Crónicas

Portada Diario Marca 20/04/2013 – Cuernos de Guerra

Portada Diario Marca 20/04/2013 – Cuernos de Guerra
Anz

Saludos compañeros, me es tan sumamente intrascendente la portada de hoy que espero concedáis permitidme la licencia de escapar de la crítica habitual al Diario Marca (con suerte sea cierto el dicho aquel de que no hay mayor desprecio que la falta de aprecio), para compartir con vosotros un antiguo escrito que acabó por casualidad en mis manos mientras rebuscaba entre los viejos cuadernos de mi abuelo. Dice así:

 

“De entre las densas brumas del norte parece como si empezaran a atisbarse amenazantes las enormes figuras de nuestros enemigos, aquellos habitantes de la fría e inhóspita Germania habían sido hasta hace bien poco una ligera molestia cuyos ecos apenas eran audibles dentro del corazón del Imperio.

Y sin embargo aún quedan entre nosotros algunos, que entre lamentos, todavía recuerdan trágicas historias para olvidar allende esas tierras. Podría relatar de memoria cada una de las leyendas que mi padre me contó en la infancia, de cómo en la noche el frío cuchillo se apodera de su sueño y entre sabanas empapadas revive las pesadillas que les infringieron esas bestias de fuerza inhumana.

Para cuando fui llamado al frente mi padre ya no estaba entre los vivos pero recuerdo con claridad como poco antes de su marcha me dijo que uno siempre debe escuchar esas historias de viejos y tenerlas bien presentes antes de entrar, por primera y quizás por última vez, en aquellos negros bosques por mucho que creamos que sus cuernos de guerra lleven tiempo silenciados.

Aquellas historias me hablaban de hordas enteras que luchaban hasta la extenuación, que no conocían el temor a la muerte y que la saludaban con orgullo cuando llegaba su hora, me contaban que eran inagotables al desaliento y que hasta el último estertor lanzaban certeras y mortales estocadas. Aprendieron a base de dolor que nunca una batalla estaba ganada contra esos hijos del hielo y que el resultado final era incierto hasta la psicosis porque tan formidable adversario no dejaría de golpear hasta extinguirse en una inexplicable fe sin parangón entre el resto de los pueblos.

Y el tiempo va pasando y los cuentos para niños van quedando atrás, agazapados en un rincón de tu mente. Alistarme en nuestra amada legión terminó por enterrar las fobias de mi niñez y solo fueron necesarias un par de campañas para comprender lo que significaba pertenecer a la élite. Hoy en día me resulta complicado entender en que manera nuestro gran Imperio podría temer a esos bárbaros, como nosotros, que lo hemos dominado todo desde el Asia Menor hasta la hostil región de los britanos, debemos mostrar congoja ante esos toscos adversarios.

¿Que pueden sus descontroladas embestidas contra nuestro perfecto orden marcial? ¿como osarían confrontar la belleza implícita en nuestras tácticas de combate con tan solo una irracional voluntad inquebrantable? La fluidez y la flexibilidad de estas legiones, que han hecho morder el polvo a tantos y tan distintos enemigos jamás caerán ante algo tan básico como la victoria por aplastamiento. ¿De que pueden asustarse estos curtidos soldados que sembraron los campos enemigos con los cuerpos de sus rivales en cientos de naciones y que siempre regresaron victoriosos al calor y al clamor de los suyos?

A pesar del incomprensible rumor que comienza a extenderse entre la tropa como una enfermedad, nada hemos de temer puesto que nosotros somos la luz en esta época de tinieblas, representamos un ideal, un sueño, y todos aquellos que osen enfrentarlo serán pasados bajo el yugo latino como tantos otros antes que ellos. Porque nacimos hijos de Júpiter y descendemos del gran Hércules, porque fue Eneas tras caer Troya quien se asentó en nuestra tierra para dar continuidad al mito y origen a la leyenda, porque en esa bendita región moraron los más grandes entre los grandes y alcanzaron la más alta de las cotas que un pueblo pudo y podrá alcanzar. Y desde esta atalaya inmemorial observamos pequeños y débiles a esa manada de salvajes que aguardan ahora su fin sin esperarlo.

El alba apunta débilmente con sus primeros rayos la espesura de esta negra selva, hay algo extraño que parece provenir desde las entrañas mismas del bosque, un ancestral grito ahogado de advertencia, la tropa está nerviosa y algunas voces muestran malestar con cientos de malos augurios acompañando sus palabras. Designios, ¿quien puede confiar en la fortuna cuando cuenta con su propio brazo o con el escudo del compañero? Hace tiempo que esa ramera dictó la suerte y poco más podemos hacer que seguir adelante, a través del miedo y la duda, hacia el centro mismo del infierno con el único fin de encontrar la muerte y la gloria para los nuestros.

Partimos ya, el ruido del metal y el brioso paso nos conducen hacia el muro arbóreo, los estandartes ondean ante el gélido viento del norte y las doradas águilas de nuestra amada tierra brillan con fulgor emitiendo destellos de eternidad. Y todo esto sin que nadie mire atrás, nadie salvo yo, salvo aquel que está regresando hacia aquel lejano día en que hablaba con su viejo, justo ahora, en el instante en que comienzan a oírse en la lejanía los cuernos de guerra.”

 

Escrito de Quinto Marco Lepidus, Primus Pilus de la III Cohorte de la XVIII Legión,

en la mañana de su entrada al bosque de Teutoburgo, septiembre del año 9 D.C. 

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