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Mirando atrás: futuras retrospectivas (By Rulko)

Mirando atrás: futuras retrospectivas (By Rulko)

0,,16173848_303,00[1]Algún día, en Francia, Italia, Brasil, Argentina o Alemania los que hoy son jóvenes, y ese día quizá llegue dentro de treinta o treinta y cinco años, recordarán desde la distancia el dulce sabor que les dejó en esos años en los que sueñas tú con vestir de corto y dibujar pinceladas de fantasía con la impronta de tu bota sobre el verde pasto, que hubo una vez un equipo que hizo carne el sueño y a golpe de pases imposibles, combinaciones inimaginables, solidaridad ejemplar y clase inimitable forjó cada siete días, cada martes, cada miércoles, cada sábado y cuando le tocó, algún que otro lunes, una leyenda basada en el fútbol, la cantera, en tener la pelota, en sobarla, en mandarla a besar las redes contrarias a la manera que un inapreciable hilo de seda encuentra paso por el ojo de una aguja y todo ello de la mano de una combinación de jugadores que mezclaban en una poción, corazón (Puyol), cerebro(Xavi), fantasía(Iniesta), velocidad(Alves, Alba), disciplina(Busquets), intensidad(Pedro), gol (Villa, Eto’o), clase (Henry), potencia(Toure, Keita y Abidal) y todo ello mezclado y condimentado por el genio único de la más honrada, simple, voraz e inimitable estampa de futbolista que haya sido y será, el duende de Rosario, Lionel Messi.

Esos que hoy son jóvenes, derrochando sueños e inocencia, recordarán el toque, la clase y rememorarán partidos que veían o que les contaban o que escuchaban y que luego intentaban imitar en el patio del colegio o en la calle con los amigos y buscarán esos partidos para ya, desde la madurez, verlos de manera reposada, saborearlos con el poso de calma que te dan los años y ver esos detalles que, cuando los días son eternos y los adultos te obligan a comerte la verdura, se te escapan por puro ímpetu e inconsciencia. Y entonces, el adulto que fue niño, mirará a los chavales en el patio, en la calle, quizá sus hijos y se sentirá en la necesidad de relatarles todo lo que pasó, de contar a los que no existían o eran incluso demasiado jóvenes entonces qué pasó, con sede en Barcelona en los primeros compases del siglo XXI con el Barça como protagonista. Y el impulso será irse a las hemerotecas, a buscar y claro, la fuente indispensable no será otra que la prensa española y la tonelada de gigas de minutos de cortes de radio, informativos, tertulias futbolísticas o prensa digital y escrita; tras días de erudición saldrá una ristra de nombres: Marca, As, Cadena Ser, Cadena Copa, Estudio Estadio, Punto Pelota, Sportyou, Deportes Cuatro, Deportes la Sexta y ese cuarentón o cincuentón holandés, francés, italiano, ruso, japonés, que recuerda las fantasías de su infancia, fantasías animadas vestidas de azul y grana, superando si es preciso, la barrera del idioma, comenzará a navegar por textos, a ver programas, a escuchar cortes de radio y entonces, sufrirá un colapso, no entenderá nada, pensará que algo falla, que se ha equivocado y repasará sus fuentes y verá que no, que la prensa deportiva y generalista de entonces, la que era paisana de aquel Barça de fantasía, es la que es pero que algo no encaja. Que donde él esperaba que se hablara del genio inigualable del arquitecto mayor de esa idea, Josep Guardiola, el arquitecto, el soñador, sólo se habla de individuo bifacial, dopado, meacolonias, provocador, camorrista y que salió huyendo, vencido por el personaje que al cabo, aparece en toda esa prensa española como el verdadero referente, el ejemplo, Jose Mourinho, entrenador del Real Madrid en esos años, retratado como un cruzado de las causas justas, ejemplar persona, tipo inteligente hasta límites insospechados y poco menos que inventor del fútbol moderno. Pero es que es más, en la prensa española el avezado investigador al cabo descubre que la noticia deportiva permanente, el referente, era el Real Madrid, aun en la época de mayor brillo, éxitos y conquistas del Barça, que el Madrid siempre era el ejemplo, el mejor, el que si no ganaba, era porque aun siendo el mejor, se lo impedían y por contra, analizado lo que se decía del Barça, pues se acaba por descubrir que todo era una farsa, fruto de robos, conspiraciones, fraudes, trampas y prácticas de orden casi mafioso. Llegado a este punto, con los ojos enrojecidos y la mente a punto de colapsar, el erudito se aferrará a una idea como tabla de náufrago frente al bombardeo de ideas que diluyen sus ideas de infancia: el juego. Y se pondrá a ver partidos del Barça, a cual mayor ejemplo de ambición, clase, estilo mágico e inimitable y luego acudirá a cotejar lo que han visto sus ojos con lo que dijo la prensa, sólo para descubrir que donde él ha visto fantasía indescriptible, la prensa española ve un juego aburrido, ineficaz, soso, una mentira, que el entonces llamado “tiqui-taca” es poco menos que un tongo y que lo realmente eficaz, nuevamente, era lo que hacía el Real Madrid que eso sí era fútbol, que con eso sí te divertías. Tras, por pura intención de cotejar datos, el buen erudito se vea varios partidos del Madrid de Mourinho, festivales de especulación, pegada, malos modos e incluso violencia y fútbol industrial, acabará por asumir que no entiende nada.

