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De árbitros, Villaratos y Gerardatos (By Rulko)

De árbitros, Villaratos y Gerardatos (By Rulko)

20120217dasdasftb_4[1]Para mi amigo Bender, acabo de leer tu comentario y voy a tratar de hacerte una síntesis que ya adivino que no me va a salir cortita. Preguntas por analogías en materia arbitral en años pretéritos y si el nivel de descaro llegó a parecerse en algo a lo bochornoso que estamos viendo ahora. En un análisis de este tema, lo suyo no es hablar de árbitros sino de cómo se han manejado las cosas entre bambalinas y en los pasillos de la Federación, la que manda en los árbitros, a fin de cuentas.

 

Por definición, ubicación geográfica, pasteleo, tradición e influencias ciudadanas, a nadie se le escapa que la Federación tiene una relación simbiótica de subordinación-apoyo con el Real Madrid. Negar esto y llamarlo lloros conspiranoicos es algo que hace cierta prensa para tapar una connivencia vergonzosa que convierte en fraudulento de base el fútbol español de clubes. Sabiendo esto, toca saber cómo el gran perjudicado de este “status quo”, el Barça principalmente se ha conducido en ese lodazal y para ello es inevitable hablar de José Luis Núñez, el hombre, el primero, que logró, si no cambiar las cosas, sí atenuarlas y mucho. Cuando Núñez llega a la presidencia del Barça en 1978, el Comité Arbitral lo dirige cual sátrapa el nefasto José Plaza, el tipo que se jactaba de que mientras él mandara en los árbitros, el Barça no sería campeón (y a fe que el hijo de su bendita madre cumplió, con un saldo de 14 temporadas en el cargo en tres etapas y 12 títulos de Liga para adivinad quién; los otros dos, fueron para el Atlético de Madrid, imagino que para que la cosa quedase en casa y disimular un poco).

 

Lo cierto es que tras dos años tragando quina, Núñez presionó y montó un pollo de cuidado, un terremoto como no se recordaba y logró recusar a Plaza. El resultado del seísmo fue que sin Plaza y con la influencia blanca algo anestesiada en la Federación, de los cinco títulos ligueros siguientes, dos fueron a San Sebastián, dos a Bilbao y el último, a Barcelona. Aconteció entonces que llegó a la presidencia del Real Madrid un tal Ramón Mendoza (hablamos de la primavera de 1985) que acaudilló un movimiento de reacción en la Federación que logró el retorno de José Plaza a su cargo y el regreso de la vieja influencia blanca, que reverdeción. Cinco años Plaza en el cargo, cinco Ligas para el Madrid de la Quinta, un equipazo, probablemente el mejor de su época pero que además gozaba de una indisimulada bula arbitral: goles de Hugo Sánchez en fuera de juego, los desmayos de Butragueño convertidos en penalti por sistema y gente como Tendillo, Sanchís o Chendo dando estopa sin saber lo que era el reglamento disciplinar. Mientras, personajes como un tal Victoriano Sánchez Arminio, Joaquín Ramos Marcos o un recién llegado al arbitraje Manolo Díaz Vega, sembraban en terror en el arbitraje patrio. Sería un escándalo, un arbitraje deplorable en un Barça-Sevilla a inicios de 1990, en el que un tal Juan Manuel Brito Arceo, colegiado canario, expoliaría al Barça, el que provocó otro terremoto, análogo al de una década antes que acabó con el entonces casi novato en el cargo, Ángel María Villar, presidente de la Federación, cesando a Plaza. El resultado fue que el Barça lograría entonces lo imposible: cuatro Ligas seguidas y el movimiento ante este hecho sin precedentes y que comenzó una era de escozor en la capital del reino, por parte de sector de la prensa que comenzó a forjar historias en torno a aquel Barça, asegurando que el Dream Team, poniendo de ejemplo las dos derrotas madridistas en Tenerife que le habían costado sendas Ligas, debía su éxito a la influencia de Núñez en Villar. Si amigos, un protovillarato en toda regla.

