Crónicas

Portada Diario MARCA 20/09/2013 – El Caos

Portada Diario MARCA 20/09/2013 – El Caos

En tanto en cuanto las guerras por su propia naturaleza ya son un error en todos los casos, hay una que merece un lugar de honor en el ranking de estupideces.

¿Ustedes se imaginan que en una batalla, se presente uno de los contendientes y se encuentre con que el otro le ha hecho toda la faena, es decir, que se ha medio aniquilado él solito?

Pues esto, que bien podría ser considerado como el paradigma de la imbecilidad militar o directamente extraído de un chiste de Gila, parece que ocurrió en Caransebes (Rumanía) el 17 de septiembre de 1788.

Pongámonos en situación. Por aquel entonces las dos potencias que cortaban el bacalao en Europa central eran el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Otomano, y no es que estuvieran a partir un piñón exactamente, más bien al contrario.

La lógica de la época dictaba que si podían dirimir sus disputas a ostias…¿para qué parlamentar? Y en ello estaban desde un año antes.

Caía la tarde del 17 de septiembre de 1788, cuando un ejército austríaco de 100.000 hombres se dirigía hacia la ciudad fronteriza de Caransebes, en la actual Rumanía, para acampar en vísperas de una invasión.

Los primeros en llegar fueron una vanguardia de húsares (caballería, vamos) con la misión de explorar y limpiar el territorio de posibles enemigos, pero no encontraron ni un solo soldado turco. En su lugar apareció un grupo de gitanos que vendían aguardiente, así que los soldados les compraron unos cuantos barriles y empezaron a beber mientras llegaban los refuerzos con la satisfacción del deber cumplido y aún más satisfechos de haberse dejado su soldada en tan alcohólico botín si tener que cruzarse con ningún turbante.

Los húsares habían empezado a beber del aguardiente cuando llegaron las avanzadillas de la infantería, como no, muertas de sed. Los caballeros no estaban muy por la labor de repartir su “bebercio”, como les solicitaban los soldados, por lo que empezaron a pelearse por el licor y construyeron barricadas en torno a los barriles de licor.

Soldados borrachos y armados… tangana asegurada.

Comenzó entonces una agria disputa entre los dos contingentes que culminó con un disparo al aire.

Para que entendáis lo que pasó a continuación hay que explicar una cosa, los ejércitos austríacos se caracterizaban por ser algo así como una ONU con mosquetes y sables, en que se mezclaban contingentes de todos los territorios pertenecientes al Imperio Austro-húngaro, serbios, italianos, rumanos, eslovenos, húngaros… con los consiguientes problemas lingüísticos, ya que pocos habían que hablaban alemán, y como veréis, esto de los idiomas iba a traer más de un quebradero de cabeza hasta el punto que deja lo del “Relaxing cup of café con leche” en “pecatta minuta”.

Habiendo explicado esto y recuperando ese tiro al aire… todo se desató.

Los rumanos creyeron que el disparo lo había hecho un francotirador turco y comenzaron a gritar. “¡Turcii! ¡Turcii!”, (“¡Los turcos!” y no creo que estuvieran pensando en Gica Hagi y sus amigos). Los húsares salieron corriendo. Los infantes se desbandaron. En un intento por imponer orden, los oficiales austríacos entraron en escena y comenzaron a gritar “¡Halt!”, (“Alto” en la lengua de Goethe). Sin embargo los soldados creyeron oír “¡Alá!”, el grito de guerra de los otomanos, y el caos se multiplicó.

Coincidió entonces que llegaban otros contingentes  de tropas a la zona, apuntándose a la juerga flamenca de tiros y sablazos que se estaban repartiendo gratuitamente y con generosidad entre los “contendientes”.