Tampoco entenderá por qué en las crónicas de partidos del Barça sólo se habla de arbitrajes. Por qué el día que el Barça se clasifica épicamente para una final de Champions con un golazo de uno de sus magos, al borde del final, jugando injustamente con diez, sólo se habla de un noruego pelón y del mayor robo de todos los tiempos; visionado el partido el erudito sigue sin entender nada. Tampoco entiende que se hable de robo el día que el Barça teniendo casi un 80% de balón gana en el Bernabéu en Champions con una obra de arte en forma de gol de Messi, antológico. Pero es que lo enfermizo para el buen erudito será ver cómo todo partido del Barça es sometido al tamiz de una inspección brutal en materia de arbitrajes y que se hable mucho más de ello que de pases, regates y goles magistrales. Por contra, con el Real Madrid de por medio, se hablará de errores humanos comprensibles. Demasiado para la mente del erudito.

Pero ¿Y Messi? ¿y el rey del fútbol de aquella época? Pues para la prensa española, el tipo que se hinchó a ganar títulos con el Barça, a meter goles, a hacer fantasía y a coleccionar Balones de Oro, era el mejor pero igualado con Cristiano Ronaldo, un atlético goleador portugués que vestía la camiseta del Real Madrid, y eso cuando no se decía en muchos artículos que el portugués, un buen, un excelente y ambicioso jugador pero al que el erudito recordaba siempre por detrás en todo respecto al mago argentino, era claramentem mejor y más completo que el crack del Barça. Y encima Messi era presentado por la prensa española como un tipo pendenciero, violento, de malos modos, de personalidad oscura, mientras que Cristiano era presentado como un chico ejemplar, yerno perfecto y el tipo al que votarías como presidente vitalicio de tu comunidad de vecinos, cosa que chocaba con lo que el erudito recordaba de un Messi sencillo, poca cosa fuera del césped si se apuraba frente a un Cristiano arrogante, bocazas y de gestos y maneras chulescos, dentro y fuera del terreno de juego. Y había más. Y además resulta que todo lo que creía del Barça como indiscutible referente de su época para la prensa española no era así. Barça y Madrid eran exactamente iguales, los dos mejores igualados cuando no, resulta que el Madrid era casi siempre el mejor, el referente, el que metía miedo, el que tenía la ventaja.

¿Pero y la Selección Española? Recordaba el erudito que de manera análoga, en su infancia, la mayor parte de jugadores españoles de ese Barça, con el mismo manual de estilo, habían ganado varios títulos jugando un fútbol excelso. Si resulta que la prensa española tachaba a lo que hacían esos jugadores con la camiseta del Barça de mentira y papel secundario ¿qué dirían de su propia selección? Pues para hacerlo más desquiciante, más de locos, esa misma prensa que eracapaz de decir que el toque y posesión culé era aburrido y los éxitos frutos de robos, defendían a capa y espada ese mismo juego ejecutado por la mayor parte de jugadores culés con la camiseta de España, como el mejor del mundo y lo más perfecto que hubiera habido a nivel de selecciones. Es más, resultaba que en el fondo, pese a contar el Barça con abrumadora mayoría de jugadores en los éxitos de España y jugar con un estilo que era primo hermano, lo logrado por España era fruto sobre todo del trabajo de los jugadores del Real Madrid, los únicos que al parecer sentían la camiseta de España.

Llegado a ese punto, el erudito, sollozando, desencantado, y con la mente extraviada se puso a ver, por el placer de verlo, un partido cualquiera del Barça, con goles, regates, pases milimétricos, trabajo de todos y se negó a creer que eso fuese una mentira y que la prensa española de la época le dijera que sus sueños de infancia eran un fiasco. Tuvo entonces un flash ¿y la prensa de su país? ¿y la prensa de Italia, Francia, Inglaterra, Brasil, Argentina u Holanda? El erudito volvió al trabajo y para serenidad suya ahí sí, ahí encontró un relato de los hechos fiel a su visión y recuerdo de antaño. En la misma, aquel Barça dejaba con la boca abierta cada partido y Messi era su ángel, secundado por un coro de virtuosos sin igual. Y el Madrid de Mourinho era ese equipo llorón, violento, de mucha pegada y poco juego, antipático y nada escrupuloso. Que aquella prensa, como él ahora, relataba la historia de un equipo, un estilo y unos jugadores, únicos e inimitables.

Así fue que tras semanas y meses de erudición, aquel niño que veía por la tele al Barça de Messi presentó al mundo dos libros. En uno, hablaba de sus recuerdos de infancia y las maravillas del Barça de los jugones. En el otro, narraba la divertida historia de una prensa burda, manipuladora, zafia, rica en mentiras y pobre en argumentos de peso, que aprovechó una posición preponderante para, teniendo el mayor regalo que una prensa deportiva habría podido desear en su país, ensuciar y calumniar a ese equipo por una pura cuestión de envidia, intereses comerciales e inmovilismo carca y rancio. El día de la presentación de su libro, el buen erudito echó por un casual una mirada a la portada del diario Marca. En portada, el entonces vicepresidente de honor del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, ya en la tercera edad, había batido el récord de menos tiempo invertido en dar la vuelta a los pasillos de su residencia, probando una vez más ser el número uno.

By Rulko 19/03/2013

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Administrador web, bloguero, cronista, electrónico, informático autodidacta y apasionado del fútbol

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