Crónicas

Portada Diario Marca 02/07/2013 – Las olvidadas

Portada Diario Marca 02/07/2013 – Las olvidadas

Sucedió hace 123 años.

Julio Verne en persona le dijo en su casa de Francia: “Si consigues dar la vuelta al mundo en 79 días, te aplaudiré con ganas”.

¿79 días? No sabía con quién estaba hablando.

Ella era Nellie Bly, joven, guapa, decidida.

Y ahora se disponía a batir el récord del héroe literario de Verne, Phileas Fogg, quien había cruzado el globo en 80 días.

“¿Cómo surgió la idea del viaje?”, contaría más tarde Bly en el relato de los hechos. “Es difícil a veces explicar cómo surge una idea… En este caso, un domingo, como era mi costumbre, estaba pensando en algo que ofrecerle el lunes a mi editor y no me salía nada, así que, cansada, me dije: ‘Ojalá me encontrara ahora en el otro lado del globo…”. Y ahí estaba. Se hizo la luz.”

Tras convencer a su jefe, un tal Joseph Pullitzer (no logro ahora recordar de qué me suena ese apellido…), la joven Bly (un pseudónimo puesto que en realidad su nombre era Elisabeth Jane Cochran) había partido de Hoboken (estado de Nueva Jersey) el 14 de noviembre de 1889, y durante las siguientes semanas recorrió lugares como Londres, Calais, Suez, Colombo, Singapur, Hong Kong y otros muchos parajes. Siempre luchando contra el reloj, y con la determinación de demostrar a todo el mundo de lo que era capaz aquella perspicaz, atractiva e inteligente muchacha. En su personal odisea, tuvo tiempo incluso de entrevistarse con Julio Verne, quien la animó a lograr su objetivo.

Visto así, la cosa podría parecer poco más que la aventura de una alocada y valiente jovencita. Sin embargo, lo cierto es que Nellie Bly era mucho más que eso, como bien sabían su jefe y sus compañeros de trabajo.

Y es que Nellie Bly era toda una rareza en un oficio dominado por el sexo masculino. Bly había llegado al mundo del periodismo casi por casualidad, después de escribir una carta al director del Pittsburgh Dispatch, quejándose por la publicación de un artículo de tono machista. Su estilo agradó al responsable del diario, y éste le ofreció un puesto como reportera.

Con el tiempo, nuestra protagonista dejó la ciudad y se trasladó a Nueva York, donde consiguió empleo en el diario de Pullitzer. Granjeándose un nombre merced a sus reportajes de investigación en primera persona: se hizo pasar por empleada en una fábrica de cajas, por criada de familias ricas aunque su gran éxito llegó cuando se hizo pasar por loca.

Fue con ese artículo donde, en 1887, la joven periodista demostró su valía como reportera. Consiguiendo acceder a una institución psiquiátrica para mujeres, ubicada en la isla de Blackwell, para conocer desde dentro el trato que recibían las internas. Haciéndose pasar por una paciente más, Bly vivió en sus propias carnes las terribles condiciones que sufrían a diario el resto de enfermas. Pasó allí diez días y diez noches, hasta que un compañero del diario consiguió rescatarla del infierno.

A su salida, la joven periodista escribió lo que ocurría tras aquellas paredes, y sus denuncias sirvieron para que el estado de Nueva York aumentara en un millón de dolares anuales el presupuesto para este tipo de instituciones mentales. Hoy, aquel trabajo (precursor del periodismo de investigación) se estudia en no pocas facultades de periodismo estadounidenses como ejemplo de infiltración.

Aunque Bly abandonó el periodismo temporalmente tras casarse en 1895 con un adinerado empresario mucho mayor que ella, volvió a ejercer la que era su pasión tras la muerte de éste. Entre otras cosas, cubrió la convención de 1903 a favor del sufragio femenino, y se convirtió en la primera mujer periodista en cubrir un conflicto armado: nada menos que la Primera Guerra Mundial. Una vida llena de emociones y aventuras, que finalizó en 1922, cuando falleció a consecuencia de una neumonía. Nacía así la leyenda de una mujer que consiguió sobresalir, por encima de todas las adversidades, en una sociedad que sólo dejaba espacio a los hombres.

Hace 123 años, la ciudad de Nueva York asistió a una escena que parecía sacada de una novela de aventuras. El 25 de enero de 1890, una multitud entusiasmada recibió con vitores y aplausos a una jovencita de sólo 26 años.

Su nombre era Nellie Bly, y su hazaña: dar la vuelta al mundo en un tiempo récord para la época: 72 días, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos. Mejoraba con creces la establecida por un personaje de ficción: el caballero británico Phileas Fogg, surgido de la inquieta mente del genial novelista Julio Verne.

Sirvan estas líneas como modesto homenaje a su figura.