 

La segunda mitad de la década de los noventa del pasado siglo vio sin embargo otro giro de reacción. Núñez perdía solidez en un Barça dividido socialmente tras la salida de Cruyff en 1996 y la llegada de Jose María Aznar a la presidencia del Gobierno ese mismo año posibilitó que Villar, a fin de congraciarse con sus nuevos jefes, aceptara cambios en los organismos federativos, auspiciados, sí, por Lorenzo Sanz, presidente merengue. El resultado fue que el Madrid ganaría una Liga con Capello con unos arbitrajes apestosos y mucha presión de los medios, mientras se jaleaba a todo leñero que atizase a Ronaldo Nazario primero y a Rivaldo después y los desmayos de Mijatovic eran sinónimo de pena máxima a favor de su equipo, mientras cierta prensa, en la que el medio más beligerante era el diario As, recién adquirido por PRISA y con Alfredo Relaño al mando, que presionaba sin rubor recordando tal o cual arbitraje del Dream Team para justificar que en Barcelona, calladitos. En todo caso el Barça se las arregló para subsistir, ganar dos Ligas más con una, hasta la caída de Núñez y la llegada de Florentino Pérez a la poltrona blanca. Era el año 2000.

Contrariamente a lo que pueda parecer, por sus filiaciones políticas, amistades y tener a la prensa comiendo ya entonces de su mano, la relación entre el señor Pérez y el señor Villar no fue fluida en momento alguno, dicen las malas lenguas que porque Villar no aceptaba el pretendido deseo del mandamás blanco de convertir la Federación en una sección más del Madrid; a Villar, experto en moverse entre distintas aguas, le molaba eso de la tradición secular de influencia blanca, pero también épocas de laxitud en la misma y claro, una entrega y sumisión a Pérez igual en el futuro le costaba la cabeza. Probablemente este desafecto explique las dos Ligas ganadas por el Valencia en el cuatrienio en el que el Barça pugnaba por salir del solar y que incluso una sorprendente Real Sociedad casi le birlara la Liga al Madrid en 2003. El movimiento que intentó Florentino Pérez fue de órdago: cara a las elecciones Federativas del otoño de 2004 y después de que su Madrid hubiese completado un año de desastre deportivo con cero títulos, tuteló desde la sombra un candidato para levantarle el cargo a Villar, un tal Gerardo González Otero, ex Secretario General de la Federación, que se había enfrentado a Villar tres años antes, siendo cesado de su cargo y del que sólo se puede decir para entendernos, que el tipo era ex socio madridista, de palco y carnet; ya os podéis imaginar qué pretendía el amigo Pérez poniendo a ese tipo al mando de la Federación y a fe que casi lo logra, hecho que de haber pasado, probablemente nos habría privado de ver al Barça de Ronaldinho o los albores del Pep Team; ocurrió como algunos recordaréis que a fin de evitar esto, el entonces reciente en el cargo de presidente culé, señor Laporta, se movió en los despachos para evitar la tropelía de la llegada del candidato de Pérez a la Federación porque mejor un ambiguo recalcitrante como Villar que un ex socio del Madrid que entre otras cosas, en sus años en la Federación había sido el directo responsable de ataques al Barça como la argucia que posibilitó el plante del Barça en Copa ante el Atleti en el año 2000. Villar pues, fue reelegido gracias a los movimiento de Laporta, el plan de Pérez se frustró y la respuesta del mismo fue idear la divertida idea que todos sabemos: el villarato, conspiración que se obró tras ayudar Laporta a mantener el cargo a Villar, que ayudó al Barça a ganar todos los títulos que ganó; podemos imaginar que si Gerardo González, ayudado por Floronio, llega a alcanzar el cargo en 2004, no se habría hablado de “Gonzalato” sino de “normalidad”. De ahí, unos años de atemperamiento en la Federación, que con la salida de Laporta de escena, el regreso de Pérez, una vicepresidencia ejecutiva blanca en la Federación y la memez de Rosell, nos conduce al escenario en que estamos ahora.

 

En resumen, Bender y todos, la Federación nunca ha dejado de estar sometida a los tentáculos del Real, porque años de mangoneo que tienen su raíz en la Dictadura, precisarían una regeneración que todos sabemos que no se va a producir y sólo la actividad frenética y me apuro a decir que brillante, de gente como Núñez o Laporta, ha logrado que en épocas, este mangoneo se adormeciese y así se creara un marco que permitía al Barça poder respirar. Más o menos es como una enfermedad que de cuando en cuando remite en sus síntomas con vacunas pero que siempre está latente y que en épocas, retorna con más fuerza.

By Rulko 28/08/2013

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