Crónicas

Portada Diario Marca – 22/11/2013 – Se me hace bola, Cristiano

Portada Diario Marca – 22/11/2013 – Se me hace bola, Cristiano
Gimme

 

Estimado Cristiano,

¿Qué tal estás? Supongo  que bien. Las cosas no te van mal últimamente. Casi se podría decir que estás de dulce. El otro día te dejaron correr como a ti te gusta, y en tu honor cabe decir que no tuviste piedad alguna. Tres goles en un partido es algo a lo que ya estás acostumbrado, sí, pero supongo que el saber que  esta vez servían para algo más que para aumentar estadísticas debió hacerte especial ilusión. Al final del partido se te veía muy contento. No es para menos. Después de unos cuantos partidos digamos regulares con la selección y de verte en una eliminatoria a vida o muerte, debe ser un alivio saber que tendrás tu oportunidad en el Mundial de este verano, ¿verdad?

Por aquí, por increíble que te parezca, hay unos pocos que parecen aún más contentos que tú con tu rendimiento. Te seré franco, Cristiano, seguro que lo prefieres: creo que están enamorados. Sí, ya sé, suena inverosímil. Al fin y al cabo son hombres de pelo en pecho, castizos, fuertes y grandilocuentes en su mayoría. O eso pondría en sus perfiles de Meetic, si los tuvieran.  Sé que es difícil de digerir, así que trataré de explicártelo de otra forma. ¿Conoces a Gabriel García Márquez? Es ese señor colombiano que aparte de aparecer de vez en cuando en tu muro de Facebook con una sentencia llena de sabiduría también escribe libros bastante buenos. En uno de ellos comparaba los síntomas del enamorado con una enfermedad que a lo mejor te suena de haberla visto en folletos alguna vez, o porque la última andanada también afectó a Madeira hace no tanto, en 1858: el cólera. Aunque en realidad el autor establecía el paralelismo con los síntomas más benignos de la enfermedad, creo que en nuestro caso habría que irse hacia el lado menos amable del padecimiento. Hablo de cosas feas, que remedio. Deshidratación, entumecimientos de piernas y sobre todo, vómitos y diarrea. Respecto a estos dos últimos síntomas, Cristiano, no te quepa duda: están muy enamorados.

El problema (uno de tantos, Cristiano, para qué mentirte) es que son contumaces, y alguien –quiero ahorrarme las molestias de posibles intercepciones de correo, así que evitaré especificar nombres – les ha dado medios, altavoces y Dios sabe cómo, influencia para sus inflamadas consignas de amor. Algunos empiezan, aupados por estos factores y sin duda la flecha envenenada de Cupido, a desvariar seriamente. Proclaman la congelación momentánea del continuo espacio-tiempo, y desearían que nunca avanzáramos más allá de este últimos mes, mes y medio, en el que bajo sus razonamientos eres el único objeto posible de todas las alabanzas y parabienes. Yo soy humano, como tú (discursos de tu agente aparte) y también he amado: puedo entenderlo. El día a día se hace difícil para todos, y a veces nos gustaría congelar instantes de nuestra existencia para no tener que volver a esa odiosa rutina de competición, comparación y meritocracia que es el mundo moderno. Seguro que a ti también te seduce la idea, pero estoy igualmente seguro de que la descartarás con rapidez: la competición no es algo que te asuste.

Me veo en la necesidad, Cristiano, de ser franco a partir de ahora: estoy muy cansado. Me siento como el paciente amigo que ha de soportar, lo quiera o no, que el único tema de conversación sea el amor que a un íntimo le quema hasta el punto de no saber, o poder, hablar de cualquier otra cosa. Es un fastidio comprensible, pero como casi todo, tiene doble filo: no soy el único damnificado, y la cabezonería suele generar roce entre la mayoría, que no siempre tienen la suerte de encontrarse en ese feliz estado del alma donde los defectos son omitibles, las conductas irracionales están justificadas o son entrañables, y los méritos indiscutibles. En un caso normal, podríamos desvanecer todos esos sinsentidos con un simple aspaviento: “Ah, no le hagas mucho  caso. Está enamorado”, pero la situación actual se presenta grave, ya que el próximo paso lógico de este contubernio amoroso parece la formación de un ejército formal para proceder al continuo bombardeo inmisericorde de sus cartas de devoción, que sin duda podrían reservarse para la privacidad del formato que yo utilizo ahora mismo.

En realidad no espero que hagas nada al respecto. Sería algo grosero por tu parte, imagino, rechazar de plano tanto afecto, y todos tenemos una sensibilidad, más o menos a flor de piel. Pero no te dejes engañar tan fácilmente, ni caigas en ese lapso irreal que ellos proponen, porque para perder el sentido de la realidad siempre hay mejores métodos, que además no dejan tantas secuelas a largo plazo. Busca, si puedes, un mástil adecuado.

Si finalmente te ves abocado a esa dirección, no puedo prever más que decepciones. Tú y yo sabemos de sobra que de esas hemos tenido demasiadas en los últimos tiempos y que ese no es el camino a seguir. Además, al salir de una burbuja placentera como esta uno se siente confuso y mareado. Empieza a disparar en todas direcciones sin entender que nada ni nadie en concreto la ha reventado, sino que el mismo tiempo, al igual que el óxido corrompe un metal, se abre paso con irresoluble firmeza, nos guste o no.

Un pase al pie es siempre más seguro que uno por alto, todos lo sabemos. Mejor confiar en quien mantiene los pies en la tierra que en estos enamoradizos astronautas. Con globos no vamos a ninguna parte.

Un cordial saludo, y suerte.

P.D. Dile a Varane de mi parte que espabile un poco.

 

¡Feliz fin de semana, antimarquistas!

Nuevos planes, idénticas estrategias – Nacho Vegas 

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"When the seagulls follow the trawler, it is because they think that sardines will be thrown into the sea"

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