Ser deportista (en femenino) en España es duro. Cuánto más cuando las ayudas son mínimas y la atención mediática nula, salvo que se gane algo que entonces son vítores y parabienes, nuestras vencedoras devienen “Leonas”, “Guerreras”, “Chicas de Oro”… sin embargo aquellas que sufren la derrota son víctimas del olvido, ya no del menosprecio o de la crítica, del olvido y del anonimato.

Muestras muchas y muy diversas:

De la selección de balonmano femenina que realizó un dignísimo papel en las pasadas olimpiadas (medalla incluida) apenas se sabe nada. Quizás porque el balonmano femenino patrio ha tenido que buscarse el sustento más allá de nuestras fronteras, [irony]en otro ejemplo más del “carácter aventurero” de nuestros jóvenes que diría la actual ministra de trabajo. [/irony].

Pero mejor que yo permitidme la licencia y dejaré que sean las palabras de Judit Blanco, jugadora de balonmano de Primera Nacional, las que describan el dantesco escenario que hay:

La selección nacional de tu país juega la final de un Campeonato del Mundo en una disciplina deportiva. Esa misma mañana abres un periódico deportivo ilusionada… Portada, primera página, segunda, tercera… Tras leer partos, noviazgos o infracciones de tráfico de futbolistas aparece un escueto recordatorio “España juega la final del campeonato del mundo” (página 16). Entonces te das cuenta del valor que tiene para la prensa “especializada” los deportes “minoritarios”. Si esto sucede con el balonmano masculino imagínese hasta que página debería llegar el lector para encontrar alguna noticia del balonmano femenino español.

Si a cualquier amante del deporte le pidiéramos que citase los nombres de tres equipos de División de Honor de Balonmano Femenino dudo que fuese capaz de decir tres. Sin embargo, si le pidiésemos el nombre del recién nacido hijo de algún futbolista, las relaciones sentimentales de algún otro  o el peinado de moda que luce alguna estrella del balompié patrio, acertarían de pleno y sin dudarlo. La prensa deportiva sufre una denigrante mutación hacía la prensa rosa donde deportes como el balonmano no aportan carnaza.

Fue el pasado verano cuando nuestras guerreras olímpicas conquistaban para España la medalla de  bronce y por desgracia parece que fue hace años. Desde entonces, ¿Qué ha sido de nuestro balonmano femenino? A día de hoy, el balonmano femenino está pasando por un periodo de decadencia iniciado con el éxodo total de nuestras figuras, lo que ha supuesto una importante bajada del nivel de juego en División de Honor.

Son dos los factores fundamentales que han contribuido a que esto suceda: Por un lado, la falta de presupuesto en los equipos españoles. Y es que esta maldita crisis no respeta nada en absoluto y ha obligado incluso a varios clubes a descender de categoría. Los desplazamientos, las licencias, los seguros… los presupuestos se disparan y los patrocinadores descienden. Un asunto grave que empieza a tocar las estructuras de las categorías inferiores y por ello el futuro de nuestro deporte. Como declaró Macarena Aguilar tras fichar por el Randers de Dinamarca y después de haber estado sin cobrar varios meses en el Itxako: “El deporte está pasando por muy malos momentos y al final necesitas una seguridad de que cada mes vas a disponer de tu sueldo. Eso en España no te lo garantiza prácticamente ningún equipo. Las españolas siempre hemos tenido ofertas para irnos fuera, pero hemos estado muy bien. Hoy en día, la necesidad está ahí y no nos ha quedado otra que dar un paso al extranjero para garantizar el futuro y vivir el día a día”. En segundo lugar, la falta de reconocimiento público como deportistas de élite. Tras el bronce olímpico apenas se dio una semana de entrevistas a nuestras chicas para luego dejarlas en el más triste olvido.

¿Leer una crónica de un partido de balonmano femenino? Tarea tan ardua como encontrar un billete de quinientos euros en el suelo. “Hemos demostrado que las mujeres tenemos un gran nivel, pero no hay tanta igualdad y al final el deporte es siempre masculino y siempre fútbol. Eso es lo que la gente recibe”, reconocía Macarena quién puntualizó que: “En Dinamarca el deporte rey es el balonmano y las chicas y los chicos están en igualdad de condiciones. No tiene nada que ver con España“. Por declaraciones como las de Macarena Aguilar, no es de extrañar que las jugadoras abandonen España en busca de mejores condiciones tanto económicas, como deportivas.

El daño ya está hecho. Tendrán que pasar unos cuantos años para poder retomar el nivel del balonmano femenino que hemos estado disfrutando. Más tarde vendrán las críticas, las burlas y los reproches de los ventajistas intentando buscar quién fue el que permitió que esto sucediera, pero nadie alzará la voz entonando un “mea culpa” para decir “yo también contribuí a la destrucción del balonmano femenino español”. Como dice nuestro rico refranero: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”.

Creo que no hace falta decir mucho más, ¿verdad?

