”.

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Si la Inquisición medieval logró, al parecer, acabar con las insurrecciones alentando el miedo a las brujas, la Blanca Inquisición ha conseguido abrir una brecha en la cohesión culé alentando la desconfianza hacia los gestores del club. Todo empezó cuando Rosell desafió la autoridad del Papa Florentino I al ganarle la partida en el fichaje de Neymar. Aquella afrenta al poderoso mandatario no quedaría impune. En un ataque sin precedentes lanzado desde los medios afines al mandatario blanco, se cuestionó la forma  de  actuar  del  presidente  barcelonista  y  sus  directivos.  Por  más  que  éstos insistiesen en la legalidad de la “operación Neymar”, nunca les fue concedida la presunción de inocencia. Pese a la dudosa neutralidad del juez que aceptó el caso (simpatizante del Real Madrid), los aficionados culés no mostraron la misma adhesión hacia su presidente que la que manifestaron hacia los líderes Guardiola y Messi. Al final, afectado por la presión, Rosell prefirió dimitir antes que seguir en la diana de la Blanca Inquisición. Sin embargo, el nuevo presidente no está libre de sospecha. A Bartomeu le esperan unos largos meses de cuchillos afilados amenazando su espalda.

La estrategia de las brujas parece estar dando por fin sus frutos a la Blanca Inquisición, y no dudará en seguir hostigando al Barcelona hasta conseguir que se restaure el statu quo, o dicho de otro modo, que vuelva la “normalidad”. Dependerá de los aficionados barcelonistas el desterrar la sombra de la duda que cierne ahora mismo sobre la entidad, formando una piña alrededor del equipo, pese a las turbulencias. Este equipo, que tanto ha dado, sin duda lo merece.

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"When the seagulls follow the trawler, it is because they think that sardines will be thrown into the sea"

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