Desde la distancia, un oficial de caballería vio a los húsares dando vueltas alrededor del campamento revuelto. No le cupo la menor duda, debía ser un ataque de la caballería turca. Así que ordenó una carga, sable en mano, contra lo que creía el enemigo. Simultáneamente, la llegada de la artillería significó la llegada de los fuegos artificiales a la fiesta, al bombardear la zona de conflicto en la creencia de que la carga de la caballería que presenciaban era un ataque turco.

Aquello se convirtió en una auténtica batalla campal que duró varias horas y en que todo el mundo era enemigo de todo el mundo, hasta el mismísimo Emperador José II cayó de su caballo en el fragor de la “contienda” y acabó en una poza. Pasadas unas horas, y tras un largo, duro, valeroso y soberanamente estúpido combate, las maltrechas tropas huyeron del improvisado campo de batalla.

Cuando los turcos llegaron a Karansebes, dos días después, alucinaron: sobre el suelo yacían más de 9000 muertos y ellos no habían tenido que pegar ni un tiro.


No son pocas las veces que al repasar la hemeroteca me siento cual soldado austríaco en tan infausta batalla.

El caos vende y cada vez más me convenzo no sólo del color del forro de nuestros “amigos”, los periodistas deportivos sino de su nula lealtad a los mismos.

El caos vende porque genera debate, y el debate genera lectores ávidos de una opinión “autorizada” que ellos puedan esgrimir cual arma arrojadiza en nuestros pequeños “punto pelota” barísticos.

Muchas veces nos hemos quejado de manera más o menos amarga de cómo la Caverna lava, aclara y centrifuga el cerebro y las opiniones de mucha gente, aborregándolos. Sin embargo muchas veces los debates más encendidos, más vehementes, donde no se toman prisioneros no son entre aficiones encontradas, al contrario, son contra nuestros propios colores.

Casillas contra Mourinho contra Tito contra Guardiola contra Rosell contra Laporta contra Florentino contra Calderón…

Cainismo puro y duro, una batalla por apropiarse de ese licor deseado que es el “yo tengo razón”, aficiones enfrentadas entre sí y empujadas al centro del ring por unos medios que saben que retroalimentando esa hostilidad seguirán ganando lectores que les impulsarán a los tronos de “es una opinión autorizada”.

En estas circunstancias todos somos austrohúngaros.

En estas circunstancias ¿qué demonios importa un triplete del mundial de motociclismo? ¿qué importa que un ciclista de 41 años haya ganado una vuelta de tres semanas? ¿qué importa que tengamos a un triple campeón de una especialidad chunga como pocas como es el triatlón? ¿Qué importan tantas y tantas cosas que suceden de manera “silenciosa” y de las que los periódicos deportivos en general y MARCA en particular no nos hacen partícipes?

Nada, porque no genera polémica, olvidaos del fin de los periódicos, informar, hace tiempo que no es así. Esto es un negocio y es la polémica la que engrasa las ruedas. Robos, villaratos, arbitrajes, frases fuera de contexto, el mejor 10 (comparar a Isco con Zidane a estas alturas es merecedor de hoguera en la plaza mayor cuanto menos), el nuevo Messi… conceptos que son sólo protagonistas aquí, en la Liga de las “Estrellas” (aunque se cuenten más los estrellados).

No importa ni interesa un análisis objetivo de la actuación de cada equipo (donde sigo diciendo que el Atlético de Madrid presenta un puntito más de preparación a éstas alturas de temporada) sólo interesa SU verdad y que ésta llegue al mayor número posible de personas, que cale.

¿El resto? Ensalada para rellenar el menú, y recordad una cosa, para generar polémica no hace falta que tus argumentos sean ciertos, sólo que sean leídos o escuchados.

Lo dicho, sólo hace falta un “tiro”, el resto ya lo hacemos muchas veces nosotros solitos con nuestros bajos instintos.

¡Salud y cervezas!

birra

Pd. Respuesta de la semana pasada: AC/DC (sí, tienen cerveza :P)

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"Omnia Mutantur, nihil interit" que diría Ovidio.

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