¿Sabe alguno algo de lo que pasa en la liga española? no, no se molesten, ya les auguro que salvo que sean del ramo no se sabe nada (ni se les espera, salvo una vez cada cuatro años como es evidente…)

¿Y qué decir de nuestras recién Campeonas de Europa? (por cierto, ¿alguien considera que esto no merece portadón? porque se lo merece y con creces)

Pues a pesar del éxito al que todos se quieren sumar la situación del baloncesto español no es nada halagüeña, de hecho, dos equipos históricos tuvieron que desaparecer hace ahora un año: el Ros Casares valenciano desapareció a finales de mayo de 2012, aun siendo en ese momento el vigente campeón de Europa y por esas mismas fechas, el Mann Filter Zaragoza también echó el cierre. Y el Celta Bosco, otro histórico del baloncesto femenino español, tuvo que reinscribirse en la Liga Femenina 2 por no poder hacer frente a los pagos fijos.

Para paliar esta situación, en su día la Federación Española de Baloncesto (FEB) rebajó de 90.000 a 70.000 euros el aval para poder participar en la Liga Femenina 1 (a buenas horas mangas verdes).

La triste realidad ya no a nivel de clubes sino de jugadoras es que, como nuestras ilustres guerreras del balonmano, las chicas de la selección española de baloncesto femenino tienen que buscarse la gloria fuera de nuestras fronteras : De las 12 jugadoras del combinado español, siete de ellas juegan en el extranjero. Es el caso de Elisa Aguilar, que juega en el Spartak de Moscú ruso. También en Rusia, en su caso en el Ekaterimburgo, juega la también base Silvia Domínguez. En Polonia juegan Cristina Ouviña y Laia Palau (Wisla Cracovia y Polkowice, respectivamente), mientras que la pívot Cindy Lima lo hace en el Uni Gyor húngaro. Por último, dos de las grandes estrellas de la selección, Alba Torrens y Sancho Lyttle, juegan en el Galatasaray de la liga de Turquía, que es uno de los países emergentes en cuanto a potencia económica de sus equipos deportivos.

¿Y qué decir de la selección de fútbol femenino? Cabría esperar que dada la gran afición al deporte “rey”(¿?) que hay en este país cualquiera conociera las andanzas de nuestras jugadoras… Nada más lejos de la realidad, a pesar del papel de la selección en los grandes eventos los medios de comunicación viven de espaldas a estas jugadoras que realizan auténticos jugadones y que son capaces de llenar estadios como se demostró en el pasado Athletic Bilbao – F.C. Barcelona. De hecho a pesar de que en la llamada Superliga (el equivalente femenino de la Primera División) participan las filiales femeninas de algunos importantes clubes nacionales las jugadoras no tienen la licencia profesional. La Ley no contempla esa posibilidad y La Real Federación Española de Fútbol no lo permite. (¡TOMA YA!)

Las jugadoras se mueven en una ilegalidad tolerada. Para poder ficharlas y compensarlas de alguna manera, los clubes les tienen que hacer contratos de limpiadoras, buscarles trabajos ficticios en empresas amigas o, directamente, pagarles en dinero negro. Nadie las asegura correctamente y en caso de lesión están totalmente desprotegidas.

Paradójicamente, el nivel del fútbol femenino en España es muy bueno y ha dado jugadoras como Laura del Río, que juega en los Philadelphia Independence de la Women’s Soccer League, la liga profesional de Estados Unidos, después de haber pasado por la alemana y la sueca.

Pero volvemos a lo de siempre, a buscarse la vida fuera…

Y así, estimados lectores, es como están de salud los grandes deportes de equipo femeninos, me dejo muchos en el tintero pero la situación es absolutamente lamentable.

El deporte femenino español es un desierto en el que de vez en cuando hay una explosión de vida de carácter aleatorio y fortuito, una suerte de casualidades que conforman un buen grupo y unos buenos resultados… pero nunca se aprovechan esos impulsos.

Ninguneados los éxitos por un prensa mal llamada deportiva,  más preocupada en optimizar su espacio para enviar el mensaje oficial de lavado de cerebro que pendientes de cubrir un evento deportivo, dejando que mucho acaben perdidos entre la ignorancia general y el olvido.

Hay vida más allá del Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona, y más allá del deporte masculino mayoritario hay muchos y muchas deportistas que merecen desde aquí nuestro reconocimiento y nuestro ánimo.

Sirvan estas líneas como modesto homenaje a esas figuras.

¡Salud y Cervezas!

Pd. Mis felicitaciones al Real Jaén por su ascenso a Segunda División tras derrotar al Huracán Valencia en una agónica eliminatoria, machada si tenemos en cuenta que no han ganado un sólo partido en Play-off, pero vamos, que los goles en campo contrario se inventaron para eso y bastantes injusticias has sufrido ya los pobres… ¡FELICIDADES!

 

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"Omnia Mutantur, nihil interit" que diría Ovidio.

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